La poción mágica: salvados por mucho y perdidos poco a poco

Todo el mundo sabe que en la ficción existe (porque las historias no envejecen) una aldea gala en tiempos de los romanos que resiste a la conquista del Imperio. Y todos sabemos que Asterix y sus vecinos deben su invulnerabilidad a las fuerza que les da una poción mágica cuya receta sólo conoce su druida. Excepto Obelix, que tuvo la desgracia de caer de pequeño en el caldero y…

En la realidad no existe tal poción pero quizá si exista un modo de generar invulnerabilidad. O mejor dicho: sensación de invulnerabilidad.

Todo esto viene a cuento de una idea muy sugerente que recoge Malcolm Gladwell en su último, y ya reseñado libro, “David y Goliat: Desvalidos, inadaptados y el arte de luchar contra gigantes”.  Es la distinción entre personas que, tras una catástrofe, se han salvado “por poco” o “por mucho” y fue planteada por primera vez por el psiquiatra canadiense J.T. MacCurdy quien, tras la II Guerra Mundial,  escribió libros como “Psicología de la Guerra” o “La estructura de la moral” (en los conflictos bélicos).

Según este autor, las víctimas de una guerra se dividen en tres grupos: los muertos; los que se han salvado “de milagro” “por poco” o “por los pelos” ( “sienten la explosión, ven la destrucción, se horrorizan ante la carnicería; tal vez están heridos”…) y los que se salvaron “por mucho” (“es la gente que escucha las sirenas, observa el vuelo de los bombarderos enemigos y oye las detonaciones. Pero la bomba cae al final de la calle o en la siguiente manzana”).

De los primeros, los muertos, no hay mucho que decir. Los segundos, los “salvados por poco” salvan la vida pero está queda marcada por una “honda impresión”, pero los terceros, los “salvados por mucho” desarrollan según MacCurdy-Gladwell un “sentimiento de excitación con un ingrediente de invulnerabilidad”. O de otro modo: “los salvados por poco quedan traumatizados, los salvados por mucho comienzan a pensar que son invencibles”.

Es curioso pero también Boris Cyrulnik ha hablado de esto (y quizá necesite un post entero para comparar los dos puntos de vista) e incluso podemos afirmar que él fue un “salvado por mucho” ya que, en sus escritos autobiográficos, reconoce que cuando escapo de niño del campo de concentración quedó en su interior la sensación de que si se había librado esa vez se podría salvar de cualquier otra adversidad.

Me parece una idea muy interesante y esencial para no perder de vista el carácter evolutivo de la resiliencia. O de otra manera, igual que se suele decir “el dinero llama al dinero”, podríamos decir que “la resiliencia genera resiliencia”. Y en este blog ya he hecho referencia a algún ejemplo en este sentido.

Sin embargo, hace poco empecé a pensar que este sentimiento de “invulnerabilidad” puede actuar para el bien pero también para el mal. ¿No podría esta diferencia entre “salvados por poco” o “salvados por mucho” servir para explicar las personalidades violentas, la violencia de género o incluso, la corrupción o la deshonestidad?

Mejor poner un ejemplo con una situación real que me contaron hace poco.

Reunión familiar. Abuelos, tíos, primos, sobrinos. En un momento dado alguien comenta que Fulanita de 17 años es muy guapa y que podría ser modelo. Un familiar bienintencionado se acerca a la misma y, con cámara de fotos en ristre, le ofrece hacerle unas cuantas fotos por si quisiera mandarlas a alguna agencia. Sin embargo, antes de que ella conteste, un joven de pelo rapado que está a su lado exclama: “¡Ni pensarlo. De eso nada!”  El familiar sorprendido le pregunta quién es él. Es su novio.

Hasta aquí la anécdota y la preocupación de quien me la contó de estar ante un futuro maltratador. Pero imaginemos (ahora sí) un poco. Este chaval ha tenido una respuesta incuestionablemente desafortunada y reprobable. Nadie somos quien para decidir por el otro (excepto por nuestros hijos menores de edad o nuestros mayores incapaces). Pero lo ha hecho. Y debería caer el cielo sobre su cabeza, como diría el propio Asterix.

Podría caerle el cielo y matarlo como novio (la chica rompe con él sin más). O podría caerle una bronca de la misma o tres días sin hablarle, o una desaprobación pública y vergonzante por parte de los familiares…  A eso le llamaremos “salvado por poco”  A que no le caiga el cielo sobre su cabeza (la novia calla y consiente el comentario, nadie le dice nada… no pasa nada) le llamaremos “salvado por mucho”.

En la primera hipótesis, ya no hay tema. En la segunda el chaval quizá quedará herido víctima de su propio escupitajo pero esa herida le llevará quizá, no lo afirmo, a pensárselo mejor antes de volver a lanzar un comentario como ese.

Pero en la segunda posibilidad (“salvado por mucho”) estoy convencido de que se generará un sentimiento de invulnerabilidad o de legitimidad para decidir por su novia.  Y ese sentimiento ¿no le permitirá pensar en un futuro que en una discusión puede insultarla pues… no pasará nada? Y si se vuelve a “salvar por mucho” de un insulto ¿no pensará que puede golpearla porque no pasará nada?

Por favor, que nadie piense que estoy diciendo que la culpa de la violencia de género es de la pasividad de las mujeres. Al revés. Estoy diciendo que la culpa es de la Hijoputez (perdonad la expresión, que por cierto es incorrecta desde el punto de vista de género) del agresor. Simplemente quiero plantear que si el “dinero llama al dinero” y la “resiliencia genera resiliencia”, la Hijoputez tiende a crecer si no recae sobre el propietario.

Quizá el sicario que pega palizas por encargo, el xenófobo, el maltratador, o el señor (o señora) de traje elegante que se apropia de unos cuantos millones de euros de los ciudadanos son como Obelix. Les ocurrió una desgracia. Nadie les partió la cara a su debido tiempo y los pobrecillos se creyeron inmunes.

O dicho de otra manera, la violencia que no te revienta en tus propias narices es probable que te genere sentimientos de invulnerabilidad y, por tanto, de poder y de ahí, quizá, surja más violencia.

He visto peleas de mis hijos, de mis sobrinos, de mis compañeros (de colegio) etc y he visto peleas o golpes en niños del Centro de Menores donde trabajo. Y no todos los golpes o intentos de golpes son iguales. Un niño o una persona que ha crecido en un ambiente no violento cuando pega lo hace con el freno puesto, por decirlo de una manera. Pega con contención por el propio miedo a recibir él. Tengo mucha rabia pero si le doy IGUAL ME LA DEVUELVE. Pega “pero poco”.

Pero yo he visto lanzar puñetazos, tortas u objetos a niños de 6 o pocos más años que son golpes destructores, golpes sin límite. No son golpes tipo “te empujo y así recupero mi pelota”. Son golpes del tipo “te reviento porque PUEDO”

Y ese golpe sólo se puede lanzar cuando estás familiarizado con la violencia. La violencia no es tu enemiga. Es tu aliada. Cuando en la cuenta de resultados de peleas anteriores “te has salvado por mucho” y te sientes tan seguro que no necesitas protegerte, solo destrozar.

Por ello pienso que los que empiezan salvándose por mucho de situaciones conflictivas usando la violencia en realidad lo que están haciendo es perderse poco a poco, aunque ellos no lo sepan.

El otro día comentábamos en una tertulia espontánea como era posible que, en algunos casos de corrupción que se han destapado en España en los últimos años, las cantidades fueran tan desorbitadas. Llevándolo a un terreno que todos pudiéramos entender… Si no quieres que te llamen la atención, no parece inteligente llevarte 5 paquetes de folios de tu trabajo. Parece que lo “normal” sería llevarse “un taco” de folios de vez en cuando.

Pero alguien apuntó que quien ha desviado fondos para comprar hasta cuatro pisos es porque en su entorno lo normal es llevarse los folios en paquetes, en cajas y en camiones; y los euros en pisos. De nuevo algo así como que quien se ha salvado – salido de rositas-  por mucho de la corrupción llega a pensar que nunca pasará nada.

Desvié un euro y no me vieron. Desvié 100 y no me vieron. Desvié 1000 y no me vieron… ¡Soy invisible!

No sé. Es sólo una idea.

Como siempre.

Y como dirían algunos… para darle vueltas.

6 Comments

  1. Soy una “salvada por poco” y desde luego que no se me ha quedado esa sensación de invulnerabilidad que pueden tener los salvados por mucho. Quizás el catarlo en la propía piel nos hace más realistas. No sé…. Leer tu post me ha hecho recordar esa película (americana seguramente) donde hay un accidente de avión donde mueren todos los pasajeros excepto uno y a partir de ahí se cree inmortal afrontando cualquier barbaridad que se le ocurre, confiando en sus poderes.

      1. Me encanta encontrar a otro admirador de Gladwell y tu comentario me ha servido para recordar esta idea que había olvidado. Y releer el post ¡y corregir bastantes errores ortográficos! Gracias por tu comentario. Si encuentras algo sobre esta idea, por favor, avísame. Gracias.

  2. Leí el libro de Gladwell y me pareció muy interesante. Tal es así que llego a este artículo buscando profundizar en la idea de salvados por poco y por mucho. Tu razonamiento me parece excelente, incluso superador al libro.- Muchas gracias por compartirlo.-

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