Neurotontería

Vivo a un tiro de piedra del Mestalla, el estadio del Valencia C.F. Pero literalmente. Desde mi balcón, y a pesar de que no soy ni jovencito ni estoy en buena forma física, podría hacer aterrizar una piedra en su tribuna principal.

Eso me permite conocer por el oido un determinado lance de un partido antes de que las imágenes lleguen a mi televisor. Cuando veo en ella que el arbitro pita para que el jugador del Valencia lance un penalty, yo ya sé si va a marcar o no en función de que haya escuchado o no un clamor estruondoso.

Y no es que yo oiga a un tipo cantar ¡Goooool! o a otro gritar ¡Arbitro, fuera de juego! Yo no escucho voces. En mi casa oimos una sóla voz o, mejor dicho, un sonido. El del estadio, el del público en general, sin entender una sóla palabra.

De esta manera, si a ti o a mi nos preguntarán por el resultado del Valencia nada más terminar el partido y sin haber tenido acceso a ninguna otra fuente de información, tu tendrás que recurrir al azar y yo podré basarme en mi experiencia en decodificar los sonidos del estadio.

Me parece indudable que mis probabilidades de acertar serían muy superiores a las tuyas, pero eso no significaría que mi conocimiento fuera muy fino. Los goles del Valencia probablemente no los fallaría (incluso podría adivinar un gol anulado) pero, en los del contrario por ejemplo, mi margen de error sería mucho mayor. También podría conocer si había sido un partido intenso, bronco, aburrido… pero no me pidas muchos más detalles. Ni alineaciones, ni cambios, ni tarjetas. En eso estaría como tú en mi conocimiento de lo ocurrido en el partido.

¿Es algo parecido a lo que está pasando con el auge o la moda de las neurociencias?

No me cabe duda que las técnicas de neuroimagenes se han acercado lo suficiente al funcionamiento del cerebro como para tirar una piedra y ver dónde cae. Pero ¿nos pueden contar ya, o de forma inminente, el partido de lo que pasa por nuestra mente como si estuvieramos dentro del estadio o viéndolo por la tele? ¿O simplemente nos permiten interpretar toscamente, desde fuera, los sonidos de miles de neuronas gritando?

En un programa presentado por Chicote se realizó un experimento (¡Vaya por donde!¡En Valencia!) Cuando a una persona dentro de un tubo de ¿resonancia magnética? se le daba una cucharadita de helado de chocolate se iluminaba una determinada área del cerebro (¡Gooool del Valencia!) Pero cuando se le daba una cucharadita de agua, nada ocurría. Se concluía que el chocolate parece estimular el área del cerebro asociada al placer. Pero de ahí a que un neurólogo adivine lo que he comido viendo una imagen de mi cerebro va un trecho ¿no?

Así que, por mi parte, bienvenidos sean los avance de las neurociencias pero no nos volvamos locos. Por eso me me he comprado con gusto un libro llamado “El cerebro idiota”  (Editorial Planeta,2016) donde su autor, el neurólogo Dean Burnett, mantiene que “para tratarse de algo supuestamente tan brillante y evolutivamente avanzado, el cerebro humano es bastante desordenado, falible y desorganizado”.

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Un argumento en la linea de un libro más antiguo: “Kluge. La azarosa construcción de la mente humana” (Ed. Ariel, 2010) donde su autor, Gary Marcus, mantiene que el cerebro humano no es el resultado de un refinamiento evolutivo sino un conjunto de chapuzas (kluge en inglés) para conseguir su objetivo esencial que es la supervivencia. Algo que intentará aunque para ello deba engañarnos a nosotros mismos.

En todo caso el “El cerebro idiota” tiene para mi una virtud. Su autor tiene una característica bastante sorprendente. No sólo es científico sino también humorista. Basta leer la dedicatoria para darse cuenta del estilo del libro:

“Dedicado a todos los seres humanos con cerebro. No es fácil aguantarlo, así que ¡les felicito!”

O estos dos epígrafes del índice:

“La memoria es un regalo de la naturaleza (pero no tiren la factura de compra)”

“Las muchas maneras que encuentra el cerebro de mantenernos constantemente asustados”

Y teniendo en cuenta que me he desvelado a las tres de la mañana, cabreado con una mona por la toma de decisiones de un caso de mi trabajo, he decidido que además de lo idiotas que me parecen algunas personas debo contemplar que mi cerebro también lo es. Intenta convencerme de que me va la vida en que me hagan caso en mis propuestas o las de mis compañeros y compañeras.

No, imbécil cúmulo de neuronas mal alienadas, no me va la vida. Tampoco puedes asegurar presuntuosamente que le va la vida a los menores con los que trabajas. Quizá tu propuesta sea la errónea.

Ni parece buena idea ponerte como un niño pequeño enfadado, con los brazos cruzados y refunfuñar: ¡Yo así no juego!

Se trata, neurona solitaria, de escribir en un blog para resistir y rehacerte de trabajar en algo tan complicado, yendo a tortas dialécticas con todo el mundo y dónde no se quiere poner solución a lo que todos sabemos: las perversiones del sistema en la toma de decisiones tan importantes en la vida de los menores.

Pero en cualquier caso, se trata “puto cerebro” de que te duermas porque mañana trabajas. Poco, pero trabajas.

Así que dejemos que Emilio, al que aprecio muchísimo, detecte los probabilísimos errores del post y se lo agradeceremos dejándole el libro si le apetece leerlo. A ver si así a su idiota cerebro le deja de alterar la tensión arterial.

Vámonos a la cama.

 

 

4 Comments

  1. Hay mucho ruido en el terreno de juego. Así no se puede jugar. Así yo no puedo jugar.
    Estamos, estoy lesionada; en qué posición podría jugar? Ataque, defensa..? No quiero ni ataque ni defensa. Me retiro. Estoy lesionada. No sé cuánto tiempo necesitaré.
    Y si la lesión se alarga? Y si paso de una posición de defensa al ataque? Y si lesiono a alguien?
    No me ataques! Todos estamos lesionados; es que no lo ves?
    Por qué buscamos una y otra vez que nos saquen la tarjeta roja? Acaso no hemos visto la amarilla ya? Ah, que el árbitro también está lesionado. Así no hay quien juegue…
    Por qué atacamos? Por qué no protegemos? Por qué tantas lesiones? Tanta incapacidad?
    No ves que esta familia ya está lesionada? No ves que la enfermedad se ha extendido? No lo ves? No lo vemos? Por qué?
    Hay mucho ruido. Me duele. Estoy lesionada. Me retiro. Hay mucho ruido. Tanto, tanto ruido…

  2. Últimamente se oyen pocos goles en Mestalla eh? Gracias por la propuesta de los libros porque tan importante es saber y conocer las evidencias científicas como los agujeros que esta deja. El ejemplo de chicote es buenísimo. Un saludo y duerme.

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