Desde la grada: Crónica de un descontrol

26/03/2015 (Jueves)

09:00

Han pasado dos días desde el desastre del avión de Germanwings y ya se conoce por una de las cajas negras que el copiloto estrelló conscientemente el aparato.

No deja de ser paradójico que los aviones tengan un sinfín de mecanismos de seguridad;  que volar sea, a pesar de lo antinatural que es, el medio de transporte más seguro, y que, sin embargo no podamos poner límite a un cerebro que se desbarata.

Se confirma aquello de que el cerebro es un órgano maravilloso para incidir en la realidad externa pero un verdadero desastre para entenderse y manejarse a sí mismo.

27/03/2015 (Viernes)

09:00

Me levanto oyendo en la radio otros casos de accidentes aéreos de la historia que se conoce que el piloto estrelló el avión intencionadamente.

No son muchos pero ni uno ni dos. A pesar de lo espantoso se me escapa una sonrisa involuntaria cuando oigo el caso de un avión ruso estrellado por el piloto contra la casa de su ex-pareja, que por cierto, no estaba en ella. Quizá porque me recuerda el inicio de la película argentina “Relatos salvajes”. No puedo evitar este ramalazo de humor negro.

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La información lógicamente se está centrando en la figura del copiloto, Andreas Lubitz, de 27 años. Los primeras noticias hablan de un joven normal que había conseguido “el sueño de su vida: trabajar en lo que le apasionaba”

Y una idea se dispara en mi mente: ¿Y si fuera esa la clave de todo? ¿Qué pasa cuando uno alcanza el sueño de su vida ya en el primer tercio o cuarto de la misma?

Lufthansa ha asegurado que 630 horas de vuelo (parecen nada al lado de las más de 6000 del piloto)  son suficientes para el puesto de copiloto.

No lo dudo pues yo de esto no entiendo. Pero ¿serán también suficientes para que “el sueño” se convierta en monotonía?. Una cosa es volar a tu rollo y haciendo virguerías y otra llevar a turistas y ejecutivos estresados de aquí para allá.

¿Y si la vida a Andreas le fue tan extraordinariamente bien que cualquier pequeña decepción ha sido como una grieta en el fuselaje de su avión provocando una especie de despresurización mental que se ha llevado todo por delante?

Como me decía una vez una persona muy querida: “Cuando te crees que tienes una vida perfecta cualquier contratiempo es insoportable” ¿Y si cuando lo tienes todo, ya no te queda nada?

No es la primera vez que mantengo que existe un reverso de la resiliencia que no es la “no resiliencia” sino la “antiresiliencia” y que son como el anverso y el reverso de una misma página dependiendo probablemente de las mismas variables.

Tan sorprendente como que personas en situaciones límite puedan resurgir a una vida satisfactoria para ellos y los demás es que personas con unas circunstancias objetivamente favorables o privilegiadas entren en claros procesos autodestructivos (y en el caso de Andreas no sólo “auto-”)

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14:00

Me llegan las primeras noticias de un posible proceso depresivo de Andreas. Que si no salió de la cabina entre el viaje de ida y el de vuelta. Que si contestaba lacónicamente al piloto antes de que éste saliera de la cabina. Que si han encontrado en su casa un parte de baja laboral para ese mismo día pero roto en pedazos. Que si ya interrumpió su formación como piloto durante unos meses…Que si su novia le había dejado…

Aún así mantengo la hipótesis de la despresurización mental ¡Es tan interesante!… Todo es perfecto: soy joven, sano, gano dinero, tengo novia y trabajo en lo que he soñado siempre… Pero la vida que es muy puñetera te tumba una de las piezas, te rasga un poquito el fuselaje de ese mundo perfecto, y todo se viene abajo…

En todo caso no se trata de tener razón. Se trata de elaborar el asombro que tengo ante esa fuerza de la naturaleza que es la mente humana.

21:00

Algo preocupante en las noticias. Todas ellas se empiezan a centrar en aclarar sí Andreas sufría un “trastorno mental”.

En nada avanzaremos mientras nos paremos a ponerle nombre al trastorno porque muchas veces es lo que ocurre. Si nombramos lo incomprensible podemos pensar que ya lo comprendemos. No sirve de mucho saber que tras un suicidio o un atentado hay un trastorno mental. En realidad lo que necesitamos es saber cómo se genera y cómo crece en la mente de la persona la idea “lo mejor que puedo hacer es desaparecer” o “muchos deben morir para alcanzar el ideal”.

28/03/2015 (Sábado)

10:00

Estoy escribiendo lo anterior y al buscar el Internet leo noticias según las cuales una ex-amante y auxiliar de vuelo de la misma compañía ha declarado:  “Andreas Lubitz me dijo que algún día iba a hacer algo que cambiaría todo el sistema y que todo el mundo conocería su nombre y lo recordaría”

La idea de la despresurización mental se me va literalmente a la mierda (no pasa nada, tengo otras). Su idea asesina no parece el fruto de una simple pero arrolladora decepción. La chica mantiene que Andreas tenía miedo de cumplir su sueño pues su sueño no era sólo copilotar sino llegar a comandante y realizar vuelos transoceánicos.

Tendré que descartar catalogarlo como un caso de antiresiliencia para contemplarlo como un caso de “no resiliencia”. Andreas tenía un sueño pero la vida, a través de algún problema físico (se habla de un problema en la vista) y de un problema psíquico le dice:

– Va a ser que no, chaval

Y Andreas, con poca flexibilidad mental, sin recursos personales, ni de apoyo ni de sentido, no es capaz de contestar:

– Vale, guapa, lo que tu quieras pero entonces ¿qué me ofreces, reina?

La clave de la resiliencia está muchas veces en reconocer cuando un camino está agotado y que es hora de darse la vuelta y buscar otro camino lo más chulo posible. Quizá Andreas era hijo de la época del “Yes, we can”, del “Sí, se puede” y nadie le enseñó a añadirle el sanísimo “… o no, y no pasa ná”.

Mientras escribo un psiquiatra o psicólogo en televisión mantiene que probablemente Andreas padecía un trastorno narcisista de la personalidad.

Ya van dos diagnósticos.

30/03/2015 (Lunes)

10:00

Todo el fin de semana ha sido un aluvión de noticias (telediarios, radio y prensa escrita) en el que fluyen datos que, por un lado, reafirman la idea de que el copiloto era consciente de que tenía muy difícil que le renovaran la licencia el próximo mes de Junio, y por otro lado, que señalan “claros problemas psiquiátricos” pues afloran antecedentes de prescripción de fármacos de dicha índole.

Entre las noticias se habla de un trastorno de ansiedad generalizada (ya van tres) y alguien cita medicación prescrita que se usa para la… esquizofrenia (ya van cuatro)

Como es de esperar las miradas se vuelven hacia Lufthansa ¿cómo es posible que se les haya colado un desequilibrado? A una empresa alemana, del país europeo puntero en economía, en tecnología y en responsabilidad se les ha colado un enfermo mental en la tripulación de un avión. A la mentalidad cartesiana de los alemanes no les cabe en la cabeza que a alguien le den la baja y decida no cogerla.

Y mientras tanto los familiares de las víctimas haciendo esfuerzos titánicos para elaborar lo sucedido. Como los padres de un chico español que dicen buscar consuelo en su fe religiosa o la del padre de un joven inglés que reclama ante las cámaras un para qué.  Que la muerte de su hijo y sus compañeros de viaje sirva para algo. Es algo incipiente que no le permite no derrumbarse ante las mismas cámaras. El sentido se busca con ansia pero se encuentra poco a poco.

21:00

Todos los telediarios dan la noticia. El fiscal encargado del caso comunica que se ha conocido que Andreas, antes de obtener el título de piloto estuvo en tratamiento psicoterapéutico. Se detectaron tendencias suicidas.

La segunda hipótesis, la de la no resiliencia, también la puedo tirar por la ventana. Porque ya no estamos ante un tipo más o menos normal que ante una dificultad empieza a no saber como afrontarla o resurgir, sino un tipo infectado de ideas suicidas desde hace mucho tiempo. No pasa nada. Sigo teniendo más ideas.

Hoy hemos visto a Andreas de jóven, pilotando una avioneta con la supervisión de su instructor y bromeando con la idea de seguir volando hasta quedarse sin combustible.

Me estremezco de pensar la posibilidad de que en realidad el sueño de Andreas no fuera volar, sino el de matarse volando.

Y me sigo preguntando si no había que desarrollar un especie de oncología mental. El estudio de como, entre otras, una idea destructiva anida y crece y crece en una persona hasta provocar su muerte o la de otros.

En una tertulia de radio alguien con sentido común aclara: no todos los deprimidos o ansiosos se matan o matan (es lo que les faltaba… ahora ¡sospechosos!) Pero otro contertulio zanja el asunto: Por supuesto, Andreas lo que tenía era el “gen de la maldad”, simplemente era un ser humano pérfido. Estoy seguro que este contertulio no se habrá dado cuenta de como se parece su argumento al de Adolf Hitler para justificar el exterminio de los judios.

Y sólo a algunos “frikis” nos seguirá interesando más saber cómo se genera un monstruo. Como ciertas ideas asesinas infectan la mente de una persona y se replican hasta conseguir que se maten, maten a otros seres humanos o las dos cosas.

Quizá algún día sabremos combatir no sólo alterando la química del cerebro sino inoculando en mentes “enfermas” o “sufrientes” ideas que paren y deshagan las ideas destructivas. O, de otro modo, para que quien se suicide sea la idea suicida y no la persona

Seguiremos invirtiendo, gracias a Dios, miles de euros en la lucha contra el cáncer pero no tengo tan claro que lo hagamos en conocer y neutralizar el crecimiento en una mente de las  ideas de muerte. 

Pero estoy por apostar que algún día en los aeropuertos habrá controladores aéreos y controladores mentales para que esto no vuelva a ocurrir. Es muy probable que Lubitz acertara con su profecía.

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