Las buenas soldaduras

¿Cómo comentar el nuevo libro de José Luis Gonzalo Madorrán llamado “Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en los niños adoptados y acogidos” recién publicado por la Editorial Descleé De Brouwer?

VINCÚLATE. RELACIONES REPARADORAS DEL VÍNCULO EN LOS NIÑOS ADOPTADOS Y ACOGIDOS

No puedo valorarlo en si mismo pues mi comentario tendría el mismo valor, valga la redundancia, que un comentario mío sobre la pintura de Dalí o de Picasso. Lo único que puedo hacer es decir que a mi Dalí me gusta y Picasso no.

Es evidente que no voy a decir que no me gusta. Primero porque sería mentira y segundo porque ¿a quién le importaría? Es evidente que voy a decir que sí me gusta (imagínate un puño cerrado con el pulgar levantado) a pesar de qué ¿a quién le importa que a mí me guste? y, sobre todo, a pesar de ¿que más da que a mí me guste?

Pero es que a mí sí me da mucho y yo administro este blog.

Pero hay que ir un poquito más allá: lo que me gusta ¿por qué me gusta? y si hubiera algo que no me gusta ¿por qué?

Empecemos por lo segundo pues es mejor lo amargo antes que lo dulce.

Me recuerdo allá por el año 1992 llegando a la Sección de Menores de Alicante después de haber aprobado (no sospechosamente pero sí insospechadamente) una oposición y riendo amablemente ante la broma de un nuevo compañero: “¿Cómo se miden los vínculos de los niños? ¿tocándoles en el brazo y viendo lo duro que está el músculo?” Y yo sonriendo pero para disimular, claro está. Pues en realidad no tenía ni idea.

En mi caso, creo que la teoría del apego se la tragó una huelga de profesores el año que daba Psicología Evolutiva y los pocos libros en castellano sobre apego estaban escritos por gente del mundo universitario, que no se suelen (honrosas excepciones al margen) caracterizar por escribir desde las trincheras.

Me acuerdo también unos pocos años más tarde haciendo nuestras primeras experiencias familiares de acogimiento de menores y alucinando en colores con algunas reacciones de los niños o niñas que pasaban por nuestra casa.

Y finalmente me recuerdo, hasta no hace mucho tiempo, no pudiendo dar ni una sóla referencia bibliografica de apoyo a las familias acogedoras con las que trataba como técnico y qué realmente les pudieran servir de ayuda (había ya algunos libros magníficos pero no escritos para personas sin cierta formación previa).

Por todo ello lo que no me gusta del libro de José Luis es que no lo haya escrito 20 años antes. Se lo perdonaré porque, siendo 7 años más joven que yo, puedo deducir que todavía “no estaba maduro” para ello.

Y además en su descargo puede alegar también que con su primer libro (¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo? Guía para padres adoptivos con hijos con trastorno del apegojunto con Óscar Perez-Muga, ya rellenaron, en el año 2011, este vacío. Es cierto. Pero el nuevo libro aporta además, a mi entender, algunas cosas esenciales.

¿TODO NIÑO VIENE CON UN PAN BAJO EL BRAZO?. Guía para padres adoptivos con hijos con trastorno del apego

De ellas la que a mi más me gusta es la que se condensa en el epígrafe “Representaciones de apego de los padres adoptivos o acogedores y representaciones de apego de lo niños y adolescentes: pueden saltar chispas” ¡Vaya si las saltan! Hasta el punto de quemarse todos los implicados (niños, familia y técnicos)

Llevo ya unos años (soy lento pero al final algo aprendo) lanzándoles dos ideas machaconas a los futuros acogedores de los niños y niñas del centro donde trabajo.

1.- En la mayoría de los casos el éxito o el fracaso del acogimiento no depende de cómo sea el niño o niña sino de cómo seas tú (o vosotros). (Ten en cuenta que la primera entrevista con nosotros, tras la asignación familia-niño/a/s se suele centrar en explicarle a la familia cómo es el niño o niña. ¿Cuánto tiempo invertimos en explicarle al niño o niña cómo es la familia?)

Mi experiencia es que el problema del acogimiento (mantengo que un acogimiento no es una solución sino un problema para arreglar otro problema) no está casi nunca en los niños o niñas sino en los adultos. No negaré que a veces hay niños o niñas con un apego tan desorganizado que colocarlos sin más en una familia es injusto para la familia y para los mismos niños (y lo hacemos) Pero en la mayoría de los fra-casos la relación se quiebra por el adulto (no es el niño el que suele pedir el cese ni el que suele plantear las quejas) No lo puedo afirmar pero así lo creo honestamente.

2.- Si el nano o nana, tiene ya unos añitos, no esperes – les digo a los o las acogedoras –  que el proceso de vinculación a ti o a vosotros finalice (si es que alguna vez se puede considerar terminado) antes de dos o tres años (por decir algo). Una cosa es la adaptación, y otra el vínculo. Es más, una cosa es el querer y otra cosa el apego.

Por eso suelo utilizar (para los acogimientos permanentes) la metáfora del Marathon frente a las carreras de velocidad o medio fondo. Y lo hago porque hay tantas ganas de no se qué en los acogedores (yo lo soy y aún no sé de qué tuve ganas)  que cualquiera de las reacciones que José Luis explica tan bien en su libro de estos menores los desmonta a la primera de cambio (yo me he caído tantas veces del caballo que ya lo veo normal)

Cuando José Luis invita a los acogedores o padres o adoptivos a revisar su propio patrón de apego está haciendo un grandísimo favor a todos estos niños. No sólo nos centremos en conocer cómo son los niños y niñas acogibles o adoptables. Tengamos en cuenta también cómo son los adultos que los van a cuidar.

Y yo quiero hacerme eco y rebotar la invitación a los técnicos e instituciones: revisemos o revisen las representaciones de apego de los acogedores o futuros padres.¡Es más! ¡Revisen las representaciones de apego de los técnicos que trabajan en acogimiento!

Sé que el tema es complejo y sé que José Luis no ha podido entrar a fondo puesto se desviaría de su principal objetivo. El sabe que las relaciones de pareja también están condicionadas por las representaciones de apego de los miembros produciéndose así muchas más combinaciones posibles y complejizando enormemente el pronóstico de éxito de los acogimientos.

Pero es innegable que Jose Luis ha recogido de forma bien clara, y a diferencia de otros muchos libros, la máxima de Bolwby de que la conducta de apego se da “desde la cuna a la sepultura”  ¡Cuantas veces en la intervención social se olvida que hay interventores (no usuarios solamente) seguros, evitativos y hasta desorganizados!

Para finalizar recordaré también una charla en Santiago de Compostela donde pregunté a técnicos de acogimiento qué metáforas tenían en la cabeza para entender el acogimiento. Surgieron algunas muy interesantes, como la del “injerto” o la de la “fecundación in vitro post-natal”, y yo les ofrecí la de “emulsión familiar” que surgió de mi yo-acogedor y que le ha sido muy útil a mi yo-técnico de menores.

Pero la expresión de José Luis de “saltar chispas” me ha traído a la mente la imagen de una soldadura. Una imagen potente que me lleva a preguntarme: ¿Qué podemos hacer – qué condicones tienen que darse –  para que los acogimientos, preadoptivos o no, sean una soldadura controlada, segura y de calidad?

José Luis GONZALO MARRODÁN

Veo a José Luis como un experto soldador metido en el meollo de la faena de fusionar o unir dos realidades humanas muy diferentes. Incluso quemándose muchas veces con las salpicaduras de sufrimiento de niños y adultos. Él sí está en las trincheras.

Espero que desde ellas siga proporcionándonos pistas, no sólo a las familias, sino también a los y las que trabajamos en ésto desde otros puestos y a las y los que diseñan programas, recursos y servicios sociales.

Pero por el momento y por lo ya andado… ¡Gracias!

4 Comments

  1. Hola Javier.
    Qué tal? Te “vi” el otro día en el Blog de Dando Vueltas. Y al leerles y leerte, me acordé de cuando trasladas el “quiero, puedo, sé” de las familias a los profesionales que trabajamos (que no “pululamos”) alrededor. Una vez comparti contigo la experiencia de una madre adolescente y me invitabas a reflexionar si el contexto era resiliente para esa madre y su hija. Vaya trabajo! Porque a veces el trabajo consiste en estar, lo que no quiere decir dirigir y controlar. Desde el respeto rescatar las fortalezas. Y eso a veces, como decías, daña, duele.
    Y cómo decir y hacer sin hacer daño, aunque lo que digamos duela. Y cómo saber, a veces! Y cómo es posible no querer, a veces!
    En fin, gracias por esta reflexión, por la invitación al libro de Jose Luis.
    Un saludo desde Vitoria.
    Mabel

    1. Hola Mabel ¿Y qué decir a todo lo que dices? Me quedo con tu frase de “a veces el trabajo consiste en estar, lo que no quiere decir dirigir y controlar” ¿No es precisamente ese estar permanentemente lo que les permite a José Luis y otros terapeutas como él ayudar a los menores que pasan por su consulta? El problema es que en otros roles de la intervención social separar estar de dirigir y controlar es prácticamente imposible puesto que “el sistema” nos impone unos objetivos y unos tiempos que muchas veces no son compatibles con la paciencia que requiere el estar. Por favor sigue compartiendo tus reflexiones (y si quieres escribir un post, este es tu blog también)

      1. Releo lo que compartimos en el último Post de Dando Vueltas. Y a menudo tengo esa sensación que escribí: qué necesario es que las personas con las que trabajamos y a las que acompañamos sientan que nos importan. “Sólo” se trata de que lo sientan; más allá de lo que les digamos y más allá incluso de lo que no les digamos. Y “sólo” eso implica ir más allá; también más allá de nosotros, hacia dentro, “mirándonos, revisándonos”.

        Al escuchar a algunos “profesionales”, contundentes, distantes, fríos decir lo que hay o no hay que hacer, siento ganas de preguntar a quién le preocupan esas personas. Una preocupación sincera, dolorosa a veces. Una preocupación que va más allá de tener que redactar un informe. Por cierto, como decían Sagrario e Iñigo, sería interesante que los informes que redactamos sobre su vida puedan y deban leerlos. Tal vez así seríamos personas más cuidadosas, respetuosas y profesionales.

        Gracias por la invitación´. Siempre os leo y es, desde luego, para mí una formación continua hacerlo.

        Que tengas una buena semana.
        Mabel.

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