Una pieza clave para el puzzle

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¿Son todas las piezas de un puzzle igual de importantes?

Imagina que ves en casa de un amigo o amiga un puzzle cuya imagen te encanta y te dice que te lo puedes llevar pero que cree que le faltan dos o tres piezas ¿lo descartarías?

A la hora de hacer el rompecabezas las piezas con un lado recto, suponiendo que sea cuadrado o rectangular, nos permiten delimitar la imagen. Las piezas internas monocromas nos las dejaremos para el final pues sólo las ubicaremos por la forma.Y todos sabemos que algunas piezas son clave porque, al tener dos colores claramente diferentes, nos permiten identificar su posición estratégica en la imagen y a partir de ella seguir avanzando.

Pero a la hora de contemplar el puzzle tampoco todas las piezas son exactamente igual de importantes. Por ejemplo, si me faltan piezas del borde puedo solucionarlo quitando todas las del borde. Probablemente la imagen no se verá afectada y puede quedar un efecto artístico. Tampoco pasara mucho si la pieza o piezas que faltan no afectan a elementos sustanciales de la imagen. Incluso un vacío en un lugar concreto de la imagen puede llegar a aportar un cierto valor simbólico.

Sin embargo la ausencia de una sola pieza en un punto determinado puede alterar completamente la impresión que cause la imagen. En la imagen de un rostro las piezas de las comisuras de los labios pueden afectar totalmente a la identificación de la expresión. Por tanto hay piezas de un puzzle que son clave para su construcción y hay piezas claves para su contemplación.

Lo mismo pasa con algunos libros. Y “Educando la alegría” de Pepa Horno recién publicado por la Editorial Desclée De Brouwer es a mi entender un libro clave. No sólo porque ocupa un espacio vacío sino, además, tanto por lo que muestra como por lo que permitirá que se construya después y alrededor de él.

Educando la alegría

Libros sobre inteligencia emocional tenemos muchos desde que Daniel Goleman abrió el melón ya hace años. Y libros sobre educación de las emociones en general nos han llegado bastantes a modo de ola o a ola de moda en los últimos años. Pero no conozco ningún libro específicamente dedicado a proponer y guiar en el cultivo de la alegría en nuestros niños y niñas.

Por eso cuando a través de www.espiralesci.es me enteré de su publicación me apresuré a apuntar en un comentario que me parecía un libro sugerente y necesario.

Ahora que lo estoy leyendo podría reseñarlo comentando su contenido pero ¿no será mejor que vayáis a la fuente directamente? Podría también desarrollar una reflexión personal a partir de su libro pero… ¿quien me ha dado vela en este entierro?

Pero sí puedo afirmar, ya con conocimiento de causa, que el planteamiento del libro, efectivamente, es sugerente, conveniente y necesario. Usaré solo dos argumentos.

Aunque Pepa cuestiona con razón la clasificación que la psicología positiva hace entre emociones negativas y positivas, pues es muy engañosa, podemos admitirla por un breve momento. El momento necesario para recordar la imagen de Barbara Fredrickson de un velero.

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Las llamadas emociones negativas (miedo, ira…), con su valor fundamental para la supervivencia serían el casco y estructura del barco. Las emociones positivas (alegría, amor, curiosidad…) son las velas. Son la base de la motivación, de la exploración… Educar con las emociones negativas pero no hacerlo con y para las positivas es como dotar a nuestros niños y niñas de un velero sin velas. Quizá no se ahoguen pero no irán a ninguna parte. “Educando la alegría” nos lo recuerda y nos proporciona material para tejer.

En segundo lugar y recurriendo de nuevo a la psicología positiva. Si fuera cierto lo que se apunta desde ésta de que más o menos el 50% de nuestra felicidad viene de serie con nosotros; un 10% de la misma depende de las circunstancias y el 40% restante depende de que hagamos cosas concretas que la fomenten, la idea vertebradora del libro de Pepa de que la alegría se puede cultivar (sin caer en planteamientos ingenuos e irreales) es crucial.

Tenemos la responsabilidad de enseñar o no a nuestros niños una manera de manejarse en la vida que puede suponer pasar de un 0 en felicidad a un 4, o de un 5 a un 9. Por tanto educar la alegría puede marcar la diferencia claramente entre la desesperación y un mínimo bienestar o entre una vida mediocre o una vida plena.

Quizá me ha quedado algo exagerado. Pero prefiero pasarme de largo que de corto.

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Quiero aclarar que yo no conozco personalmente a Pepa. Pero si pudiera definir nuestra relación virtual diría, y espero que ella esté de acuerdo, que consiste en que “nos seguimos la pista” y por eso nos cruzamos en el ciberespacio con cierta frecuenciaAl menos, cuando yo anuncié que cerraba el blog por un tiempo por, digamoslo así, saturación, Pepa estuvo ahí para acompañarme en mi dolor. 

Así que es lícito que pienses que hablo de este libro por agradecimiento y en parte es cierto. No importa. Este post lo vais a leer cuatro gatos. Ni Pepa ni Desclée de Brouwer necesitan mi publicidad. Sólo me importa que te plantees que “Educar en la alegría” tiene mucho sentido. Es un libro aparentemente “ligero” pero, a mi entender, clave a la hora de plantearnos la educación de nuestros niños y niñas.

Me pasó con “Educar en el asombro” de Catherine L´Ecuyer; he visto nacer “Profesionales portadores de Oxitocina” de Iñigo Martinez de Mandojana (del que ya hablaremos) y me ha pasado ahora con “Educar en la alegría” de Pepa Horno.

Son libros que ya ayudan sólo por el mero hecho de haber sido escritos y estar ahí. Si los tienes en tu estantería o en tu tablet o libro electrónico mejor que  mejor.

Pero con que una de tus neuronas los tenga registrados ya es mucho.

Es lo que pretendo.

 

 

 

 

 

 

 

7 Comments

  1. Gracias porque tener en cuenta a tus”cuatro gatos” que leen los post, como tu dices. Consigues que cada entrada sea un regalo que me ilusiona si abrir el mail y encontrármelo!
    No te disculpes por darnos a conocer un libro, tus cuatro gatos sabemos de ti profesionalidad y de que tu ánimo es dar a conocer lo que ya es bueno para ti.
    Me encantaría si pudiéramos vernos en el Congreso de ASEAF que preparamos en Navarra en octubre del 2018. Tienes tanto que despertar en nosotros….
    Saludos. Helena

  2. Gracias emocionadas. También yo soy una de eaas “cuatro gatos” que encuentra alimento para mi alma en lo que escribes. Y encontratse con que escribes de mi libro y de esta manera me ha conmovido profundo.
    Todo de lo que tú hablas en tus entradas: ternura, consciencia, presencia, dolor, resiliencia, valor, justicias e injusticias..tiene y da sentido. Y “Educando la alegría” no pretende ser sino una propuesta de sistematizarlo en forma de velas. Velas que también llevan jirones de dolor e injusticia sin dejar de ser velas potentes y luminosas.
    Seguiré a este lado de “la pista”
    Gracias de corazón por el reconocimiento humano y profesional y un abrazo grande, de los que alimentan la alegría 😉
    Pepa

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