Blog de notas: Cambiar de rumbo y… hasta de nombre

Domingo mañana. Centro comercial. Pablo y yo tenemos que esperar a que llegue mi mujer. Veo un establecimiento que tiene sección de librería. Paso por un expositor de novelas, en los que no me suelo fijar demasiado pues prefiero la no ficción.

Pero el título de una me llama la atención: “Para acabar con Eddie Belleguele” de la Editorial Salamandra y en la faja de papel que rodea la portada y contraportada leo la palabra Autobiografía. Así que me intriga y vuelvo a mirar el autor: Édouard Louis.

Édouard Louis

Está escrita en primera persona y el protagonista es Eddie pero el autor es Édouard. ¿Cómo es posible que un tipo escriba la autobiografía de otra persona? Intento resolver el enigma leyendo la contraportada y las solapas.

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí.

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.»

Édouard Louis

Ojeo el libro y me atrapa lo que voy leyendo. Me cuesta poco descubrir el motivo del rechazo familiar y social: el protagonista tuvo desde muy pequeño una expresividad muy femenina y más tarde una orientación sexual hacia las personas de su mismo sexo.

La opresión y el rechazo familiar y vecinal es tan intenso que no queda otra solución que romper con todo. Una huida mucho más que física. Una huida hasta cambiar de nombre. De Eddie Belleguele a Édouard Louis. Un cambio de nombre entendido y confirmado con un libro.

Habrá que leerlo.

No sé si encontraré en él un ejemplo de resiliencia. Prefiero no prejuzgar. Pero últimamente siempre me viene a la cabeza que en la resiliencia se puede detectar casi siempre un punto de inflexión y un cambio de rumbo.

¿Puede haber un cambio mayor que cambiar de identidad?

Para acabar con Eddie Bellegueule

 

 

 

 

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