“Calígula” o la vida como tutor de resiliencia

Casualidad, Dios, destino o simplemente un cerebro que une acontecimientos ¿Qué más da?

Tengo una amiga (ella sabe quien es) a quien la adversidad ha vuelto a llamar a su puerta. No como en su infancia que fue una amiga inseparable. Ahora de imprevisto, sin ser invitada, sin modales, casi pegando una patada en la puerta.

Por mi cabeza pasó la idea de escribir algo por y para ella. Lo había descartado porque… ¡Qué dificil es acompañar en el sufrimiento! ¡Qué facil hablar por hablar! ¡Qué fácil escribir desde la barrera! Así que lo descarté.

Y entonces otra amiga, Reyes Adorna, me manda un texto por si le quiero dar vueltas para un post. Pero es un texto rotundo y redondo. Cualquier cosa que yo escribiera sería una malísima versión. Así que le pido un favor. Déjame que lo publique tal cual y se lo dedique a mi otra amiga. Y con su permiso y su generosidad, que va más allá del texto, aquí esta y lo copio con mi admiración hacia las dos.

LA VIDA COMO TUTOR DE RESILIENCIA

Quería hablarte de una obra de teatro, breve y tremenda, de Camus, y de su interpretación del personaje que le da título al libro: Calígula.

Calígula es el emperador de Roma. Al conocer la muerte de su hermana, despierta a la realidad de su propia vulnerabilidad, y sobre todo, descubre lo imprevisible de la vida. Trastornado, decide comportarse como los mismos dioses, y ser el “pedagogo” que le abra los ojos al mundo, sembrando la tiranía, el caos, o la tortura en su pueblo. Su objetivo es que todos despierten cada mañana con la certeza de que puede ocurrirles cualquier cosa, a ellos o a los que les rodean. Sus consejeros tratan de disuadirle. La gente no quiere saber, le dicen, queremos vivir con nuestra ingenuidad, sin el temor constante hacia un sufrimiento posible… Pero Calígula se mantiene firme. Él debe responder a su “misión”, debe enseñar al pueblo lo que él ha aprendido. Al final, cuando lo asesinan, se mira en el espejo y dice algo así como: “Calígula vive”, porque sabe perfectamente que aunque la gente quiera “matar”, silenciar, o evitar la voz de lo imprevisible, ella estará con nosotros siempre, acompañándonos en nuestro recorrido vital.

Esto lo saben muy bien aquellos que atraviesan una enfermedad, o los que pasan o han pasado por una situación límite o han vivido la experiencia de un accidente casi mortal, porque estas circunstancias nos hacen casi siempre despertar, y son como ese Calígula que nos recuerda que cada día puede ser el último, un Calígula que nos enseña que la muerte nos mira de reojo a todos.

Podría tomar la perspectiva que me lleve a pensar que es terrible vivir con esta certeza, pero no lo voy a hacer. Porque pienso que descubrir a la muerte a nuestro lado nos amplía la mirada, y nos hace ver a la otra compañera de viaje que a menudo pasa desapercibida, que es la vida. Ella también estará a nuestro lado hasta el final, ella puede convertirse en nuestro tutor de resiliencia cuando todo falla, ella puede regalarnos esa “otra” libertad de la que hablan los sabios, aquella que nadie nos puede quitar, que es la profunda admiración del extraño milagro de estar vivos. Ningún Calígula puede destruir eso mientras lo estemos.

Reyes Adorna

(1) Reyes es la autora del libro “PRACTICANDO LA ESCRITURA TERÁPEÚTICA. 79 EJERCICIOS”,  de la editorial DDB, que ya hemos reseñado en este blog

8 Comments

  1. Gracias Javier, Gracias Reyes
    Cuánta razón tenéis.
    El principio de mortalidad no cuaja en la mayoría de nosotros y el ir por la vida de “a mí nunca” puede pasar en un suspiro al “¿a mí porque?. Aún recuerdo a mi abuela cuando decía eso de: “Para aprender, perder”. Me duele pensar que muchas veces sea esto cierto y que nuestra fortaleza solo salga a la palestra en situaciones “altamente-jodidas”, que solo vemos cuando la vida nos obliga a “ver”.
    Ojala pudiéramos vivir habitualmente en “directo” y no en “playback”. Hacer como que cantamos y no cantamos, no es forma de vivir. Y si un día no quedamos sin voz (muerte) que por lo menos la voz fuera nuestra. Y cuando bajen el telón el “público” diga eso de: “no lo hacía del todo mal…”
    Un abrazo

  2. Es una enseñanza que debemos aprender todos, me ha gustado mucho cómo mi gran amiga lo ha expresado, ella es sabia, inteligente y siempre demuestra fuerza y capacidad, un textos precioso para zarandearnos a más de uno y darnos cuenta de lo maravilloso que es vivir.

  3. Como siempre, Reyes cuando escribe, cuando habla, cuando ves su vida diaria, nos da nuevas enseñanzas. Efectivamente, debemos vivir el presente, el futuro aún no está y el pasado debe servirnos para enseñarnos a continuar.
    Gracias Reyes por todo lo que nos das, Javier te felicito por el blog, que por cierto, me lo mostró esta querida amiga.

    1. ¡¡¡jajajajajaj!!!! Pero… ¿esto que es? ¿Un congreso de amigos y amigas de Reyes? Es broma. Me encanta que este blog sea como el salón de té o cafetería donde podáis quedar a compartir reflexiones y vivencias. Mientras no paséis a los cotilleos. Gracias por el comentario y por tu felicitación.

  4. Jaja, gracias por vuestras lindas palabras. Pero no hagas caso, Javier, que mis amigas son incondicionales!

    Bueno, poniéndonos más serios, quisiera dedicarle el texto especialmente a esta amiga tuya, y también a todos los que estamos pasando alguna situación “caligulesca”, sobre todo a una persona que conocí no hace mucho y que adoptó hace unos años a una niñita con una enfermedad de las llamadas “raras”. Ella, en vez de lamentarse, ha decidido tomar el otro camino. Su mirada está posada en disfrutar de su hija el tiempo que la vida le regale. Escucharla te da un subidón de vida. Cuando las veo siempre pienso: no hay que hacer tantos planes, porque entonces nos olvidamos de vivir. Esta madre lo sabe bien, y se centra en lo que importa. Dejará el lamento para cuando toque, pero mientras tanto, esa niña y ella están llenas de amor y de una alegría desbordantes. La mayoría de los padres que las rodean tienen la certeza ficticia de que no les va a ocurrir nada y en su cabeza mil planes para sus hijos, por eso están demasiado ocupados intentando construirlos. Y no es una crítica, porque esto es lo más normal del mundo. La naturaleza se encarga de que pensemos que las desgracias les ocurren a los otros, que estamos más protegidos, que somos más especiales. Esto se llama optimismo atávico, y es útil para seguir avanzando. Pero este optimismo a veces nos hace ciegos a la realidad, nos adormece y nos impulsa a no querer despertar. Pienso que, aunque duela, es preciso despertar, para bien y para mal. Por eso esta madre se ocupa de darle amor y atención a su hija aquí y ahora, porque su calígula ya le ha abierto los ojos a la vulnerabilidad.

    Gracias, Javier, por dejarme un hueco en tu maravilloso blog, pero estoy segura de que tú, como siempre, lo habrías hecho mucho mejor.

    Un abrazo muy fuerte

    1. Tu texto y comentario, Reyes, dan para una Tesis pero ahora sólo es el momento de decirte que te equivocas… en el último párrafo del comentario.
      Y ya que no son tiempos de reabrir tu blog (por cierto… que nombre tan chulo y al caso… “celebrar la vida”) espero que sigas matando el gusanillo en este siempre que quieras. Por favor.

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