Ayudar a conseguir una buena depresión (4): Tu depresión y tú

Introducción de la serie

Veteando la depresión (1)

Veteando la depresión (2)

Hacerla y deshacerla

La tercera vía no farmacológica que el terapeuta Bill O´Hanlon propone para ayudar a los pacientes con depresión es el de moverlos respecto a su propia depresión. No olvidemos que una persona puede estar deprimida por estar deprimida. Una persona puede sentirse mal por sentirse mal.

Podemos ayudar a una persona deprimida ayudándole a aceptar su estado sin juzgarse a si mismo o incluso sin intentar cambiarlo.

La primera estrategia que propone para ello es el tan de moda Mindfulnes.

O´Hanlon considera que si el paciente se entrena en observar sus experiencias (sentimientos o pensamientos) sin intentar cambiarlos ni juzgarlos podrá descubrir que la depresión no es un estado uniforme, estable y constante sino que descubrirá en si mismo que. padeciendo una depresión. se pueden tener sentimientos y pensamientos no depresivos. Por lo tanto ese “quedarse quieto y centrado” que sería la atención plena puede aportar una herramienta para ayudar a las personas deprimidas.

La segunda estrategia es la de la externalizción y que es propia de la llamada terapia narrativa donde lo importante no es tanto lo que nos sucede sino cómo nos contamos lo que nos sucede.

Se intenta con ella combatir las ideas de “personalidad depresiva”. “tendencias depresivas” u otras que hacen que la persona sienta la depresión como una forma de ser que le es propia.

Con la externalización del problema (en este caso la depresión) se habla de ella siempre como algo que me es externo; que está fuera de mí; que no soy yo, aunque, eso sí, me afecta. Se pretende inocular la idea “Yo no soy el problema, sino que yo tengo un problema”

Los pasos para sembrar esta visión son:

  1. Ponerle nombre al problema. Le podemos llamar “depresión” pero a veces la gente tiene nombres muy particulares para denominarla: “la oscuridad”, “el fango”, “el perro negro”… Cuando se pone nombre a una experiencia subjetiva se consigue un claro efecto de distanciamiento respecto de mi mismo.
  2. Desterrar sistemáticamente las frases, expresiones y palabras que internalizan la depresión. Todo para poco a poco hacer desaparecer la idea de que la depresión es algo que forma parte de la propia identidad.
  3. Explorar en qué aspectos o áreas, y en qué manera, la depresión ha socavado o influido negativamente en la vida de la persona afectada.
  4. Encontrar evidencias de otros tiempos o otros aspectos en los que la depresión todavía no ha afectado o lo hace en menor intensidad la vida de la persona.
  5. Desafiar con ello la idea de que toda la vida de la persona está afectada por la depresión a través de encontrar evidencias de resiliencia y fortaleza en momentos pasados.
  6. Ayudar a proyectar esta idea de resiliencia y fortaleza hacia el futuro.

Bill O´Hanlon propone otra forma de externalización también en la que  se da forma física a los pensamientos preocupantes y se hace algo que cambie la posición de la persona respecto los mismos. Ese “hacer algo ” será algo con carácter simbólico. Así tras identificar un pensamiento depresivo con algún objeto se puede tirar, enterrar o dejar atrás al mismo, en un intento de que la persona se distancia del mismo.

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La tercera forma de cambiar la relación del paciente respecto de su depresión podría ser la de desarrollar o aumentar la auto-compasión.

Muchas veces las personas con depresión piensan que son personas dañadas o despreciables. Se trata de ayudarles a ser más compasivas consigo mismas y menos autocríticas. Para ello puede bastar hacerles imaginar que una persona amiga o muy querida está muy deprimida y preguntarles que le dirían. Normalmente en estos casos las personas son capaces de tener palabras muy compasivas para los otros. Las que no tienen para ellas mismas.

Un cuarto punto es el de valorar la depresión.

Pero antes de explicarlo O´Hanlon insiste en que no se trata de no ser sensible al sufrimiento de la persona con depresión. Como ya señaló en otros apartados, cualquier cosa que la persona sienta como que no la tomamos en serio servirá tan sólo para que no nos abra las puertas a la relación de ayuda. Por ello insiste que estas estrategias lo único que pretenden es ayudar a que la persona con depresión cambie su relación con la misma, pues a veces está tan fusionado con la misma que no hay resquicio para variar nada.

Valorar la depresión es por tanto inducir la idea de que quizá la depresión valga para algo. Para ejemplificarlo cita un fragmento del libro de Andrew Solomon (“El demonio de la depresión”) en que dice: “Pero de hecho, cuando tu sales de ella, hay muchas cosas que tu puedes aprender de la depresión” Así la propia experiencia depresiva de juventud de  O´Hanlon y la del mismo Solomon son la fuente de una mayor compasión hacia el sufrimiento de los demás; más paciencia y un más profundo conocimiento de si mismo.

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Y es aquí cuando Bill vuelve a analizar la depresión que le hizo llegar a pensar en quitarse la vida de jóven tras relacionarla con el ambiente seguro y protegido en el que creció y que hizo que se sintiera perdido en un momento de emancipación y de desarrollo de la independencia: “Yo realmente no quería morir, solamente quería salir del intenso pánico en el que vivía” Como diría mi amiga Rosa Herrera cuando alguien se quita la vida la pregunta importante no es el por qué lo ha hecho sino el para qué lo ha hecho (Ayer mismo una madre arrojó a sus dos hijas por un balcón y luego saltó ella)

Y ya conté cómo este proceso depresivo por el que O´Hanlon pasó fue precisamente el que le llevó  a formarse en psicoterapia. Y también atribuye a ella su capacidad de no juzgar o abandonar a los clientes más inestables e irritantes.

Y por todo ello, sin depreciar el sufrimiento, reclama la posibilidad de que una persona encuentre significado a su depresión y se permite hacer una lista de cosas para la que una depresión puede ser útil:

1.- La depresión ayudaría a la gente a ser más realistas y renunciar a un positivismo iluso  (Schwartz & Bless, 1991)

2.- Ayudaría a quienes la pasan a ser más efectivos en la resolución de problemas al rumiarlos más (Andrews & Thomson, 2009)

3.- Hay alguna evidencia de que la depresión ayuda a centrar la atención y distraerse menos (Yost & Weary, 1996)

4.- La depresión podría ayudar a la gente a conectarse mejor con los otros y ayuda a crear cohesión social (Hertel, Neuof, Theuer, & Kerr, 2000)

Pero insiste, tan sólo se trata de conseguir ver la depresión de otra manera, pero si  a ti o a la persona deprimida que quieres ayudar le sientan mal estas afirmaciones, abandona esta parte de su propuesta y centrate en otras estrategias.

En un apartado final llamado algo así como “Seguir tu herida” profundiza en la idea de que, como le ocurrió a él, una depresión puede finalmente dar un proposito o una dirección en la vida. Puede ofrecer pistas para la vida a partir de ella.

De hecho Bill O´Hanlon sugiere que su posicionamiento de la terapia como el desarrollo de posibilidades surge de su propia experiencia de pérdida de sentido de la vida.

Recordemos que lo está diciendo un tipo a quien la idea de suicidarse se la quitó una amiga que le dio la posibilidad de retirarse a vivir en una granja de unas tías.

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