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Archive for 19 junio 2017

Janus Korczak (Varsòvia, 1878- Treblinka, 1942)es el pseudònim de Henryķ Golszmidt, metge pediatra, escriptor i pedagog . Va deixar la medicina clínica per dedicar-se a la direcció de un orfenat a Varsòvia, La Llar dels Orfes (Dom Sierot). Autor de nombrosos articles i llibres, tenia un programa de pedagogia a la radio: Xerrades del Vell […]

a través de KORCZAK (1990), Andrzej Wajda. — urgènciaidiagnòstic

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Me parece un acierto de la Editorial Gedisa el haber incluido en su serie DIÁlogos un encuentro entre Boris Cyrulnik y Carles Capdevila.

En realidad no se trata de un diálogo, sino más bien de una entrevista. Pero es entendible puesto que no provienen del mismo campo profesional. Carles Capdevila es periodista y una persona que ha reflexionado, seriamente pero con humor, sobre la parentalidad y la educación. Cyrulnik es psiquiatra, etólogo, neurólogo, psicoanalista.

Una entrevista que se lee en un par de horas más o menos y que hace un repaso por la vida y la obra de Cyrulnik. Así que no encontrarás seguramente nada que no le hayas oido o leido antes. Pero que vuelve a ofrecer, en un lenguaje muy sencillo, un ramillate de ideas e incluso de frases brillantes (“No tengo miedo a morir ni a vivir, tengo miedo a no vivir antes de morir”)

Vuelve a dar una de las definiciones más sencillas y potentes de la resiliencia: retomar de nuevo un buen desarrollo después de una agonía psíquica, traumática. Es cierto que desde este planteamiento no puede haber resiliencia si no hay trauma. Y muchos hemos querido usar la resiliencia como paradigma para otras cosas donde la idea trauma no encaja bien, como en el caso de la intervención social.

Como el mismo indica en este libro, el término entró tan rápido en lo social que se puso de moda y se deformó aunque en al ámbito de la investigación hoy se sigue avanzando en su justo término. Pero si tenemos en cuentra que trauma es aquella detención o bloqueo del desarrollo provocado por la reacción, del entorno y propia, a una desgracia, resiliencia sería el proceso opuesto al trauma. Y con ello diferenciar la resiliencia de la fortaleza, de la curación o de la superación se hace muy sencillo.

Por otra parte no he conocido otro autor que en su pensamiento se integre tan indisolublemente lo fisiológico, lo psicológico y lo cultural. No hay manera de pillarlo. Siempre acaba conectando estas tres dimensiones.

Está muy bien el avance de las neurociencias pero la diferencia entre un “neurociéntifico y punto” y Cyrulnik es que el primero se quedará en lo que observa en su ordenador y Boris tendrá en cuenta también lo que ocurre en el sistema representacional del sujeto observado y que, excepto que sea un perro, será una representación mediada por las palabras, esas emociones que a veces llevan algo de información (otra de sus frases celebres)

El cerebro no reacciona a estímulos físicos y ya está. El cerebro reacciona a estímulos que han sido modelados por la cultura. Me atrevería a decir que Cyrulnik entendería mi idea de que la cultura es como un exo-cerebro invisible.  Si alguna vez se ha utilizado la metáfora del cerebro como un ordenador, al menos habría que matizarla con la idea de que ese ordenador está conectado en red con miles y milies de otros ordenadores.

Las celulas y neuronas forman el sistema nervioso humano y el funcionamiento global de este afecta a cada una de sus neuronas. La actividad de los seres humanos crea la cultura y la cultura afecta a cada una de las personas inmersa en ella. Eso sí, teniendo en cuenta que “cultura es aquello que cambia cada 10 años y cada 10 kilómetros” (Otra de sus perlas)

En fin, ¡Bien por Gedisa, bien! (No recibo comisón de la misma ni me envian los libros para reseñarlos. Ya me gustaría)

NOTA: Aunque quizá no te lo creas y pienses que es un toque de efecto para el post, cuando entro en la web de Gedisa para copiar la imagen del libro, recibo el mazazo de la noticia de la muerte hace tan sólo unos días de Carles Capdevila. Sabía que estaba luchando contra el cáncer. No puedo dejar de recoger un párrafo de la crónica de La Vanguardia de hace tan sólo dos días (2/6/2017) en el que se citan sus palabras cuando anunció a su equipo que padecía esta enfermedad

“Ahora, me toca luchar, vivir, reír y escribir, y lo quiero hacer dedicando todas mis energías a estas cuatro causas, y conciliándolo con la proximidad total a la gente que quiero. No veáis ninguna complicación en un tratamiento médico que va muy bien, ni ninguna renuncia. En mi libreta de ideas y proyectos ya salen libros a escribir, charlas a preparar, gente de quién aprender. Abrazo mi nueva vida con alegría y convencido de que será todavía mejor”

Leyendo estas palabras me atrevo a afirmar que Carles, al igual que Boris, no tenía miedo a morir sino a no vivir antes de morir.

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