Escenas: una nueva rotonda

Cada vez que voy a mi trabajo en coche tengo la posibilidad de elegir entre dos rutas. Trabajo en Alboraya, que es un municipio limítrofe con Valencia, donde vivo. Puedo ir por la ciudad o salir de Valencia por una autovía para entrar a Alboraya por la primera salida. Y el 90% de las veces elijo la segunda opción: ir por el camino más largo. ¿Soy tonto? Es muy probable.

Per0  mis razones son dos. Por la ruta larga no hay más que tres semáforos y se circula sin apenas detenerse.  en segundo lugar porque voy viendo el mar a mi derecha y a mi izquierda la huerta valenciana.

Nada de todo esto es importante para la escena que voy a contar pero no deja de sorprenderme la ceguera de quienes pretenden que comportarse reacionalmente es comportarse lógica y científicamente.

Seneca dijo que el ser humano es un ser racional. Un escritor contemporáneo que no recuerdo matizó que racional no, sino que es un animal que racionaliza. Y  Alexander Hubbleton, director de cine señaló “El hombre es un animal racional, pero no un animal razonable”. Deberíamos aspirar no a ser racionales sino razonables. Es decir a poder dar razón de nuestros actos incluyendo en ello emociones y sus sentimientos.

Pero volvamos a la escena. El hecho es que durante muchos años he tenido que salirme de la autovía por la primera salida para luego tener que coger una carretera que está en al otro lado de la misma. Para ello tienes que cruzarla por un puente y para ello hay que hacer un stop bastante complicado. Tienes que esperar a que no venga nadie ni por la izquierda ni por la derecha. El tráfico en el puente es  intenso y es normal que tengas cola detrás de ti para hacer la misma maniobra.

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Pero tras unas semanas de obras el otro día pude incorporarme fluidamente gracias a que ya estaba terminada una nueva rotonda (más o menos donde aparece el círculo en la foto). Y sentí una pequeña emoción de satisfacción que, curiosamente, me llevó a la gratitud.

Ya sé que muchas veces estas mejoras se hacen a costa de una o varias personas muertas en accidente en ese punto, pero yo imaginé que hace un tiempo alguien “pensó esa ronda”. Y visualicé a un tipo mirando los planos y diciendo “Aquí debería haber una rotonda” Y a una Jefa de Nosequé diciendo “Ok. Presupuéstala” Y a una comisión diciendo “Hay que reducir el presupuesto pero esa rotonda no se toca”

Es decir que mi satisfacción presente era el fruto de la decisión y voluntad de otras personas de construir una rotonda. Y, por otra parte, para llegar a esa escena también había sido necesario aguantar meses de incomodidad por las obras.

Dentro de unos día me habré habituado y ya no bendeciré por el o la persona  “pensadora de rotondas” Pero en el coche pensé que  ¿no es esto en lo que consiste la paternidad o maternidad responsable?

Responder “sensiblemente a las necesidades” de nuestros hijos es algo más que satisfacer sus necesidades presentes. Implica también planificar o responder ahora a las necesidades futuras, aunque no nos venga bien, no nos apetezca o nos moleste.

Y no me refiero a mandar todos los años a tu hija o hijo de 12 años a Irlanda un mes para que de adulto domine el inglés. Que también. Me refiero a algo mucho más cotidiano.

Todos los días los padres tenemos que “hacer obras” por muy costosas y molestas que sean. Porque cuando  tu hijo o hija tiene una conducta o reacción tienes que proyectarla sobre su futuro y plantaerte “¿Necesita corrección?” o “¿Quiero que esa conducta sea típica de su yo futuro?” “¿Quiero que mi hijo o hija sea una persona maleducada, o colérica?”.

Y así, una y otra vez, aparece el combate entre dejarlo estar y no violentarte (seguir descansando o con lo tuyo) o salir de ti mismo y tensionar la convivencia con tu hijo o hija para construir una futura rotonda.No es nada diferente de cuando quieres mejorar tu casa. Sabes que la cocina necesita una reforma pero que cuesta dinero y vas a pasar un mes o dos de perros.

Por eso la paternidad o maternidad responsable me parece que es como “pensar rotondas y decidir hacerlas” Luego nadie se acordará de que te has dejado la vida en ello. En un futuro cuando alguien te diga “Qe maja es tu hija” “Que buen chaval es tu hijo” ni tu mismo o misma te acordarás de los tiempos en que estaba insoportable pero tú no lo dejaste pasar y le hiciste ver que no es lo que querías de él o de ella.

Trabajo con niños que sus padres y madres han respondido muy deficitariamente  a las necesidades presentes de sus hijos. Eso es valorable. Pero te puedo asegurar que ni siquiera se han planteado el yo futuro de sus hijos. Y por ello sus hijos o hijas son como un país lleno de carreteras infames y llenas de peligros. No matarse es una cuestión de suerte.

Hace ya más años de lo que yo quisiera daba charlas en una Escuela de Padres itinerante. Es decir el grupo de “profesores” íbamos a la localidad donde la hubieran solicitado. Pronto aprend , y así empecé a decírselo, que las madres (y algún padre) que me esperaban en el local asignado a las 9 ó 10 de la noche eran precisamente las y los que menos necesitaban la charla. Estos al menos habían vencido su cansancio e incomodidad para intentar mejorar sus habilidades marentales o parentales. Al menos se planteaban “Quizá mis hijos e hijas necesitan alguna rotonda” ¡Los que probablemente necesitaran la charla  eran los que se quedaron viendo el partido de fútbol o la película de turno.

Compré hace poco el libro de Stephen R. Covey “Los 7 hábitos de las familias altamente efectvas” (Ed. Palabra)

Los 7 hábitos de las familias altamente efectivas

 No lo he leído todavía pero sí la introducción y en ella leí algo que me hizo pensar “Las familias altamente efectivas se pasan el 90% de su tiempo fuera de la ruta”. Una familia altamente efectiva no es aquella en la que todo fluye armoniosamente. Juan recoge tu ropa. Sí,mamá, ya mismo (Y lo hace).Cariño, ¿Qué tal el trabajo? Muy pesado pero gracias por preguntar, amor. Déjame un minuto y te ayudo con eso…

De eso nada. Las familias altamente efectivas tienen decenas de parones en su viaje. O parais de discutir o paro el coche y os dejo. Ya voy, no ¡Ya! A mi no me contestes así. De eso nada, monada, si quieres un móvil nuevo…

Lo que diferencia a las familias altamente efectivas de las menos efectivas y de las negligentes no son precisamente el número de paradas (igual hasta salen ganando) Lo que las diferencia es ¡que hay una ruta muy clara! Y que ningún parón imprevisto las desvía de la misma.

Os puedo asegurar que los padres y madres de los niños y niñas con los que trabajo en un Centro de Protección de Menores no han trazado ninguna ruta para sus hijos o hijas. Y muchas veces, ni para ellos o ellas mismas.

“Uy, ahora estoy bien. Tengo dinero ahorrado… ¡Tengo 50 euros!” me decía una madre a la que conozco muy bien. Esa frase me reveló que para ella con tener para ir a comprar la comida del día siguiente era más que suficiente. Porque del resto del viaje de sus 4 hijos (comprar libros escolares, material escolar, y otras muchas cosas) ¡ya se encargarían, como siempre, los servicios sociales! Y así les va a estos últimos… todo el santo día marcando rutas a padres que no las interiorizan como propias. No es de extrañar que se paren a ir al WC y luego cojan una dirección equivocada.

Pero no hace falta irse a la desprotección para sacarle el jugo a la metáfora. También la hiperprotección entra perfectamente en ella. Porque cuando una madre o padre es incapaz de frustrar ni un solo segundo a un hijo o hija, en realidad lo que hay de fondo es lo mismo. No hay ruta marcada por los adultos. Se va siempre donde el niño o niña quiere. Puede que se llegué a un sitio chulo, no niego esa posibilidad, pero en todo caso será una cuestión de suerte.

Y todo esto lo digo yo que odio las reformas y planificar viajes. No soy ejemplo de nada. Pero vivo felizmente con una gran “pensadora de rotondas” Un ejemplo.  Este verano está previsto que yo  vaya a cocinar a un campo de trabajo para jóvenes al que irán tres de mis hijos o hijas “naturales o en almíbar”. Pero no y una de ellas van contra su voluntad y ya han protestado y lo van a seguir haciendo. Sería más cómodo y más barato que no fueran.

Como hubiera sido más barato y menos molesto dejar el Stop como estaba. Pero a costa de alguna vida humana.

7 Comments

  1. Me encantan tus entradas. Las valoro como madre que soy, me haces sentir que voy por el buen camino cuando pienso si lo estoy haciendo bien. Estoy muy de acuerdo con tus comentarios. Y tambien como profesional, soy psicologa, y opositora a cuerpo superior para servicios sociales. Me enriquece tu punto de vista. Enhorabuena.

  2. Magnífica entrada, con un único pero: la expresión “habilidades marentales o parentales” sería más correcta si habláramos de “habilidades parentales” sin más (parentalidad es un concepto que atañe y abarca ambos sexo) o bien, si quieres especificar, los tradicionales “maternales y paternales”….

    1. Pues es curioso pero estoy completamente de acuerdo pero he oído ya tanto lo de marentales al lado de parentales y por miedo a herir sensibilidades con el lenguaje sexista que me dejé llevar aunque dude al escribirlo. Quizá es una de las tiranías de lo “políticamente correcto”

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