Preguntas para Pilates mental

Una mente clara necesita un buen montón de buenas respuestas. (Esto es así por esto, por esto y por lo otro)

Una mente confusa requiere unas cuantas malísimas preguntas (¿podría ser qué…? ¿estás seguro de…? ¿por qué…? etc) Son preguntas que no te llevan casi nunca a nada bueno y que lo único que hacen es enredarte y consumir tu energía mental.

Por el contrario una mente flexible sólo requiere de unas cuántas buenas preguntas. Pero ¿existen las buenas preguntas en general para flexibilizar la mente?

El tema es interesante puesto que mantengo que una de las características que facilitan la resiliencia es tener una suficiente flexibilidad psicológica y, por tanto, sería importante saber cómo se puede conseguir la misma, tanto para nosotros o nosotras mismas como para nuestros hijos e hijas.

Si queremos sobresalir con nuestra mente deberemos adquirir conocimientos, sabiduría, habilidades… pero si lo que queremos es resistir y rehacernos de las dificultades de la vida lo que deberíamos desarrollar es la capacidad de cambiar de posición mental.

¿Para qué? Para poder tomar perspectiva, para poder ver las cosas de otra manera, para que, en definitiva, surja el sentido, el significado. O al menos otro significado más adaptativo.

Y poco a poco voy descubriendo que hay algunas preguntas que son buenísimas para ello. No digo que sean infalibles. Como todo, mal usadas quizá… Pero de partida a mi me parecen muy interesantes. De momento (no sé sí habrá más) propongo tres.

1. ¿Para qué?

Era de esperar. Es la pregunta de la resiliencia. No hace falta, a estas alturas, explicarlo. La respuestas a ¿por qué me he quedado en el paro? y  a ¿para qué me he quedado en el paro? nos llevan a territorios completamente distintos. La primera al de la comprensión sin consuelo y la segunda al consuelo incluso sin comprensión. La primera al pasado, la segunda al futuro. La primera quizá a la obsesión, la segunda quizá a la liberación.

2. ¿Y?

¡Que minúscula gran pregunta! ¿Cuánto nos ayudaría usarla como coletilla a un montón de afirmaciones.

¡Me ha tocado la lotería! .- ¿Y?

– Me he quedado en el paro. – ¿Y?

– Quiero a mi pareja pero a veces no puedo con ella.-¿Y?

– ¡He ganado!.- ¿Y?

– ¡He perdido!.- ¿Y?

– Lo que acabas de escribir sobre la pregunta del para qué es una chorrada más de la corriente new age. Los porqués son objetivos, los paraqués subjetivos…- ¿Y?

Es la pregunta que te obliga a no quedarte en el suceso sino a dar un paso más allá. Te pone delante que lo importante no es lo que te suceda sino lo que vayas a hacer con lo que te haya sucedido.

Me recuerda cuando los amigos de Pablo Dominguez, un joven sacerdote que murió escalando, contaban como era confesarse con él:

– Me acuso de haber matado a mi padre

– ¡Muy bien! ¡Animo! ¿Qué más?

Y te desmontaba su capacidad para no escandalizarse de nadie ni de nada.

La muletilla del ¿y? es un poco como un Pablo Dominguez interior que te dice… ¡Muy bien!¿Y que quieres hacer o ser con esto? ¿Víctima? ¿Héroe? ¿Superior? ¿Inferior?

En todo caso si quieres puedes comprobar sus efectos para desactivar cadenas de pensamiento viciadas.

La próxima vez que tu hijo, tu hija, un alumno o alumna, etc se dirija a ti, y en tono de queja y de acusación, te espete: ¡Me aburro! prueba a decirle: ¿Y?

Y observa lo que pasa. Apuesto a que se sorprenderá y que probablemente no sabrá que decirte o repetirá con un nuevo: ¡Pues que me aburro! 

Pero no hará falta que le des una disertación sobre el hecho de que aburrirse no es necesariamente malo. Con una sola conjunción habrás desactivado o descarrilado una cadena de pensamiento estereotipada de dudosa capacidad educativa: aburrirse es malísimo y por eso sólo hay que hacer cosas divertidas.

3. ¿Comparado con qué o con quién?

¡No tengo un duro! (¿Comparado con quién?)

Una vez en una comida se me ocurrió comentar en tono de queja que los Reyes Magos lo tenían crudo ese año en casa de los funcionarios (mi mujer y yo lo somos) porque se habían suprimido las pagas extra de Navidad. La persona que estaba a mi izquierda llevaba años intentando conseguir un primer empleo y no le di ninguna pena como ya se encargó de decírmelo. No me extraña. Me lo gané a pulso. No calculé quien estaba escuchando mi lamento. Y lo lamenté.

De igual modo que un color no se percibe igual que otro exacta y objetivamente igual que otro, en función de que estén rodeados de colores diferentes, un suceso no se percibe igual en función de con que lo contrastemos.

Presentación1

Y muchas veces no podemos elegir lo que nos sucede pero sí el fondo que vamos a poner detrás al contemplarlo.

Muchas veces tu mente te dice: ¡Esto es una puta mierda! Pero si practicas para que tu mente se conteste así misma con un ¿Comparado con qué? tu mente se ira´haciendo cada vez más elástica.

Al menos eso creo yo.

¿Y?

No… nada… quizá te interese, nada más.

O no.

Un saludo.

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