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Archive for 30 diciembre 2015

Link del primer post de la serie

Según sus autores el programa Señales de Seguridad intenta ser una respuesta real y práctica a esta pregunta:

¿Es posible desarrollar una relación de cooperación o colaboración con los clientes en un contexto emocionalmente “cargado” como es el de la investigación en protección de menores y su trabajo aplicado donde los niños están, cuanto menos, en situación de riesgo?

Pero no se trata de una respuesta tras un proceso de consulta con expertos y revisión bibliográfica. El programa actual es el resultado de un proceso que empezó con la inquietud de sus iniciadores de aplicar técnicas de terapia breve del contexto clínico al contexto de los servicios sociales. Un proceso que empieza en 1991 a partir de una visita a Perth (Australia) de Steve de Shazer y Insoo Kim Berg, fundadores de la Terapia Breve centrada en las soluciones. Andrew Turnell y Steve Edwards asistían a ese encuentro.

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Steve De Shazer e Insoo Kim Berg

Berg ya estaba trabajando esta posibilidad y puso el ejemplo de un caso en el que había participado en una  serie de entrevistas con un padre que había maltratado físicamente a su hija durante años. En un momento de la entrevista le preguntó al padre maltratador: “¿ha habido alguna ocasión en la que usted ha estado furioso/enojado pero ha resistido la tentación/el impulso de pegar a su hija?”. Esta simple técnica de rastreo de excepciones al problema abrió un camino de trabajo con ese padre que nunca se había explorado.

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Turnell y Edwards empezaron a probar algunas técnicas de este enfoque terapéutico y algunas sorpresas fueron alimentando su motivación para seguir haciéndolo. Como cuando en una de esas ocasiones, Steve estaba entrevistando a una niña y sentía que el caso estaba estancado.

Cambió de táctica y utilizó una variación de la “pregunta milagro” (de Shazer, 1988): “Vamos a imaginar que esta noche te vas a la cama y, mientras estás durmiendo, ocurre un milagro. Como resultado de ese milagro, cuando tú te despiertas mañana por la mañana todos los problemas de los que estamos hablando se han resuelto. ¿Cómo sabrías que se han resuelto? ¿Qué ocurriría de manera diferente, qué habría de diferente?” La niña contestó “Mi padre estaría muerto”  Steve ofreció a la niña la oportunidad de hablar con una profesional de la protección de menores, a quién le reveló, que estaba siendo sexualmente abusada por su padre. En este caso la técnica no abrió un camino para la intervención sino un camino para la toma de decisiones.

En otro caso Steve Edwards se vio involucrado en un caso en el que a una madre con problemas psiquiátricos se le había tenido que proteger a su único hijo sacándolo temporalmente de la casa por dos veces en los últimos dos años. En una visita domiciliaria junto a la Trabajadora Social,  Edwards inició un diálogo centrado alrededor de las ideas que la mujer tenía acerca de la solución del problema y pudo apreciar que la mujer estaba comprometida. No obstante la Trabajadora Social, dado su escepticismo al respecto, siguió adelante con su propuesta de separación. Pero Edwards se quedó con la impresión de que dicha propuesta no era quizá la correcta.

Estos pequeños indicios de la utilidad de la terapia breve en el trabajo de campo en protección de menores, llevaron a Steve a acometer un ambicioso proyecto de trabajo social y una tesina (Edwards, 1991), analizando la utilidad del enfoque de terapia breve orientado a las soluciones.

Comenzó así un proceso de profundización y colaboración entre Turnell y Edwards y entre ellos con otros profesionales de la protección de menores que ellos describen bastante minuciosamente en la introducción de su libro. Nosotros hemos  preferido utilizar los ejemplos concretos en la esperanza de que eso permita, a quien no conoce las técnicas de terapia centrada en soluciones, ir haciéndose una idea de lo que estamos hablando.

Porque además son estos casos concretos, en los que algo distinto pasaba, los que continuamente retroalimentaban a los grupos de trabajo y profesionales que se iban incorporando a la experiencia, a veces a título particular y a veces con colaboración de responsables e instituciones de la protección de menores. El proceso de retroalimentación era evidente: los profesionales buscaban herramientas útiles para su difícil trabajo y sus experiencias proporcionaban al “embrión de programa” pistas para perfilarse y definirse.

Al mismo tiempo se inició una revisión de la literatura relacionada con la investigación  existente acerca de los usuarios de los servicios de protección infantil que llevó a los autores al punto central del enfoque de Señales de Seguridad.

En su opinión, la información proveniente de los usuarios acerca de su experiencia como sujetos de la intervención en protección infantil, es una información vital para desarrollar una buena práctica. Obviar la forma en que los usuarios perciben el problema es el primer paso para que un programa de este tipo no funcione.

Aún así era irreal esperar que los trabajadores en protección infantil asumieran un enfoque recién elaborado, que se les había descrito en muy pocos días, además de que es bastante habitual en cualquier agencia de bienestar infantil, que los trabajadores tengan diferentes orientaciones profesionales  y experiencia, desde los recién graduados hasta los trabajadores con muchos años de dura experiencia adquirida.

Para romper estas naturales resistencias decidieron basarse mucho en los ejemplos de casos en los que algún compañero había tenido resultados interesantes (precisamente uno de los enfoques típicos de terapia breve es centrarse en lo que funciona y no en lo que no funciona)

Algunos ejemplos particularmente proporcionaron esta “catalítica” experiencia. En uno de ellos se pudo manejar la protección de una adolescente de la nueva pareja de su madre con antecedentes por abusos sexuales de la forma más satisfactoria o beneficiosa para todos los implicados. En otro el empleo de la pregunta milagro en una conversación telefónica evitó una intervención que hubiera podido provocar una respuesta violenta hacia el profesional.

En definitiva el programa fue construyéndose:

  • Asumiendo y sacando a la luz la experiencia y buenas prácticas de los profesionales que el mismo programa formaba.
  • Basando en casos reales dicha formación y el desarrollo del programa
  • Colaborando con los profesionales por un período largo de tiempo y aprendiendo de su experiencia en la utilización del modelo de señales de seguridad.
  • Haciendo especial énfasis en los aspectos relacionados con la seguridad potencial o existente en las familias, pero tras el asesoramiento, por parte de profesionales especializados en la evaluación del riesgo de las familias. Se consigue con ello un enfoque equilibrado en la evaluación tanto de fortalezas como de riesgos.

Posteriormente el programa fue completado y perfeccionado sobre la base de la conexión con otras experiencias, programas y recursos de protección infantil en el resto de Australia y otros países (Nueva Zelanda, Reino Unido, EEUU) con un enfoque de cooperación con los padres.

International Signs of Safety Gathering held in Leicester, UK in April 2014

Encuentro internacional de Sign of Safety. Leicester, Reino Unido.2014

EUGENIO: Me apetece destacar una idea que aparece en esta introducción del libro y que, desde mi punto de vista, es importante. Tiene que ver con la pregunta fundamental que los autores se plantean en el mismo: “¿Es posible (y cómo) desarrollar una relación de cooperación o colaboración con los clientes en un contexto emocionalmente “cargado” como es el de la investigación en protección de menores y su trabajo aplicado donde los niños están, cuanto menos, en situación de riesgo?”

Entiendo que bajo esta pregunta, hay una idea básica para la utilidad de este libro y todo lo que en él se propone para los que trabajamos en el ámbito de la protección infantil. Y es la de que pensemos que merece la pena tener en cuenta la opinión y el punto de vista de las familias con las que intervenimos. Merece la pena saber qué piensan acerca de su situación, qué necesitarían para mejorar la misma, qué objetivos se podrían plantear y conseguir, etc., En definitiva, merece la pena intentar entablar una relación de colaboración. Si no es así, el libro puede no sernos muy útil.

Desde esta idea de que la opinión de los “receptores” de nuestras intervenciones es importante, me gusta mucho que en el proceso de elaboración del enfoque, uno de los pasos estratégicos (y al que los autores tratan de tema fundamental) haya sido la revisión de la literatura existente y la bibliografía al respecto. Conocer estudios o experiencias relacionadas con lo que opinan los usuarios de los servicios sociales y la experiencia que han tenido como “sujetos” de la intervención por parte de los distintos servicios.

Así se ha podido dar a este enfoque una relevancia a lo que los usuarios opinan, qué es lo que esperan de los técnicos, cómo piensan que les podemos ayudar, etc. Creo que esto, aparte de ser esencial en la creación del programa, le da un plus de coherencia que hace más interesante el profundizar sobre el mismo.

JAVIER: Particularmente le doy mucho valor a que un programa de ayuda se construya desde la práctica hacia la teoría y no desde la teoría hacia la práctica. Y usaré un ejemplo tonto para explicarlo. Cuando llamo a un técnico porque se ha estropeado la lavadora o el lavavajillas no quiero que llegue un tipo y se ponga a estudiar el manual del  electrodoméstico o que me diga que se tiene que estudiar las especificaciones técnicas del modelo. Quiero que llegue una persona que ha visto tantas lavadoras que tenga rápidamente hipótesis de dónde puede estar la avería y que sepa como comprobarlas.

Me gusta la lógica explicada una y otra vez por Giorgio Nardone de “conocer a través del cambio”. Son los resultados que se producen (o no) cambiando y probando cosas los que me permiten conocer la verdadera naturaleza de un problema. O de otro modo. No se trata de conocer para poder cambiar algo sino de cambiar algo para conocerlo.

Otro ejemplo muy interesante es uno que le escuché a Jorge Colapinto hace unos años. Nos contó que trabajaba de supervisor de un programa de acogimiento familiar en la ciudad de Nueva York pero los sábados se desplazaba a Canadá para hacer supervisión de terapia familiar sistémica. Una mañana, mientras varios colegas estaban visionando una sesión tras el espejo unidireccional, compartían unos Donuts y unos cafés para desayunar. A alguien se le ocurrió entonces preguntar a todas las familias de esa mañana si solían desayunar juntas. Descubrieron que nadie lo hacía. Ninguna compartía el momento del desayuno sino que cada miembro tomaba algo cuando y como quería. Así que pensaron que en la próxima sesión les iban a prescribir que lo hicieran. Pero además, cuando el lunes por la mañana Jorge Colapinto iba en metro a su trabajo en Nueva York pudo leer unos carteles de los Servicios Sociales de la ciudad que decían: “Si nos traes a tu hijo al colegio le daremos de desayunar” Era un programa para combatir el absentismo escolar.

Fue una idea, en principio absurda o sin lógica alguna, surgida en un terreno practico la que le levó a darse cuenta (conocer) como en la medida que los servicios sociales crecen y se complejizan disminuye la cohesión y la potencia de las familias para resolver sus propios problemas y los de sus miembros.

Steve de Shazer ha llegado a defender que podemos ayudar a una persona a resolver un problema sin necesidad de conocer cuál es su problema. Bastaría con usar la técnica de las escalas numéricas para ello (si su problema según usted está ahora en 7 ¿qué tendría que pasar para que usted pensara que está en 6?) Por cierto una técnica empleada, como ya veremos, en el programa Señales de Seguridad.

Pero en todo caso un enfoque basado en cosas que han funcionado y no sólo en cosas que creemos que van a funcionar. Estoy acostumbrado a recursos, servicios y programas que se ponen en práctica simplemente porque a alguien le ha parecido “bueno, bonito o barato” pero que no se han testado y nunca se evaluaran. Bastantes de las propuestas de este programa se han testado aunque sen el terreno clínico y con él se hace un esfuerzo por trasvasar sus efectos al ámbito social.

javier.romeu@gmail.com

eugenioap@cop.es

 

 

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Imagina que tienes un hijo o hija. Tú único hijo o hija. Tienes su custodia porque a su padre (o su madre) un juez se la quitó. Quizá por problemas psiquiátricos. Quizá por alcoholismo. Quizá por las dos cosas.

Y tu sabes que detrás de esos problemas de tu ex-pareja, incluso de sus varios intentos de suicidio, están unos abusos sexuales sistemáticos que recibió durante varios años en su infancia por parte un profesor.

Un día llega a tus manos un documento o archivo en el cual el padre o madre de tu hijo o hija relata con toda crudeza lo que le ocurrió y los problemas derivados de todo ello. Y es un relato sin tapujos.

¿Qué pensarias si te dijeran que se va a publicar? ¿Pensarias en el poder terapéutico de la escritura y te alegrarías por tu antigua pareja? ¿O pensarías en tu hijo o hija, que tendría que lidiar con el hecho de que las miserias de su padre o madre fueran públicas?

La ex-pareja de James Rhodes pensó lo segundo e intentó bloquear la publicación del manuscrito, sabiendo de la repercusión mediática de la misma, dado que James, a pesar de los pesares, llegó a ser un reconocido y rompedor pianista de música clásica.

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Lo paradójico de todo esto es que la madre de su hijo se situó, supongo que sin pretenderlo y bienintencionadamente (pensando en su hijo) en el mismo plano que el profesor que abusó de James durante años. Los dos le lanzan a James el mismo mensaje: “Esto, no se lo cuentes a nadie o te pasarán cosas malas”

Finalmente esta situación la resolvió la justicia británica dándole a James Rhodes la autorización para publicar sus memorias con el título de “Instrumental”. Ahora las podemos leer en castellano gracias a la editorial Blackie Books y con una edición tan cuidada que te hace desear destrozar tu ebook o tablet (de hecho fue su portada y su encuadernación en tapa dura lo que me ha permitido descubrir esta historia)

Todavía no he podido comprarlo y leerlo pero la misma editorial ofrece tantas notas de presnsa que puedes conocer muchas cosas de esta historia sin tener que  hacerlo. A pesar de todo espero hacerlo puesto que el tema crucial no es tanto las miserias por las que Rhodes tuvo que pasar sino el poder curativo de la música para él.

También me llama la atención, puesto que de casualidad he leido esas páginas, cómo Rhodes se ha hecho famoso por romper las reglas de la ortodoxia de la música clásica. Actúa con ropa de calle: pantalones vaqueros, zapatillas de deporte, barba de varios días y no muy peinado. Y se permite hacer comentarios muy personales acerca de las piezas que va a interpretar y sobre las emociones que le provocan, con referencias sexuales si vienen al caso.

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«Alguien que ha sufrido lo que él ha sufrido, y que ha luchado tanto contra las consecuencias de su sufrimiento, tiene derecho a contárselo al mundo. Por eso permitimos la publicación de este libro.»

Veredicto del juez del Supremo, Lord Toulson

¿Cuántas veces Boris Cyrulnik ha reflexionado sobre el poder devastador de quedar atrapado en el silencio? James Rhodes pudo quedar atrapado por una decisión judicial. Gracias a Dios (o mejor dicho, a gastarse mucho dinero en el proceso judicial) no fue así.

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Introducción de la serie

Veteando la depresión (1)

Veteando la depresión (2)

Hacerla y deshacerla

La tercera vía no farmacológica que el terapeuta Bill O´Hanlon propone para ayudar a los pacientes con depresión es el de moverlos respecto a su propia depresión. No olvidemos que una persona puede estar deprimida por estar deprimida. Una persona puede sentirse mal por sentirse mal.

Podemos ayudar a una persona deprimida ayudándole a aceptar su estado sin juzgarse a si mismo o incluso sin intentar cambiarlo.

La primera estrategia que propone para ello es el tan de moda Mindfulnes.

O´Hanlon considera que si el paciente se entrena en observar sus experiencias (sentimientos o pensamientos) sin intentar cambiarlos ni juzgarlos podrá descubrir que la depresión no es un estado uniforme, estable y constante sino que descubrirá en si mismo que. padeciendo una depresión. se pueden tener sentimientos y pensamientos no depresivos. Por lo tanto ese “quedarse quieto y centrado” que sería la atención plena puede aportar una herramienta para ayudar a las personas deprimidas.

La segunda estrategia es la de la externalizción y que es propia de la llamada terapia narrativa donde lo importante no es tanto lo que nos sucede sino cómo nos contamos lo que nos sucede.

Se intenta con ella combatir las ideas de “personalidad depresiva”. “tendencias depresivas” u otras que hacen que la persona sienta la depresión como una forma de ser que le es propia.

Con la externalización del problema (en este caso la depresión) se habla de ella siempre como algo que me es externo; que está fuera de mí; que no soy yo, aunque, eso sí, me afecta. Se pretende inocular la idea “Yo no soy el problema, sino que yo tengo un problema”

Los pasos para sembrar esta visión son:

  1. Ponerle nombre al problema. Le podemos llamar “depresión” pero a veces la gente tiene nombres muy particulares para denominarla: “la oscuridad”, “el fango”, “el perro negro”… Cuando se pone nombre a una experiencia subjetiva se consigue un claro efecto de distanciamiento respecto de mi mismo.
  2. Desterrar sistemáticamente las frases, expresiones y palabras que internalizan la depresión. Todo para poco a poco hacer desaparecer la idea de que la depresión es algo que forma parte de la propia identidad.
  3. Explorar en qué aspectos o áreas, y en qué manera, la depresión ha socavado o influido negativamente en la vida de la persona afectada.
  4. Encontrar evidencias de otros tiempos o otros aspectos en los que la depresión todavía no ha afectado o lo hace en menor intensidad la vida de la persona.
  5. Desafiar con ello la idea de que toda la vida de la persona está afectada por la depresión a través de encontrar evidencias de resiliencia y fortaleza en momentos pasados.
  6. Ayudar a proyectar esta idea de resiliencia y fortaleza hacia el futuro.

Bill O´Hanlon propone otra forma de externalización también en la que  se da forma física a los pensamientos preocupantes y se hace algo que cambie la posición de la persona respecto los mismos. Ese “hacer algo ” será algo con carácter simbólico. Así tras identificar un pensamiento depresivo con algún objeto se puede tirar, enterrar o dejar atrás al mismo, en un intento de que la persona se distancia del mismo.

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La tercera forma de cambiar la relación del paciente respecto de su depresión podría ser la de desarrollar o aumentar la auto-compasión.

Muchas veces las personas con depresión piensan que son personas dañadas o despreciables. Se trata de ayudarles a ser más compasivas consigo mismas y menos autocríticas. Para ello puede bastar hacerles imaginar que una persona amiga o muy querida está muy deprimida y preguntarles que le dirían. Normalmente en estos casos las personas son capaces de tener palabras muy compasivas para los otros. Las que no tienen para ellas mismas.

Un cuarto punto es el de valorar la depresión.

Pero antes de explicarlo O´Hanlon insiste en que no se trata de no ser sensible al sufrimiento de la persona con depresión. Como ya señaló en otros apartados, cualquier cosa que la persona sienta como que no la tomamos en serio servirá tan sólo para que no nos abra las puertas a la relación de ayuda. Por ello insiste que estas estrategias lo único que pretenden es ayudar a que la persona con depresión cambie su relación con la misma, pues a veces está tan fusionado con la misma que no hay resquicio para variar nada.

Valorar la depresión es por tanto inducir la idea de que quizá la depresión valga para algo. Para ejemplificarlo cita un fragmento del libro de Andrew Solomon (“El demonio de la depresión”) en que dice: “Pero de hecho, cuando tu sales de ella, hay muchas cosas que tu puedes aprender de la depresión” Así la propia experiencia depresiva de juventud de  O´Hanlon y la del mismo Solomon son la fuente de una mayor compasión hacia el sufrimiento de los demás; más paciencia y un más profundo conocimiento de si mismo.

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Y es aquí cuando Bill vuelve a analizar la depresión que le hizo llegar a pensar en quitarse la vida de jóven tras relacionarla con el ambiente seguro y protegido en el que creció y que hizo que se sintiera perdido en un momento de emancipación y de desarrollo de la independencia: “Yo realmente no quería morir, solamente quería salir del intenso pánico en el que vivía” Como diría mi amiga Rosa Herrera cuando alguien se quita la vida la pregunta importante no es el por qué lo ha hecho sino el para qué lo ha hecho (Ayer mismo una madre arrojó a sus dos hijas por un balcón y luego saltó ella)

Y ya conté cómo este proceso depresivo por el que O´Hanlon pasó fue precisamente el que le llevó  a formarse en psicoterapia. Y también atribuye a ella su capacidad de no juzgar o abandonar a los clientes más inestables e irritantes.

Y por todo ello, sin depreciar el sufrimiento, reclama la posibilidad de que una persona encuentre significado a su depresión y se permite hacer una lista de cosas para la que una depresión puede ser útil:

1.- La depresión ayudaría a la gente a ser más realistas y renunciar a un positivismo iluso  (Schwartz & Bless, 1991)

2.- Ayudaría a quienes la pasan a ser más efectivos en la resolución de problemas al rumiarlos más (Andrews & Thomson, 2009)

3.- Hay alguna evidencia de que la depresión ayuda a centrar la atención y distraerse menos (Yost & Weary, 1996)

4.- La depresión podría ayudar a la gente a conectarse mejor con los otros y ayuda a crear cohesión social (Hertel, Neuof, Theuer, & Kerr, 2000)

Pero insiste, tan sólo se trata de conseguir ver la depresión de otra manera, pero si  a ti o a la persona deprimida que quieres ayudar le sientan mal estas afirmaciones, abandona esta parte de su propuesta y centrate en otras estrategias.

En un apartado final llamado algo así como “Seguir tu herida” profundiza en la idea de que, como le ocurrió a él, una depresión puede finalmente dar un proposito o una dirección en la vida. Puede ofrecer pistas para la vida a partir de ella.

De hecho Bill O´Hanlon sugiere que su posicionamiento de la terapia como el desarrollo de posibilidades surge de su propia experiencia de pérdida de sentido de la vida.

Recordemos que lo está diciendo un tipo a quien la idea de suicidarse se la quitó una amiga que le dio la posibilidad de retirarse a vivir en una granja de unas tías.

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Microcasos (6)

El segundo microcaso que jamás hubiera querido escribir porque quizá no me lo he inventado.

A sus veintidós años había conseguido ser un hijo de puta en todas sus acepciones: era el chulo de su madre. Cuando la madre de su primer hijo se negó a seguir en el negocio, tuvo que improvisar.

   

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Frente a un protestante era católico. Frente a un musulman era cristiano. Frente a un ateo era creyente. Frente a un animal era humano. De hecho era más humano con su perro que con su vecino.

   

El tercer soldado. El realismo de la esperanza

Tres soldados fueron enviados a contactar con un destacamento infiltrado en territorio enemigo.

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Cuando llegaron al lugar señalado vieron un montón de cuerpos inmoviles, ensangrentados y algunos mutilados.

Uno de los soldados, no pudiendo creer lo que veía, comenzó a correr entre los cuerpos y a gritar: ¡Venga chicos! ¡Somos de los vuestros! ¡Dejad de fingir! ¡Ánimo! ¡Estais a salvo!

El segundo soldado se derrumbó y arrodillado entre los compañeros  lloraba y sólo decía: ¡Dios mío! ¡Dios mío!

Mientras, el tercer soldado se inclinaba sobre cada cuerpo y comprobaba si habían muerto.

Una semana después, el único superviviente le mandó una carta de agradecimiento. “Mi cuerpo no respondía pero oía los gritos de ánimo y los lloros de tus compañeros. Me aterrorizó pensar que no podía decirles que estaba vivo y me desmayé. Hasta que senti tus manos presionando en mi pecho. Gracias por tu esperanza realista. Te debo la vida”

(Dedicado a Stefan Vanistendael. Aunque él no lo sepa)

   

Clasifica y venceras

Inventaron un test para medir la resiliencia de las personas.

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Era un chollo. Si puntuabas alto, eras resiliente. Así que saldrías adelante sin su ayuda, por lo que no te la darían. ¡Para qué desperdiciar recursos!

Si puntuabas bajo no eras resiliente y entonces no te sobrepondrías aunque te ayudaran. ¡Para qué malgastar recursos!

El problema eran los que no puntuaban ni mucho ni poco.

La solución fue fácil: decidieron que más de 5 sería alta y que menos de 6 sería baja.

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