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Archive for 29 noviembre 2015

Imagina una pareja, mujer y hombre, que naufraga en una isla desierta y fuera de las rutas de navegación más usadas. Ella está embarazada. La isla les proporciona muchas opciones para sobrevivir y consiguen gestionar bien el parto. Durante los años siguientes el niño o la niña crece al amparo de la única relación con sus padres. Si no son rescatados antes de los 20 años ¿Tendrá adolescencia este chaval o chavala más allá de los cambios fisiológicos habituales?

El planteamiento general del psicólogo Kenneth J. Gergen se podría resumir en que no existen personas que, siendo como son, se relacionan de una manera u otra, sino que las relaciones que las personas tienen son las que configuran su forma de ser, o mejor dicho, su mente.

En realidad su postura es mucho más radical: no está demostrado que exista algo que pueda llamar “mi yo”, “mi esencia” “yo mismo” sino que la mente es una continua co-creación fruto de nuestras relaciones pasadas y presentes. Por lo tanto no podríamos hablar de un “yo delimitado y único” sino y, en todo caso, de un “yo múltiple”

En un momento dado, en su libro “El ser relacional” traducido y publicado recientemente por DDB utiliza el siguiente ejemplo:

“Imaginemos a una madre primeriza con su bebé recien nacido (…) Poco a poco y con paso vacilante empiezan a coordinar susu acciones el uno con el otro (…) Más tarde, y a partir de la sincronización de movimientos, miradas, expresiones faciales y la voz, ambos crean un mundo de significado. Además en estos primeros meses juntos es cuando madre e hija se aproximan más a una relación desvinculada de otras relaciones.” (pág. 241)

“Imaginemos ahora a esa misma madre con su hija, ahora convertida en adolescente. La madre acaba de servir la cena y la niña está taciturna y en silencio.

MADRE: ¿Qué ocurre, Trish? ¿No tienes apetito?

HIJA: (silencio)

MADRE: Y parece que tampoco vas a hablar. ¿Qué te pasa esta noche?

HIJA: (con una mueca) Mamá, te dije exactamente la semana pasada que quería dejar comer carne. Es obvio que no me escuchaste, o… quizás es simplemente que no te importa lo que yo quiera. Típico…

MADRE: A ver, Trish, no puedo hacer una comida distinta para cada uno. Y mira, a tu padre le encanta el estofado de carne y tu hermano lo está devorando ¿Por qué no puedes formar parte de la familia?

HIJA: Tú no me entiendes, ¿verdad? No me lo voy a comer y punto. De hecho (poniéndose de pie), no puedo ni siquiera mirarlo. Me voy a mi habitación.

PADRE: Trish, ¡regresa aquí inmediatamente!

(Trish cierra la puerta de su dormitorio de un portazo)

“TípEL SER RELACIONAL. MÁS ALLÁ DEL YO Y DE LA COMUNIDADico de adolescentes”, podríamos decir. Pero desde un punto de vista relacional los problemas nunca son inherentes de las personas – continúa Gergen y yo añadiría interpretándole “sino de las relaciones” – La principal diferencia entre esta escena y la de la madre con el recién nacido es que en el caso de la madre y su hija adolescente cada una de ellas se encuentra profundamente inmersa en relaciones distintas a la suya propia y aportan a la cena no solo los restos de largas y numerosas historias de relaciones sino sino también los restos inmediatos de sus relaciones con los amigos, los familiares y los varios medios. “(pág.242)

Gergen ha usado el contraste de estas dos escenas para ejemplificar su idea de que en cada relación tú a tú, tenemos que lidiar con la interacción de esa misma relación con otras muchas que hemos tenido o que tenemos en otro momento en otro lugar. Las relaciones dejan trazas en nuestra mente. Él a veces las denomina “voces”.

Hay miles de ejemplos de ello: la persona que se siente atraída por otra pero se contendrá por preservar una relación de compromiso con otra; la mujer que no puede entregarse a una relación sexual porque fue agredida; el niño que no soporta el rincón de pensar porque era encerrado en un sótano con ratas o simplemente los gritos que le damos a un ser querido y que en realidad nacen en la injusticia que te han hecho en el trabajo.

Yo mismo puedo servir de ejemplo tonto de “yo múltiple”. Cuando estoy con una familia acogedora me es fácil empatizar con ella, puesto que yo también lo soy. Pero eso no significa que las trazas o voces de mis relaciones laborales como técnico de menores no estén ahí susurrándole a mi única neurona. Y cuando estoy entre compañeros y compañeras de trabajo las voces de las relaciones establecidas como familia acogedora son las que me hacen distanciarme en determinados momentos de ciertos planteamientos técnicos.

Pero dejemos a Gergen y volvamos a la escena de la adolescente. ¿Qué pasaría si cambiáramos los papeles y fuera el padre el que se negara a comer carne, chantajeara emocionalmente y finalmente se levantara de la mesa? Y antes de que lo atribuyas no a la adolescencia sino a machismo sigamos imaginando ¿Y si fuera la madre, cuando su pareja sirve la cena, la que lo hiciera? Se me ocurre que utilizaríamos dos hipótesis: esta chica tiene una personalidad difícil o simplemente ha tenido un mal día?

Debo entonces suponer que cuando hemos pensado, como decía Gergen (yo lo hice cuando lo leí) “Típico de adolescentes” lo hemos pensado porque sabíamos la edad y el rol (hija) de la chavala. De no ser así el abanico de hipótesis habría sido mucho mayor. Entramos en un círculo vicioso: la adolescencia es lo que hacen los adolescentes y lo hacen porque están en la adolescencia.

Esta idea es circular pero nos sirve porque así ya no tengo que analizar más el por qué del comportamiento de mi hijo, alumna, usuaria… Es adolescente. Sólo tengo que sentarme a esperar. Aguantar el chaparrón y ya está. Se le pasará

Pero el modelo de Gergen permite ampliar el espectro de posibilidades ¿Por qué no quiere comer carne? ¿Qué voz o voces tiene en la cabeza? ¿Qué relaciones le están diciendo que no lo haga? O si no lo quiere hacer ¿contra quien? ¿Está simplemente marcando diferencias respecto a sus padres? ¿O simplemente busca la pertenencia a un grupo?

El otro día estuve sentado literalmente entre una madre y una hija que no paraban de lanzarse acusaciones. Estabamos en una mesa de un bar y aunque yo no estaba a titulo profesional estaba para intentar ayudar. A los 5 minutos ya se repartían bofetadas y para mi también había. La chavala de vez en cuando chateaba con alguien. Quizá le dijera a alguna amiga “la idiota de mi madre me ha traido a hablar con un gilipollas”. Pero aunque no hubiera movil en ella hubiera estado actuando igual la relación con su amiga. Y la relación con otros profesionales de la psicología o la psiquiatría que ella había conocido. Hasta el punto de decirme que era una mierda de psicólogo porque no había intentado ganarmela. Y yo también aporte voces a la conversación:la de la relación con mis hijos, la de… Total que en esa mesa no eramos tres. Eramos “Los 100.000 hijos de San Luís”

Ahora los móviles nos han enseñado que un adolescente puede no estar en casa aunque lo veamos sentado en el sillón del salón. Lo que Gergen nos plantea es que eso ha ocurrido siempre. Sólo que no podíamos saber donde estaba la mente del otro porque su cuerpo no hacía nada que así nos lo indicara.

Si quieres ejemplos divertidos vuelve a visionar la brillante, divertida y viral charla de Carles Capdevila. Al parecer el opta, en beneficio de lo ameno y divertido, por los tópicos de la adolescencia (“Cuando llegue  a casa dos de mis hijos me besaran y dos no”) pero también ejemplifica muy bien la visión relacional de Gergen cuando cuenta que llega un día que tu hija o hijo ya no quiere que le dejes en la puerta del colegio sino en la esquina. Tu crees que estás a solas con él o con ella pero no es cierto. Muchas otras relaciones han tomado importancia para él o ella y no quiere que le vean con su papá o su mamá.

Desde esta visión relacional de la adolescencia es fácil entender porque ahora la adolescencia empieza antes que cuando yo lo fui (tengo casi 55) y porque algunos (Giorgio Nardone) dicen que dura… ¡hasta los 35!

Hoy en día los niños y niñas de 11 u 12 años ya no consumen productos infantiles sino los mismos que los adultos (ropa, gadgets, música…) y las dificultades para emanciparse harán que el o la jóven de 25 siga viviendo un estilo de vida adolescente al amparo de su mamá y su papá. No estoy connotándolo como positivo o negativo (hubiera sido estupendo jugar al FIFA 1970 con mi padre) Simplemente quiero poner de manifiesto que la globalización, el consumismo, la tecnología, y quien sabe cuántas cosas más han contribuido a que no podamos definir la adolescencia en base sólo a factores biológicos o intrapsíquicos.

A estas alturas es obvio que mi respuesta al enigma que planteaba es que el o la chavala de la isla no tendría una adolescencia como la solemos describir. Para romper la relación con los padres necesitamos no sólo un desarrollo corporal y cognitivo. Necesitamos contrafactos relacionales. Necesitamos que la relación filial sea bombardeada por una lluvia de “rela-tones” de la que nos abastecemos fuera de casa.

No deberíamos olvidarlo. Lo más seguro es que todo sea típico de adolescentes pero tengamos cuidado con no quedarnos en el tópico. Cuando le conté a mi mujer el combate de la mesa del bar me dijo “en la situación en la que está esta chavala le ofrecen cualquier ideal extremo – por desgracia ya te puedes imaginar alguno- y muerde el anzuelo casi seguro” Espero que no ocurra pero como casi siempre mi mujer dio en el clavo.

Preparando una charla llamada Formas de manipulación de los adolescentes hacia sus padres” di con una referencia a un estudio realizado por Tabitha Holmes, profesora de la State University de Nueva York y especialista en el desarrollo de los adolescentes, que afirma que lejos de ser perjudicial, un conflicto al día fortalece la relación entre padres y adolescentes y además permite que los padres sigan de cerca el desarrollo de sus hijos. Los padres que a través de estas peleas verbales aprenden a conocer a sus hijos como individuos con pensamientos propios, y a partir de este conocimiento, hacen posible poner la base desde que crecerá una nueva relación entre adultos.

Pero sobre todo, y esto lo digo después de leer a Gergen, en estas discusiones aflorarán casi seguro las relaciones que están influyendo en los sentimientos y pensamientos de ese o esa adolescente. Podremos tomar conciencia de cual es el coro que tiene detrás y quizá así podamos comprenderlo o comprenderla mejor.

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Sigo avanzando en la lectura de “El ser relacional” de Kenneth J. Gergen (DDB) y en un apartado titulado “El arte de la coordinación” explica “Lo realmente exclusivo de esta explicación – la suya, su planteamiento – es su preocupación, no por el bienestar de las relaciones sino por el bienestar relacional. En lugar de tratar el bienestar de los seres delimitados nos centramos en el bienestar de las relaciones…” (pág 248)

Al mismo tiempo traduzco la charla de Hilary Cottam en TED llamada “Los Servicios Sociales están rotos. Cómo podemos arreglarlos” en la que propone darle la vuelta a la tortilla en el modelo que siguen los sistemas e intituciones de acción social, llevando al corazón del mismo la relación entre las personas y sus conexiones y vínculos interpersonales. Es un enfoque que ella llama de “Bienestar Relacional“. Casualidad o Cottam conoce la obra de Gergen. No lo sé.

Su planteamiento surge de la constatación de que las familias con muchos problemas (mal llamadas “multiproblemáticas”) tienen en Gran Bretaña (y es extensible a muchos otros paises occidentales) un gran número de agencias, instituciones y recursos sociales potencialmente disponibles. Cottam, para el caso que utiliza de ejmplo en la charla, calcula que no menos de 70 (referidas a desempleo, drogodependencia, justicia juvenil, etc) El gráfico es el siguiente:

cottam

Los colores indican el área del servicio (social, justicia, salud, educación) La forma al miembro de la familia usuario (madre, hijos, parejas…) El recuadro superior (a la derecha) indica la progresión desde 1989 a 2008 en el caso de referencia. El esquema grande es el detalle del año 2007.

Pero lo más importante es que ninguna de estas agencias, instituciones, recursos o servicios ha marcado la diferencia para que el núcleo familiar salga de su situación de dependencia de los servicios sociales.

Curiosamente el gráfico es prácticamente similar al que hace unos años Jorge Colapinto, terapeuta familiar argentino y supervisor en un programa de acogimiento en la ciudad de Nueva York, nos proyectó en relación a un caso de aquella ciudad en un Seminario en Mallorca. Un gráfico para argumentar la hipótesis de que a medida que los servicos sociales crecen se diluyé la capacidad de las familias para afrontar y resolver sus problemas.

Cottan continúa indicando que se calcula que hay cerca de 100.ooo familias como ésta en Gran Bretaña y que, teniendo en cuenta el presupuesto anual de los recursos, el coste familia/año es de 250.000 libras (algo más de 350.000 euros)

Pero más sorprendente es el cálculo del tiempo de dedicación del trabajador social (Tom) encargado de los problemas con la justicia juvenil de unos hijos (Ryan): el 86 por ciento de su tiempo lo dedica al mantenimiento del sistema: reuniones con colegas, llenar formularios, más reuniones con colegas para discutir las formas, y tal vez lo que es más sorprendentemente, el 14 por ciento del tiempo que tiene para estar con Ryan se usa en la obtención de datos e información para el sistema. Así que le dice a Ryan, “¿Cuántas veces has estado fumando? ¿Ha estado bebiendo? ¿Cuándo te vas a la escuela?” Y este tipo de interacción excluye la posibilidad de una conversación normal. Esto deja fuera lo que se necesita para construir una relación entre Tom y Ryan”.

Desde la perspectiva de mis veintipico años trabajando en acción social estos porcentajes me asombran pero no me sorprenden. Siempre he dicho que la mayor parte de nuestras energías las gastamos más en la relación con “los 100.000 hijos de San Luis” relacionados con el caso que con la relación con la persona o personas a las que queremos o debemos ayudar.

Me parece muy acertada su afirmación de que los sistemas de bienestar social Resultado de imagen de william beveridgededican la mayoria de su personal y presupuesto a mantener a la gente fuera del sistema, es decir, a valorar y filtrar los casos y a gestionar las colas de espera. Atribuye todo ello al origen en Inglaterra, y su extensión a otros muchos paises, del primer sistema de bienestar público implantado a partir de los informes de William Beveridge (1879-1963) y que tenían poca confianza en los aspectos emocionales de la naturaleza humana.

Con los resultados de este análisis a Cottam se le permitió hacer una experiencia piloto para probar algo diferente. Optaron por un modelo en el que las relaciones humanas estuvieran en el centro. Hicieron varias cosas.

Lo primero, invertir la proporción de tiempo de dedicación de los profesionales. El 80 % de su tiempo se dedicaría al contacto directo con el usuario y sólo el 20% a los requerimientos del sistema.

En segundo lugar, las familias tendrían poder de decisión para elegir los profesionales que les ayudarían. Así en una especie de comisión para ello podrían preguntar a los profesionales cosas como “¿Qué harás cuando mi hijo me empiece a golpear?” A los que contestaban cosas como “Bueno, buscaré la salida más cercana, retrocederé muy lentamente, y si sigo oyendo ruidoso, llamaré a mi supervisor” los catalogaban como “trabajadores para el sistema” Y a los que decían algo como “Bueno, tumbaré a su hijo en el suelo y luego no estoy seguro de lo que haré” las madres del comité les daban las gracias y los elegían precisamente porque confesaron que no necesariamente tenían las respuestas. Simplemente les mostraron su calidad humana y les convencieron que iban a seguir con ellas a pesar de todo.

Y en tercer lugar “a estos nuevos equipos y familias se les dio una parte del antiguo presupuesto, pero de forma que podían gastar el dinero en todo lo que quisieran. Y así, algunas de las familias salieron a cenar. Fueron a McDonalds y se sentaron y hablaron y se escucharon por primera vez en mucho tiempo. Otra familia pidió al equipo si querían ayudarles a reparar su casa. Y una madre tomó el dinero y se utilizó como arranque para iniciar una empresa social”.

Resultado de imagen de relación ayuda

Y en un muy corto espacio de tiempo, algo nuevo comenzó a crecer: una relación entre el equipo y los trabajadores. Y entonces algunos cambios notables tuvieron lugar. Tal vez no es sorprendente que el viaje de Ella – la mujer del caso ejemplo –  ha tenido algunos retrocesos. Pero hoy, ha completado un curso de capacitación, tiene su primer trabajo remunerado, sus hijos están de vuelta en la escuela, y los vecinos, que anteriormente sólo esperaban que esta familia se fuera a cualquier lugar excepto al lado de ellos, están bien. Han hecho algunas nuevas amistades. Y todas las mismas personas han participado en esta transformación – las mismas familias, los mismos trabajadores. Pero se les ha ayudado a que la relación entre ellos cambiara.

La charla de Cottam aborda también el tema del problema de la soledad, que según ella tiene unos efectos más perjudiciales que los que causa el mismísimo tabaco. Para ello han creado un servicio “llamado Círculo que ofrece un número gratuito al que pueden llamar pidiendo algún tipo de apoyo. Y la gente nos ha llamado por muchas razones. Han llamado debido a que sus mascotas están mal, su DVD está roto, se han olvidado de cómo utilizar su teléfono móvil, o tal vez están saliendo del hospital y quieren a alguien para estar allí. Y Círculo también ofrece un rico calendario social – tejer, dardos, visitas a museos, paseos en globo – lo que sea. Pero aquí está lo interesante, un cambio muy profundo: con el paso del tiempo, las amistades que se han formado, han comenzado a reemplazar la ayuda práctica que ofrece Cículo”.

Tras una referencia al problema del desempleo y al hecho de que la tecnología actual, y no la sofisticada sino la que la mayoría de las personas podemos tener en casa, permite conectar a personas con gran facilidad, y por tanto implicar servicios de este tipo. Cottam concluye su propuesta pidiendo que coloquemos a las relaciones y vínculos interpersonales en el centro de los sistemas de bienestar social y no a los protocolos.

Y yo añadaría… y tampoco a los planes de intervención individual. Podemos invertir cantidades ingentes de energía en que los usuarios o usuarias “se arreglen” para que luego se integren socialmente. O podemos fomentar o facilitar, con muy poco, sus relaciones humanas para que fruto de las mismas se reconfiguren como personas. 

Para pensarselo.

Dejo el link de la conferencia. A día de hoy (20/11/15) lo puedes subtitular en Inglés, Persa o Serbio (elige). Pero quizá cuando tu estés leyendo esto ya esté subtitulado en castellano.

De todos modos te dejo también un link a mi traducción (combinada con el texto en inglés) advirtiéndote que es muy mala y que en algún párrafo encontrarás unas XXXXXXXX que indican que no he sabido encontrarle el sentido a esa frase.

 

 

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De los blogs que conozco sobre resiliencia el de Mi Espacio Resiliente es el que más material interesante consigue sacar de “debajo de las piedras”. Esta vez incluso contactando por e-mail con una de las figuras académicas relacionadas con ella. Todo un lujo.

Sameroff, ArnoldComo os comenté cuando publiqué la entrada sobre Arnold Sameroff, conseguí comunicarme con él vía e-mail. No puedo decir otra cosa sino lo amable y atento que ha sido conmigo, respondiendo y tratándome con mucho respeto.

Si habéis leído otras entradas que he publicado sobre diferentes profesionales, recogidas en la página “biografías”, sabréis que me despierta mucho interés conocerles más “personalmente”. No me basta con leer las teorías o trabajos que firman. Me gusta ver cómo se acaban conectando unos nombres con otros, y qué les llevaba a estudiar la resiliencia y lo relacionado con ella.

Concretamente sobre Sameroff, fue imposible incluso encontrar su año de nacimiento. Pero sí su contacto. Y contacté. De primeras, se disculpó por la demora. Me comentó que está jubilado, que ya no realiza más estudios de investigación. Pero, ¿cómo llegó a la resiliencia?

Los temas de investigación son frecuentemente…

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POST 300: SIGNIFICADO Y SENTIDO

conchi

Conchi Martínez Vazquez

Este es el post 300 del blog de Javier y me ha pedido que se lo regale yo (espero que no se arrepienta).

Si tuvieras que escoger diez fragmentos de tu vida que resumieran lo mejor posible cómo ha sido ¿Cuáles serían? ¿Son todos recuerdos bonitos?¿Qué emoción asociarías en cada uno de ellos? ¿Tienen un significado para ti o tienen un sentido?. En esta lucha dialéctica entre sentido y significado me vais a permitir que me meta en vuestro ordenador primero, en vuestra mente después y, si es posible, en la reflexión posterior que espero salga de esta humilde aportación. No es mi intención entrometerme en cuestiones lingüítisticas, sino humanas, y por tanto afectivas. Empecemos…

Todo surge tras una sesión con una persona con la que trabajo y su reflexión personal acerca de la falta de recuerdos bonitos en su infancia (le pedí que escribiera una carta a su madre, con la que no convivió desde bebé hasta bien entrada la adolescencia). No es que no tuviera recuerdos bonitos, es que ninguno de ellos podía ligarlo a su progenitora. Analizando cómo había hecho la tarea que le pedí, la persona refería que la emoción asociada a la realización de la carta fue, en primer lugar, la de sorpresa (al no poder encontrar ni un vestigio de situación agradable vivida con su madre), seguida de rabia e impotencia. ¿Cómo puede una hija no tener recuerdos positivos de su madre?

En las narraciones que construimos acerca de nuestra propia vida, los hechos, las situaciones, al ser integrados en la propia experiencia,Resultado de imagen de patchwork dejan de tener significado en sí mismos para transformarse en “trozos de sentido” o patchwork de vida. El significado viene a ser el mensaje objetivo que la persona o el entorno quieren transmitir. La celebración de un cumpleaños para un niño de 5 años tiene un significado de celebración, pero si la misma tiene lugar sin la presencia de su madre porque está en el hospital, la emoción asociada a la palabra cumpleaños no será precisamente de alegría, y el sentido que le dé a la misma será distinto al de otros niños o incluso al suyo propio en otros tiempos.

El sentido, unido inevitablemente a la emoción subjetiva, es la representación que hacemos de aquello que nos ha ocurrido o hemos experimentado, el pincel emocional con el que pixelamos la historia en cada momento, en cada situación. Sin embargo, no todo es tan fácil. Un hecho aislado, un pixel emocional no es más que un píxel. Nada más y nada menos.

Nuestra historia, la tuya y la mía de manera individual, están formadas por millones de píxeles emocionales cada uno de los cuales contribuye a la imagen total que nos hacemos de lo que nos ha pasado en la vida. Resulta curioso que cuanto más acerquemos el objetivo para centrarnos en un pixel emocional concreto (el primer día de colegio, la primera vez que me insultaron, el día de la Primera Comunión, esa comida en la que acabaron llorando y discutiendo mis familiares, etc.), menos nítido veremos al perder la perspectiva, cuando en realidad, lo que estamos haciendo es acercar más la imagen y verla más agrandada, con más detalle. Cada pixel individual no ofrece una pista de la imagen total, de igual modo que un hecho aislado, o dos o tres, no permiten formar una historia. Se necesita mucho más.

Tener una madre alcohólica puede tener un significado horrible si los únicos “pixeles” emocionales tienen que ver con la dejación de sus funciones marentales y su actitud autocentrada en satResultado de imagen de pixelesisfacer su adicción sin atender a las necesidades de su pequeño. Pero si además de este tipo de píxeles pueden darse hechos y por tanto representaciones de afecto y ternura, juegos e incluso momentos de complicidad, la diversidad emocional, los “colores” de la relación dejan de ser monocromáticos y podrá entonces alejarse el foco para poder tener una visión a la que se pueda dar sentido y no sólo significado. De ahí que muchos niños y niñas que no han sido bien tratados por sus progenitores siguen mostrando y manifestando amor incondicional. Son capaces de apreciar, por pocas que sean, las vivencias de afecto sentidas, e incluso magnificarlas. El recuerdo se convierte en algo soportable.

Claro, luego están los “efectos del sentido”, el dolor que se siente cuando en ese juego inconsciente de acercar y alejar el objetivo, de mirar de cerca el hecho, el pixel emocional de un grito, un tortazo o un llanto sin atender, cobra la magnitud de un gigante y coloca al niño ante el horror del abandono o la angustia del rechazo. Estos efectos son devastadores más allá de la infancia incluso. Dice Cyrulnik: “uno no le culpa a la piedra contra la que se golpea, siente dolor y nada más. Sin embargo, cuando el golpe proviene de una persona con la que se ha establecido una relación afectiva, una vez soportado el golpe, se sufre por segunda vez con su representación”. O lo que es lo mismo, cuando la representación del golpe es: “no me quieren”, “no soy importante para nadie”, “no merezco la pena”, el sentido del acto cobra un terrible color negro. Significado y sentido no son iguales. El primero es el recipiente de cristal transparente, el continente (el golpe) el segundo es el color de la emoción, la significación emocional, el contenido (quien me debiera cuidarme y quererme me daña).

Dice también Cyrulnik que “cuando un hecho no se integra en nuestra historia porque no tiene sentido, se borra. Por mucho que escribamos en un diario íntimo todos los hechos del día, casi ninguno se transformará en recuerdo”. O puede pasar lo contrario, que algunas experiencias, al no tener sentido y puesto que sobrepasan los recursos del niño o niña para hacer frente a dicho suceso, se “desconectan” esos pixeles asociados a imágenes horribles a las que no se puede encontrar explicación (¿cómo darle sentido a la sinrazón del maltrato de tus progenitores o a la desidia de sentir el abandono?) Una frase que leí recientemente decía “Que creamos no recordar no significa que no recordemos. Que no tengamos una historia que contar sobre nosotros mismos, sobre lo que nos ocurrió, no limita, ni mucho menos anula, las posibilidades de que aquello ocurriese”. La desconexión en ocasiones permite otorgar sentido cuando no lo hay.

En todo esto el poder de la palabra se convierte en algo mágico, en el chamán de las experiencias de vida. Poder narrar, contar, re-vivir con un adulto (profesional o no) que contenga, calme, y sea capaz de transmitir que “se sienta sentido” y escuchado, sin juicios de valor y con la suficiente empatía y fortaleza para soportar el sufrimiento del otro, pueden ser formas eficaces de sanar y crecer emocionalmente.

En busca del sentido podría llamarse alguna de las asignaturas en la escuela. O viaje al fondo de mi historia. O mejor quizás, relatos de mi existencia. Si pretendemos acompañar y enseñar a nuestros niños y niñas en el camino de la resiliencia tendremos que ayudarles a encontrar un sentido a las experiencias, a que analicen sus capacidades y aptitudes también en relación a su historia y circunstancias. ¿qué he aprendido de esta situación?¿cómo encontrar pepitas de oro en mi río de piedras?¿quién me da un lugar en la vida y me hace sentir importante?¿para qué tengo que esforzarme?¿es posible nadar en el lodo?¿cómo protegerme de la “maravillosa desgracia” de pertenecer a una familia que no sabe o puede cuidarme?

Acabo con otra cita de Cyrulnik: “Nadie afirma que la resiliencia sea una receta para la felicidad. Es una estrategia de lucha contra la desdicha que permite arrancarle placer a la vida”.

Hasta aquí mi turno….ahora te toca a ti.

Concepción Martínez Vazquez

Psicóloga y Pedagoga

resilienciainfantil.blogspot.com

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En casi todo el mundo anglosajón, y también en Japón, Holanda y algunos países escandinavos, se está implantando y extendiendo cada vez más un programa o metodología social para la protección de menores en situación de riesgo creado por Andrew Turnell y Steve Edwards en Australia durante la década de los 90. Se llama “Signs of Safety” y en el logo de su web aparece un subtitulo muy significativo: “Simplificando la complejidad de la Protección de Menores”.


Como ya explicaremos el programa surgió de llevar al campo rígido y estructurado de la acción social prácticas o estrategias desarrolladas en el campo de la terapia breve o enfocada a las soluciones en el cual Andrew Turnell se había formado tras diplomarse en Trabajo Social.
Sin embargo, a día de hoy, no aparece en Google ni una sola referencia en castellano al mismo, excepto quizá una referencia en este mismo blog en la que ofrecía (y ofrecemos) unas traducciones personales de un artículo de Turnell y una síntesis de “Signs of Safety”)

Andrew Turnell

Steve Edwards

Así que Eugenio Ardid y yo hemos decidido colaborar para dar a conocer lo más importante del mismo en una serie de post que publicaremos a lo largo de los próximos meses. Para ello nos basaremos en el libro “Signs of Safety. A Solution and Safety Oriented Approach to Child Protection Casework” (Norton, 1990) publicado por los autores del programa y que Eugenio ha traducido durante este verano.


En cada una de las entradas aportaremos unas notas informativas o apuntes sobre cada una de las partes o aspectos del programa para luego pasar a comentarlas.
Hemos optado por que los comentarios sean particulares, y no fruto de un análisis conjunto. Por una parte, para que sea más ágil y enriquecedor, y por otra, para que sea la invitación a que otras personas interesadas en el tema podáis continuar el análisis en los comentarios del post.
De hecho vamos a empezar ahora mismo a hacerlo para contextualizar nuestra posición ante este interesante abordaje de la acción social con menores.

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JAVIER: He trabajado en distintos puestos en el Sistema de Protección de Menores y en la actualidad, y desde hace ya varios años, en un Centro de Recepción de Menores. Por tanto la mayor parte de mi trabajo es con niños y niñas que son separados de su familia por la Administración. Quizá algunos regresen a la misma pero en todo caso no somos nosotros quien llevamos el peso de la intervención familiar para ello.
Muchas veces observo como la medida de separación de su familia es, en no pocos casos, una medida desproporcionada a los déficits o problemas de su familia. Protege al niño o niña pero le quita también otras muchas cosas que para él o ella eran importantes. De alguna manera una Tutela Automática no sólo refleja la incapacidad de una familia para atender correctamente a su hijo o hijos sino también la de las administraciones para ayudarles a superar o corregir lo que no está bien.
Por otra parte, aunque no me dedico a la Terapia Familiar o la práctica clínica, es un campo que me interesa muchísimo y del que trato de leer y formarme, aunque sólo sea por afición. Me interesa mucho saber hasta que punto técnicas de la terapia estratégica, por ejemplo, pueden usarse en contextos no clínicos.

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EUGENIO: Por mi parte, he trabajado también en distintos puestos dentro del ámbito de la protección de menores. Durante unos años estuve trabajando como educador en un centro de día para menores con actividades extraescolares y en los últimos años he estado trabajando, también como educador, en un centro de acogimiento residencial de menores, con niños y adolescentes de edades comprendidas entre los 7 y los 18 años.
Dependiendo de la gravedad de la situación los menores que son acogidos en la residencia tienen la posibilidad de mantener contacto con sus familias, ya sea a través de visitas en la propia residencia, visitas que los menores realizan a sus familias o, incluso, pasar períodos de fin de semana y vacaciones con ellas. Partiendo de esta situación, el trabajo con las familias se hace no sólo necesario sino indispensable.
Tengo formación en terapia familiar sistémica y, en algunas ocasiones he tenido la oportunidad de trabajar con las familias de algunos de los menores acogidos en la residencia.
Creo, y me incluyo en este grupo, que en el ámbito de los servicios sociales, los profesionales tenemos una gran tendencia a focalizar nuestra atención sobre los aspectos deficitarios de las personas y familias que atendemos. También es cierto que esta tendencia está cambiando en los últimos años, por lo menos desde los planteamientos teóricos, aunque la práctica y los componentes personales y vivenciales de los profesionales, a veces, se encargan de boicotear.
Desde este punto de vista, el enfoque de Señales de Seguridad me parece un aporte interesante que contribuye, ya no sólo desde planteamientos teóricos, sino también prácticos, a una visión más equilibrada de las familias y de las personas que pasan por situaciones vitales complicadas y complejas.

JAVIER: Conocí el programa gracias a Mark Beyebach, doctor en psicología y psicoterapeuta acreditado por la FEATF, profesor en la Universidad Pública de Navarra, que en unas Jornadas de Intervención Familiar en Valencia nos habló de Andrew Turnell. Comencé a rastrearlo en Internet al igual que la metodología de las “Family Conferences” también habituales en países anglosajones. Primero por curiosidad y posteriormente para preparar un curso titulado “Intervención con menores en riesgo: más allá del control”.
Fue entonces cuando me quedé sorprendido de que, a pesar del mundo globalizado en el que vivimos, este programa no sea apenas conocido en el mundo hispanohablante. Y no creo que sea cuestión del idioma pues en otras disciplinas, por ejemplo en la misma psicología, los nuevos abordajes se transmiten sin problemas de un país a otro o de una universidad a otra, etc. La única explicación que se me ocurre es que la acción social está muy vinculada a aspectos legales y administrativos y que por ello los cambios son casi heroicos.

EUGENIO: Yo he conocido este enfoque, y de hecho estoy en ese proceso de conocer y profundizar en él, a través de mi buen amigo Javier, que hace año y medio o dos años, me envió un artículo traducido por él, de Andrew Turnell, en el que éste hacía un resúmen del enfoque y planteaba un ejemplo de un caso.
Lo cierto es que el artículo me llamó la atención y me gustó mucho, recuerdo, primero porque trataba de concebir a las familias no como meros receptores de la intervención de los profesionales sino como parte activa y como sujetos a tener en cuenta a la hora de intervenir, y además porque, desde hacía algún tiempo, yo venía estudiando y queriendo profundizar en este otro gran tema que es la resiliencia; el artículo me parecía que estaba en sintonía con esa idea de buscar las fortalezas y los recursos que las familias poseen para poder salir de sus situaciones problemáticas.

JAVIER Y EUGENIO: A partir de ahora, en éste y en cada uno de los siguientes post, es el turno de comentar lo que queráis acerca de este abordaje. Os agradeceremos cualquier aportación sobre lo que os interese o si tenéis alguna referencia directa o indirecta del mismo con la que enriquecer esta serie de post. Muchas gracias de antemano.

javier.romeu@gmail.com

eugenioap@cop.es

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Los post-ecillos suelen ser el resultado de un impulso. Peo este lo es de una frustración.  Llevo la idea de este post desde hace semanas pero cada vez que intento desarrollarlo acabo enredándome y lo desvirtúo o acabo en otro sitio. Voy a intentar que la brevedad me sirva para domarlo. El Encantador de perros me ha enseñado que un toque suave, pero firme y oportuno es lo más eficaz para reconducir la actitud de mi perro.

El eje principal del relato corto de Philip K. Dick “The minority report“, y de la película del mismo nombre, es la existencia de tres humanos con poderes de precognición que son empleados para predecir crímenes inminentes y detener y castigar a los autores antes de que los cometan.

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El criterio para dar por válida una precognición es que al menos la tengan dos de los tres precog. Un procesador conectado a sus cerebros avisa de un crimen cuando éste ha sido visualizado por dos de ellos y por lo tanto siempre se desprecia el informe de la minoría, sea positivo o negativo.

Todo lo contrario de lo que hicieron Werner y Smith en su famoso estudio y artículo que supuso el salto del concepto resiliencia a las ciencias sociales. En lugar de descartar el informe de la minoría (el tercio de niños vulnerables que sin ayuda sistemática llegaron a ser adultos sanos y socialmente adaptados) tuvieron el acierto de hacer caso al informe de la minoría. Una genialidad que nunca podremos acabar de agradecer.

Pero de ahí a pensar que la resiliencia es el informe de la mayoría va un trecho. Y me temo que, sin maldad por parte de unos y por insensatez u oportunismo de otros, se está difundiendo la resiliencia como si fuera un fenómeno normal. Creo que es fundamental parar esta, a mi entender, locura.

Aunque desvele parte del final del relato o de la película debo añadir que la trama se basa en que una persona con poder de acceso al sistema de los precog, teniendo intención de cometer un asesinato, borra la precognición de uno de los dos que la han tenido de forma que su crimen pasa a ser el informe de la minoría y, por tanto, a descartarse.

Me temo que gracias a la puesta de moda de la resiliencia, y la ola de positivismo descontrolado en la que estamos, hemos rebajado el dato de los dos tercios de las personas que, sin ayuda, no vuelven a levantar cabeza tras una desgracia.

Cómo ahora se vende que uno puede resistir y rehacerse si le sale de las narices, ya no hay víctimas ni personas desafortunadas (sólo idiotas). Y si no hay víctimas no hay verdugos. Hemos borrado así parte de la precognición de las secuelas del maltrato; de los dramas que una sociedad injusta provoca; de los cambios estructurales y relacionales que necesitaríamos…

Prácticamente termino afirmando y defendiendo que la resiliencia, mi admirada resiliencia, es el informe de la minoría y no de la mayoría.

Me fastidia mucho tener que decir lo anterior porque creo que también hay quienes usan el informe de la mayoría para su propio beneficio y que existe un mercado de la desgracia (podría ejemplificarlo pero me desviaría). Pero ni una cosa ni la otra.

El informe de la minoría no es simplemente asombroso, desconcertante, esperanzador. Es muy útil. Muchísimo. Y probablemente los avances sociales siempre han empezado por el informe de una minoría.

Tampoco es difícil encontrar ejemplos en los que se evidencia que una mala gestión de la mayoría de la dignidad de una minoría puede llevar a que se inviertan las tornas.

A modo simplemente de ejemplo (me desviaría si lo analizo): muchos aseguran que el sentimiento independentista en España, en principio minoritario, ha crecido en función de la respuesta desafortunada del gobierno elegido por la mayoría. Y otros piensan, y es compatible con lo anterior, que los lideres del independentismo están tensando el conflicto para conseguir dejar de ser minoría.

Concluyo: ignorar el informe de la resiliencia es un error de bulto. Pero alterar el informe de la mayoría puede ser perverso y contraproducente.

Queda analizar mejor la utilidad del informe de la minoría (pero me desviaría) de la resiliencia.

Creo que lo he logrado. Voy a publicarlo.

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