REPOSTERIA: La resiliencia… ¿cómo te la cuento?

 

(Pincha aquí si quieres ver la idea principal de esta serie)

 

 TEMA: LA RESILIENCIA Y LOS CUENTOS

 

1/2 POST DE JAVIER ROMEU:

 

En una entrevista en Internet a raíz de la publicación de su libro El murmullo de los fantasmas, Boris Cyrulnilk cuenta:

Andersen (Hans Cristian) tuvo una infancia atroz: su madre era prostituta, obligada por su propia madre, que le pegaba si no se acostaba con los clientes que ella le traía, mientras el pequeño Hans Christian presenciaba las escenas. Huérfano muy pronto (su madre, alcohólica, murió en plena crisis de delirium tremens, y su padre se suicidó en un ataque de locura), Andersen, que se vio obligado a trabajar en fábricas donde era maltratado, fue acogido por su abuela paterna, que le brindó afecto, en tanto una vecina le enseñó a leer. Y la comunidad de Odense, donde vivía, tenía una fuerte tradición de contadores de cuentos. Con esos vínculos pudo transformar sus traumas y convertirse en un escritor de cuentos infantiles célebre en todo el mundo. (…)

En otra referencia en Internet se puede leer (aunque no podemos asegurar que sea cierto): “Hans recibió de pequeño muy poca educación, aunque su padre cultivó su imaginación contándole historias fantásticas y enseñándole a crear su propio teatro de títeres”.

Pero Cyrulnik continua:

Marilyn (Monroe) nació de madre soltera, rechazada por la sociedad de su tiempo y tan desgraciada que no pudo hacerse cargo de su hija, que fue entregada a orfanatos y casas de acogida en los que nunca halló un vínculo afectivo sano y estable. Jamás pudo superar esa carencia, ni siquiera cuando, adulta y bellísima, triunfó como actriz y obtuvo el amor de hombres como John Kennedy, Arthur Miller o Yves Montand, quienes, evidentemente, no supieron brindarle el vínculo afectivo que ella necesitaba. Sólo su primer marido, el jugador de beisbol Joe Di Maggio, lo logró a medias, y por algo ella intentó llamarlo antes de suicidarse.

Tampoco cita Boris el hecho de que estando acogida sufrió abusos sexuales o fue violada por parte de alguien cercano a la familia con la que vivía.

Pero con estos puntos de partida (detalle o desgracia arriba o abajo) en “El murmullo de los fantasmas” Cyrulnik plantea que un entorno o contexto cultural impregnado de relatos, de cuentos, de historias fue una variable importante en la resiliencia de Andersen.

También ha afirmado este autor que la cultura es aquello que cambia cada 10 km y cada 10 años.

Es innegable que hay muchísima diferencia entre los Estados Unidos (California, en concreto) de los años 20 del siglo pasado, en los que creció Marylin y los primeros años del siglo XIX en la Dinamarca en los que creció Andersen.

Quizá deba Cyrulnik modificar un poco su visión de la diversidad cultural al hilo de la globalización que ha supuesto el desarrollo de los modernos medios de comunicación.

¿Qué relatos predominantes reciben los niños actuales en, por ejemplo, España, México o Japón? ¿Podemos hablar de relatos predominantes o la cantidad de los mismos diluye su potencia? ¿Son los relatos, leídos, escuchados, pero sobre todo vistos sin margen para la imaginación, de superhéroes, de mutantes, de luchas contra alienígenas, los que propiciaran su resiliencia ante las adversidades de la vida?

 

1/2 POST DE MILLY COHEN:

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Definitivamente debemos responder ante estas últimas preguntas con un NO rotundo. Si bien las historias y los relatos son una excelente manera de favorecer la resiliencia en los niños, hay que tener mucho cuidado con el QUÉ, el CÓMO y el QUIÉN.

¿Empezamos con el QUÉ?

¿Qué leer a los niños de hoy que además de construir su autoestima, favorecer estrategias de solución de problemas, inspirar el amor y divertir, puedan ofrecer un camino para la resistencia y la superación? Sin tener nada en contra de los relatos de magia (tipo Disney) no es el tipo de literatura que desde mi opinión personal recomiendo. Veamos porqué.

Cuando todo marcha tan mal que parece que el mundo se nos va a derrumbar, aparece una simpática hada madrina que nos regala el vestido más hermoso del mundo hecho justo a nuestra medida y arribamos al baile en una hermosa carroza. ¡Esto no sucede en la vida real! O precisamente cuando parece que una mujer buena y hermosa ha muerto por culpa de una manzana envenenada, resulta que por obra de un desconocido hechizo, aquella manzana envenenada no mataba, solo dormía, y basta un beso de amor para despertarle. Tampoco es verdad! Si sueñas con ser alguien distinto, incluso si eso significaba que cambies tus aletas por piernas de humano, simplemente puedes intercambiar tu voz por ese deseo. ¡Mentira! Y si no quieres crecer, enfermar o envejecer, tan sólo tienes que mudarte al país encantado de Nunca Jamás. ¡Imposible!

Si bien estas situaciones suenan deliciosamente divertidas, realmente no ofrecen soluciones verdaderas a problemas verdaderos. Cyrulnik (2003) nos dice que al final de su vida, una persona de cada dos habrá padecido un acontecimiento traumático o un acto de violencia y una persona de cada cuatro se habrá enfrentado a varios de estos acontecimientos, que prácticamente la podrán dejar “desmantelada”. La buena noticia es que al parecer sólo una persona de cada diez no conseguirá librarse de su trauma; lo que significa que las nueve restantes podrán remendar su personalidad desgarrada y continuar aprendiendo y disfrutando en esta gran aventura que se llama vida. Pero esto ¡no podrá ocurrir con polvitos ni hechizos mágicos! Se dará gracias a un proceso de recuperación, donde se descubrirán las fortalezas personales y ambientales que servirán de sostén para que, luego de la agonía, se pueda resurgir. Y hay tantos cuentos que nos ayudarán a lograrlo!

Any y la Anciana (Misko Miles, Fondo de Cultura Económica), El elefante encadenado (Bucay), Orejas de mariposa (Luisa Aguilar, Editorial Kalandraka), Nada (Patrick McDonell, Editorial Serrés), Mi amor (Alemagna, Beatriz, Fondo de cultura económica) son algunos ejemplos de cuentos infantiles con personajes temerosos de la muerte, hostigados en la escuela, con madres gritonas o con etiquetas molestas, situaciones comunes para cualquier niño, sin importar la cultura o el país. Pero esos personajes también tienen herramientas para remediarlos, métodos probables y cercanos a todos los niños, sin importar su idioma ni su religión. ¿Te cuento cómo lo hacen? Creo que tendrías que leerlos para descubrir cómo el humor y el amor, la esperanza y la fuerza interna, las palabras gentiles y el perdón, conforman personajes fuertes en los cuentos que inspiran a ser fuertes a los niños del mundo real.

¿CÓMO leerles para que ello suceda? Tampoco es cosa de magia, sino de cercanía. De pasión. El cuento es en sí un premio, un regalo. Simplemente anunciar que leeremos un cuento es ya una promesa de felicidad, una invitación a la intimidad, a la emoción, al secreto. El anuncio del placer es ya un placer en sí mismo , como disfrutamos el olor a chocolate aun antes de comer el pastel. El niño entiende que junto al “había una vez” habrá cercanía física, intención emocional, quizá hasta caricias, se creará un espacio libre de violencia, de agresión, de maltrato, de dolor personal.

Para leer bien hay que saberse el cuento, hay que saborearlo, hay que creer que es bueno (aunque no lo sea) porque lo que se intenta hacer es contagiar al escucha de nuestro sentir, y no sólo decodificar lo que ahí dice. Es necesario leer sin pena, con apertura y originalidad, y luego dejar que lo lea él (o ella), a su ritmo, a su estilo, a su alcance. No corregir, no usarlo para enseñar, sino sólo para estar.

Además, la voz. La intencionalidad que lleva nuestro tono de voz, la calidez, la intensidad, la forma en que trasmite el sentimiento o la carga emocional del cuento, ese canto que acompaña un buen relato, hará a su vez de factor protector. Un niño recordará bien aquella voz que no castiga sino que acaricia. Un juego experimental se propuso contar un cuento de piratas a dos grupos de niños: a un grupo se le contó con una voz imparcial, monótona y fría, al otro, con un discurso cargado de emoción. Después de un tiempo fue el segundo grupo el que recordó la mayor parte del cuento (Cyrulnik, 2003). Entonces el cuento no es sólo afecto y cercanía momentánea, sino también un acontecimiento que deja huella, que no se olvida. Anthony Brown relata que fue a contar sus cuentos en inglés a un grupo de niños franceses y concluye: “No entendieron ni una palabra, gozaron de cada sílaba”.

¿QUIÉN? Me parece que esta es la sección más sencilla de todas. ¿Quién cuenta un cuento? El que así lo desea, el que tiene el tiempo, el que busca el espacio, el que quiere enseñar, motivar, divertir, incluso, pasársela bien.

De igual manera, ¿quién no cuenta un cuento? Quién tiene prisa (¿o has visto a alguien ocupado meter con calzador, a la fuerza, un espacio para contar un cuento?, quién está malhumorado (éstos son los que usualmente responden ¡ahora no!), quién no los conoce o no se los contaron y por ello no se atreven a intentarlo. Ante este tipo de personas, debemos contarles cuentos con carácter de URGENTE, para incluirlos de donde fueron excluidos.

Debido a la característica ecológica de la resiliencia, se deberá incluir a padres de familia, a docentes de escuela y a todos aquellos adultos que convivan con el niño, para que favorezcan espacios fértiles para la construcción de las habilidades de solución de problemas, de comunicación, de empatía, de flexibilidad y de competencia en los niños.

El contador de cuentos se transformará entonces en un tutor de resiliencia para el niño. Traduzcamos lo que dice con su cuerpo y sus palabras mientras cuenta una historia: “Yo considero que tú mereces un poco de mi tiempo, sé que eres inteligente y te sentirás seguro conmigo, intentaré brindarte confianza a través de este espacio y buscaremos juntos una posible solución a tus inquietudes por medio de la creatividad, de la ensoñación, del encuentro con los personajes de la historia.” Todos los contadores de cuentos pensamos y actuamos así.

Y entonces, cual si fuera magia, como si fuésemos hadas madrinas o encantadores de serpientes, protegeremos al niño, le daremos calor, afecto, presencia y todos los demás elementos que caracterizan a un buen cuento (vocabulario, memoria, referentes, y demás elementos de tinte académico). En una entrevista que realicé a niños de escasos recursos económicos que asisten a mi biblioteca pública (en México) desde hace ya varios años les pregunté por qué les gustaba estar ahí. Para mi sorpresa, ninguno dijo: porque hay cuentos, o porque aprendo a leer o escribir. La gran mayoría expresó disfrutar del lugar porque ahí nadie los juzgaba, se sentían amados, seguros.

¿Significa entonces que estar rodeados de cuentos (buenas historias y buenos contadores) asegura el bienestar, la confianza, el afecto, la protección contra el riesgo? Parece que si. No menospreciemos el valor de un cuento infantil. Mejor multipliquemos su valor.

princesa volando cuento

Contar un cuento es como extender un tapete mágico para que el niño se disponga a volar, y en este vuelo conozca mundos alternos, se descubra a sí mismo, abra bien los ojos para mirar más allá de su limitada vida, se salga de su realidad, solucione sus inquietudes, y luego, aterrice más consolidado y fortalecido.

Ya una vez Ana Frank escribió que las personas libres jamás podrían concebir lo que los libros significan para quienes viven encerrados.

Yo los invito a acompañar al niño en este vuelo, brindándole nuestra amistad, confianza, afecto, humor, y la esperanza de un mejor mañana. Con un libro como aliado.

 

(1) Milly Cohen es investigadora, escritora, docente y coordina talleres sobre crecimiento personal y resiliencia, como el que se celebrará en México los próximos días 1 y 2 de marzo.

 

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Puedes ver una interesantísima entrevista a Milly en Youtube

 

(Gracias, Milly)

6 Comments

  1. Hola, tienes un mail profesional? Te quiero hacer una consulta sobre bibliografía y comentarte un proyecto de terapia familiar y suicidio que tenemos en mente, quizás me puedas dar tu opinión! Saludos, Livia.

  2. Guau! Me ha encantado! No tiene desperdicio es un plato para untar el plato hasta dejarlo limpio. Felicidades a los dos por hacernos creer si cabe aun mas en lis cuentos y en su poder sanador fortalecedor y claro esta magico

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