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Archive for 22 mayo 2015

Hace un mes publiqué un post recomendando la lectura del nuevo libro de Reyes Adorna “El origen de la infelicidad” (DDB).

Ahora os dejo el enlace al nuevo blog www.elorigendelainfelicidad.blogspot.com que Reyes ha decido crear para poder compartiendo reflexiones y materiales que tienen que ver con los temas que aparecen en el libro.

Adorna BlogEspero que, además, nuestras visitas y comentarios le sirvan para inspirar nuevas publicaciones, o simplemente que se convierta en un foro donde poder seguir aprendiendo de eso tan apasionante que es nuestra propia naturaleza.

Gracias, Reyes, por abrir este blog.

Si te parece interesante ¿me ayudas a difundirlo?

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Os comunico que está abierto el plazo de pre-inscripción para el Curso de Posgrado/Especialización en “PROMOCIÓN DE LA RESILIENCIA” organizado por distintas entidades e instituciones y reconocido como propio por la UNIVERSIDAD DE BARCELONA (2º Edición)

Se desarrollará a distancia a lo largo del CURSO 2015-2016 (30 créditos) y está dirigido por Anna Forés Miravalles y Jordi Grané Ortega, con la coordinación de Pilar Surjo de Bunes.

Podéis descargar el folleto descriptivo del mismo pinchando aquí

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Descubrí el “efecto conejo de Troya” cuando trabajaba en una Dirección General. No tenía experiencia en un “órgano directivo” de la Administración y era la época en que se estaban poniendo de moda los “Planes Integrales”.

Rápidamente me di cuenta de que la Administración, sea la que sea, primero divide la realidad en áreas y departamentos y luego tiene que hacer un montón de “planes transversales” para ajustarse a esa misma realidad, lo que te lleva a pensar que la división departamental estaba muy mal hecha. Pero esto, siendo paradójico, es probablemente inevitable.

Pero mucho más sorprendente fue descubrir que los planes integrales se construían y, una vez aprobados, directamente se… ¡evaluaban!. –¿Que pasa con la ejecución?– Me preguntaba. Era un pardillo pero, poco a poco, fui aprendiendo. –¡Ah! Esto se trata de que el plan se construye, no con lo que deberíamos hacer sobre un tema concreto, sino con lo que ya hacemos en cada uno de los departamentos y que tenga que ver, aunque sea de refilón, con ese tema. Simplemente lo pongo todo junto que queda más chulo y es más eficaz para la autojustificación. Ya lo pillo.

Y claro, lo que ya se está haciendo ya se puede evaluar. No me extraña que todos los planes integrales den resultados maravillosos.

Es decir, que pronto descubrí que un plan para la Administración es un gran artificio para que parezca que vas a abordar un problema pero sin tener que hacer nada especial o nuevo, excepto, seamos justos, algún detallito más.

Un tiempo después me di cuenta de que en la intervención social a veces pasa algo parecido. Salimos de las facultades cargados de preparación metodológica para hacer diagnósticos, análisis de necesidades y programar las intervenciones. Luego cada Administración competente y las normas de la materia nos dice que tenemos que diseñar distintos planes de protección, de tratamiento, etc o programar lo que vamos a perseguir en cada caso o usuario o usuaria. Pero, no lo que yo puedo considerar sensato y suficiente, sino que atendiendo, por narices, a áreas predeterminadas que alguna cabeza pensante ha diseñado. Y todo ello con la motivación fascinante de “por si viene la inspección”-

De tal manera que existe el peligro de que construido el plan de intervención todos nos vayamos a nuestra casa y nadie haga nada. Bien porque nos hemos agotado en el diseño o, lo que es peor, porque nos hemos convencido que lo importante era el diseño. En algún momento alguien dirá: ¡Este plan no funciona. Habrá que revisarlo!. Y volveremos al revisar el diseño y no la ejecución.

Es a esto a lo que yo, y sólo yo (no lo busques en Internet porque sólo te saldré yo) llamo el “efecto conejo de Troya”. El nombre surge de una genial escena de la película “Los caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locos seguidores” de los Monty Phyton.

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En ella dichos caballeros tienen que tomar un castillo enemigo. Para ello construyen un gran conejo de madera, inspirado claramente en el caballo de Troya.

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Empujan el conejo hasta la puerta del castillo y dejándolo se esconden en la linde del bosque próximo. Y desde allí observan como los soldados enemigos abren el portón y empujan el conejo hasta el interior de la fortaleza. Entonces el estratega del grupo, entusiasmado, exclama algo así como: “¡Estupendo! ¡Esta noche, cuando todo el mundo duerma, descenderemos del conejo y tomaremos el castillo” Sus compañeros le escuchan atónitos y uno de ellos pregunta: “¿Quién has dicho que descenderá?” Y en el momento que el estratega comienza a contestar: “¡Nosotr…” se dan cuenta de su fatal olvido: ¡se han olvidado meterse en el conejo!.

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¡Cuantas intervenciones sociales están perfectamente diseñadas pero al final nadie se mete en el conejo y desciende a pelear con el problema! Vaya usted a la Unidad de Conductas Adictivas, apúntese en el INEM, acuda a los Servicios Sociales de su zona… ¿Y?

Así que puedo definir el “efecto conejo de Troya” como el fenómeno por el cual una persona, grupo o institución, con la intención de un objetivo bienintencionado, construye un gran artificio metodológico o administrativo pero luego se le olvida o se escapa de hacer lo verdaderamente importante para conseguirlo y que, casi siempre, tiene que ver con la relación interpersonal pura y dura con la persona a quien se quiere ayudar.

En realidad este efecto me lo había evidenciado muchísimos años antes mi propia mujer. Ella es maestra, aunque ahora no ejerce exactamente de ello, y yo soy psicólogo, aunque en realidad ahora no sé exactamente de que ejerzo. Así que, ante los problemas que una niña acogida de 6 años tenía para aprender a leer, yo planteaba trabajarle la lateralidad, la orientación espacial, el esquema corporal, la discriminación visual… Pero mi mujer fue contundente: ¡Aprender a leer se aprende leyendo!. Cada día, después del colegio, se sentaba con ella no menos de media hora, y cada día comprobaba asombrada como lo que parecía ya adquirido había sido “desaprendido”. Fue una batalla campal que duró semanas y semanas. Pero la niña aprendió a leer. Yo quería construir un conejo. Mi mujer bajó de él y se puso al cuerpo a cuerpo. Y creo que la niña pensó: “Esto de la eme con la a debe ser importante ¡y yo también! para que esta tipa se empeñe y se empeñe

Pues me temo que el “efecto conejo de Troya” está llegando a las aulas con gran fuerza.

Hace un minuto mi hijo que se examina de Psicología Escolar me ha preguntado ¿Que diferencia hay entre el Proyecto Global del Centro y el Proyecto Curricular del Centro? Como no tengo la obligación de saberlo pues no trabajo en la enseñanza y. aunque lo puedo intuir, he recurrido al socorrido: Búscalo en Internet.

Por esto me imagino (tengo amigas maestras e hijos en el cole) que un conejo de Troya se construye en el aula con:

– Media tonelada de programaciones y otra documentación exigida a los y las maestras

– Tropocientos kilos de requisitos para cumplir algún Sistema Básico de Calidad o similar

– Mil quinientos protocolos oficiales para abordar distintas problemáticas especiales del alumnado

– 25 conmemoraciones por curso lectivo de otros tantos Días Internacionales de Algo

– Cuarto y medio de Reglamento Interno, Normas de Convivencia, etc

– Una pizca de actividades educativas o convivenciales, subcontratadas o no, fuera del aula.

Y sobre todo, últimamente:

– 120 incidencias diarias/online/percapita para que los padres sepan en todo momento y gracias a una Plataforma Digital del comportamiento académico y social de su hijo o hija, en la mayoría de los casos negativo.

– Un porcentaje de tiempo dedicado a : “Seño, la tablet no se me enciende” “¡Quién ha estado toquiteando en la pizarra digital!” o “¡Vaya, justo ahora no va Internet” No sólo hay artificios sino cada vez más artefactos en el aula.

Y cuando el Conejo de Troya está construido se sabe que existe porque de los 50 ó 60 minutos que dura una clase el profesor o la profesora ha podido dedicar realmente a la enseñanza ¿30? ¿20? No sé, pero me temo que lo justito para decir: este es el tema en el que estamos; esto sí va, esto no va; os lo miráis y hacéis los 20 ejercicios en casa. Poquito más. Es que literalmente no da para mucho más si tenemos en cuenta que, a lo anterior, hay que añadir aún cosas como pasar lista, recados varios y conseguir silencio.

Eso sí, en el examen, control o cómo se quiera llamar se les pedirá a los alumnos y alumnas un rendimiento como si el tiempo empleado a la materia hubieran sido los 50 ó 60. Y algunos profes, quizá quemados de todo lo anterior, esperarán que el alumno o alumna haya realizado un verdadero trabajo de construcción de conocimientos, analizando, relacionando conceptos… Y quizá ponga en el examen una pregunta “de pensar”.

Espero que si lo hace sea consciente de que ese objetivo lo habrá conseguido en su casa pues en clase poco se ha podido. O que sea consciente que quizá el trabajo “de profundizar” que les pidió en la evaluación, igual no lo ha hecho el alumno o alumna sino su padre o su madre (Lo confieso: Me llamo, Javier Romeu, y le he hecho trabajos a mis hijos cuando los he visto agobiados y desbordados)

Todo esto sin hablar de algo que va más allá del aprendizaje pero que lo condiciona: el encuentro personal. Algo que parece cursi y poco técnico pero que se puede palpar. Yo lo he palpado en la mirada de profesores concretos, y podría decir nombres, que han levantado a mis hijos e hijas (naturales y en almíbar) en momentos difíciles. No fue la programación curricular ni no sé que metodología. La mejor herramienta de intervención sigue siendo la persona nos pongamos como nos pongamos.

Y también se nota la importancia del encuentro personal en la manera como oigo hablar en casa a mis chavales y chavalas de sus “profes”. Más allá de que les caigan mejor o peor; de que cuenten más o menos extravagancias de ellos; o de que siempre les echen la culpa de sus malos resultados; se nota cuando un alumno o alumna aprecia a su maestro o maestra. Saben diferenciar perfectamente al docente que no los mira simplemente como  “una serie de notas e incidencias” (Me pongo a temblar cuando, en una tutoría con un profesor o profesora, lo primero que hace es abrir la planilla de la clase, buscar a mi hijo e hija y, desplazando el dedo por su linea, repasa las notas y positivos o negativos que ha tenido. Eso casi sin haberte mirado a la cara)

Por eso este post no es una crítica a los y las profesionales de la enseñanza. Ni mucho menos.Hace años y por unos años yo lo fui y en unas condiciones ambientales privilegiadas y fui un desastre de docente.

Esto es simplemente un aviso para navegantes de que quizá algunos de ellos y ellas ya no pueden encontrarse con sus alumnos y alumnas porque entre ellos se ha interpuesto…

…un enorme conejo construido de artificios y artefactos pedagógicos, administrativos y tecnológicos.

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The Technological Post; Mayo 2015

“La empresa Emotional Networking ha anunciado la inminente puesta a la venta de un dispositivo asociado al ordenador personal con el fin de que éste detecte el estado emocional del usuario o usuaria y, en su caso, bloquee, sin el consentimiento de éste o ésta, algunas funciones del sistema, especialmente las relacionadas con el acceso a Internet.

De esta manera si la persona, conectada al dispositivo mediante electrodos adheridos a uno de sus dedos o muñeca, presenta valores fisiológicos indicativos de una alteración emocional muy significativa, cuando intente enviar un correo electrónico, publicar un comentario en Facebook, Google Plus, etc o cualquier tipo de envío de datos u orden de compra, el sistema bloqueará el mismo y, opcionalmente, apagará el ordenador. En todo caso lo único que podrá hacer la persona conectada al dispositivo es esperar a que sus variables fisiológicas bajen a valores normales y permanezcan en los mismos en un tiempo mínimo de 10 minutos. Sólo entonces el puntero del ratón o la tecla Intro podrán realizar la acción de envío de datos”

El dispositivo, que consta simplemente del cable USB-Sensores de Biofeedback y del software necesario, una vez instalado modifica el sistema operativo del ordenador de forma que no pueda ser eliminado a excepción de conocimientos avanzados de informática. A partir de la instalación el ordenador sólo se encenderá si detecta variables fisiológicas como el pulso o la conductividad de la piel.

Gary Eagleman, Vicepresidente de Emotional Networking, reconoció en la presentación del dispositivo, que se comercializará como “Internet Key”, que la idea para su desarrollo fue casual. Hace unos meses recibieron el encargo de una Asociación de Sexología de desarrollar un dispositivo para que los adictos a la pornografía pudieran usar internet en una fase avanzada de su proceso de rehabilitación. El dispositivo debía bloquear el acceso a internet cuando detectara la excitación del paciente.

Sin embargo cuando el sistema ya estaba en fase avanzada de prueba su principal desarrollador, Steve Gate, tuvo una discusión con el responsable del proyecto y, en un calentón, publicó un comentario en Facebook en el que arremetía contra él haciendo una mención desafortunada a su raza. En los días siguientes recibió miles de comentarios y emails recriminándole su comentario, insultándole o amenazándole. La empresa, que podía haber solucionado el conflicto interno sin mayor dificultad, se vio, sin embargo, obligada a prescindir de sus servicios por una cuestión de imagen. Paradójicamente el creador de un software para no excitarse fue víctima de su propia excitación aunque fuera de otra naturaleza.

A raíz de esta experiencia Emotional Networking decidió desarrollar el nuevo proyecto en una filosofía más amplia. Proteger a las personas de la influencia de lo que ocurre en Internet no se limita a protegerle de lo que puede ver en la red sino también de lo que puede hacer o expresar en ella.

Eagleman ha anunciado que en los próximos meses estará lista la versión para Android. Finalizó la presentación bromeando que siempre se podrá conectar el electrodo a nuestro gato o perro pero recordó que los animales también se alteran  y que además habrá que depilarles”

La noticia que acabas de leer no es verdadera. No puedo afirmar que no exista algún dispositivo semejante o parecido pero yo lo desconozco. Pero lo que sí puedo afirmar es que me la he inventado.

Con este pequeño artificio narrativo sólo pretendo introducir una idea: el acceso a Internet y las nuevas tecnologías de comunicación no son ya una simple y potente herramienta de acceso a la información, la cual, como toda información, puede ser más o menos beneficiosa para el receptor de la misma. Las redes sociales, WhatsApp, los SMS, el correo electrónico… lo han convertido también en un modo de información sobre mí al mundo entero. Para lo bueno pero también para lo malo.

Además no es sólo un escaparate donde me doy a conocer (a veces intencionadamente y a veces sin intención) sino un espacio donde se producen verdaderas interacciones humanas con todas sus consecuencias. Y no me refiero a las ya habituales anécdotas como enviar un whatsapp a la persona equivocada, o decir que estoy en un lugar cuando mi móvil dice que estoy en otro; o ser invitado a dar un curso o charla por gente que no me conoce en persona; etc. Me refiero a cosas mucho más dramáticas como ser acosado, abusado, robado, despedido o insultado por algo que he dicho, he hecho, o se cuenta de mi en Internet. Justo esta mañana he escuchado que en Bangladesh un bloguero ha sido asesinado a machetazos de cuatro individuos por mantener una posición crítica frente al yihadismo.

Y si la premisa es válida (Internet, el ciberespacio, el mundo virtual o cómo queramos llamarlo es un escenario donde los humanos interactuamos los unos con los otros) ¿no deberíamos profundizar en cómo son las relaciones humanas en la comunicación digital? ¿siguen las mismas reglas y tienen los mismos efectos que las relaciones cara a cara o las relaciones presenciales?

Parece evidente que nadie se comporta exactamente igual en su ámbito doméstico que en el ámbito público. A todos nos han enseñado a adaptar nuestro comportamiento, en mayor o menor medida, al contexto o entorno en el que nos encontramos. Todos los padres y madres advertimos a nuestros hijos de ciertas cosas que pueden pasarles fuera de casa y como evitarlas o actuar ante ellas.

Pero ¿nos han enseñado lo mismo sobre el comportamiento humano en el terreno digital? A mi, al menos, no (excepto a poner buenas contraseñas y protegerme de piratas y hackers) Es, ahora a mis 54 añitos, cuando me voy dando cuenta de que las relaciones humanas en Internet también son humanas pero no exactamente iguales. Y que las consecuencias de mis acciones en la red no las puedo medir con los mismos parámetros que en casa, en la calle, en el trabajo… Cada vez que cruzo más allá del umbral digital pueden pasar cosas distintas a las situaciones equivalentes en la parta del más acá.

Y como intuyo que el tema tiene muchas ramas sirva este post para introducir una posible serie en la que de momento se me ocurre…:

– ¿Tiene sentido seguir hablando de real-virtual? ¿no puede llevarnos esto a confusión?

– ¿Que cambia en el mundo digital para que no podamos usar ciertas referencias sobre el comportamiento social habitual?

– ¿Qué consecuencias tiene todo esto para la educación de las nuevas generaciones? ¿Deberemos ir más allá del simple vigilar el tiempo en Internet y lo que ven nuestros hijos?

– ¿Cómo funcionan las emociones en la red? Y si en las interacciones humanas las palabras son “trozos de afecto que a veces llevan algo de información” (Boris Cyrulnik) ¿ocurre lo mismo en Internet?

– ¿Cómo afecta la red a nuestra reputación?

– ¿Ha quedado obsoleta la frase, también de Cyrulnik, de que “cultura es aquello que cambia cada 10 años y cada 10 kilómetros“?

– ¿Qué implicaciones tiene todo lo anterior para la relación de ayuda en la red?

Iremos pensando.

EPILOGO

Son las 21´30. La tele está puesta y acaban de dar la noticia de la detención de las dos personas que imprimieron y repartieron por los buzones de Casarrubueloslas (Madrid) conversaciones de WhatsApp de un grupo de profesores del colegio Tomé y Orgaz que provocó, entre otras cosas, la indignación de los padres y la destitución de la directora. Se les imputa un delito de revelación de secretos y les pueden imponer una pena de 1 a 4 años de cárcel.

No entraré a discutir si una conversación en un grupo de WhatsApps es un secreto o si la cosa tiene más o menos importancia. Lo que sé es que mucho de lo que se dijo en ese grupo quedará en Internet por los siglos de los siglos.

No diré “¡Así sea!” pero sí “¡Así es!

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