Limpiando (nos) los cristales: ver y reflejar resiliencia

He tenido el privilegio de compartir (primero en Bilbao y luego en Valencia) casi 20 horas de formación con más de 50 profesionales de los Centros y Programas de menores de la “Fundación Amigó”.

Además de lo cómodo que me he sentido con ellos y ellas he disfrutado de comprobar como no es muy complicado imaginar estrategias para introducir, en un determinado contexto socioeducativo como es un centro de protección de menores, elementos o actividades que ayuden a favorecer situaciones y recursos que, a su vez, pueden  facilitar la resiliencia.

Así, en el ejercicio principal que les propuse, 12 grupos de 4 ó 5 personas han sido capaces de, en apenas media hora, encontrar una forma de introducir en sus centros formas de trabajar el sentido del humor, el pedir (sin exigir) y dar ayuda, la creatividad, la introspección sobre la propia historia, etc.

A veces recurriendo a fórmulas más complejas, como la implantación de un taller (de teatro, por ejemplo) con un proyecto claro (representar una historia co-construida a partir de sus experiencias), a veces introduciendo simples elementos concretos (un tablón en la pared  o poniendo a disposición de los y las menores material para “re-crearse” – mediante la expresión plástica). Otras simplemente “haciendo cosas” con ellos (ayudarles a construir monólogos en una especie de “Club Amigoniano de la Comedia” o instaurar “la anécdota del mes”…) Y otras implicando a los y las menores en determinados procesos (como por ejemplo la recepción de un o nueva persona)

Es cierto que una “idea chula” no tiene porque ser eficaz. Habrá que ponerla en práctica y valorarla. Pero la idea no era encontrar ideas originales sino reflexionar, no tanto sobre las estrategias concretas, sino sobre algunos puntos que me atrevo a sintetizar:

  • Cada centro, en este caso de menores pero también de ancianos, de discapacitados, etc, es un contexto vivencial concreto.
  • Las personas podemos tener un comportamiento u otro en función del contexto. No somos los mismos exactamente igual en todos nuestros contextos.
  • Hay contextos que nos matan y otros que nos curan.
  • Igual que existen contextos más saludables que otros existen contextos más favorecedores de la resiliencia que otros.
  • Se pueden revisar las características particulares de un contexto donde quizá haya elementos que se mantienen simplemente por la rutina, la comodidad o la costumbre.
  • A veces en los centros se hacen cosas que funcionan pero que no se implantan como costumbre o hábito precisamente por lo anterior o porque depeden de la iniciativa de una persona concreta que no siempre está. Aquello que funciona debe anclarse en la dinámica del centro. Lo que hemos visto que ayuda a nuestros niños o niñas en nuestro centro concreto no debe ser borrado por las rutinas sino, al reves, insertado en las mismas.
  • Por ello es importante que el Proyecto Educativo de Centro no sea un documento que se diseño un día y que está encerrado en un cajón o carpeta sólo para “cubrir el expediente”

Pero también hemos tratado un poco el tema de los tutores de resiliencia.

Y puesto que no podemos autoconstituirnos en tutor de resiliencia de nadie ¿podemos hacer algo con ellos?

Creo que sí.

En primer lugar podemos estar atentos a los potenciales tutores de resiliencia de nuestros y nuestras menores. Ponernos gafas “ultra-desgracia” y ver dónde y a quién miran ellos y ellas cuando se sienten desamparados.

Y en segundo lugar preguntarnos ¿cuando el chaval o la chavala me ve a mí, ve reflejada las condiciones para le resiliencia?

Siempre se ha dicho que en educación el ejemplo es esencial. Por tanto para “educar resiliencia” se necesitará personas…. no, no voy a caer en error de decir “personas resilientes”… flexibles. ¿Podemos pedirle que vea las cosas, su vida, sus posibilidades… de otra manera cuando nosotros nos mostramos rígidos, inflexibles, egoístas, intrascendentes, mecánicos o rutinarios…?

Por eso se me ocurrió que si el mejor recurso educativo somos nosotros mismos o mismas ¿no deberíamos hacernos periódicamente una revisión técnica? Cualquier coche pasa cada tiempo y obligatoriamente una Inspección Técnica de Vehículos. Cualquier instalación de gas tiene que ser revisada. Tenemos que renovar el carnet de conducir cada cierto tiempo. Y los que tenemos el encargo de proteger y educar a menores en situación de riesgo ¿no nos revisamos nunca?

Es muy posible que, de partida, tengamos actitudes y comportamientos que le muestren a nuestros educandos una cierta flexibilidad psicológica necesaria para la resiliencia. Pero también es muy probable que el estrés, el cansancio, la falta de recursos nos afecten y nos vayamos quedando “tiesos como la mojama”. Por tanto el chaval y chaval nos irá percibiendo cada vez más serios, más crispado, más bordes, con menos interés en él o en ella.

Por tanto si éramos buenos espejos de los recursos internos para la resiliencia pasaremos a ser como espejos llenos de polvo en los cuales ya no se refleja nada. Y las gafas “ultra-desgracia” se nos irán llenando también de polvo.

Y pensé que si Stefan Vanistendael nos ofreció un cuestionario para limpiar esas gafas y descubrir posibles tutores de resiliencia de nuestros niños y niñas ¿por que no un cuestionario similar para autoaplicarnoslo? Sería como una especie de Inspección Técnica de Educadores/as.

Puede parecer el “examen de conciencia” de la confesión católica.  ¿Por qué no? En todo caso sería un “examen de resiliencia”. Pero también los pilotos de avión y los cirujanos usan “cheklist” de comprobación y todos se lo agradecemos.

¿Que pasaría si me propusiera autoaplicarmelo una vez al mes? ¿O cada quince días? ¿O una vez a la semana? ¿Me ayudaría a darme cuenta en que aspectos me estoy cubriendo de polvo y así pasarme un paño y empezar de nuevo?

Yo creo que sí. No se trata de un cuestionario para agrandar o achicar nuestro orgullo. Sólo pretende tomar conciencia de en qué aspectos no estamos reflejando resiliencia (o los recursos internos para ella). Cuánto peor salga el resultado más oportunidad para mirar adelante y volver a empezar.

Que de eso se trata la resiliencia ¿no?

Pero si alguien se atreve a probarlo. Aquí lo tiene. Ya me diréis.

LIMPIANDO(NOS) LOS CRISTALES – F. Javier Romeu

Fecha:

Última revisión:

 

En este último periodo, con los niños, niñas o jóvenes con los que trabajo…

  • ¿He mostrado interés especial por alguno de ellos o ellas y se lo he hecho saber? ¿Por quién?
  • Si alguno o alguna ha compartido conmigo una preocupación ¿le he escuchado o me lo he quitado de encima?
  • ¿He contribuido a o conseguido que alguno o alguna de ellos o ellas haya tenido una experiencia nueva por sencilla que sea? ¿Le/les ha gustado?
  • ¿Les he contado alguna historia o les he puesto el ejemplo de alguien que haya salido adelante positivamente a pesar de sus limitaciones o dificultades? ¿Les he contado alguna experiencia personal?
  • ¿Le he ofrecido a alguno o alguna un reto a su alcance?
  • ¿Le he pedido ayuda a algún compañero/a o incluso a algún niño, niña o jóven ¿a quién? ¿He sido agradecido?
  • ¿Le he pedido por favor a alguno o alguna de los o las niños, niñas o jóvenes que ayude a otro u otra?
  • ¿He usado en alguna ocasión el sentido del humor (sano) para rebajar algún momento de tensión? ¿O para sobrellevar momentos complicados?
  • ¿Ha habido momentos divertidos en este periodo? ¿Cuándo? ¿Con quién?
  • ¿He ayudado a alguno o alguna a reflexionar sobre su conducta o la de otros?
  • ¿He favorecido que pudieran dedicar un rato a crear algo (dibujar, escribir, construir…)?
  • ¿He favorecido que alguno/a tuviera tiempo para ejercitar una de sus habilidades especiales?
  • ¿He compartido, sin imponer, mis creencias (religiosas o laicas) o mis valores con alguno o alguna de mis educandos?

2 Comments

  1. Me parecen muy acertadas e interesantes las preguntas para evaluar cada uno nuestro trabajo, introduce una mirada distinta a la extremadamente utiilzadatecnicas de modificación de conducta que tanto se utiliza en los centros de menores.
    Muchas gracias por tu contribución a llevar la resiliencia al ambito de los centros de protección que tanto se necesita.

    1. Gracias a ti, Anabella. No sabes como agradezco tu comentario. A veces cuando me pongo a darle vueltas a todo esto llega un momento que me entra el pánico y pienso que todo son marcianadas mías y que nada tiene sentido (¿Te suena lo del sentido y la resiliencia?,,,, jajajaja) Así que pensar que contribuyo a ir “más allá de la modificación de conducta” pura y dura me consuela. Gracias.

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