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Archive for 28 abril 2016

 

A mis 55 años ya he aprendido que para clavar un clavo necesito un martillo, para cortar una madera, una sierra. A veces lo he hecho al revés y ha sido un desastre.

Pero si me preguntas que herramientas tenemos los interventores sociales para ayudar a las personas víctimas, directas o indirectas, de violencia, y en especial a los menores, te diré que una percha, unas gafas y un cuaderno.

 

UNAS GAFAS

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Casi todos los que le damos vueltas a esto de la resiliencia solemos hablar de la importancia de la mirada. ¡Somos unos cursis! Pero en la facultad seguro que no te enseñaron a mirar. Quizá te enseñaron a planificar, programar, actuar… pero me la juego que no a mirar. Y como dice Jorge Font “nos reconfiguramos en la mirada de los demás”

Necesitas unas gafas para cambiar tu mirada y ver más allá o de otra forma. Porque si no puedes mirar más lejos, más cerca, a otro lugar o de otra manera quizá consigas proteger a ese niño o niña. Pero igual no consigues que no repita el desastre cons sus hijos.

 

UNA PERCHA

 

Si quieres favorecer la resiliencia de alguien (de todos es imposible) necesitarás una percha. Para en un momento dado quitarte la bata, el mono, el traje de profesional. Cuesta mucho llegar a ser un buen educador social, una buena trabajadora social; una eficaz psicóloga en la acción social. Pero cuesta mucho más dejar de serlo en un caso que lo requiere.

La resiliencia muchas veces empieza por un encuentro personal. Algo de lo que a veces algunos nos parapetamos detras del título o el cargo.

Tener una percha nos da la flexibilidad para ponernos y quitarnos la profesión según que caso. No digo que renuncies a lo que eres sino que no se te pegue la profesión a la piel.

 

UN CUADERNO

 Resultado de imagen de cuaderno

Para escribir. “No sé lo que pienso hasta que no lo escribo” decía Augusto Monterroso. Pues no pienses tanto. No hables tanto. Escribe.

Para darte cuenta de cosas que no habías pensado.

Para darte el gusto de pensar lo que te dé la gana.

Para resistir y rehacerte de un trabajo tan duro.

Y si quieres para compartir tus ideas, tus éxitos pero sobre todo tus fracasos.

 


 

Hoy mismo me tengo que enfrentar a un grupo de profesionales de la acción social para intentar convencerles que sí hay un márgen de maniobra para intentar favorecer la resiliencia de menores testigos o víctimas de violencia.

No sé si lo conseguiré. No sé si lo he conseguido.

Pero si me tienes que aguantar o ya lo has hecho esta tarde puedes descargar un dossier complementario pinchando en el enlace de abajo. Está compuesto de materiales que muchos ya se pueden encontrar en este blog. Pero lo compactado para ti y por eso lo he protegido con la contraseña que te daré o que te di.

PoliBienestar Resiliencia Menores Violencia Javier Romeu

 

 

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Link del primer post de la serie

Link del segundo post de la serie

Link dek tercer post de la serie

Seguimos compartiendo los elementos esenciales del programa “Signs of Safety” para la protección de menores.

Entramos ya en los SEIS PRINCIPIOS O ELEMENTOS BÁSICOS PARA LA PRÁCTICA del mismo. Creemos que el conjunto de los mismos es lo que marca la esencia misma del programa por lo que hemos preferido exponerlos en un mismo post, a pesar de que eso pueda hacerlo más extenso de lo habitual.

En opinión de Steve y Andrew, el mapa por el que se guían los trabajadores del sistema de protección infantil suele girar en torno a la recopilación de información relacionada con el daño y el peligro. Desde su punto de vista estos mapas son demasiado injustos e imparciales ya que ponen el foco exclusivamente en cosas como la severidad y el patrón del maltrato, la percepción de la familia acerca del abuso o la negligencia, la vulnerabilidad de los niños, la posibilidad de una repetición del maltrato, etc.

Pero poner la atención sólo en estos aspectos es como hacer el mapa de un territorio fijándose sólo en los valles más inhóspitos y sombríos de ese territorio y olvidando las montañas y las bellas llanuras. El resultado sería un mapa pero incompleto.

Esto no significa que no haya que recopilar información del daño producido y de los déficits de las familias pero hay que equilibrarlo con otros aspectos como las fortalezas familiares y sus recursos para generar seguridad.

Los autores proponen, para poder llevar a la práctica su visión, seis principios o elementos prácticos cuya finalidad es explicitar, amplificar, evaluar las capacidades más positivas y constructivas de las familias. De manera que, al considerar ambos aspectos, peligros y protección, se tiene un cuadro más completo y equilibrado de la situación.

Los seis elementos básicos para la práctica del programa son:

1.- ENTENDER LA POSICIÓN DE LA FAMILIA RESPECTO AL PROBLEMA, SU SOLUCIÓN Y LOS SERVICIOS SOCIALES.

Es vital que los trabajadores escuchen las historias de las familias y entiendan la “posición” de cada miembro de las mismas, entendiendo ésta como los valores, las creencias, y los significados firmemente sostenidos por los individuos y que manifiestan a través de sus historias.

Prestar atención a la posición de las familias no significa estar de acuerdo con ellas o con sus creencias. Pero es crucial para que exista una colaboración entre profesionales y familias. Esta no será posible sin tener en cuenta la posición de éstas en relación a la seguridad, a posibles soluciones así como su posición respecto al propio trabajador y los servicios sociales.

Esto es así porque no hay dos situaciones iguales. Los hechos pueden ser parecidos, pero la posición, las circunstancias y las percepciones de cada familia son diferentes y requieren de respuestas diferentes.

Las siguientes preguntas pueden ayudar a explorar la posición de los miembros de la familia…

… respecto al problema:

  • Como usted ya conoce el informe puede ver cuál es la opinión de otros. ¿Cuál es su punto de vista de la situación?
  • ¿Cómo describiría lo que está ocurriendo en su familia como resultado de este tema?
  • ¿Cómo es esto un problema para usted?
  • ¿Qué sentido le da usted a lo que él niño o la niña hace? 
  • ¿Cómo puede explicar lo que usted hizo?
  • ¿Cómo cree usted que su hijo o hija explicaría lo que ocurrió?

…respecto a la solución:

  • ¿Por qué piensa que esa forma de actuar sería más útil?
  • ¿Qué le hace pensar que estos planes no van a conseguir nada diferente?
  • Algunas personas podrían decir que usted necesita hacer_____en esta situación. ¿Qué piensa usted de esto?
  • Si sugiriéramos que él haga_____o que nosotros haremos____, ¿cuál sería la mejor manera de explicarle esto él/ella?

…respecto al trabajador y los servicios sociales:

  • ¿Qué esperanza tiene de que yo/nosotros podamos ser de ayuda para usted?
  • Estoy seguro de que mucha gente dirá que nosotros no estamos interesados en sus opiniones y en lo que quiere. ¿Piensa que esto es cierto?
  • Me parece que su opinión podría resumirse en_______(introducir la opinión). ¿Es correcto?

2.- BÚSQUEDA DE EXCEPCIONES AL BUSO/MALTRATO/NEGLIGENCIA.

El programa adopta como parte esencial del mismo una técnica propia de la terapia breve o de la terapia enfocada a la solución, la “pregunta de la excepción”.

Por ejemplo, a un padre maltratador se le puede preguntar: “¿Ha habido alguna vez en la que usted haya estado enojado pero haya resistido la necesidad de pegar a su hija?

Esta forma de preguntar está basada en dos premisas: una, que el problema no ocurre todo el tiempo, y dos, que la persona probablemente enfrenta el problema de manera apropiada alguna vez. Las “preguntas de excepción” permiten discutir y reconocer el problema de una manera constructiva y sin necesidad de una confrontación.

Así, es importante que, cuando un miembro de la familia describe este tipo de conductas excepcionales, el trabajador realice preguntas que ayuden a ampliar la descripción de las mismas, incluyendo el cuándo, cómo, dónde y qué de la situación descrita. También es importante averiguar cuánta confianza tiene el usuario en sí mismo para poder repetir esas conductas excepcionales y protectoras.

Algunas preguntas útiles para explorar excepciones pueden ser:

  •  Usted dijo anteriormente que las cosas no son siempre así. ¿Puede contarme algo más acerca de esas otras ocasiones?
  • ¿Cuándo fue la última vez que surgió este problema? ¿Cómo ha conseguido que no surja otra vez desde entonces?
  • ¿Qué fue diferente en las ocasiones en las que usted sintió que manejaba la situación adecuadamente?
  • (A otro profesional) ¿Puede decirme ocasiones cuando estos padres han respondido apropiadamente para mantener a su hijo protegido? ¿Qué es lo que hicieron para conseguirlo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que usted sintió que tenía energía para cuidar a su hijo de manera adecuada? ¿Cómo era capaz de conseguirlo?

Un aspecto importante a la hora de realizar las preguntas de excepción, es tener en cuenta el momento adecuado para poder realizarlas. Éstas deben ser realizadas una vez hay un reconocimiento de las acusaciones o, al menos, un reconocimiento de que existe un problema.

Antes de que la persona entrevistada pueda entrar en una conversación acerca de las excepciones, primero, necesitan sentir que han sido entendidas. El trabajador debe ser consciente de que cambiar la conversación desde una “perspectiva del problema” hacia una “perspectiva de solución” es un cambio significativo.

Un aspecto muy importante es la persistencia en la búsqueda de excepciones. Steve y Andrew recalcan la importancia de la siguiente regla: “Realiza la pregunta tres veces antes de aceptar que no hay una respuesta para ella”

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3.- DESCUBRIR LAS FORTALEZAS Y RECURSOS DE LA FAMILIA.

Michael White (1988) acuñó el término “descripción saturada de problemas” para referirse a situaciones donde la aparente enormidad de problemas desbordaba o saturaba el punto de vista de todo el mundo acerca de la situación, llevando a sentimientos de desesperanza e impotencia y evitando que todos los implicados pudieran visualizar una solución. Esto ocurre frecuentemente en protección infantil.

Por eso es importante intentar ampliar el cuadro. Una de las maneras más fáciles de hacer esto es explorar aspectos positivos y fortalezas de la familia identificadas por los propios miembros o reconocidas por otras personas o servicios. Esto no debería ser visto como un intento de minimizar el maltrato. Al revés, debería reforzar la idea de que la vida de la familia y su experiencia son una base a partir de la cual se puede construir el cambio.

Preguntas que pueden ayudar a explicitar, hacer emerger las fortalezas de la familia y sus recursos son:

  •  Hemos estado hablando acerca de algunos asuntos muy graves o serios. Para poder tener un cuadro más completo y equilibrado, ¿puede decirme algunas de las cosas que usted siente/piensa que son buenas en esta familia o te gustan de ella?
  • Si usted estuviera describiéndose a otros, ¿qué tipo de cosas diría usted de sí mismo en las que es bueno o buena?
  • ¿Qué es lo que más le gusta de ser padre/madre? ¿Qué ha aprendido de esta experiencia?
  • ¿Me puedes decir qué es lo que te gusta de tu padre (o madre)/de tu hijo/a? ¿Qué tipo de cosas le/te gusta hacer juntos? ¿En qué dirías que es bueno o buena?
  • ¿Cómo resolvéis habitualmente los problemas familiares? ¿Quién hace qué? ¿Qué hacéis para enfrentar las situaciones de estrés?
  • ¿A quién recurres o recurrirías en busca de ayuda para abordar los problemas? ¿Cómo te ayudan o podrían hacerlo?
  • Claramente, las cosas han sido muy difíciles para ti. ¿Cómo te has enfrentado a estos problemas/presiones? ¿Qué te ha mantenido avanzando/funcionando?
  • ¿Puedes contarme acerca de las veces en las que te has llevado bien con tu pareja/hijos? ¿Qué es lo que más te gusta de esos momentos?
  • ¿Qué piensas que dirán ellos (el resto de la familia) acerca de qué hay de bueno en la relación contigo?

Las respuestas a preguntas como éstas (o a las de excepción) proporcionan información en dos posibles direcciones. Por un lado proporcionan una comprensión de los aspectos constructivos o positivos de las relaciones familiares. Pero, por otra parte, si los miembros de la familia identifican poco o nada que sea positivo (o no encuentran excepciones) esto puede indicar que el problema es más severo de lo pensado previamente.

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4.- CENTRARSE EN LOS OBJETIVOS.

Toda la tarea en protección de menores se reduce a un objetivo, a saber, generar suficiente protección o seguridad para los menores. En palabras de  otros autores (Weick et al. 1989): “La cuestión no es qué tipo de vida ha tenido uno sino qué tipo de vida quiere uno, y desde este punto, lograr todos los recursos personales y sociales disponibles para conseguir este objetivo”

Muy a menudo en el trabajo en protección infantil es evidente lo que se tiene que parar (el maltrato o la negligencia) pero las preguntas que permanecen inexploradas son: ¿Cómo se parará? ¿Qué ocurrirá en su lugar? ¿Cómo sabrán los servicios sociales y la familia que esto ha ocurrido?

Es esencial que, a lo largo del caso, los servicios sociales articulen claramente –en términos conductuales concretos- qué es lo que indicará que existe suficiente protección en el o la menor para cerrar el caso.

Los objetivos claros permiten la evaluación del progreso y ayudan a los trabajadores y familia a estar de acuerdo cuándo el caso debe ser cerrado. Para Steve y Andrew este apartado es, probablemente, el más difícil del modelo para ser implementado.

Preguntas que pueden ayudar a la familia a explicitar sus objetivos relacionados con la protección son:

  • Vale… ambos vemos la necesidad de lograr más protección para su hijo. Estoy realmente interesado en las ideas que usted tiene para conseguir esto.
  • ¿Cómo podemos ayudarle a que las cosas estén mejor y lograr que su hijo esté más seguro?
  • ¿Qué piensa usted que pueden hacer usted mismo, su compañero, sus hijos, otros miembros de la familia… para incrementar la protección del niño o niña?
  • Cuando le preguntemos a su hijo/a qué le haría sentirse más seguro/a¿qué piensa usted que dirá?
  • Para que nuestro trabajo con su familia sea útil, ¿qué necesita que ocurra? ¿qué debe cambiar en su familia? ¿Qué cambiaría en relación a su pareja/sus hijos?
  • Es evidente que no quiere que los servicios sociales estemos continuamente en su vida. ¿Qué piensa que necesitamos ver para poder cerrar el caso?

Tristemente, a menudo, los usuarios no están entusiasmados con la idea de cambiar sólo por satisfacer a la sociedad o a los servicios sociales. O incluso se pueden dar situaciones en las que los progenitores reconocen el problema de una manera muy limitada o incluso defienden su manera de actuar.

Los autores sugieren para estos casos proponer “motivaciones indirectas” que ayuden a estas familias a engancharse con la intervención. Una de ellas puede ser incluso que los servicios sociales, la policía, la escuela… dejen de estar pendientes de ellos, ya que para muchas de estas familias, la intervención de estos sistemas es una intromisión en su vida. En estos casos hay que estar muy atentos a que los objetivos de la familia se ajusten a los objetivos de los servicios sociales para incrementar la protección de los menores.

Ejemplos de preguntas que se podrían realizar en una situación en la que los progenitores defienden el derecho de pegar a sus hijos como una estrategia educativa son:

  • ¿Qué espera conseguir cuando pega a su hijo?
  • ¿Qué le diría a usted que ha obtenido el resultado que quería cuando pega a su hijo?
  • ¿Es esto algo que usted quiere continuar haciendo o hay otras manera de conseguir que su hijo responda o reaccione?
  • ¿Qué piensa usted que le enseña a su hijo cuando le pega?
  • ¿Hay otras maneras de enseñarle esto a su hijo?

Por último, señalar que para los autores, el reto de los trabajadores en relación a la creación de objetivos, tanto generales como relacionados con la protección, es triple:

a.- Elicitar los objetivos de la familia incluso si la familia parece que minimiza o niega los problemas.

b.- Concretar los objetivos de manera que se expresen por la presencia de conductas específicas, medibles y observables; y

c.- Establecer el alcance de coincidencia de estos objetivos con los que los servicios de protección consideran necesarios para la seguridad del niño.

5.- BAREMAR O GRADUAR EL PROGRESO Y LA PROTECCIÓN.

La información recopilada en protección infantil debería ser lo más específica y detallada posible. Para ello las “preguntas de escala” (otra técnica de la terapia enfocada a la solución) son una herramienta muy valiosa.

Es muy útil preguntar de manera continua a los miembros de la familia cosas como: En una escala de 0 a 10 –donde 10 significa que las cosas en esta familia son como os gustaría que fueran, y 0, que la vida no podría ser peor- ¿dónde situaríais vuestra familia en estos momentos?

O una pregunta más centrada específicamente en la seguridad o protección podría ser : En una escala donde 10 significa que tú estás seguro/a de que este tipo de incidente no volverá a ocurrir nunca más y tu hijo/a está seguro/protegido, y 0 significa que tú piensas que con toda probabilidad ocurrirá otra vez, ¿cómo puntuarías la situación en este momento?

Las preguntas de escala son de un enorme beneficio para los trabajadores, ya que crean un diálogo que asume automáticamente un contínuo que va desde el daño/peligro a la protección/seguridad.

En el trabajo en protección infantil, una garantía de absoluta seguridad es imposible. La intervención con familias es llevada adelante en algún punto en el espacio entre el completo peligro y la absoluta seguridad. Al utilizar este contínuo peligro-seguridad, las preguntas de escala, por la naturaleza de su construcción, llevan consigo la posibilidad de cambio.

Además las escalas permiten preguntas del tipo: Si la situación la valora con un 7 ¿qué tendría que pasar para que le pudiera poner un 8? Y con ello seguir operativizando el cambio.

6.- VOLUNTAD, CONFIANZA Y CAPACIDAD.

La voluntad (querer), la capacidad (saber) y la confianza (poder) de los usuarios en relación a cualquier plan de acción son buenos indicadores de protección y seguridad o de, por el contrario, peligro.

Poder explorar estos tres aspectos es una parte esencial para poder asegurarse de que los planes de intervención formulados serán llevados a cabo.

Preguntas que se pueden realizar, en relación a estos tres aspectos:

Voluntad

  • En una escala de 0 a 10, donde 10 significa que usted tiene la voluntad de hacer cualquier cosa para que su hijo esté seguro y 0 significa que usted no tiene ninguna voluntad de hacer nada, ¿dónde se situaría usted en esa escala?
  • Si yo (el trabajador) le pidiera hacer ________, en una escala de 0 a 10, ¿cuántas ganas de hacerlo tendría?
  • Usted habló anteriormente acerca de la posibilidad de hacer________. En una escala de 0 a 10, ¿cuántas ganas tiene de intentar hacerlo?
  • ¿Qué incrementaría, si es que hay algo que lo hiciera, su voluntad de hacer algo acerca de estos problemas?

Capacidad para actuar

  • En una escala de 0 a 10, ¿cómo puntuaría usted su habilidad para hacer algo en relación a estos problemas?
  • ¿Qué aspectos de estos problemas se siente usted más capacitado de enfrentar?
  • En una escala de 0 a 10, ¿cómo puntuaría su capacidad de implementar los planes de los que hemos hablado previamente?
  • ¿Qué partes de estos planes se siente usted más capaz de intentar?
  • ¿Qué o quiénes podrían ayudarle a llevar adelante estos planes?
  • ¿Cuánto control o influencia piensa que tiene usted sobre esta situación?
  • Veo que usted tiene realmente ganas de cambiar las cosas, y está deseando hacer casi cualquier cosa para que eso ocurra. ¿Hasta qué punto piensa usted que puede hacer algo que pueda marcar una diferencia?

Confianza

  • En una escala de 0 a 10, donde 10 significa que usted está seguro de que ciertas cosas mejorarán en su familia y 0 indica que usted piensa que las cosas nunca estarán mejor, ¿cómo lo puntuaría? ¿En qué se basa para puntuar así?
  • De 0 a 10 ¿Cuánta confianza tiene en que usted/es, o la persona negligente o maltratadora, pueda/n hacer cosas que hagan que su hijo/a esté más seguro/a? ¿Qué aumentaría su confianza? 
  • Si piensa concretamente en hacer ______. En una escala de 0 a 10 ¿cuánta confianza tiene en que esto mejorará las cosas?

Para finalizar este post, indicar que, para los autores, todas las preguntas que se proponen, relacionadas con cada uno de los elementos para la práctica, no deben ser vistas como prescriptivas o como las preguntas correctas a realizar. Las mejores preguntas y diálogos surgen  cuando los trabajadores ajustan el modelo, su filosofía, sus elementos y sus técnicas a cada familia concreta.

EUGENIO:

Considero esta parte del libro como la parte central, el “meollo de la cuestión”. Después de consideraciones varias y reflexiones más teóricas y abstractas creo que en esta parte, los autores, consiguen aplicar y dar un grado de concreción detallado (que curiosamente –o no tanto- es lo que piden con la utilización de su método/enfoque) de sus postulados y planteamientos, de manera que uno sabe a qué atenerse y cómo poder manejarse en la práctica diaria. Y lo hacen a través de la generación de decenas y decenas de preguntas, herramienta que considero imprescindible e indispensable en la intervención terapéutica.

Me gusta mucho porque uno acaba la lectura del capítulo con la sensación:“me llevo algo útil y práctico, algo que puedo utilizar en mi trabajo”. Siendo consciente de que los milagros no existen y de que sigue siendo difícil generar cambios. Pero al menos, esto es una herramienta más que puedo utilizar y detrás de la cual hay una filosofía que me gusta y que tiene que ver con el respeto e interés genuino por las familias y personas que sufren – e incluso a veces generan-  situaciones vitales terribles.

JAVIER:

Estoy tan de acuerdo con Eugenio que sólo quiero reseñar que cualquiera que haya tenido una conversación con la familia de un o una menor en riesgo o desamparo puede haber constatado que el enfoque que nosotros (los profesionales) adoptemos en la misma nos puede llevar en una dirección o en otra totalmente diferente.

Lo cómodo es pensar “la familia es el problema” Creo que estos 6 principios básicos nos están diciendo, además de darnos herramientas concretas, que “el profesional también puede ser el problema”

eugenioap@cop.es

javier.romeu@gmail.com

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