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Archive for 29 septiembre 2015

Todos los días nos llegan por distintos medios (whatsapp, facebook, email, etc ) cientos de textos y materiales audiovisuales. Algunos divertidos, otros interesantes, la mayoria intrascendentes…  Aunque me gusten normalmente no los traigo al blog porque no es la finalidad del mismo.

Pero el otro día, gracias a Pepa que lo rebotó en Facebook de no se quién que a su vez… me llego una charla de 20 minutos del periodista Carles Capdevila sobre educación de los hijos. Y después de disfrutarla pensé que no podía dejar de traermela al blog. Evidentemente no es por ser de las cosas más divertidas que muchos, muchos de los monólogos de “El Club de la Comedia”.

Por una parte el contenido tiene varias cargas de profundidad y está tan bien estructurada que se le podría hacer crecer sumándole miles de anécdotas reales que todos podemos conocer.

Pero lo que más me atrae de ella es que Capdevila no sólo nos muestra y nos aconseja que usemos el humor para abordar una cosa tan seria como la educación de los hijos sino que lanza un gran torpedo:

¿Y si en realidad lo de ser padres y madres es una cosa muy divertida que hemos conseguido cargárnosla a base de pretender ser serios?

Si tuviera que ponerle nota le pondría un 9. El puntito que le falta es porque me he quedado con ganas de otros 20 minutos.

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Juan se despertó y vio a la mujer que estaba a su lado. También se fijó en el anillo que ella llevaba y, de forma intuitiva, miró también a su propia mano. Fue así como se dio cuenta de que se había casado.

No es que se hubiera emborrachado y no recordara nada. Tampoco es que no la conociera porque conocía a Pepa desde varios años antes de casarse con ella hacía ya tres. Sólo que aquella mañana, no se sabe muy bien por qué misterio, tomó conciencia de que él era el marido de Pepa y ésta su mujer. Nunca antes de ese momento la idea de una relación comprometida se le había presentado asociada a un sentimiento de satisfacción. Hasta entonces era simplemente una idea en la que mejor no pensar.

Sonrió y, antes de levantarse, se acercó suavemente al rostro de Pepa, la besó sin despertarla y le susurró “Sí, quiero”

No es que los llamados micro-casos, que de vez en cuando publico, estén invadiendo y apoderándose del blog. Es simplemente que no hay nada más útil que una historia para atrapar la atención y servir de eje para una idea abstracta. En este caso la idea de que una relación entre dos personas no tiene necesariamente que ser sentida o percibida de la misma manera por las dos partes implicadas.

Hace muchos años leí un texto de la psicoanalista Francoise Doltó en el que afirmaba que todos los padres o madres adoptamos a nuestro hijos o hijas en un momento dado, entendiendo adoptar como “hacerlo nuestro o nuestra”. Y no necesariamente es el día de su nacimiento ni el de su inscripción en el Registro Civil. En algunos casos podemos recordar hasta el día concreto o las circunstancias en las que esta “adopción del corazón” se produjo.

Sólo corregiría a esta autora el “todos” pues trabajo con niños y niñas que en muchos casos sus padres o madres no asumen el rol de padre o madre (como Juan el de esposo) aunque los hayan engendrado y reconocido legalmente. Es precisamente la ausencia de esa adopción afectiva la que en bastantes casos lleva a la negligencia y el maltrato.

Pero ejemplos de discrepancias en la definición de una relación podemos encontrarlos en situaciones menos trágicas y mucho más habituales. ¿No has tenido una persona que para ti es simplemente un o una conocida pero él o ella se autoproclama como tu amiga? ¿No has conocido a un padre o una madre intentando a toda costa ser amigo o amiga de su hijo o hija? ¿O a un o una adolescente diciéndole a su padre o a su madre cómo debe educar a sus hermanos o hermanas pequeñas? ¿No has visto a alguien pasarlo mal porque su jefe o jefa es su amigo o amiga? Todas estas situaciones, en las que una de las partes define la relación de forma diferente a cómo lo hace la otra, suelen dar problemas. Alguna de las partes lo va a pasar mal o la relación en si misma está herida de muerte.

Y todo esto viene a cuenta de que, cuando analizamos los problemas de la gente tendemos a simplificarlos en cómo SON o SOMOS. A Fulanito le pasa esto porque ES así o asá. Menganito está así porque su mujer ES de tal modo.

No me extraña que nos cueste entender que un marido ejemplar, padre ejemplar, ciudadano ejemplar y soldado condecorado pueda fotografiarse vejando a prisioneros en el campo de detención en el que prestaba sus servicios (Léase El Efecto Lucifer de P. Zimbardo o vease alguna de sus conferencias en Internet) Sin embargo ayuda algo más a entenderlo el dato de que esta persona se relacionaba todos los días, por simple vecindad de despachos, con los del Servicio de Inteligencia, a quienes les iba la vida en que los prisioneros cantaran y no ópera precisamente.

Pero, además de lo que cada uno SEA y de las circunstancias que cada uno tenga, hay otra variable que muchas veces se nos escapa a la hora de analizar el comportamiento humano: las relaciones, sus efectos y sus defectos. La relación entre dos elementos no es la suma de las esencias de los elementos. La relación entre nosotros no se define sólo por lo que yo SEA y lo que tu SEAS, sino también por lo que yo sea PARA ti y lo que tú seas PARA mi. Y resulta que si, por ejemplo, entre lo que yo soy para ti y lo que yo creo que soy para ti hay una discrepancia es posible que haya problemas.

Así que quizá en un blog sobre la RELACIÓN DE AYUDA haya que dedicarle más tiempo a pensar sobre las relaciones humanas en general, sean de ayuda o no, y qué variables las definen.

De momento me limitaré a apuntar la importancia de definir bien las relaciones para evitar desencuentros y sufrimientos. Y para ello recurro una vez más a mi bagage cultural: el judeocristiano, pues existen varios pasajes evangélicos donde el propio Jesucristo parece darle importancia a esto de definir las relaciones.

Quizá el más claro sea cuando le pregunta a sus discípulos ¿Quién dice la gente que soy yo? para luego preguntárselo a ellos mismos. Él, en su locura o en su divinidad, se había autodefinido como el “Hijo del Hombre”, el Mesías. Pero ¿y si para los discípulos él no fuera más que otro profetilla o un rabino, de tres pares de narices, pero rabino al fin y al cabo?

Otros ejemplos del Evangelio son de difícil asimilación por una concepción “buenista” de Jesús. Como cuando le espeta a su madre en las bodas de Caná ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Una versión educada de algo así como “Mamá ¡No me jorobes! ¿por qué te metes en esto? Este no es el plan” Eso sí, para luego acabar haciéndole caso.

Resultado de imagen de bodas Caná

O cuando en otro pasaje le dicen “Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte” Y se despacha con un “Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

La verdad es que ya había empezado de jovencito a definir la relación con sus padres. Tras el soponcio de ver que el chaval no iba en la caravana en la que habían partido de Jerusalén se tienen que oir “¿No sabíais que debía estar en las cosas de mi Padre? No sabemos si María le soltó una colleja y le dijo “¡Anda! ¡Déjate de bobadas y tira para el carromato” o sí la causa de la muerte de San José fue un infarto que le dio esa misma noche. Pero lo que está claro es que Jesús no se ando con ambigüedades. La verdad es que no esperó treinta años para una mañana decirle a su madre: “Mamá, te vas a reir, pero…” 

Quizá se interesante el que de vez nos dijeramos unos a otros: Escucha ¿yo quién soy para ti? Y… ¿es lo que debería ser?

Sé que la historia de Juan y Pepa es poco creíble. Si un tipo lleva tres años sin darse cuenta de que “marido” significa algo más que compartir piso y cama es muy poco probable que lo descubra un día por ciencia infusa. Y en tal caso lo más probable es que Pepa le dijera, lo siento tío, pero ahora ya no me vale tu sí. Así que para terminar te voy a contar otra versión de la historia de Juan y Pepa, también inventada, pero más cerca de la realidad humana que conozco.

Pepa y Juan subieron al altar muy bien peinados pero llevando más cosas en la cabeza. Ella un concepto de si misma que se había fraguado a fuego lento durante toda su infancia y juventud a base de pequeñas anécdotas familiares sin verdadera importancia ¡excepto para ella!. ¡Cuantas veces había oído, normalmente entre sonrisas y risas de sus padres, lo mala que era la Pepa! Juan en cambio estaba convencido que era buenísimo pues las leyendas familiares así parecían mostrarlo

Y además los dos llegaban al matrimonio con la referencia del matrimonio de sus padres. Juan nunca había visto discutir acaloradamente a sus padres o al menos no lo recordaba. También es cierto que sus padres, pudorosos en grado superlativo, tampoco se habían expresado el cariño y el amor en su presencia. Pepa sin embargo había visto a sus padres acariciarse y besarse para, en otros momentos, tirarse los trastos a la cabeza.

Así que cuando Juan y Pepa discutían en la cabeza del primero las dos ideas se combinaban de la siguiente manera: Esto es horroroso y yo no soy malo por lo tanto yo soy una víctima. Y ya se sabe que cuando uno se hace la víctima crea un verdugo. Así que la pretendida bondad de Juan saltaba a la cara de Pepa como una bofetada que repetía el eco del “eres mala, eres mala” Además ella no veía ningún drama en discutir por lo que con Juan al lado llegó a pensar que sería porque ¡efectivamente debía ser malísima! Lo cual disparaba su rabia y mala leche y así vuelta a empezar.

Hasta que un día acudieron a alguien a quienes ambos otorgaron autoridad para ayudarles. Pero la cosa no salió como creían que sucedería. No hubo ni un sólo reproche para Pepa, como ella esperaba y él deseaba, sino más bien una invitación para tener paciencia consigo misma y celebrar incluso el descubrir y tomar conciencia de nuevos matices de su pretendida maldad. Pero si hubo un gran aviso para navegantes para Juan en forma de “¡Mueve el culo! Tu mujer no necesita un hijo, necesita un marido”

El desconcierto marcó el punto de inflexión para darle menos importancia al “Tu” y al “Yo” y centrarse en “Lo nuestro” Y el cículo dejó de ser vicioso para pasar a ser constructivo.

Porque lo que seamos tu y yo tiene poco margen de maniobra pero con lo nuestro, con nuestra relación, podemos hacer muchas cosas.

NOTA:

Este post, aunque no lo parezca, es el resultado de una relación. Mi relación de admiración a la gente de Dando Vueltas Sobre Vueltas (Iñigo y Sagra) que constantemente se plantean y revisan su relación con las familias que trabajan. Si trabajais en acción social no os perdais este post ni el comentario de Mabel y otras personas.

Es posible que siga Dando(le) Vueltas a esto y pueda acabar afirmando: La resiliencia no sólo es que sea relacional, ¡es que es una relación!

Llámame loco.

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Las buenas soldaduras

¿Cómo comentar el nuevo libro de José Luis Gonzalo Madorrán llamado “Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en los niños adoptados y acogidos” recién publicado por la Editorial Descleé De Brouwer?

VINCÚLATE. RELACIONES REPARADORAS DEL VÍNCULO EN LOS NIÑOS ADOPTADOS Y ACOGIDOS

No puedo valorarlo en si mismo pues mi comentario tendría el mismo valor, valga la redundancia, que un comentario mío sobre la pintura de Dalí o de Picasso. Lo único que puedo hacer es decir que a mi Dalí me gusta y Picasso no.

Es evidente que no voy a decir que no me gusta. Primero porque sería mentira y segundo porque ¿a quién le importaría? Es evidente que voy a decir que sí me gusta (imagínate un puño cerrado con el pulgar levantado) a pesar de qué ¿a quién le importa que a mí me guste? y, sobre todo, a pesar de ¿que más da que a mí me guste?

Pero es que a mí sí me da mucho y yo administro este blog.

Pero hay que ir un poquito más allá: lo que me gusta ¿por qué me gusta? y si hubiera algo que no me gusta ¿por qué?

Empecemos por lo segundo pues es mejor lo amargo antes que lo dulce.

Me recuerdo allá por el año 1992 llegando a la Sección de Menores de Alicante después de haber aprobado (no sospechosamente pero sí insospechadamente) una oposición y riendo amablemente ante la broma de un nuevo compañero: “¿Cómo se miden los vínculos de los niños? ¿tocándoles en el brazo y viendo lo duro que está el músculo?” Y yo sonriendo pero para disimular, claro está. Pues en realidad no tenía ni idea.

En mi caso, creo que la teoría del apego se la tragó una huelga de profesores el año que daba Psicología Evolutiva y los pocos libros en castellano sobre apego estaban escritos por gente del mundo universitario, que no se suelen (honrosas excepciones al margen) caracterizar por escribir desde las trincheras.

Me acuerdo también unos pocos años más tarde haciendo nuestras primeras experiencias familiares de acogimiento de menores y alucinando en colores con algunas reacciones de los niños o niñas que pasaban por nuestra casa.

Y finalmente me recuerdo, hasta no hace mucho tiempo, no pudiendo dar ni una sóla referencia bibliografica de apoyo a las familias acogedoras con las que trataba como técnico y qué realmente les pudieran servir de ayuda (había ya algunos libros magníficos pero no escritos para personas sin cierta formación previa).

Por todo ello lo que no me gusta del libro de José Luis es que no lo haya escrito 20 años antes. Se lo perdonaré porque, siendo 7 años más joven que yo, puedo deducir que todavía “no estaba maduro” para ello.

Y además en su descargo puede alegar también que con su primer libro (¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo? Guía para padres adoptivos con hijos con trastorno del apegojunto con Óscar Perez-Muga, ya rellenaron, en el año 2011, este vacío. Es cierto. Pero el nuevo libro aporta además, a mi entender, algunas cosas esenciales.

¿TODO NIÑO VIENE CON UN PAN BAJO EL BRAZO?. Guía para padres adoptivos con hijos con trastorno del apego

De ellas la que a mi más me gusta es la que se condensa en el epígrafe “Representaciones de apego de los padres adoptivos o acogedores y representaciones de apego de lo niños y adolescentes: pueden saltar chispas” ¡Vaya si las saltan! Hasta el punto de quemarse todos los implicados (niños, familia y técnicos)

Llevo ya unos años (soy lento pero al final algo aprendo) lanzándoles dos ideas machaconas a los futuros acogedores de los niños y niñas del centro donde trabajo.

1.- En la mayoría de los casos el éxito o el fracaso del acogimiento no depende de cómo sea el niño o niña sino de cómo seas tú (o vosotros). (Ten en cuenta que la primera entrevista con nosotros, tras la asignación familia-niño/a/s se suele centrar en explicarle a la familia cómo es el niño o niña. ¿Cuánto tiempo invertimos en explicarle al niño o niña cómo es la familia?)

Mi experiencia es que el problema del acogimiento (mantengo que un acogimiento no es una solución sino un problema para arreglar otro problema) no está casi nunca en los niños o niñas sino en los adultos. No negaré que a veces hay niños o niñas con un apego tan desorganizado que colocarlos sin más en una familia es injusto para la familia y para los mismos niños (y lo hacemos) Pero en la mayoría de los fra-casos la relación se quiebra por el adulto (no es el niño el que suele pedir el cese ni el que suele plantear las quejas) No lo puedo afirmar pero así lo creo honestamente.

2.- Si el nano o nana, tiene ya unos añitos, no esperes – les digo a los o las acogedoras –  que el proceso de vinculación a ti o a vosotros finalice (si es que alguna vez se puede considerar terminado) antes de dos o tres años (por decir algo). Una cosa es la adaptación, y otra el vínculo. Es más, una cosa es el querer y otra cosa el apego.

Por eso suelo utilizar (para los acogimientos permanentes) la metáfora del Marathon frente a las carreras de velocidad o medio fondo. Y lo hago porque hay tantas ganas de no se qué en los acogedores (yo lo soy y aún no sé de qué tuve ganas)  que cualquiera de las reacciones que José Luis explica tan bien en su libro de estos menores los desmonta a la primera de cambio (yo me he caído tantas veces del caballo que ya lo veo normal)

Cuando José Luis invita a los acogedores o padres o adoptivos a revisar su propio patrón de apego está haciendo un grandísimo favor a todos estos niños. No sólo nos centremos en conocer cómo son los niños y niñas acogibles o adoptables. Tengamos en cuenta también cómo son los adultos que los van a cuidar.

Y yo quiero hacerme eco y rebotar la invitación a los técnicos e instituciones: revisemos o revisen las representaciones de apego de los acogedores o futuros padres.¡Es más! ¡Revisen las representaciones de apego de los técnicos que trabajan en acogimiento!

Sé que el tema es complejo y sé que José Luis no ha podido entrar a fondo puesto se desviaría de su principal objetivo. El sabe que las relaciones de pareja también están condicionadas por las representaciones de apego de los miembros produciéndose así muchas más combinaciones posibles y complejizando enormemente el pronóstico de éxito de los acogimientos.

Pero es innegable que Jose Luis ha recogido de forma bien clara, y a diferencia de otros muchos libros, la máxima de Bolwby de que la conducta de apego se da “desde la cuna a la sepultura”  ¡Cuantas veces en la intervención social se olvida que hay interventores (no usuarios solamente) seguros, evitativos y hasta desorganizados!

Para finalizar recordaré también una charla en Santiago de Compostela donde pregunté a técnicos de acogimiento qué metáforas tenían en la cabeza para entender el acogimiento. Surgieron algunas muy interesantes, como la del “injerto” o la de la “fecundación in vitro post-natal”, y yo les ofrecí la de “emulsión familiar” que surgió de mi yo-acogedor y que le ha sido muy útil a mi yo-técnico de menores.

Pero la expresión de José Luis de “saltar chispas” me ha traído a la mente la imagen de una soldadura. Una imagen potente que me lleva a preguntarme: ¿Qué podemos hacer – qué condicones tienen que darse –  para que los acogimientos, preadoptivos o no, sean una soldadura controlada, segura y de calidad?

José Luis GONZALO MARRODÁN

Veo a José Luis como un experto soldador metido en el meollo de la faena de fusionar o unir dos realidades humanas muy diferentes. Incluso quemándose muchas veces con las salpicaduras de sufrimiento de niños y adultos. Él sí está en las trincheras.

Espero que desde ellas siga proporcionándonos pistas, no sólo a las familias, sino también a los y las que trabajamos en ésto desde otros puestos y a las y los que diseñan programas, recursos y servicios sociales.

Pero por el momento y por lo ya andado… ¡Gracias!

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