En mi actividad como “elucubrador” sobre la relación de ayuda y la resiliencia, sin duda una de las experiencias más satisfactorias fue la de preparar y realizar un “Diálogo mano a mano” con Iñigo Martínez de Mandojana. Fue en Zaragoza en abril de 2013 y a propuesta e invitación de la gente locamente sensata de ADDIMA.

La satisfacción abarca desde aprender de Iñigo a construir una presentación conjunta en Prezzi, pasando por el hecho de compartir con él el escenario y acabando por el fortalecimiento de nuestra relación que sigue dándome tantas alegrías.

Sin embargo, si no releo la intervención, no sería capaz de recordar ni lo que dijimos, ni cómo nos salió, ni la ropa que llevábamos, ni… Pero no se me puede olvidar un momento concreto. Recuerdo nítidamente cuando, mientras Iñigo intervenía, entró un tipo vestido de superhéroe con una gran T en el pecho. A grito pelado y subiendo al escenario se presentó como “Super tutor” y realizó una genial parodia de la ingenua pretensión de poder autoproclamarnos tutor de resiliencia de alguien.

Todavía retengo la cara de Iñigo de desconcierto al verse obligado a salir de golpe de su estado de concentración necesaria para su intervención. Yo tuve suerte y esta inteligente “performance” perpetrada por ADDIMA – que no tuvo a bien avisarnos – se produjo cuando le tocaba intervenir a él.

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Es un simple ejemplo de como para la memoria, y el impacto de nuestra experiencia en nosotros, no todos los momentos vividos pesan igual.

Precisamente el primero de los tres bloques en que se dividía nuestro diálogo se presentaba así “Profundizar sobre lo que Javier denomina momentos memorables, bellos, poéticos, significativos que compartes con el OTRO, que llegan a ser transformadores. Por su parte Iñigo insiste en la importancia de las “experiencias cristalizadoras” (Puedes descargar desde aqui un pdf que Iñigo contruyó y maquetó a posteriori o desde la web de ADDIMA)

Ese mismo mes – no sé si antes o después pero sí con la inercia del Diálogo – publiqué un post llamado “Momentos sublimes” compartiendo dos momentos que yo recordaba de mi infancia. Los que siguen son algunos fragmentos de ese post:

Y parece ridículo pero estos dos momentos: en el que fui animal salvaje – creí tener la agilidad de un felino en un juego de persecución –  y en el que fui Gento o Johan Cruyff – en un patio de mi colegio – me han acompañado toda la vida.

Y supongo que me ayudaron a resistir y rehacerme de ser un niño más bien gordito y mediocre en deportes (y otros menesteres).

Por lo que vuelvo a encontrarme es con la idea de que quizá la resiliencia se construye a base de momentos memorables.

Como cuando Tim Guenard vio que los ojos de una jueza se humedecían por él, o que un mendigo le habló de política internacional como a un adulto o cuando un sacerdote hizo esperar a un ministro más de media hora porque estaba atendiéndole a él.

(…) Quizá algún día podamos programar momentos memorables o tutores de resiliencia. Pero no me atrevo a pronunciarme sobre si eso será un buena o una mala noticia.

Pues bien, casi cinco años después dos de mis autores favoritos – Chip y Dan Heat – han publicado en EEUU un libro en el que reconocen la existencia de momentos de este tipo y, tras estudiarlos, afirman que se pueden provocar.

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Los hermanos han publicado tres libros de los los cuales no podría pronunciarme sobre cual me gusta más (y ya he hecho referencia a ellos en este blog)

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Supongo, por tanto, que este acabará siendo también traducido y publicado en España o en castellano. Mientras tanto lo disfruto en mis dispositivos electrónicos con la ayuda inestimable del traductor incorporado en Kindle. A continuación sintetizo el arranque de su planteamiento.

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“El poder de los momentos. Por qué ciertos momentos tienen un impacto extraordinario” (me encanta la portada)

Para el propósito de su libro los Heat definen los momentos definitorios como una corta experiencia que es al mismo tiempo memorable y llena de significado. Entendiendo “corta” en un sentido relativo: un mes es una experiencia corta en el total de la vida de una persona pero no en el contexto de “un verano”. Un minuto puede ser corto en el contexto de un día pero quizá también en una llamada de atención al cliente cuando tenemos un problema.

Estos autores han encontrado cuatro características que están detrás de que aparezca un momento definitorio (pueden llegar a serlos por sólo una de ellas, por una combinación de varias o por todas ellas conjuntamente)

ELEVACIÓN

Estos momento se elevan o se distinguen de lo cotidiano. Destacan sobre la mayoría de los momentos del día. Trascienden el curso normal de los acontecimientos. No son ordinarios. Se suelen presentar por sorpresa.

PROVOCAN UN “INSIGHT”

Los momentos definitorios provocan una revisión o nueva visión de nosotros mismos o del mundo. En unos pocos segundos o minutos nos damos cuenta de algo que influenciará nuestra vida por décadas.

(Me acuerdo de Bernardo Ortín – del que luego volveré a hablar – desmintiendo que a la mente le cuesta cambiar. En un instante la mente puede dar un giro de 180 grados- Luego volverá a aparecer esta idea)

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ORGULLO

Los momentos definitorios capturan lo mejor de nosotros mismos: momentos de logro, momentos de coraje…

CONEXIÓN

Los momentos definitorios son sociales. Se fortalecen porque los compartimos con otros.

Ya puestos… yo me atreví a afirmar en Zaragoza que las experiencias o momentos sublimes se caracterizan por ser (copio parte del documento)

  • claramente positivas (si no serían trágicas o neutras)
  • intensas – sorprendentes, inesperadas

Y tienen un doble efecto:

  • Sobre el yo que recuerda: bien modificando el tono general o bien creando una isla de color (Antes de la experiencia “Todo es una mierda” Después “No todo es una mierda”) Porque no es cierto (como dice Bernardo Ortín) que el cerebro solo pueda hacer cambios lentos. El cerebro puede reconfigurarse en un instante (que se lo digan a Pablo de Tarso)
  • Pero también sobre el “yo que anticipa” (al que Kahneman no cita – sí Agustín de Hipona aunque no es un autor tan actual-). La “experiencia sublime” tiene el poder de, gracias a su efecto “reconfortarte” hacernos desear que ésta se repita y por tanto actuar, a partir de entonces, como motor motivacional.

La experiencia o momento sublime, que se resume en “¡ostras! ¡que chulo!… ¡yo quiero!” en definitiva actúa porque “transmite la noticia de una diferencia” (Bateson) y en este caso de una “buena noticia”.

Los hermanos Heat han investigado, yo sólo intuí… ¡pero no iba tan desencaminado! ¿no? (Momento orgullo autogenerado)

Chip y Dan (no puedo dejar de pensar en las dos ardillas de Walt Disney)  terminan este primer capítulo advirtiendo que no sólo hay momentos definitorios positivos sino también negativos: momentos traumáticos.

PARÉNTESIS: En su reciente programa “Salvados” sobre la depresión pregunta a las personas participantes que la han padecido por el peor momento que recuerdan. Una de ellas afirma que no fue estar en una institución psiquiátrica y atada a la cama, sino las palabras de un chico al que llevaba conociendo unos pocos días y que le dejó porque deseaba tener hijos y quizá la depresión fuera hereditaria. No cabe duda de que ese momento sigue actuando todavía en ella. En este caso no para bien.

Pero el objetivo del libro de los Heat no es analizar esos momentos con poder de destruir sino llegar a dar pistas para que los positivos, no sólamente sucedan, sino se puedan provocar.

Ya en el segundo capítulo empiezan a dar pistas con ejemplos concretos. Si la vida me deja ya lo compartiré y si no esperemos que el libro se publique en castellano.

Termino el post recordando que cuando fuí compañero de trabajo de Bernardo Ortín, él estaba terminando con Trinidad Ballester el maravilloso libro “Cuentos que curan”  que ya va por la 5ª edición.

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En un ataque de inconsciencia impropio de él me pidió que pensara en una situación de alguien que pasara por una situación difícil y escribiera un cuento terapéutico. Escribí dos y se los mandé para que eligiera. Pero seguía febril e incluyó los dos. De ellos uno (“La semana”) me gustaba menos pero ahora me doy cuenta de que en él diseñé una estrategia para provocar “momentos definitorios”. Ahí lo dejo. Si quieres lo puedes descargar (son tres folios)

Pero si puedes, mejor compra el libro. Vale la pena.

3 comentarios en “Momentos definitorios

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