Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 2 agosto 2014

Microcasos (3)

Ni poco, ni mucho

Algo falló en el instinto de aquella cigüeña. No acabó el nido y cuando los polluelos salieron del cascarón fueron poco a poco cayendo al vacío antes de saber volar.

También falló algo en otra cigüeña que, después de poner los huevos, siguió y siguió construyendo el nido atrapando a los cigoñinos en su interior. Cuando crecieron mucho acabaron por liberarse de las ramas pero ya era demasiado tarde para aprender a volar.

Acogimiento

Aquella familia se creía tan feliz que decidió compartir su felicidad con un niño infeliz. Acogieron a una niña que no sabía que era infeliz y poco a poco su infelicidad verdadera comenzó a mezclarse con la falsa felicidad de la familia. Durante mucho, mucho tiempo la felicidad y la infelicidad chocaron sin cesar hasta que, un buen día, la mezcla emulsionó y surgió algo diferente: el sentido. Que está más allá de la felicidad y la infelicidad y que les permitió a niña y familia reconciliarse con su historia y encontrar el propósito de su vida.

Disparando futuro

La terapeuta espero agazapada y reguardándose del torrente incontenible de quejas y porqués de su paciente. Tuvo que hacer un esfuerzo titánico de concentración y contención. Pero su paciencia tuvo fruto. En un momento en que el paciente volvió a preguntarse ¿por qué? la terapeuta disparó un certero ¿para qué? que inmediatamente dio en el blanco. El desconcierto paralizó al paciente y la terapeuta, ya a salvo, pudo comenzar de verdad su trabajo.

Reencuentro

Eran amigos desde la infancia y se querían muchísimo. Un día ella le dijo que partía a buscar el amor de su vida. Él en su dolor decidió llenar de amor su vida. Pasados unos años ella regresó sola. Él estaba rodeado de gente que le quería. Y tras el reencuentro ella le preguntó: ¿te cabe un poco más de amor en tu vida? Y él le contestó: Claro, tu eres el amor de mi vida.

Vacaciones para desintoxicar

Iba a estar unos días desconectado y le preocupaba dejar de alimentar a su blog durante dos semanas. Tampoco podría publicar y contestar comentarios ni vigilar las estadísticas. Y descubrió que el debía aprender a vivir sin blog, como toda la vida, y su blog sin él. Pero no pudo evitar dejarle un último post y mientras hacía preparativos para el viaje disfrutó pensando microcuentos.

Read Full Post »