RelacionEs. ¿Servicios? ¿Sociales? La propuesta Cottam

Sigo avanzando en la lectura de “El ser relacional” de Kenneth J. Gergen (DDB) y en un apartado titulado “El arte de la coordinación” explica “Lo realmente exclusivo de esta explicación – la suya, su planteamiento – es su preocupación, no por el bienestar de las relaciones sino por el bienestar relacional. En lugar de tratar el bienestar de los seres delimitados nos centramos en el bienestar de las relaciones…” (pág 248)

Al mismo tiempo traduzco la charla de Hilary Cottam en TED llamada “Los Servicios Sociales están rotos. Cómo podemos arreglarlos” en la que propone darle la vuelta a la tortilla en el modelo que siguen los sistemas e intituciones de acción social, llevando al corazón del mismo la relación entre las personas y sus conexiones y vínculos interpersonales. Es un enfoque que ella llama de “Bienestar Relacional“. Casualidad o Cottam conoce la obra de Gergen. No lo sé.

Su planteamiento surge de la constatación de que las familias con muchos problemas (mal llamadas “multiproblemáticas”) tienen en Gran Bretaña (y es extensible a muchos otros paises occidentales) un gran número de agencias, instituciones y recursos sociales potencialmente disponibles. Cottam, para el caso que utiliza de ejmplo en la charla, calcula que no menos de 70 (referidas a desempleo, drogodependencia, justicia juvenil, etc) El gráfico es el siguiente:

cottam
Los colores indican el área del servicio (social, justicia, salud, educación) La forma al miembro de la familia usuario (madre, hijos, parejas…) El recuadro superior (a la derecha) indica la progresión desde 1989 a 2008 en el caso de referencia. El esquema grande es el detalle del año 2007.

Pero lo más importante es que ninguna de estas agencias, instituciones, recursos o servicios ha marcado la diferencia para que el núcleo familiar salga de su situación de dependencia de los servicios sociales.

Curiosamente el gráfico es prácticamente similar al que hace unos años Jorge Colapinto, terapeuta familiar argentino y supervisor en un programa de acogimiento en la ciudad de Nueva York, nos proyectó en relación a un caso de aquella ciudad en un Seminario en Mallorca. Un gráfico para argumentar la hipótesis de que a medida que los servicos sociales crecen se diluyé la capacidad de las familias para afrontar y resolver sus problemas.

Cottan continúa indicando que se calcula que hay cerca de 100.ooo familias como ésta en Gran Bretaña y que, teniendo en cuenta el presupuesto anual de los recursos, el coste familia/año es de 250.000 libras (algo más de 350.000 euros)

Pero más sorprendente es el cálculo del tiempo de dedicación del trabajador social (Tom) encargado de los problemas con la justicia juvenil de unos hijos (Ryan): el 86 por ciento de su tiempo lo dedica al mantenimiento del sistema: reuniones con colegas, llenar formularios, más reuniones con colegas para discutir las formas, y tal vez lo que es más sorprendentemente, el 14 por ciento del tiempo que tiene para estar con Ryan se usa en la obtención de datos e información para el sistema. Así que le dice a Ryan, “¿Cuántas veces has estado fumando? ¿Ha estado bebiendo? ¿Cuándo te vas a la escuela?” Y este tipo de interacción excluye la posibilidad de una conversación normal. Esto deja fuera lo que se necesita para construir una relación entre Tom y Ryan”.

Desde la perspectiva de mis veintipico años trabajando en acción social estos porcentajes me asombran pero no me sorprenden. Siempre he dicho que la mayor parte de nuestras energías las gastamos más en la relación con “los 100.000 hijos de San Luis” relacionados con el caso que con la relación con la persona o personas a las que queremos o debemos ayudar.

Me parece muy acertada su afirmación de que los sistemas de bienestar social Resultado de imagen de william beveridgededican la mayoria de su personal y presupuesto a mantener a la gente fuera del sistema, es decir, a valorar y filtrar los casos y a gestionar las colas de espera. Atribuye todo ello al origen en Inglaterra, y su extensión a otros muchos paises, del primer sistema de bienestar público implantado a partir de los informes de William Beveridge (1879-1963) y que tenían poca confianza en los aspectos emocionales de la naturaleza humana.

Con los resultados de este análisis a Cottam se le permitió hacer una experiencia piloto para probar algo diferente. Optaron por un modelo en el que las relaciones humanas estuvieran en el centro. Hicieron varias cosas.

Lo primero, invertir la proporción de tiempo de dedicación de los profesionales. El 80 % de su tiempo se dedicaría al contacto directo con el usuario y sólo el 20% a los requerimientos del sistema.

En segundo lugar, las familias tendrían poder de decisión para elegir los profesionales que les ayudarían. Así en una especie de comisión para ello podrían preguntar a los profesionales cosas como “¿Qué harás cuando mi hijo me empiece a golpear?” A los que contestaban cosas como “Bueno, buscaré la salida más cercana, retrocederé muy lentamente, y si sigo oyendo ruidoso, llamaré a mi supervisor” los catalogaban como “trabajadores para el sistema” Y a los que decían algo como “Bueno, tumbaré a su hijo en el suelo y luego no estoy seguro de lo que haré” las madres del comité les daban las gracias y los elegían precisamente porque confesaron que no necesariamente tenían las respuestas. Simplemente les mostraron su calidad humana y les convencieron que iban a seguir con ellas a pesar de todo.

Y en tercer lugar “a estos nuevos equipos y familias se les dio una parte del antiguo presupuesto, pero de forma que podían gastar el dinero en todo lo que quisieran. Y así, algunas de las familias salieron a cenar. Fueron a McDonalds y se sentaron y hablaron y se escucharon por primera vez en mucho tiempo. Otra familia pidió al equipo si querían ayudarles a reparar su casa. Y una madre tomó el dinero y se utilizó como arranque para iniciar una empresa social”.

Resultado de imagen de relación ayuda

Y en un muy corto espacio de tiempo, algo nuevo comenzó a crecer: una relación entre el equipo y los trabajadores. Y entonces algunos cambios notables tuvieron lugar. Tal vez no es sorprendente que el viaje de Ella – la mujer del caso ejemplo –  ha tenido algunos retrocesos. Pero hoy, ha completado un curso de capacitación, tiene su primer trabajo remunerado, sus hijos están de vuelta en la escuela, y los vecinos, que anteriormente sólo esperaban que esta familia se fuera a cualquier lugar excepto al lado de ellos, están bien. Han hecho algunas nuevas amistades. Y todas las mismas personas han participado en esta transformación – las mismas familias, los mismos trabajadores. Pero se les ha ayudado a que la relación entre ellos cambiara.

La charla de Cottam aborda también el tema del problema de la soledad, que según ella tiene unos efectos más perjudiciales que los que causa el mismísimo tabaco. Para ello han creado un servicio “llamado Círculo que ofrece un número gratuito al que pueden llamar pidiendo algún tipo de apoyo. Y la gente nos ha llamado por muchas razones. Han llamado debido a que sus mascotas están mal, su DVD está roto, se han olvidado de cómo utilizar su teléfono móvil, o tal vez están saliendo del hospital y quieren a alguien para estar allí. Y Círculo también ofrece un rico calendario social – tejer, dardos, visitas a museos, paseos en globo – lo que sea. Pero aquí está lo interesante, un cambio muy profundo: con el paso del tiempo, las amistades que se han formado, han comenzado a reemplazar la ayuda práctica que ofrece Cículo”.

Tras una referencia al problema del desempleo y al hecho de que la tecnología actual, y no la sofisticada sino la que la mayoría de las personas podemos tener en casa, permite conectar a personas con gran facilidad, y por tanto implicar servicios de este tipo. Cottam concluye su propuesta pidiendo que coloquemos a las relaciones y vínculos interpersonales en el centro de los sistemas de bienestar social y no a los protocolos.

Y yo añadaría… y tampoco a los planes de intervención individual. Podemos invertir cantidades ingentes de energía en que los usuarios o usuarias “se arreglen” para que luego se integren socialmente. O podemos fomentar o facilitar, con muy poco, sus relaciones humanas para que fruto de las mismas se reconfiguren como personas. 

Para pensarselo.

Dejo el link de la conferencia. A día de hoy (20/11/15) lo puedes subtitular en Inglés, Persa o Serbio (elige). Pero quizá cuando tu estés leyendo esto ya esté subtitulado en castellano.

De todos modos te dejo también un link a mi traducción (combinada con el texto en inglés) advirtiéndote que es muy mala y que en algún párrafo encontrarás unas XXXXXXXX que indican que no he sabido encontrarle el sentido a esa frase.

 

 

3 Comments

  1. Hola Javier- Como otras veces muchas gracias por seguir compartiendo tus lecturas, análisis y reflexiones. Esta especialmente me ha encantado, sobre todo porque muchas organizaciones de servicios, prestaciones, etc dedican excesivo tiempo a justificar su propia existencia y poco a la intervención directa. Hace años hicimos una investigación similar en el ámbito del acogimiento familiar, y en algunas comunidades autónomas llegó a salir que intervenían con las familias biológicas de los menores en acogimiento hasta 13 y 14 profesionales… Los datos no eran muy diferentes cuando se hablaba de los menores acogidos y algo menores en las familias de acogida, pero lo curioso es que la sensación de las familias de acogida normalmente es que no se sienten atendidas, de los menores es que cuantos más profesionales menos saben con quién pueden confiar… Se hace necesario un análisis de si la falta de cambios o resultados eficientes y eficaces en la intervención deben ser vistos como problemas asociados a la cronificación de la familia o a falta de un funcionamiento optimizado y más eficiente de los servicios profesionales. Yo, por desgracia, he conocido y conozco muchos de los segundos… Ideas sugerentes las que aportas como estrategias para poner la intervención en otro lugar. Gracias por tu trabajo y tu generosidad.

    1. Hola Alberto. Ya tengo la neurona despierta, así que varios comentarios a tu comentario.
      1. Lo mio sería generosidad si lo que pienso lo sacara de mi práctica y no me lo guardara y lo compartiera. Pero por desgracia (o por suerte quizá) este blog es un ejercicio de resiliencia. Siempre he bromeado que lo utilizo para resistir y rehacerme de trabajar en protección de menores en la Administración. Pero no es tan broma. No puedo cambiar los modelos o las formas de actuar que no me gustan pero nadie me puede impedir pensar. Ese es el tema y no es generosidad. Es supervivencia.
      2. ¡Qué interesante los resultados de vuestra investigación!Creo que si como pudo hacer Cottam nos dejaran que tanto familias biológicas, menores, como familias acogedoras eligieran el perfil de profesionales que quisieran nos llevaríamos más de una sorpresa.
      3. Creo que el meollo de lo que Cottam plantea y Gergen defiende en “El ser relacional” es justo lo que vosotros me enseñasteis a mi hace unos años. Cuando en la charla dice que algunas familias decidieron gastar parte del dinero en salir a cenar juntos (no sé si con el técnico también) me vino a la cabeza cuando nos contastes que habíais supervisado un encuentro de un padre, su hijo/a y su familia acogedora comiendo en un chino. O cuando Iñigo Martinez de Manjadona me contaba que los jueves iba a cenar a casa de una familia y cada jueves uno de los miembros tenía que hacer la cena (empezando por él para dar ejemplo)Y esto parece una simple anécdota pero tiene mucha enjundia. De hecho creo que de cada 10 profesionales de la acción social 8 dirán que son prácticas “poco profesionales” y se resistirán como gatos panza arriba a actuaciones de ese tipo. Yo no sé si sería capaz de hacerlo pero creo que poner al centro las relaciones implica también poner las relaciones familia-profesionales a un nivel no burocrático o de mero control.
      4. Yo creo que los planteamientos de Gergen dan un magnífico soporte teórico al modelo con el que vosotros intentáis trabajar (si es que no lo habéis cambiado)y me gustaría humildemente abordarlo en una serie de post en el futuro.
      Espero tenerte ahí para darme caña y enriquecerlos.
      Cuento contigo.
      Un abrazo.

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