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Archive for 28 abril 2014

Este blog comenzó como una forma de guardar en el ciberespacio textos, referencias o ideas y no tener que ir buscándolas en un ordenador, en otro, en un disco duro… Y ¿por qué no seguir haciéndolo? Hay veces que encuentro un material y pienso “quizá esto sirva para un post”. Pero como me cuesta mucho redactar y no tengo tiempo para hacer todos los post que quisiera, hay materiales que acabo olvidando. ¿Por que no dejarlos sin más sin tener que redactar una entrada?

Frecuentemente entro en la página de TED para ver si me interesan alguna de sus charlas o conferencias (de no más de 20 minutos). Así que he pensado que aquellas que me parezcan interesantes las guardaré también en el blog. Y si hay suerte y le interesa a alguien más, pues mucho mejor.

Para este primer post en este sentido he selecionado una conferencia de Tim Harford, economista (“El economista camuflado” y “El economista camuflado ataca de nuevo”)  que puede ver ayer y otra de Stuart Firestein, neurocientífico, que vi ya hace un tiempo y me impresionó.

Ambas comparten la idea de que es necesario que los científicos y expertos se posicionen en una postura de humildad frente al propio conocimiento científico.

En la primera llamada “Ensayo, error y el complejo de Dios” Tim realiza un argumento demoledor frente a todos aquellos expertos que creen tener las ideas necesarias y suficientes para resolver problemas complejos. Tomo el video no de la plataforma TED sino de youtube con los subtitulos incorporados en castellano.

En la segunda llamada “La búsqueda de la ignorancia”, Stuart Firestein hace, a mi entender, una exposición magistral de cómo la ciencia avanza hacia el conocimiento generando cada vez una mayor zona de ignorancia.

 

Este video no está en Youtube con subtitulos en castellano. Pincha aquí si quieres ir a la plataforma TED  y elige el subtítulo que prefieras si lo necesitas.

Creo que en un blog como este, que pretende ser un espacio para la reflexión sobre un fenómeno complejo como la relación de ayuda y como el fenómeno de la resiliencia, es especialmente importante no olvidar que es más productivo y más sensato centrarnos en lo que no sabemos que en lo que hayamos podido entender alguna vez, que además probablemente haya sido por casualidad.

 

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No cabe duda que la vida del salmón es asombrosa. Excepto para los propios salmones.

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Pero a nosotros los humanos nos fascina eso de remontar un rio para desovar en el mismo lugar donde se nació. Más allá del prodigioso mecanismo por el cual se orientan para encontrar el rio por el que descendieron, podemos incluso dotar a este fenómeno de un cierto sentido épico.

Pero en lugar de antropomofirzar la vida de los salmones esta vez quiero salmonizar la vida de una persona. Porque la imagino como un tipo, que diciendo cosas ya poco habituales, nada, en la educación y en la vida, contracorriente.

Hace pocas semanas una compañera me dijo un martes: “Mira que charla anuncian en mi pueblo para mañana”. Se titulaba “Educar con el co-razón”. Efectivamente me pareció un título muy sugerente. Le pregunté quien la daba pero no supo decirme y la cosa quedo ahí.

El jueves siguiente, cuando mi compañera llegó, empezó a hablarme entusiasmada de la charla a la que finalmente había podido asisitir. No supo explicarme el contenido concreto pero estaba encantada. Parecía que había estado más en un espectáculo que en una conferencia. Esta vez sí supo decirme el ponente: José Maria Toro.

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Así que cuando tuve un rato entré en Internet y puse el nombre del tipo. Descubrí que José María es maestro (mejor que profesor) pero que desde hace un tiempo se dedica a transmitir sus ideas sobre educación (básicamente escolar pero también familiar, social, etc) allí donde le invitan y a desarrollarlas en talleres y experiencias pedagógicas. Encontré muchas referencias y videos. Y sobre todo sus varios libros publicados en una editorial que sigo habitualmente: Desclée de Brouwer.

Es misma tarde, ya en casa, pude entrar a la propia web de José Maria y ver alguno de los videos (recomiendo, por ejemplo, éste) de entrevistas y charlas que circulan por la red. Y lo que descubrí en poco más de una hora es la mayor concentración posible de lo que yo llamo, y ya he explicado en este blog,”ideas sugerentes e indelebles” Es decir, ideas expresadas de una forma que te impactan y ya no se te olvidan en toda la vida. Son además ideas expansivas pues a partir de rumiarlas empiezas a descubrir cosas que van más allá de lo que la propia idea expresa.

Esa tarde (y en sucesivos días) recibí tantas de estas ideas de José Maria Toro que me cuesta poner algún ejemplo, pero me imagino que el post requiere alguno. Desde la idea misma de “Co-razón” para dinamitar la separación artificial entre lo racional y lo afectivo; a la idea, obvia pero silenciada, de que el o la maestra tienen que ser personas equilibradas o la también aplastante idea de que en educación (del tipo que sea) no es necesario que la vocación sea un punto de partida pero sí un punto de llegada (impresionante su crítica divertida y despiadada a un folleto de una Academia que prepara las oposiciones para plazas de magisterio)

El viernes por la tarde ya me había comprado en formato electrónico los cuatro libros que José María tiene en DDB y el domingo me descubrí usando dos de sus ideas en dos momentos distintos y en un contexto no educativo. Pensé que tenía que hacer un post para quien no lo conozca pero otros quehaceres y otros posts se cruzaron en mi camino.

Sin embargo, ayer mismo,  en el tiempo de espera del Centro de Salud y teniendo que revisar un curso que volveré a impartir el próximo mes (Bienestar en la miseria. Claves de psicología positiva para interventores sociales) seguí leyendo en mi móvil uno de sus libros que le venía al pelo (“DESCANSER, DESCANSAR PARA SER. Propuestas para liberarnos del secuestro del descanso”) Y volví a, como decían antes pero a mi se me ha quedado, a “alucinar en colores”. Con, por ejemplo, la idea de la diferencia, esta vez poco obvia pero tremenda, entre descanso y diversión o distracción o turismo o no tener que trabajar. Pero sobre todo con su propuesta para combatir diferentes tipos de cansancio con otro de sus queridos juegos de palabras, o mejor juegos, con palabras: DES-HACER, NO HACER y RE-HACER. Esto entra en el curso. Fijo.

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Así que esta vez he dejado en la cuneta otros proyectos de post para sacar éste. O reviento. Y sobre todo porque voy a citar tanto a José Maria a partir de ahora que, si seguís el blog, le vais a coger manía.

Y es que, aunque no lo conozco (sí un poquito a una persona muy importante para él) me lo imagino como un salmón.

En los remansos tranquilos de su infancia se fraguó su vocación de maestro, descendió el rio atravesando los avatares de su formación para llegar a serlo. Y tras unos años en el mar de la enseñanza reglada ha comenzado el retorno, contracorriente, al ser profundo de su vocación.

Para ello tiene que enfrentarse a muchas fuerzas que arrastran como la de la “tecnología educativa” con sus programaciones y objetivos de todo tipo. O evitar los zarpazos de un oso disfrazado de inspección educativa o administración escolar. Cada vez que le leo o escucho me lo imagino saliendo del agua en un portentoso salto y aprovechando para lanzarnos una de esas ideas que nos ayuden a ,como creo que él mismo diría, conectarnos con nosotros mismos y con los demás.

Podría parecer que Jose María es un nostálgico. No lo creo, incluso lo contrario. Pero al menos no es como muchos otros que idolatran al becerro de oro de la modernidad desdeñando cualquier cosa “de lo de antes”.

Por eso he querido hacerle un guiño con su propio estilo y le he llamado un tipo DIFER-RIENTE porque ha conseguido ser diferente a base de cosas corrientes (como Cesar Millán que ha triunfado diciéndole al mundo “Señores y señoras, un perro es un perro, no una persona”) O porque es diferente yendo a contracorriente. O simplemente porque en sus charlas, sonrie y hace reir, haciéndote pensar.

Sus libros están (virtualmente) en mi estanteria de salmónidos. Gente como Carl Honoré (“Elogio de la lentitud” o “Bajo presión”) o Catherine L´Ecuyer (“Educar en el asombro”) o Alain de Botton (“Religión para ateos” o “Cómo pensar más en el sexo”) Gente que se atreve a decir cosas tan sensatas que, con tanta globalización y capitalismo feroz, se han arrinconado en el armario de los trastos.

Sólo le deseo que siga su recorrido rio arriba y que el fruto de su esfuerzo sean cientos y cientos de nuevos profesionales de la educación con alma de salmón. Y no de salmonete.

Co razon

(Reconozco que a veces he pensado que José Mª Toro debía ser la reencarncación contemporánea y española del profesor japonés Toshiro Kanamori del famoso documental “Pensando en los demás”. Un tipo capáz de decirle a sus alumnos y alumnas que van a la escuela a ser felices y que sabe que en las dificultades de la vida lo más importante que tenemos son los vínculos que nos unen a los demás, y por tanto su prioridad es que sus chicos y chicas se conecten para toda la vida)

DESCANSAR PARA SER. Propuestas para liberarnos del secuestro del descanso

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Escenas: Hija con madre en un parque

Esta tarde en uno de los jardines de mi ciudad. En una zona destinada a que los niños circulen en bicicleta, patines o monopatín.

Presentación1

Ato a la perra y me siento a leer. Estoy con los “Mitos de la felicidad” de Sonja Lyubomirsky (Editorial Urano).  Frecuentemente levanto la mirada pues estoy en “modo supervisor”. Tengo a mi cargo a tres niños. En una de estas exploraciones paternas me llama la atención algo.

Cerca de mí, un poco a la derecha, una niña hace unos gestos raros de cara a la pared de un quiosco que está cerrado. La niña tiene las manos frente a su cara, palma contra palma, y realiza un balanceo suave con todo el cuerpo, se inclina un poquito y se vuelve a incorporar. La sombra de su cabeza y sus manos se proyecta sobre la chapa metálica de la caseta.

Como la veo casi desde atrás sólo veo que es muy morena. Se me ocurre pensar que es hindú y que está realizando alguna forma de oración o ritual. Pero lo descarto porque ¿de cara a una pared en un parque lleno de niños?

Me mantengo atento y descubro que el balanceo es para coger impulso, abrir los brazos y desde atrás proyectar sus manos al suelo. Ya lo tengo. La niña está intentando lo que por aquí se llama “hacer el pino” es decir, conseguir ponerse en posición invertida, con las manos en el suelo y las piernas en alto apoyando los talones en la pared.

Imagino que es un ejercicio que le van a exigir en Educación Física o simplemente es que quiere hacer lo que alguna de sus amigas hace con facilidad y ella no.

La niña no es gordita pero no tiene tipo de gimnasta ni parece especialmente ágil. Además ya he podido comprobar que no es hindú sino que parece recién aterrizada del altiplano boliviano o peruano.

Empieza a lanzarse con las palmas hacia el suelo. Tímidamente. Pero se vuelve a incorporar porque sus piernas apenas despegan del suelo. Una y otra vez. Le falta decisión. Pero insiste.

Mi memoria se dispara a cuando yo, como ella, tenía unos 9, 10 u 11 años. También era un niño rellenito. Sólo conseguí el valor suficiente para proyectar las piernas contra la pared cuando el profesor de gimnasia estaba examinándonos de “el pino” y dijo mirando en la lista: “Romeu”. Uno de los pequeños momentos memorables de mi infancia. La necesidad de aprobar me levantó las piernas. Por cierto, jamás he vuelto a hacerlo ni intentarlo.

La niña sí lo intenta. No una, ni dos, ni tres veces. Se pasa al menos 10 minutos dale que te pego. Observo que ya despega los pies del suelo. Cada vez más aunque las deja encogidas y por tanto vuelve a caer. Sin embargo me deja perplejo su constancia. Pienso, no sé muy bien porqué,  que esta cría llegará a donde le de la gana.

Finalmente la niña, toda sudada, se inclina y coge unas gafas que estaban en el suelo. Se las pone y se va tranquilamente hacia otra zona del parque.

Así que vuelvo a leer. Me está gustando la idea de “adaptación hedonista” por la cual nos acostumbramos muy rápido a lo bueno y cómo contrarrestarla.

Pero al rato veo volver a la niña. Ahora acompañada de la que indudablemente es su madre. Viste chándal y es bajita, robusta y con un trasero plano muy propio de su etnia.

La madre se coloca de lado junto a la pared y mirando a su hija. Ésta vuelve a intentar el pino. Las piernas no llegan a ponerse en vertical. La madre observa. Al segundo intento las piernas casi llegan a su objetivo. Rápidamente la madre le sujeta las mismas y con con suave empujón las proyecta sobre la pared. Será la última vez que la toque.

La niña se incorpora y vuelve a intentarlo. A veces no se levanta suficientemente y otras sí, pero se desploma hacia la pared y el culo queda apoyado en el quiosco. La madre con expresión serena pero firme le hace indicaciones a su hija. A veces golpea con la mano el lugar de la plancha donde deberían caer los pies.

En dos ocasiones oigo algo. En una ocasión le oigo decir “estás insegura y por eso colocas las manos así…” En otra ocasión oigo la palabra miedo. La niña cada vez que se incorpora escucha a su madre. Nunca protesta. Simplemente asiente con la cabeza. Y lo vuelve a intentar. En pocos intentos el porcentaje de éxitos aumenta. La madre mantiene la misma expresión. Cuando la niña lo consigue no da saltitos de alegría ni le dice nada especial. Simplemente cuando cree que su hija ya lo ha conseguido tranquilamente se dirige a la valla donde ha dejado sus cosas.

Pero la niñas sigue practicando. La madre se detiene y espera. Tras varios intentos y algún éxito más la niña parece convencerse que ya le ha cogido el truco. Finalmente la niña se vuelve para irse con su madre.

Me tengo que reprimir seriamente para no acercarme a ellas y felicitarlas. A la niña por su constancia y a la madre por su forma de ayudar a su hija. Finalmente no lo hago pero me da rabia no haberme atrevido.

Acabo de presenciar una escena de una relación de ayuda perfecta. Una coreografía de sinergia interrelacional.

Una niña que se propone un reto. Una niña que lo intenta y lo intenta, progresando poco a poco. Una niña que reconoce que necesita una pequeña ayuda y la pide o la acepta. Una madre que no hiperprotege. Que no se altera. Que da el empujoncito oportuno y perfecto. Una madre que reconoce rápidamente que el problema de su hija está en la actitud y no en la aptitud. Pero que no se lo reprocha sino la estimula. Una madre que no celebra neuróticamente el éxito de su hija.

La madre ha hecho lo justo para que su hija haga el pino. Ha dado un pequeño empujón y le ha insuflado seguridad pero dejando que ella lo resolviera. Ni más ni menos.

Quizá en este momento estén en casa y la madre le pegue una bronca descomunal por haberse equivocado en una división. O quizá le haga la redacción para que su hijita no tenga que hacer tantos deberes. Pero, visto lo visto, no lo creo.

Si tuviera esta escena grabada en un video la pondría en más de un curso o charla. Pero como no es así, aquí la dejo.

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Microcasos (2)

Extra-escolares

Ella se lo propuso mientras bajaban en el ascensor para irse a trabajar. A él le pareció bien llevar a los niños a practicar Mindfulness. Cuando por la noche se sentaron derrotados en el sillón intentaron ver cuándo podría ser. No pudieron encontrar un hueco entre las clases particulares, el conservatorio, las clases de tenis y las de chino. Pero acordaron no darse por vencidos. Harían todo lo posible por que su hija y su hijo deasarrollaran una atención plena en una agenda plena. Así cuando se estresaran sabrían entender y controlar sus pensamientos y sus emociones.

 

Acompañar

Mi dolor me llevó a contar lo que me sucedió a diez personas. Tres de ellas no me creyeron. Dos sí lo hicieron pero me dijeron que no sería para tanto. Una me dijo que lo suyo había sido peor y me lo contó de cabo a rabo. Otras dos me dijeron bien clarito lo que tenía que hacer y una me sugirió que si yo no hubiera… Y tu no me dijiste nada. Pero aquí estás.

 

Basado en hechos reales

La abuela apenas ya salía de si misma. Pero algo cambiaba cuando Juanito estaba en la habitación. Parecía asomarse de nuevo a las ventanas de sus ojos para verlo corretear de un sitio a otro. Quizá porque él ni sabia ni le importaba un pimiento que estuviera secuestrada por el Sr. Alzheimer.

Abuela con Alzheimer

Premio

Aquella mujer tenía tanto y tan buen sentido del humor que cuando le dieron un premio por ello no le hizo ninguna gracia.

 

Sobran las palabras

He regresado a los microcuentos y ahora me apasiona lo micro. Sueño con un microblog, microposts, microcharlas, microlibros, microconferencias, microcursos, micromasters. Ya se me pasará.

 

 

 

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Casualidad, Dios, destino o simplemente un cerebro que une acontecimientos ¿Qué más da?

Tengo una amiga (ella sabe quien es) a quien la adversidad ha vuelto a llamar a su puerta. No como en su infancia que fue una amiga inseparable. Ahora de imprevisto, sin ser invitada, sin modales, casi pegando una patada en la puerta.

Por mi cabeza pasó la idea de escribir algo por y para ella. Lo había descartado porque… ¡Qué dificil es acompañar en el sufrimiento! ¡Qué facil hablar por hablar! ¡Qué fácil escribir desde la barrera! Así que lo descarté.

Y entonces otra amiga, Reyes Adorna, me manda un texto por si le quiero dar vueltas para un post. Pero es un texto rotundo y redondo. Cualquier cosa que yo escribiera sería una malísima versión. Así que le pido un favor. Déjame que lo publique tal cual y se lo dedique a mi otra amiga. Y con su permiso y su generosidad, que va más allá del texto, aquí esta y lo copio con mi admiración hacia las dos.

LA VIDA COMO TUTOR DE RESILIENCIA

Quería hablarte de una obra de teatro, breve y tremenda, de Camus, y de su interpretación del personaje que le da título al libro: Calígula.

Calígula es el emperador de Roma. Al conocer la muerte de su hermana, despierta a la realidad de su propia vulnerabilidad, y sobre todo, descubre lo imprevisible de la vida. Trastornado, decide comportarse como los mismos dioses, y ser el “pedagogo” que le abra los ojos al mundo, sembrando la tiranía, el caos, o la tortura en su pueblo. Su objetivo es que todos despierten cada mañana con la certeza de que puede ocurrirles cualquier cosa, a ellos o a los que les rodean. Sus consejeros tratan de disuadirle. La gente no quiere saber, le dicen, queremos vivir con nuestra ingenuidad, sin el temor constante hacia un sufrimiento posible… Pero Calígula se mantiene firme. Él debe responder a su “misión”, debe enseñar al pueblo lo que él ha aprendido. Al final, cuando lo asesinan, se mira en el espejo y dice algo así como: “Calígula vive”, porque sabe perfectamente que aunque la gente quiera “matar”, silenciar, o evitar la voz de lo imprevisible, ella estará con nosotros siempre, acompañándonos en nuestro recorrido vital.

Esto lo saben muy bien aquellos que atraviesan una enfermedad, o los que pasan o han pasado por una situación límite o han vivido la experiencia de un accidente casi mortal, porque estas circunstancias nos hacen casi siempre despertar, y son como ese Calígula que nos recuerda que cada día puede ser el último, un Calígula que nos enseña que la muerte nos mira de reojo a todos.

Podría tomar la perspectiva que me lleve a pensar que es terrible vivir con esta certeza, pero no lo voy a hacer. Porque pienso que descubrir a la muerte a nuestro lado nos amplía la mirada, y nos hace ver a la otra compañera de viaje que a menudo pasa desapercibida, que es la vida. Ella también estará a nuestro lado hasta el final, ella puede convertirse en nuestro tutor de resiliencia cuando todo falla, ella puede regalarnos esa “otra” libertad de la que hablan los sabios, aquella que nadie nos puede quitar, que es la profunda admiración del extraño milagro de estar vivos. Ningún Calígula puede destruir eso mientras lo estemos.

Reyes Adorna

(1) Reyes es la autora del libro “PRACTICANDO LA ESCRITURA TERÁPEÚTICA. 79 EJERCICIOS”,  de la editorial DDB, que ya hemos reseñado en este blog

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Microcasos

Yo, mi, me, conmigo

Le encontraron muerto sepultado por cientos de libros de autoayuda y desarrollo personal. Sólo quedaba al descubierto su mano derecha que agarraba un móvil. En el rigor mortis el pulgar seguía apretando la tecla de llamada. Sólo había un número en sus contactos. El de su Coach.

Asertividad

Aquel día explotó y se dijo así misma que ya no iba a callarse. Diría todo lo que pensará. Empezó a hacerlo y desde entonces sólo ha parado de hablar cuando duerme. Están pensando en internarla.

¡Yes, We can!

El equipo había remontado ya tres goles. Necesitaba uno más para superar la eliminatoria y el estadio entero gritaba: ¡Sí-se-puede!¡Sí-se-puede! ¡Sí-se…! Cuando el arbitro pito el final se hizo un gran silencio. De repente se oyó una voz: ¡No-se-ha-podido…Y-no-pasa-ná¡ Poco a poco toda la afición se fue sumando y de nuevo el estadio gritó como una sola alma: ¡No-se-ha-podido… Y-no-pasa-ná! ¡No-se-ha-podido.. Y-no-pasa-ná!

Fantasía íntima

A veces me imagino que estoy con una mujer madura

Bueno a muchos hombres les pasa, no es…-

Disculpe, me he expresado mal. A veces me imagino que estoy con mi mujer madura. Y fantaseo que cumplimos las “Bodas de Plata”… y “de Oro”

El psicólogo no supo que decirle

Pareja de ancianos paseando por un parque con árboles y unas vallas

El regreso

Empecé a escribir este blog para mí. Cuando me di cuenta de que alguien lo leía empecé a medir lo que escribía en él. Pero de vez en cuando hay que volver a los orígenes.

POST POST

Después de publicar este post Reyes Adorna fue tan amable de enviarme un microcuento de Jordi Cebrián de su colección Cien palabras y que la propia Reyes colgó en su día en su blog (parado por el momento). Me parece genial y con la misma idea de fondo que Yo, mi, me, conmigo

“Tengo una amiga que ha caído víctima de los libros de autoayuda. Empezó como un pasatiempo inocente, pero pronto empezó a criticar a todos por no sé qué zonas erróneas que tenían. Luego se volvió asertiva, tanto que daba miedo, y así fue perdiendo amistades. La fui a ver ayer, y estaba haciendo tai-chi, creo, en una posición muy rara, y me dijo que había aprendido a respirar, que hasta ahora no sabía. Como se ha vuelto autosuficiente y segura de sí misma, tanto le da todo, sin miedo alguno a decir que no, pero sin nadie a quien decírselo”.

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