Cruzando el umbral digital (II) La vida tatuada

(Hago una paradita en la serie sobre el libro de Bill O´Hanlon sobre la depresión simplemente para no deprimirme o para no aburrir demasiado. Para ello retomo otra serie)

Hace unos meses, en España, y tras las elecciones autonómicas y municipales, asistimos a un curioso fenómeno sociológico. Decenas de nuevos cargos electos se lanzaban a las calles virtuales, cual patos despavoridos, en busca de alguna empresa que rápida y eficazmente (no es posible) limpiara de Internet toda aquel comentario que él o ella hubiera podido hacer en la red y pudiera, al ser mal o bien interpretado, costarle el puesto, como al Señor Zapata.

Para quien no viva en España, el Señor Zapata es un joven que renunció al puesto de Concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid al salir a la luz unos antiguos whatsapps suyos con chistes que podían herir la sensibilidad de algunos colectivos o incluso personas concretas.

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Estoy seguro que todos, en espacios de intimidad, hemos contado chistes “políticamente incorrectos” sin que nos haya costado nuestro trabajo o la ruptura de relaciones. ¿Por qué? Porque en los contextos humanos podemos medir lo que se puede decir y lo que no. Podemos así saber que nuestros interlocutores nos conocen lo suficiente para diferenciar el chiste de nuestras propias ideas o actitudes y no catalogarlo de racismo, machismo, o cualquier otro -ismo. O por el contrario podríamos saber que nuestros interlocutores son más -ismos que nosotros m-ismos.

De hecho el Señor Zapata alegó que los chistes estaban en el contexto de un debate intelectual sobre los límites del humor y que se habían sacado del mismo. Estoy seguro que fue así (aunque no le hubiera costada nada enseñar el resto del debate)

Pero el Señor Zapata que, a pesar de su juventud, no creo que sea un verdadero nativo digital, la cagó, a mi modesto entender, con el argumento. ¡Zapata en Internet no hay contexto que valga!

Si una cosa debemos aprender, para cruzar el umbral digital sin riesgos, es que los contextos desaparecen en el mundo online. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que el contexto se sustenta sobre una dimensión temporal y otra dimensión espacial (qué es lo que he dicho o hecho en aquel lugar aquel día)  Y en Internet no hay tiempo ni espacio que valga.

Este mismo post es un ejemplo. He tenido que contextualizarlo (con la nota del principio; con el vínculo con otro post más adelante y con la referencia a una serie) porque probablemente tu seas un o una lectora fortuita que has aterrizado en él vete tú a saber desde dónde, por qué y cuándo. De poco me servirá el contexto si algo de lo que escribo te ofende, te indigna o molesta.

A mi todo esto me recuerda el fenómeno de los tatuajes. Hace unos años empezaron a ponerse de moda y pasaron de ser una manifestación de marginalidad a casi, casi, una manifestación de “glamour” (es decir, pasaron de un margen al otro)

Pero lo más divertido es que ahora empiezan a proliferar los negocios que ofrecen “borrar tatuajes” pues resulta que Rosita o Juanito ya no es el amor de mi vida; que llevar una cruz tatuada en algún país árabe es un deporte de riesgo o que en el convento al que ahora quiero ingresar no miran con agrado el signo satánico de mi cuello.

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Hacerme un tatuaje no neutro significa desconocer la llamada Ilusión del Fin de la Historia y que ya he explicado en otro post.

Esta Ilusión – y me traigo dos párrafos de aquel post – “es la que hace que seamos capaces de reconocer lo que hemos cambiado en los últimos años pero, inexplicablemente, ser incapaces de pronosticar que vamos a seguir cambiando. En cada momento de nuestra vida vivimos pensando que ya no vamos a cambiar más. Por eso la gente se jura amor eterno, por eso se hipoteca, por eso… (…) Pero los estudios de Dan Gilbert (en aquel post tienes un charla en TED sobre el tema)  demuestran que no sólo cambiamos de gustos, de aficiones, etc. sino que hasta la forma de ser, medida con test de personalidad, cambia.

Y esto, para colmo, no nos cuesta reconocerlo en los demás. Todos podemos conocer a alguien que de joven estaba posicionado en una determinada ideología política y en su madurez, sin embargo, milita en un partido en el otro extremo del espectro político. O conocemos a algún converso religioso. O a vegetarianos radicales que meses antes disfrutaban de todo tipo de hamburguesas, filetes o pescados.

Sin embargo ¿Cambiar yo? ¡Ni pensarlo!¡Yo soy el que soy! (frase, por cierto, atribuida en el judeocristianismo al mismísimo Dios)

Antes eran algunos tatuajes los que nos servían para ejemplificar los resultados hilarantes de la Ilusión del Fin de la Historia (me encantaría saber qué ha pasado con la pareja de la foto de arriba) pero ahora todos tenemos una segunda piel, una piel no formada de células sino de bits, de ceros y unos, una piel analógica.

Antes algunas cosas puntuales de tu vida las podías tatuar en tu piel. Ahora gran parte de tu vida es la que queda tatuada en la red. Algunas no dependerán de ti (sentencias, multas, puestos, premios …) pero otras muchas sí. Ten cuidado.

De nada te servirá alegar el contexto.

(Iba a darle a Publicar pero mejor lo dejo y mañana le doy otra vuelta. Por si acaso)

Hoy es mañana.

2 Comments

  1. Desde luego que es digno de estudio el tema de las relaciones en las redes sociales. Yo me sorprendo al ver a la gente colgar fotos y hablar de su vida alegremente en facebook. Y me paro a pensar si harán lo mismo en sus conversaciones: ¿cuentan toda su vida? ¿Dan tanta informacion al detalle de sus movimientos, de su alegría? Hay gente que solo le falta, decir cuando va a ducharse, o cuando va a ir al baño…
    Y el tema del cambio, es cierto. Pensamos que no cambiamos, pero sí lo hacemos. Menos mal. Pero la perspectiva de que lo hacemos ( el cambiar) hay que tenerla presente. Gracias por recordarmelo.

    1. Sí, el tema da para mucho, mucho más
      De ahí arranca la idea de hacer una serie sobre las implicaciones del mundo digital en las relaciones interpersonales. Creo que aún no hemos pillado todo lo que está en juego. Seguimos dándole vueltas ¿vale?
      (Perdona el retraso en publicar tu estupendo comentario. Ya te he explicado el motivo por email)

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