Carpaccio de cerebro

Noche muy agradable de primavera. Mesa reservada para dieciocho personas en la terraza de un restaurante. No somos amigos ni amigas pero nos une el deporte de nuestros hijos y nos caemos bien. Al menos ellos a mí.

Uno de nosotros lidera la decisión sobre qué entrantes pedir para compartir, luego cada uno se pedirá el plato principal. El camarero va cantando las posibilidades y, llamémosle Jose, se encarga de recoger las sensaciones y aceptar o rechazar. En un momento dado el camarero dice: “Tenemos un carpaccio de…” Jose le interrumpe y sentencia contundentemente: “No, Carpaccio, no… que es cancerígeno” Nadie rechista. Ni una sola objeción. Y el camarero sigue sugiriendo.

Admiro a Jose en muchos aspectos. Es inteligente, culto, amable, divertido, con mucha experiencia y muy resolutivo. Por ello la anécdota se me fija en la memoria: por la sorpresa. Mi razocinio no encuentra ni un sólo dato por el que yo pueda sospechar que el carpaccio o lo que es lo mismo comer un alimento, normalmente carne o pescado, crudo y cortado a finas lonchas, tenga que ser cancerígeno. ¿Por estar crudo? ¿Por el corte? Me atrevería incluso a cuestionárselo al mismísimo Jose.

Sin embargo cuando ahora veo en el supermercado paquetes ya preparados de carpaccio de carne, o veo la carta de un restaurante, no puede dejar de venir a mi cabeza la idea de que sea cancerígeno. No la tendré en cuenta y,si me apetece y me lo puedo permitir, lo compraré o lo pediré. Pero la idea se me ha quedado pegada al cerebro como un chiclé al pupitre.

¿Por qué? ¿Solamente por la autoridad con que Jose la pronunció? ¿Solamente por la emoción (asombro) asociada a ella? No lo creo. Creo que hay una razón más poderosa. “El carpaccio es cancerígeno” no es una idea veraz, pero si es una idea potente. No de las más potentes pero bastante potente.

Porque las ideas no sólo se pueden clasificar en verdaderas o falsas, o en buenas y malas. Lo que yo llamo potencia de una idea se define en función de la utilidad para el cerebro. Y no podemos olvidar que el cerebro no es un órgano que ha evolucionado buscando la verdad o la bondad sino buscando la supervivencia. Si en el camino hacia ésta me encuentro con cosas buenas y verdaderas, estupendo, pero el cerebro está para reducir la incertidumbre y predecir los peligros futuros.

Y hay ideas falsas que son buenísimas para ello. Las ideas (que no necesariamente hay que equiparar a pensamiento) son su unidad principal de trabajo. Tan idea es un conocimiento como una creencia. Y al leer creencia no pienses sólo en las religiosas. Como siempre dice Cyrulnik hay creencias religiosas y creencias laicas. De hecho “El carpaccio es cancerígeno” no creo que esté en ningún libro sagrado de ninguna religión (las vacas, los cerdos, o las personas no se comen, sí)

Porque el cerebro busca siempre nuestra supervivencia, nuestra seguridad y si la idea me la proporciona no necesito que sea cierta. Del mismo modo si hay una idea verdadera que genera inseguridad e incertidumbre el cerebro intentará olvidarla por muy cierta que sea. ¿Puedes cuestionar que “Todos moriremos” es una idea cierta? Pero no se puede vivir con ella en la cabeza a todas horas. Como leí una vez “La muerte es como el sol. Todos sabemos que está ahí pero nadie la quiere mirar”

Como mantiene Nate Silver en su libro “La señal y el ruido” el cerebro humano está especialmente para detectar patrones . Y cita al neurocientífico Tomasio Poggio quien afirma: “El problema es que estos instintos evolutivos nos llevan a ver patrones donde no los hay” Y así creer, crear o aceptar ideas que nos ofrecen un patrón. Todos buscamos constantemente patrones, regularidades,… que nos permitan tomas de decisiones lo más rápidas posibles. Y, en definitiva, para reducir la complejidad de la realidad.

Nate Silver. La señal y el ruido. Ed. Península

Por eso cuanto más sencilla y clara sea una idea y al mismo tiempo nos permita situarnos ante un mayor número de situaciones, a modo de un mapa o guía, más potente será.  Es lo que ocurre, por ejemplo, con los estereotipos o incluso los refranes. “Los catalanes son tacaños” es una idea simple (y ni falsa ni verdadera) que me sitúa ante cualquier catalán que me encuentre en mi vida. “Los adolescentes son…” “Los cojos tienen mala leche” … Ideas sencillas pero que predicen de maravilla (aunque equivocadamente en gran parte de los casos)

Pero la necesidad del cerebro de predecir o prever no se agota en los estereotipos. Podemos encontrar ideas potentes hasta en corpus del saber más o menos científicos.

Hoy en día algunos psicólogos o psiquiatras se revelan contra el crecimiento desproporcionado de las categorías diagnósticas, concretado en el engordamiento evidente del DSM-V. Y yo me pregunto: ¿de qué se extrañan? ¡Si lo llevamos en nuestra propia naturaleza!

Como no va a ser tentador y potente la idea “Trastorno límite de la personalidad”. Es una idea potente porque me permite situarme rápidamente ante un numero de personas que parecen vivir a gusto en el conflicto.

El problema es cuando confundimos mapa y realidad. ¿Porque esta persona discute y se pelea con todo el mundo? – Porque tiene un trastorno límite de la personalidad -¿Y cómo sabes que lo tiene? -Porque discute y se pelea con todo el mundo.

La psicología ofrece un buen número de ideas potentes, de ideas atractivas que con muy poco contenido ofrecen mucho. Y además desde todas las orientaciones y escuelas.

 La idea de que los síntomas psicológicos tienen una causa profunda en el inconsciente es un ejemplo. Es, por definición, incomprobable (si hay mejoría he encontrado la causa profunda y si no la hay es que no la hemos encontrado, pero en ningún caso nos cuestionaremos que haya causa profunda) pero sencilla y con un pedir predictivo incuestionable (de hecho predice tanto el éxito como el fracaso de la terapia).

De la misma manera la idea sistémica de “resistencia al cambio” es muy potente también y se podría resumire en “Hay gente que dice que quiere cambiar pero en realidad no quiere“. Es potente para salvaguardar intacta la percepción de competencia profesional del terapeuta (si cambia soy un o una gran terapeuta, si no cambia la culpa es de ella)

Hoy en día no nos atacan leones dientes de sable. Peo si nos puede asaltar la idea “eres una mierda de psicólogo o de psiquiatra” y dejarnos mal herido nuestro espíritu  o con la autoestima (otra idea potente) por los suelos, suicidarnos y dejar así de reproducirnos. Ideas como las anteriores nos protegen.

Hasta la misma idea fundamental de la Teoría de la Evolución (“evolucionamos por selección natural puesto que las mutaciones genéticas que suponen una ventaja acabarán replicándose más por la reproducción”) ha sido una idea super-potente para explicar todo lo que nos ha dado la gana y más. Eso sí: “a toro pasado” Pero ¿que experto se atreve a pronosticar la evolución del ser humano en la complejidad del mundo global actual?. No sé si hay alguien que se atreva a decir qué mutaciones genéticas van a suponer una ventaja o no y en que manera dicha ventaja se va a plasmar en más descendencia.

Sé que los expertos darwinistas están empezando a introducir la cooperación como un tercer eje esencial de la evolución del ser humano pero entonces la idea de la selección natural ya no es ni tan sencilla ni tan tan atractiva porque habrá que matizarla una y otra vez para hacer predicciones.

Así que creo que la idea “El carpaccio es cancerígeno” se extendió de un cerebro a varios más en esa noche primaveral. En mi caso creo que la voy a sujetar pero apostaría que saltó a algún otro y de ese a unos cuantos más… El mecanismo sería: “¡Anda! ¡No lo sabía! ¡Que raro, pero si fuera verdad… Total, tampoco está tan bueno, no lo comeré” Al cabo de un tiempo a ese cerebro le preguntará otro cerebro ¿Por qué no comes carpaccio? Y el primero contestará simplemente: ¡Porque es cancerígeno! Y así una y otra vez.

También cuando apareció la sacarina pasó lo mismo (quizá impulsada por la gente que comía de la industria azucarera) Aún seguimos esperando los estudios que la confirmen (porque los que hay no lo hacen) y yo sigo oyendo frecuentemente “Dicen que la sacarina es cancerígena” (Por cierto ahora lo que dice hasta la OMS que tengamos cuidado con el azúcar porque casi todos los alimentos elaborados la llevan aunque no se note – y no tengo una empresa de edulcorante). El día que en la báscula pese menos de 83 Kg ya os contaré si la idea para adelgazar hay que ingerir menos calorías que las que se gastan no es otra idea potente pero, al menos, inútil. (Voy por 84 viniendo de 89) Y la vienen diciendo los médicos durante años.

Y te preguntarás ¿que tiene que ver todo esto con el tema del blog?

Pues que en las relaciones de ayuda también circulan ideas potentes. No siempre verdaderas. No siempre falsas. Pero que las compramos porque las necesitamos para orientarnos y protegernos. E ideas verdaderas que no siempre nos tranquilizan.

O… ¿me estaré convirtiendo en Punset?

2 Comments

    1. No se como tomármelo…. Jaja…. Suena a “…has estado hoy! Por fin!” Y si, creo que esta bien de vez en cuando cuestionarse las verdades. O las falsedades. Ejemplo… Si me dicen “eres un estúpido” estará bien que lo considere falso, pero no me vendrá nada mal que añada… “¿o quizá sí?

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