La resiliencia y tú

Creo que 250 posts en este blog me dan confianza para invitar a alguien muy especial a hablar de su experiencia de resiliencia.

Me refiero a ti.

Sí, porque ya va siendo hora de dejar de reflexionar o elucubrar sobre ella y de analizar la resiliencia desde dentro de cada uno de nosotros.

Así que si te apetece te invito a un pequeño paseo por tus propias experiencias de resiliencia. Y si no te apetece, no pasa nada. Puedes pasar de este post o puedes simplemente leerlo sin pararte a pensar lo que te planteo.

Pero si estás por la labor sólo tienes que seguirme. Empezamos.

¿Has tenido alguna o algunas experiencias o circunstancias difíciles en tu vida? No hace falta que sean acontecimientos tremendos, trágicos… Lo que es muy duro para mi puede no serlo para ti y viceversa.

Si has contestado que no te recomiendo que corras a comprar un billete de lotería porque eres una persona verdaderamente afortunada. Lo más normal es que te toque un buen pellizco.

Pero como me imagino que habrás contestado que sí te sigo guiando: de ellas céntrate en las que NO se solucionaron.

O de otro modo descarta las enfermedades que se curaron, los desencuentros que se perdonaron, las pérdidas que se encontraron, las dificultades que se superaron. No digo que no sufrieras. Nadie quiere estar enfermo y más en los momentos terribles de incertidumbre. Se sufre mucho en los conflictos con los otros y en otras muchos contratiempos. Pero cuando se solucionan, desaparecen.

No me cabe duda que un año en el paro es muy duro pero cuando encontraste trabajo la adversidad se esfumó. Estar enfermo o sin poder andar es duro también pero el tratamiento o la rehabilitación pueden solucionarlo. Tener problemas de aprendizaje fue duro, pero con apoyos y constancia se pueden solucionar. Quizá los primeros años de tu relación de pareja fueron duros pero poco a poco os habéis hecho el uno al otro y hoy no te cambiarías por nadie.

Así que en esas experiencias no creo que encuentres tu resiliencia. Fueron momentos difíciles, sí. Insisto, fueron, pero acabaron bien. La adversidad se superó. Así que seguimos.

De las que te quedan busca alguna donde tuviste que abandonar un camino pues se hizo intransitable. O aquella experiencia en que la vida te cerró una puerta en todas las narices y estas empezaron a sangrar. Tu querías pasar por ahí pero ella te dijo “de eso nada, monada”.

Querías estudiar piano y tuviste que dejarlo. Prometías ser deportista de élite pero una lesión… Deseabas tener hijos y no llegaron. Te enamoraste y sin embargo…

De ellas descarta las que no te tocaron las narices suficientemente. Si no te importó mucho quizá no sea el lugar de la resiliencia,

De entre las que sí te fastidiaron o te dejaron “fuera de juego” busca aquella o aquellas que ahora, a toro pasado, puedes calificarla como la “mejor peor experiencia” (La expresión me la he copiado del título del libro de “El mejor peor momento de mi vida o cómo no rendirse ante una mala jugada del destino” de Nacho Mirás Fole)

Porque si eres capaz de encontrar algo bueno en alguno de los golpes sin solución que la vida te ha dado es muy posible que ahí se haya dado la resiliencia en tu vida.

Al menos has sido capaz o has tenido la suerte de encontrarle sentido y gracias a ello, seguir caminando. No por el mismo camino pero si por otro suficientemente satisfactorio como para no quedarte sentado o sentada lamentándote hasta hoy. Cada vez que te acuerdas vuelves a sentir la nariz inflamada pero ya no es lo mismo.

Porque pudiste entender que la puerta que se cerró te llevó a otra habitación en la que también se puede estar a gusto.

Porque la resiliencia la encontrarás seguramente en tu vida gracias a un camino por el que ya no se podía pasar o por una puerta que no conseguiste abrir. Pero la resiliencia no estaba al final de aquel camino ni al otro lado de la puerta. La resiliencia apareció detrás de ti cuando, siendo flexible, que no fuerte, te volviste para buscar otro camino u otro lugar en el que vivir.

Y si quieres la prueba del fuego, de las experiencias frustrantes o traumáticas que has recordados ¿cuál de ellas te ha hecho mejor persona? Porque no se te olvide la resiliencia siempre implica un… renacer. Es lo misterioso de la resiliencia o de la vida. Algo negativo, algo que duele y que, sin embargo, consigue extraer lo mejor de alguien o algo.

Si me has seguido hasta el final quizá hayas descubierto que sabes más de la resiliencia de lo que pensabas. Sólo te queda analizar qué cosas te ayudaron para que ella se diera.

Y si quieres nos lo cuentas.

Gracias por el paseo.

 

9 Comments

  1. El foco no está en el qué sino el en cómo no? no en la gravedad de la adversidad sino en qué consecuencias tiene en tí. Así pues te pregunto, hay incidentes (ni siquiera digo adversidad) que son capaces de transformarnos totalmente, que unidos a una persona muy especial te catapulta y cambia la linea temporal de tu destino. ¿Eso es resiliencia?

    1. Iñigo Debes ir de broma cuando me preguntas como si tu de esto no supieras nada. Te mataría. Efectivamente mi idea (y la tuya creo) es que no midamos la resiliencia por la gravedad de la adversidad sino por el efecto que produce en nosotros. Tu bien sabes como puede ser tan devastador para un hijo o hija un gesto o palabra de un padre o madre inconsciente, negligente o tóxico como ser arrollado por un tsunami literalmente. Y efectivamente, creo que das en el clave cuando contrapones a ello como también existe lo contrario, un hecho aparentemente insignificante pero que en realidad es todo lo contrario: transmite un nuevo significado a una persona. Estoy pensando que en realidad eso es lo que hacen los tutores de resiliencia, te abren puertas. Pero es una idea tan sugerente que tendremos que darle más vueltas ¿no? Pero no solo por elucubrar sino porque intuyo que esta visión de la adversidad y la resiliencia como caminos y puertas que se cierran o abren puede ser muy sugerente a la hora de analizar nuestras intervenciones sociales y familiares. Peo eso da para mucho ¿Cómo lo ves? ¿Te hace otro Diálogo mano a mano?
      Pero por contestarte contundentemente. Sí, para mi eso sería resiliencia. Por muy insignificante que fuera la adversidad, si un hecho o interacción posterior nos saca del efecto nocivo de la misma… habría resiliencia si algún incidente fuera capaz de relanzarlo/a. Sé que lo de resiliencia sin adversidad es complicado de defender pero si no vamos a medir la adversidad cuantitativamente ¿por qué no? Yo al menos estoy abierto a aceptar esa posibilidad. Y en todo caso ¿quien dice lo que es y lo que no? ¿Tu? ¿Yo? ¿Cyrulnik?

      1. Amen. Es efectivamente la idea de resiliencia que compro, la que me vale, y la que entiendo, y en la que el tutor de resiliencia juega un papel decisivo. Es lo que nos permite acompañar, y sobre todo facilitar ese renacer.

  2. Hola, quisiera compartir mi experiencia aunque, no soy experto como vosotros. Tras mi ruptura matrimonial que fue trágica, dramática, no aceptada por la otra parte y muy dolorosa y después de vivir el “mal menor” algunos años, tome la iniciativa del “bien mínimo”.
    Pero mínimo, mínimo pues el dolor y sus consecuencias sobre todo con nuestra hija eran devastadores…y eso es lo que más me dolía.
    Pero bueno, en el cambio radical de vida bebes de muchas fuentes para paliar esa sequedad vital que sientes, cual florecilla en plena desierto a punto de perecer. Gracias “fuentes”: amigos, familia, conocidos y desconocidos.
    Cuando no eran la “lluvia fina” de los momentos mínimos e íntimos de los pequeños apoyos, abrazos y escuchas. Todo servía.
    Pero lo principal y la lección que he sacado que de tanto “tirar hacia abajo” hizo que mis raíces buscaran desesperadamente “agua” y entonces me di cuenta que tenía un manantial, justo debajo de mí. Yo era (y soy) la planta y el manantial, al mismo tiempo.

    Disculpad por la extensión. Gracias.

    Un abrazo Javier.

    1. Gracias por compartir tu experiencia, Salva. Hacer un “comentario de tu comentario” es una temeridad puesto …¿qué decir? Pero me atrevo a decirte que expresas de una forma muy sutil lo que Cyrulnik llama un proceso de “agonía psíquica”. Y supongo que las gotas de esos momentos “mínimos e íntimos” (¡que expresión más certera!) fueron necesarios para un renacer ya basado en tus propias fuerzas. Me ha recordado mucho un capítulo de un autor que me gusto mucho sobre las fases de la resiliencia. Lo busco y te lo cuento (ahora no puedo) Hasta luego

  3. ¡Hola!
    Me gustaría compartir brevemente mi experiencia que gracias a tu post me ha hecho darme cuenta de mi capacidad de resiliencia. Cuando era muy niña mi madre sufrió de una enfermedad mental que en muchas ocasiones ocasionaba que ella tuviera comportamientos que yo no podía entender y que me hacían sufrir, junto con mis hermanas pasamos momentos muy duros y lloré mucho en silencio. Pasados los años cuando ya era una adolescente y comenzaba a plantearme a qué quería dedicar mi vida profesional tuve muy claro que quería estudiar psicología, no sabía por qué me gustaba esa carrera, eso lo he entendido con los años, cuando he sido capaz de asimilar y entender todo lo que mi madre sufrió en aquellos años. Hoy soy psicóloga y trabajo con niños con dificultades. Ahora tengo muy claro que aquella experiencia me aportó mucho aprendizaje, me hizo muy grande y yo lo he trasformado en mi profesión.
    Gracias Javier por compartir tu sabiduría y hacerme reflexionar.

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