El que no se consuela ¿es porque no quiere?

A mi biblioteca Kindle han entrado en las últimas semanas dos libros que llevan en el titulo la palabra GRATITUD. Pero no pueden ser más diferentes el uno del otro.

Uno de ellos, de hecho, no lleva más palabras. Se llama así “Gratitud” y el autor es Oliver Sacks (Editorial Anagrama)

Se trata de una recopilación póstuma de cuatro cartas o textos que el famoso neurólogo escribió tras terminar, con 80 años, de escribir sus memorias. Y tres de ellos tras conocer, unos meses después, que los médicos no podrían hacer mucho más ante la metástasis de un cáncer con el que habían estado luchando los últimos años.

El libro se lee literalmente en veinte minutos o media hora como mucho. En los cuatros textos, y especialmente en el llamado como el resto del libro, la gratitud aparece como el resultado de una persona que, conociendo que la vida se le acaba, se siente agradecido por lo vivido. La gratitud en este caso es algo que parece brotar de forma natural en una persona afortunada o con un carácter y una entereza envidiable.

Sin embargo el libro El Diario de la Gratitud (Editorial Planeta) es casi lo contrario. La autora, Janice Kaplan, editora y escritora, se propone un día de Año Nuevo aumentar su nivel de felicidad y la de los suyos practicando conscientemente la gratitud. Una elección que hace al recordar un estudio sobre la misma que conoció gracias a su actividad como editora.

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El libro es por tanto la crónica de un esfuerzo deliberado de la autora de, por un lado, ejercitar la gratitud (como quien ejercita la resistencia aeróbica haciendo running) y, por otro, investigar acerca de lo que sabemos de la misma.

Y yo lo que le agradezco a ella de todo corazón es que no haya escrito un libro de autoayuda más. Porque no nos dice lo que tenemos que hacer sino que nos cuenta lo que ella hizo. De tal modo que cuando lo empecé pensé que el libro no podía dar para mucho más de 15 páginas. Pero llevo un tercio del mismo y todavía no me he cansado.  Por sus páginas aparecen no sólo sus ejercicios para aumentar la gratitud sino entrevistas con reconocidos investigadores del tema como el mismísimo Martin Seligman.

Me ha gustado especialmente el capítulo en el que se trata de la especial dificultad de los adolescentes para agradecer algo a sus padres, no como fruto de locura transitoria sino por su propia posición vital. También la larga referencia a las investigaciones, que yo conocía pero no su autor,  y que demuestran que se invierte más en felicidad gastándose el dinero en experiencias que en cosas.

Por tanto, los dos libros me parecen de interés pero… ¿Cuál de los dos ejemplifica la verdadera esencia de la gratitud? Todos podemos conocer personas como Sacks que parecen disfrutar hasta en un funeral, y personas que, por el contrario, viven prisioneras de la queja. Es difícil negar que las personas somos muy diferentes en nuestra capacidad de ser agradecidos.

Pero si Kaplan tiene razón, la gratitud es un hábito como otro cualquiera. Igual que podemos entrenar a nuestro cuerpo para resistir 42 kilómetros corriendo podemos entrenar nuestra mente para ser o estar agradecidos.

La solución a este dilema la da el propio Martin Seligman en el libro de Kaplan: hay personas que de forma natural son agradecidas, pero eso no significa que quien no es así no tenga un margen de maniobra para, mediante la práctica, aumentar su nivel de gratitud.

Me viene a la memoria una investigación que atribuye el 50% de la felicidad de una persona a factores individuales o propios de la persona; sólo un sorprendente 10% a las circunstancias, y un 40% a lo que se haga en la práctica para cultivarla.

Olver Sacks representaría quizá al tipo que trae puesta casi la mitad de su felicidad en sus propios rasgos de personalidad. Janice Kaplan a la persona que se ha dado cuenta de que hay maneras más sabias de vivir que otras y ha optado por una de las mejores según la filosofía, la teología y ahora la psicología social y positiva.

Pero hay un punto por el cual el libro de Kaplan me interesa especialmente. En su introspección sobre sus sentimientos y pensamientos de queja o de gratitud, la autora va desgranando muchos matices clave para poder entrar en el agradecimiento. Me interesa mucho la revolución interior que se produce casi siempre en las víctimas de la adversidad. Se trata de una especie de movimiento mental. Por eso siempre he defendido que la resiliencia no necesita de fortaleza mental sino de flexibilidad mental.

Y por ello me atrevo a mantener que quién no se consuela no es porque no quiere… sino porque no puede pero también porque no sabe. Dicen que existen “trucos” para tener una mente más creativa. ¿Los habrá para ser más resiliente (aunque odie este adjetivo)? Soy un convencido de que cambios en el contexto pueden favorecer la resiliencia (que no provocarla). Pero también de que la resiliencia necesita un movimiento interior ¿podremos encontrar pistas para favorecerlo?

Deberé consultar, cuando lo compre, también el libro de Brené Brown llamado “Más fuertes que nunca” (ediciones Urano) a pesar de que no me gusta el modo “yankee” de entender la resiliencia que se desprende de título y planteamiento, pues “examina el complejo viaje que requiere trascender las catástrofes de la vida con valor y resiliencia, ya sea el final de una relación o un colapso profesional. (…) la autora examina las cualidades, patrones emocionales y hábitos mentales que permiten a las personas transformar el desastre en coraje, generosidad y sentido de la propia valía…” (La cita es de la sinopsis editorial y la negrita mía)

P.D.: Parece ser que hablar o leer sobre la gratitud ya tiene de por si un efecto favorecer de  la misma. Así que aprovecho para señalar que gracias a Emilio he podido corregir un montón de errores tipográficos, ortográficos, gramaticales, etc del post. Y encima me envía esta viñeta que le viene “al pelo” (de perro)

perro-feliz

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