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Archive for 14 diciembre 2014

No hay muchos pequeños placeres semejantes al de encontrarte de cara y por sorpresa con un libro de un autor o autores de culto para ti.

Es lo que me pasó la semana pasada cuando vi el libro “Decídete. Cómo tomar las mejores decisiones en la vida y en el trabajo” Ediciones Gestión 2000 (Planeta)

No voy a trabajar en haceros una sinopsis pues de eso ya se encarga la propia editorial. Os la copio pero os pongo en negrita y con una nota aquello que puede dar pistas de porqué me interesa un libro como éste:

A veces se nos aconseja que sigamos nuestro instinto a la hora de tomar decisiones importantes. Lamentablemente, nuestro instinto rebosa de consejos dudosos. Por fortuna, los profesores Chip y Dan Heath están aquí para ayudarnos. Prepárate para conocer a los cuatro villanos más perniciosos de la toma de decisiones (1) y el proceso que podemos seguir para contrarrestar su influencia.

Por el camino conocemos las respuestas a preguntas fundamentales: ¿cómo detener el ciclo obsesivo de nuestras decisiones? ¿Cómo tomar decisiones grupales sin intrigas destructivas (2)? ¿Y cómo asegurarnos de que no dejamos escapar valiosas oportunidades para cambiar nuestro rumbo?

En el proceso, los autores muestran por qué los expertos con frecuencia cometen errores (3). Exploran la tendencia de las personas a ser demasiado confiadas acerca de cómo sus elecciones se desarrollarán. Y lo hacen a partir de historias (4) de casos tan diversos como la caída de Kodak, el relato inspirador de un superviviente del cáncer, el ingenioso truco de una estrella del rock para tomar decisiones, la desastrosa adquisición de un consejero delegado o hasta una simple pregunta que a menudo puede agilizar peliagudas decisiones personales.

Todo ello supone un fascinante recorrido a través del funcionamiento de nuestra mente (5) y se convierte en una valiosa guía para tomar decisiones más inteligentes.

(1) cómo el sesgo de confirmación o la interferencia de lo emocional en lo racional

(2) trabajando en un tema como la protección de menores donde las decisiones son tan relevantes y en un equipo técnico de más de casi 25 personas… Soy un experto en decisiones interesadas. Podría escribir un libro. (Estoy exagerando)

(3) un tema que me apasiona… muchos expertos son maravillosos prediciendo ¡el pasado!

(4) precisamente en su primer libro me convencieron de que para transmitir una idea hay que basarse en contar una historia que la ejemplifique. Así que sus libros están llenos de historias muy entretenidas.

(4) soy psicólogo. Psicólogo “light” o “de baja intensidad” pero psicólogo al fin y al cabo

De todos modos puedes ver el índice y leer el primer capítulo en el link de la editorial que te he puesto en el título y decidir tú (bien o mal) si te interesa leerlo o no. Una decisión sencilla pero en la que se podría analizar alguno de los villanos de la toma de decisiones.

Yo mismo cuando lo tuve en mis manos estuve a punto de comprarlo. Sin embargo dejé pasar la emoción y abrí el foco ampliando opciones (pedírselo a los Reyes Magos; esperar a ver si existía versión en EPUB…) Es decir, dejando pasar la emoción (lo que los Heat llaman distanciarse) pasé de una decisión de dos opciones (¿compro o no compro? que en realidad es de una: lo compro) a una de cuatro (no lo compro, me lo pido para…, lo compro ahora en papel o lo compro más barato en electrónico)

¿Y por qué tengo tanta fe en estos hermanitos?

Pues porque me deslumbraron con su primer libro y me encantaron con el segundo. Como ya os conté en marzo de 2011.

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Preguntas para Pilates mental

Una mente clara necesita un buen montón de buenas respuestas. (Esto es así por esto, por esto y por lo otro)

Una mente confusa requiere unas cuantas malísimas preguntas (¿podría ser qué…? ¿estás seguro de…? ¿por qué…? etc) Son preguntas que no te llevan casi nunca a nada bueno y que lo único que hacen es enredarte y consumir tu energía mental.

Por el contrario una mente flexible sólo requiere de unas cuántas buenas preguntas. Pero ¿existen las buenas preguntas en general para flexibilizar la mente?

El tema es interesante puesto que mantengo que una de las características que facilitan la resiliencia es tener una suficiente flexibilidad psicológica y, por tanto, sería importante saber cómo se puede conseguir la misma, tanto para nosotros o nosotras mismas como para nuestros hijos e hijas.

Si queremos sobresalir con nuestra mente deberemos adquirir conocimientos, sabiduría, habilidades… pero si lo que queremos es resistir y rehacernos de las dificultades de la vida lo que deberíamos desarrollar es la capacidad de cambiar de posición mental.

¿Para qué? Para poder tomar perspectiva, para poder ver las cosas de otra manera, para que, en definitiva, surja el sentido, el significado. O al menos otro significado más adaptativo.

Y poco a poco voy descubriendo que hay algunas preguntas que son buenísimas para ello. No digo que sean infalibles. Como todo, mal usadas quizá… Pero de partida a mi me parecen muy interesantes. De momento (no sé sí habrá más) propongo tres.

1. ¿Para qué?

Era de esperar. Es la pregunta de la resiliencia. No hace falta, a estas alturas, explicarlo. La respuestas a ¿por qué me he quedado en el paro? y  a ¿para qué me he quedado en el paro? nos llevan a territorios completamente distintos. La primera al de la comprensión sin consuelo y la segunda al consuelo incluso sin comprensión. La primera al pasado, la segunda al futuro. La primera quizá a la obsesión, la segunda quizá a la liberación.

2. ¿Y?

¡Que minúscula gran pregunta! ¿Cuánto nos ayudaría usarla como coletilla a un montón de afirmaciones.

¡Me ha tocado la lotería! .- ¿Y?

– Me he quedado en el paro. – ¿Y?

– Quiero a mi pareja pero a veces no puedo con ella.-¿Y?

– ¡He ganado!.- ¿Y?

– ¡He perdido!.- ¿Y?

– Lo que acabas de escribir sobre la pregunta del para qué es una chorrada más de la corriente new age. Los porqués son objetivos, los paraqués subjetivos…- ¿Y?

Es la pregunta que te obliga a no quedarte en el suceso sino a dar un paso más allá. Te pone delante que lo importante no es lo que te suceda sino lo que vayas a hacer con lo que te haya sucedido.

Me recuerda cuando los amigos de Pablo Dominguez, un joven sacerdote que murió escalando, contaban como era confesarse con él:

– Me acuso de haber matado a mi padre

– ¡Muy bien! ¡Animo! ¿Qué más?

Y te desmontaba su capacidad para no escandalizarse de nadie ni de nada.

La muletilla del ¿y? es un poco como un Pablo Dominguez interior que te dice… ¡Muy bien!¿Y que quieres hacer o ser con esto? ¿Víctima? ¿Héroe? ¿Superior? ¿Inferior?

En todo caso si quieres puedes comprobar sus efectos para desactivar cadenas de pensamiento viciadas.

La próxima vez que tu hijo, tu hija, un alumno o alumna, etc se dirija a ti, y en tono de queja y de acusación, te espete: ¡Me aburro! prueba a decirle: ¿Y?

Y observa lo que pasa. Apuesto a que se sorprenderá y que probablemente no sabrá que decirte o repetirá con un nuevo: ¡Pues que me aburro! 

Pero no hará falta que le des una disertación sobre el hecho de que aburrirse no es necesariamente malo. Con una sola conjunción habrás desactivado o descarrilado una cadena de pensamiento estereotipada de dudosa capacidad educativa: aburrirse es malísimo y por eso sólo hay que hacer cosas divertidas.

3. ¿Comparado con qué o con quién?

¡No tengo un duro! (¿Comparado con quién?)

Una vez en una comida se me ocurrió comentar en tono de queja que los Reyes Magos lo tenían crudo ese año en casa de los funcionarios (mi mujer y yo lo somos) porque se habían suprimido las pagas extra de Navidad. La persona que estaba a mi izquierda llevaba años intentando conseguir un primer empleo y no le di ninguna pena como ya se encargó de decírmelo. No me extraña. Me lo gané a pulso. No calculé quien estaba escuchando mi lamento. Y lo lamenté.

De igual modo que un color no se percibe igual que otro exacta y objetivamente igual que otro, en función de que estén rodeados de colores diferentes, un suceso no se percibe igual en función de con que lo contrastemos.

Presentación1

Y muchas veces no podemos elegir lo que nos sucede pero sí el fondo que vamos a poner detrás al contemplarlo.

Muchas veces tu mente te dice: ¡Esto es una puta mierda! Pero si practicas para que tu mente se conteste así misma con un ¿Comparado con qué? tu mente se ira´haciendo cada vez más elástica.

Al menos eso creo yo.

¿Y?

No… nada… quizá te interese, nada más.

O no.

Un saludo.

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