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Archive for 24 junio 2014

Sabemos que cuando un tutor de resiliencia es una persona que ofrece un apoyo emocional para la persona en dificultad o adversidad gracias a que le mira de una manera especial y distinta a la habitual. Como dice Jorge Font “todos nos reconfiguramos en la mirada de los otros”

Pero ¿qué es ese cambio de mirada más allá de una frase bonita o sugerente? Al igual que existe una neurociencia de la vista y la mirada física ¿podría haber una explicación neurológica del “cambio de mirada” psicológica?

Dos experiencias recientes me invitan a pensar que sí. Sirvan las líneas que siguen para compartir la primera y explorar este territorio.

Hace unos días me propuse, y así se lo dije al grupo de profesionales de la educación que me aguantaron en una Jornadas de Formación, llegar a su cerebro emocional a través de su cerebro racional. Probablemente no lo conseguí. Pero ¿por qué este empeño?

Simplemente porque sabía que una charla académica sobre los efectos a medio y largo plazo de la negligencia y el maltrato en las estructuras neuronales de los niños duraría en ellos y ellas lo que tardaran en llegar a sus casas. Sin embargo, si conseguía que durante la charla su amígdala o su hipocampo reaccionara de alguna manera, aunque fuera con la pena, se produciría una emoción y los datos quedarían mucho mejor fijados. Quería sensibilizarlos, no hacerlos más sabios.

Amígdala cerebral

Cuando al día siguiente hice un post con la síntesis de la intervención David Montejo que trabaja de director de un Centro de Menores aportó, en varios interesantísimos  comentarios, la idea de lo difícil que es poder ver más allá de la conducta de los y las menores con los que trabaja cuando cuestiones administrativas, convivenciales, etc te ponen la propia amígdala y cerebro emocional al rojo vivo. Quizá la lectura del post le había ayudado, cual extintor intelectual, a apagar su quemazón de una larga y estresante jornada laboral (no olvidemos que uno de los componentes esenciales del Cansacio de los buenos – antes llamado Burnout – es el cinismo y la despersonalización)

Pero ¿es suficiente este viaje del cerebro emocional al cerebro superior o racional? (Probablemente es el cielo que proponen los idólatras de la ciencia: la felicidad proviene de conocer) Para distanciarse sí. Pero para para cambiar de mirada, no.

Porque dejaremos de ver a ese niño o niña, usuario o usuaria, cliente o clienta… como alguien que me fastidia todo el rato y podremos verlo o verla de una manera más objetiva, como una víctima y no como un verdugo. Y quedará clavado con alfileres en una tabla de madera para nuestra regocijo intelectual. Hasta que en un movimiento inesperado libere una de sus brazos y nos suelte un nuevo bofetón en plena cara.

Me temo que el apoyo emocional que ofrece el o la tutora de resiliencia sólo es posible si se da un viaje a la inversa. De las neuronas del cortex superior otra vez al cerebro inferior, de forma que, al menos alguna neurona apartada de nuestro cerebro emocional, se encienda cual cerilla. Basta una simple cerilla para ayudar a alguien a encontrar la salida de una habitación a oscuras. De la misma manera que bastaron los ojos llorosos de compasión de una jueza para que el jóven Tim Guenard la empezara a llamar “madre”.

Y dado que el cerebro emocional reacciona cuando algo nos asusta, sorprende, desconcierta, etc ¿qué mejor que intentar conectar la situación de la persona a la que tenemos que ayudar con alguna vivencia (experiencia+emoción) propia? (algunos psicólogos y neurocientíficos empiezan a afirmar que la felicidad proviene del conectarse con otros y otras)

En conclusión: Cuando alguien que debe recibir tu ayuda te mate, inflamando tu cerebro emocional, enfriate mandándolo a tu razón intentando comprenderlo. Pero si lo dejas allí la siguiente embestida producirá el mismo efecto. Así que intenta mandarlo de nuevo al cerebro emocional y encontrarle un sitio más adecuado. Y desde allí quizá surja una nueva mirada.

El cerebro emocional reacciona a un ataque con emociones y sentimientos negativos y probablemente con una muy de moda: la indignación. Pero también es el territorio de la compasión y de una emoción muy poco tratada e interesante: el asombro. Para profundizar en ella me remito a Catherine L´Ecuyer, su blog o su libro.

¡Que fácil es indignarse ante un hijo o hija adolescente! (yo lo hago tres o cuatro veces al día) Pero también lo es asombrarse y admirar la transformación de niño a hombre, de niña a mujer (yo lo hago tres o cuatro veces al mes) Pero todo es ponerse.

Dice magistralmente el cantautor Migueli en una de sus canciones “Según me coloco, me encuentro a la gente o no veo ni a Dios” Podríamos parafrasearle:  “Según me colocó (en mi cerebro) me encuentro a la gente o no veo ni a Dios“.

En el próximo post intentaré analizar la influencia del tiempo (pasado, presente y futuro) en el cambio de mirada.

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Amablemente me comunica Gabriel Gerez Kraemer que la asociación Familias para la Acogida vuelven a organizar en Valencia un encuentro con Tim Guenard y su mujer, Martine.

Los que pudimos disfrutar de ellos en el pasado hace justo un año sabemos que un encuentro con ellos no es exactamente una charla o una conferencia. Es como el cartel indica un DIÁLOGO. El diálogo con una persona, Tim, que sufrió una verdadera pesadilla en su infancia y adolescencia y que representa un magnífico ejemplo de resiliencia y otra, Martine, que tras una infancia feliz, decidió que el amor que había recibido no debía ser algo para ella sola.

Y empiezo a intuir que ellos quieren encontrarse no con las preguntas o comentarios de, por ejemplo estudiosos o periodistas, sino con las heridas e inquietudes de muchos jóvenes que han pasado por situaciones familiares muy difíciles y de las personas que, en la actualidad, les acompañan: acogedores, educadores…  No deberías esperar, por tanto, de este encuentro una simple repetición de la historia de Tim, completada por la de Martine.

Dice Boris Cyrulnik que las palabras son trozos de afecto que a veces llevan algo de información. Si acudes al diálogo esperando información quizá salgas decepcionado o decepcionada. Pero afecto, lo que se dice afecto, me apuesto que lo tocarás con las manos.

Este es el cartel del evento. La organización me insiste encarecidamente que necesitan que SE CONFIRME LA ASISTENCIA CON ANTICIPACIÓN en el email valencia@familias-acogida.es pues el aforo es limitado y viene gente de Madrid y Barcelona.

Razones para vivir - Encuentro

FECHA: 21 de junio (18´30 horas)

LUGAR: Salón de Actos de la Casa de la Cultura C/ Mayor 15 ROCAFORT (VALENCIA)

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Ayer por la tarde tuve la oportunidad de dirigirme a un grupo de profesionales del ámbito educativo para abordar el tema de “emociones y resiliencia” en el marco de un curso organizado por un Centro de Formación del profesorado.

En un error impropio de mis horas acumuladas en este tipo de cosas me presente con materia no para tres horas sino para seis. Salí con ganas de pegarme un tiro en la autoestima para no verla sufrir.

Pero, gracias a Dios o a los organizadores, el curso dispone de una plataforma on-line donde los docentes podemos abrir un foro para tratar aspectos concretos o facilitar la participación.

Así que he redactado un síntesis de lo que planteé o quisiera haber planteado en la esperanza de que si lo leen consigan centrar lo que, algo caóticamente, quise comunicar.

Pero igual que ellos tienen la plataforma “yo tengo un blog” así que he pensado que no les importará que publique en él estas reflexiones a modo de conclusiones. Ellos podrán comentarlas allí y, si te apetece, puedes aportar cualquier comentario, como siempre, aquí.

1. Existe evidencia científica de cómo la negligencia y el maltrato infantil provocan alteraciones concretas en los niños que la sufren. Ya era conocido por la psicología como estos niños desarrollan patrones vinculares evitativos (“niños post-it”) y ambivalentes (“niños on-off”) que condicionarán (no determinarán) en mayor o menor grado sus relaciones interpersonales futuras.

2. Pero además en la actualidad las neurociencias han comprobado que debido a las emociones negativas continuadas en situaciones de total incertidumbre, similares al estrés adulto, se liberan en exceso sustancias adaptativas para la respuesta inmediata pero que dañan de diversas formas el cerebro del niño, comprometiendo seriamente su capacidad de aprendizaje aunque su nivel de inteligencia general sea normal. Podría hablarse, casi en sentido literal, de “malformaciones psíquicas”. Podemos afirmar así que hay “emociones que matan”.

3. Aunque estos niños sean protegidos colocándolos en otros contextos familiares o residenciales sus dificultades (poco conocidas por la población en general) pueden ser confundidas en el aula con otro tipo de problemas: falta de motivación o de trabajo. Esto aumenta exponencialmente la probabilidad de entrar así en una dinámica que lleve a lo que se ha denominado en ocasiones “déficit cognitivo acumulativo”. Y el entorno escolar se convierte así en una réplica del entorno familiar de origen donde no se atendían adecuadamente las necesidades del niño o niña, y en definitiva, en un nuevo contexto donde predominarán para él las emociones negativas.

4. Sin embargo, siendo consciente de lo anterior, el o la profesional de la enseñanza puede conseguir un “cambio de mirada” sobre el alumno y plantearse como objetivo primordial contribuir a la resiliencia del mismo. Entendiendo la resiliencia no necesariamente como una superación de sus dificultades de aprendizaje, sino como un nuevo desarrollo positivo para él y los que le rodean “a pesar de sus dificultades”. Se puede afirmar también que hay también “emociones que curan” y que, en la medida que el niño o niña reciba más emociones positivas, estará en mejores condiciones para que les ayudemos, con los recursos psicopedagógicos necesarios, a progresar también en el aprendizaje.

5. Desde este punto de vista podemos plantear o desear que el aula llegue a ser para ellos (y, de paso, para todos los alumnos) un “contexto curativo” y no un nuevo “contexto traumatizante”. Para ello es importante reflexionar como introducir “lo emotivo” en el aula de una forma natural y compatible con las exigencias formales del sistema educativo vigente.

6. Con independencia de que lo anterior sea posible o no, más fácil o más difícil, tampoco puede obviarse el hecho de que pueden surgir en el entorno escolar lo que se denomina “tutores de resiliencia”. Es decir una persona, interés, afición, habilidad, etc que se convierte para el niño con graves problemas socio-familiares y de aprendizaje en una especie de eje motivacional que le impulsa hacia un desarrollo positivo o crecimiento satisfactorio para él o ella y los demás.

7. Los estudios sobre resiliencia parecen apuntar a que los tutores de resiliencia “surgen”. No se pueden programar. Sin embargo eso no significa que no se puedan hacer cosas concretas para que, en un determinado contexto como por ejemplo el aula, aumenten las probabilidades de que distintos y numerosos potenciales tutores surjan.

8. Ya sería bastante que el docente pudiera estar atento a qué cosas hacen que brillen los ojos de ese niño o niña, pues como expresa Carmen Pellicer “un buen profesor o profesora es aquel o aquella que dibuja posibilidades para sus alumnos y alumnas”. Incluso para aquellos que el cortisol del estrés ha arrasado sus neuronas y ha impedido la mielinización de sus sinapsis neuronales.

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¡Kanamori vuelve!

Desde que alguien me recomendó al documental “Pensando en los demás” es rara la charla o el curso donde no haga referencia a él o cite los especiales planteamientos y métodos del profesor japonés Toshiro Kanamori.

Estoy preparando una sesión sobre emociones y resiliencia para un grupo de profesores y profesoras, y como es más que probable que lo conozcan sólo quería usarlo de excusa para lanzar una sospecha que empiezo a tener (¿No nos estarán vendiendo una cabra con lo de la “Inteligencia emocional”? pero eso es para quizá otro post)

Y para ello pensaba usar el contraste entre los comentarios elogiosos a éste profesor de un columnista digital con uno de los comentarios de un lector (seguramente profesor o profesora) mucho más hostil:

51 .- Con que los nenes escriben sobre lo que sienten respecto a determinados acontecimientos. . . y ¿no hay ninguno que se niegue a escribir? ¿a ninguno se le ha olvidado el boli? ¿ninguno le dice al maestro Kanamori que eso es un coñazo? ¿ninguno pregunta que para qué tienen que hacer eso? ¿ninguno faltó a clase ese día? ¿ninguno le pregunta qué significa “acontecimiento”? En fin, aquí lo quería yo ver.

Y en esto estoy cuando descubro que existe más material sobre Kanamori. Se trata de un video con un monólogo del propio Toshiro sobre su manera de entender la educación. A pesar de que “voy pillao de tiempo” con lo que tengo que abordar el lunes, no he podido dejar de traer este material al blog.

 Emociones

http://whatonline.org/i/what-sobre-el-futuro-toshiro-kanamori/

Por si no te apetece verlo tre copio el texto de presentación del video de la plataforma propietaria (WHAT)

 ‘La felicidad viene de la conexión entre seres humanos’.

Después de ejercer como profesor de primaria durante 38 años en diferentes escuelas, se retiró en marzo de 2007 y actualmente es profesor del Departamento de Educación Infantil en la Universidad de Hokuriku Gakuin (Japón). A través de su idea de educación ‘Empatiza con tus amigos para ser feliz’, Kanamori investiga, desde los años 80, diferentes vías para trabajar directamente con las personas y la naturaleza. En el documental ‘Pensando en los demás’(Children Full of Life), producido por la NHK (Televisión Nacional de Japón) se muestra lo que sucedió en una de sus clases a lo largo de todo un curso. Este documental obtuvo un gran éxito que se tradujo en la obtención de varios premios y una gran difusión y repercusión mundial. Su trabajo ha conseguido llamar la atención de la comunidad educativa, pero también ha logrado el reconocimiento de otros sectores que pueden parecer más alejados, como el de la salud.

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Post de Conchi Martínez

No suelo rebloguear. Pero hay ocasiones que es necesario aunque sea para retener un post que no quiero perder de vista.

Es posible que si lo lees te surja hacer algún comentario. Pero te pido que lo hagas por favor en el blog de Conchi. Es lo justo.

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El término “Escatología” tiene en castellano dos acepciones muy distintas.

Por un lado se refiere al conjunto de creencias sobre una supuesta vida más allá de la muerte. Ideas, en definitiva, sobre el destino final de la Humanidad en general y del estado de los seres humano tras su muerte.

Pero por otro, y por aquello de dos etimologías griegas distintas pero con el mismo sonido en castellano, también es la parte de la fisiología  dedicada al estudio de los excrementos y los desechos corporales, como la materia fecal , la orina o la menstruación, por ejemplo. Y por extensión y en un contexto popular el conjuntos de chistes, anécdotas, etc. relacionados con los excrementos.

No es muy difícil encontrar una relación entre la resiliencia y la primera acepción de Escatología. Hay que reconocer que muchas personas han podido resistir y rehacerse de grandes tragedias gracias a sus creencias laicas o religiosas, y entre las últimas lo escatológico tendrá casi seguro un lugar importante.

Permítaseme la broma pero aquellas personas en las que la dimensión religiosa es un punto importante para su resiliencia, y sobre todo si son cristianas, aspiran a la Gran Resiliencia que sería: la Resurrección.

Quien ha seguido la trayectoria vital de Tim Guenard más allá de leer su libro “Más fuerte que el odio” sabe que aunque la resiliencia, según él mismo, se debió a una serie de encuentros personales reparadores, en la actualidad él atribuye los mismos u orienta su vida en función de su creencia en lo que el llama el “Big Boss” (El gran Jefe)

Pero ¿sería posible una resiliencia en el sentido escatológico de la fisiología? No conozco un caso en sentido literal pero sí un caso donde el mecanismo psicológico esencial para la resiliencia (no la adaptación) se rige por una metáfora clara con la fisiología de las sustancias de desecho de nuestro cuerpo.

Y esto ha sido gracias a la editorial Herder que acaba de traducir y publicar la obra “El quinto principio. Experiencias de lo innombrable” (el subtítulo no es original pero sí ilustrativo). Se trata de un pequeño libro de Paul Williams que es un reputado psicoanalista británico.

No es fácil encontrar referencias personales a él en Internet aunque sí muchas sobre su obra escrita y su labor como coeditor durante siete años de la International Journal of Psychoanalysis.

Pero no importa porque con esta obra y otras dos todavía no traducidas sobre su adolescencia y su vida adulta Paul Williams ha contado a quien quiera leerle la historia del brutal maltrato que recibió junto con dos hermanas (una de ellas murió a los pocos meses de nacer) por parte de sus padres. Aunque en realidad sería más ajustada la expresión “brutal NO trato”

El libro no es exactamente un relato de los hechos sino el resultado de un largo proceso de autoanálisis (tras años de experiencia en los dos lados del diván). Por ello encontrarás en las páginas del libro párrafos de muy difícil comprensión, al menos para mí, pues creo que se transmiten ideas para las que quizá la mayoría de nosotros no tengamos pistas suficientes para la descodificación. Pero también otros, en los que describe sus experiencias, cuya concreción es casi insultante.

De hecho había pensado hacer esta reseña copiando algunos párrafos o frases de la descripción de su escalofriante experiencia (al nivel de lo ya leído en el libro del propio Guenard o de “El niño sin nombre”  de Steve Pelzer). Pero hay dos problemas para ello. Uno, y menos importante, el post saldría de una longitud para mi gusto inadecuada. Dos, necesitaría horas para decidir qué frases o párrafos reflejarían mejor la intensidad de los malos tratos. Y no precisamente por (como en el caso de Pelzer) las formas rebuscadas de castigo, sino por la intensidad del desamor.

No creo que el autor haya escrito esta obra como un intento desesperado de entender a sus padres, algo que deja ver que no le llevó siempre al resultado esperado. Creo que se trata más de compartir los principios rectores de su identidad y de su comportamiento que se generaron en su situación particular. Cinco Principios que si me atrevo a reproducir, incluso el que da nombre al libro y que en alguna otra reseña han considerado que debían ocultar como si estuviéramos ante una película de suspense (de terror sí, pero de suspense no entiendo por qué)

1. Todo lo que digo y hago está mal.

2. No creo en lo que me dicen. La verdad es lo opuesto a lo que me dicen.

3. La rabia me mantendrá vivo.

4. Si trabajo duramente, el doble que los demás, tal vez logre llevar una vida que se aproxime a una vida normal.

5. ¡A la mierda!

Y en este “quinto principio” es donde aparece la resiliencia fisiológicamente escatológica. Reconozco que no sé si he conseguido entender la verdadera naturaleza de este principio y he tenido que leer alguna reseña de algún psicoanalista para entender que la “solución” de Paul Williams es extraña ( y controvertida entre los del gremio psicodinámico) pues cabalga al límite de la disociación.

Leo en Wikipedia (a mi el título de psicólogo me tocó en una tómbola) que la principal característica de todos los fenómenos disociativos consiste en el distanciamiento de la realidad, en contraste con la pérdida de la realidad, como ocurre en la psicosis Y también “una sintomatología donde elementos inaceptables son eliminados de la autoimagen o negados de la conciencia”.

¿Es que Paul Williams ha decidido imitar a gran parte de sus pacientes, muchos de ellos psicóticos? ¿Ha cerrado el círculo? (“Yo debí ser un psicótico pero conseguí ser un sanador de psicóticos pero para sanarme a mi mismo voy a imitar a mis pacientes mandando a la mierda (expulsando de mi mismo) lo que viví) 

No tengo formación en psicoanálisis pero da la impresión que la expresión ¡A la mierda! como principio de supervivencia (y quizá reconstrucción)  mental es como una una especie de disociación lúcida o quizá también, una disociación estratégica. No puedo negar lo que me pasó pero puedo… expulsarlo de mí.

Al fin y al cabo ¿no es lo que hace nuestro cuerpo? Cuando ingerimos algo nuestro organismo intentará aprovechar todas y cada una de las sustancias que lo componen. Y para ello tendrá que hacer un complicado y refinado proceso por todo el aparato digestivo. A pesar de lo cual una parte de lo ingerido resultará “indigerible”. Y todos sabemos cómo y dónde acabarán esas sustancias.

Y me viene a la cabeza una ocasión en que Trufa, una perra que vive con nosotros, estuvo a punto de morir por tragarse una cabeza de plástico de un muñequito de Caillou (¿quien dice que es un personaje angelical?). Le obstruyó el intestino y casi la palma. Porque el plástico no se digiere. Hasta que, unos días después y con vigilancia veterinaria, consiguió ca….

Paul Williams ha pasado años y años intentando digerir experiencias inhumanas para, al parecer, llegar a la conclusión que hay cosas que ni la mente más preparada puede asimilar. Pero ¿quien ha dicho que haya que digerirlo todo para continuar con una vida satisfactoria y productiva para si mismo y los demás? No será que todo eso simplemente hay que mandarlo… ¡A la mierda!

Creo que no me equivoco mucho cuando insisto en charlas y cursos que no es lo mismo resiliencia que curación. Quizá Paul no esté técnicamente  curado ¿Y?

Pero prefiero terminar el post con una idea del propio Paul Williams que me parece que los profesionales de la protección de menores no deberíamos olvidar.

“Además, cada maltratador es diferente, lo que significa que, para establecer la verdad, se necesita una investigación detallada de las circunstancias de cada caso. Obviamente, los temas aparecen, como sabe cualquiera que estudia la literatura existente sobre abuso infantil, pero no expresan la experiencia del niño implicado.” (pag. 44)

Espero recordar esta última frase cada vez que “me pase de listo” y crea que ya he entendido del todo a alguno de los niños y niñas con los que trabajo. Necesitamos teorías, modelos y conocimientos para trabajar con ellos y para ellos pero difícilmente podré conocer su experiencia profunda. Y quizá deba estar abierto siempre a trabajar con lo… inombrable.

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