Ayudarse: Silenciando la voz… del celular

Se llaman libros de “Autoayuda” a aquellos donde un señor o señora nos dice como solucionar alguno de nuestros problemas ¡AUTOayuda! ¿Dónde está la AUTOayuda?

Lo que sigue SÍ es un texto sobre una experiencia de autoayuda genuina. Gracias, Milly, por compartirla con nosotros. (No os perdáis otro regalazo de Milly – y Arie Schwartsman- al final del post)

 

SILENCIANDO LA VOZ…  DEL CELULAR

Dra Milly Cohen

Milly Cohen es docente universitaria. Tallerista del tema de Resiliencia (1). Autora de varios libros.

millyask@gmail.com

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Dejé de usar mi celular durante las vacaciones. Ni celular, ni computadora, ni comunicación por ninguna vía tecnológica. Sólo diálogos cara a cara, a la antigüita. Contacto visual y contacto físico. Silencié una de nuestra tantas voces, porque hoy ya no solamente nos comunicamos escribiendo o  charlando, sino también chateando, tuiteando, facebookeando, instagrameando, y de otras muchas maneras más.

 El ejercicio tenía muchos propósitos, algunos más claros y sencillos que otros. Quería estar en el presente, gozar el momento sin tener que registrar cada paso que daba o compartir cada nueva experiencia que sucedía.  Quería librarme de esa urgencia por enviar por whatssaps, instagram, snapchat, twitter o facebook, ese hermoso atardecer. Me era familiar la sensación de sentirme triste cuando me perdía de ver el sol esconderse por andar fotografiando  el mar y enviándolo a mis contactos. ¡Qué curioso llamar contactos a quiénes ni siquiera rozamos! (Contacto: hecho de tocarse físicamente dos personas o cosas).

Necesitaba también estar quieta, sin nada más que hacer, sólo estar. Las nuevas  generaciones son multitasking  y  nos contagian esas ganas de hacer. Si no hacemos, si no producimos, si no estamos comunicando constantemente,  sentimos que perdemos el tiempo. Incluso,  en la actualidad, las temáticas de libros que abundan las librerías  nos enseñan cómo hacer mucho en poco tiempo, aprender todo con poco esfuerzo.  Hay varios sitios en internet que te resume los mejores libros sobre negocios y temáticas científicas para que los puedas leer en menos de 20 minutos. Parece ser que el resumen es mejor que el paquete completo,  que el producto vale más que el proceso. ¿Cómo es que alguien que no sea yo puede decirme cuáles son  las ideas principales de un texto, principales para quién?

También quería dejar de  preocuparme por mi celular, una responsabilidad  más.

¿Dónde lo dejé?

No me lo vayan a robar.

No tengo pila.

Se me fue la señal.

Estas son algunas de las quejas más comunes que vivo a diario y de las que me intenté librar durante las vacaciones. Un peso menos.

 Durante este experimento me enfrenté a varios dilemas y frustraciones, sobretodo  de aquellas personas cercanas a mi. ¿Por qué no vas a llevar celular? ¿Cómo haremos para comunicarnos contigo? ¿Y si te pierdes? ¡No es justo lo que haces! Debo explicar que los que hablaban y se  molestaban eran las mismas personas que estarían conmigo de vacaciones. Por ello me cuestionaba: ¿qué les enojará  tanto? ¿Será que el  estrés realmente lo ocasiona la representación mental que nos hacemos de él y no la realidad? Con un poco de humor me decía a mi misma:¿no será más importante que vaya yo al viaje a que vaya mi celular?

 Entendí que amorosamente me transmitían muchos mensajes, uno de ellos, el más importante, era el siguiente: por esta vía también te necesitamos. Y es que ahora somos esenciales tecnológicamente hablando. Los celulares no son aditamentos o  recursos, hoy significan  una  extensión de  nosotros mismos.  Y eliminarlos es como cortarnos un brazo.  ¡Mi  familia me quería completa!  Aunque yo no sea una millennial (pues nací mucho antes) de alguna u otra forma ya todos nos caracterizamos por dominar la tecnología como una prolongación de nuestro propio cuerpo. Casi todas las relaciones básicas cotidianas están intermediadas por una pantalla. Parece ser que realidad y virtualidad son dos caras de la misma moneda.

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No voy a decir que no tuve momentos en que necesité esa vía para comunicarme con los demás, pedí el celular de alguien más en varias ocasiones y quizá me perdí de comentarios, fotografías y chistes que se compartían en esa dimensión virtual (aunque físicamente nunca me perdí como lo  temían). Pero la balanza definitivamente se inclinó hacia lo bueno, un acierto no llevarlo, prescindir de esos ojos y oídos para usar los que tuve desde que nací, los naturalitos.

 Una noche hice un juego con mis sobrinos adolescentes. Pregunté qué era aquello que pudieran quitarles que les causara terror profundo, catarsis, dolor y hasta depresión. Todos dijeron que su celular.  ¡Antes la respuesta era tan distinta, los hijos tenía miedo de perder a los padres, por ejemplo! Lo que sucede es que estos aparatos ya  no son sólo un medio de comunicación para ellos sino una parte íntegra de su vida social. Consultar, compartir y comentar es la principal actividad que realizan a través de sus teléfonos inteligentes.  Yo quería consultar, compartir y comentar en mis vacaciones sin el celular de por medio. Y lo conseguí.

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Disfruté a mis nietos, a mis hijos, a mis  hermanas, a mis padres, de una forma distinta, quizá ni mejor peor que aquellos que si llevaban celular, pero si de una manera más novedosa para mi. Mis manos estaban libres para cargar, mis bolsas de los pantalones vacías  y mis cargadores, descargados. Mis pestañas eran sólo dos  (no la multitud de pestañas que abro diariamente en mi computadora) y absorbían todo lo que veían. Caminaba mirando al frente y no hacia abajo. Tomaba café sin atender mis mensajes, sino atendiendo a la charla y a la persona. Respetándola. Y cuando esa persona se levantaba al baño, ¿qué crees? no apuraba mi vista a mi celular, sino que  aprovechaba para disfrutar del paisaje, relajada, sin inmediatez enfermiza.

Al  final, fue una buena experiencia, por lo menos sirvió para redactar este artículo. Me decidí a escribirlo justo cuando en un momento de mis vacaciones me encontré comiendo con mis familiares  en una mesa  de un restaurante, todos ellos mirando  a su celular mientras llegaba la mesera a tomar nuestra orden. Al quejarme, me respondieron: ¡pues para qué no lo trajiste! Ese fue el momento  decisivo. Espero que algunos de mis aprendizajes sean útiles a padres de familia o docentes como yo.

Aprendo que en la vida, nada debe ser más fuerte que yo, y si no me apego, puedo prescindir de ello. No sé si es muy tarde para enseñar esto a nuestros hijos y alumnos. La  tecnología llegó para quedarse pero no por ello debo ser dependiente de ella.   Nada ni nadie me trae tanta felicidad como las sensaciones que percibo de la vida real, no de la vida en pantalla.  El  aire, el sol, la lluvia, la nieve, deben apreciarse en su  contexto, y para ello, debo  salir a  encontrarme con la naturaleza dejando el celular en casa. No puedo empatarlos a los dos. Así como hay momentos para el regocijo y momentos para el trabajo, deben haber instantes virtuales e instantes reales.  Contactos físicos y mi lista  de contactos.  Equilibrio.

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 También  aprendo que la fórmula es tomar las  cosas como son, no como nos gustaría que fueran. Ya no podemos pelear por tener el lugar protagónico, ese lo tienen el celular, la computadora, el Facebook  y las redes sociales.  Nos  conviene  aliarnos a ellos y utilizarlos como plataforma para compartir y enseñar, como ventana para asomarnos a  descubrir un mundo a nuestro alcance,  como trampolín para atravesar horizontes y como una oportunidad novedosa de vivir  en esta nueva era.

 Y eso si, lo más relevante de este experimento es descubrir que a pesar del miedo y la ansiedad, no mata estar sin celular algunos días. Y lo que no te mata, te fortalece. Mandar a la tecnología de vacaciones cuando nosotros estamos de vacaciones, aunque  cause tormento al inicio, produce calma al fin. Esto nos acerca a nuestros seres más queridos y nos permite estar en contacto, hablando del contacto físico de antaño.

 Referencias

Biografía del silencio (2016). Pablo d Ors.

6 rasgos clave de los millennials, los nuevos consumidores. (2014) Antoni Gutiérrez-Rubí.

(1)

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Puedes visualizar pinchando  aquí la grabación de  la entrevista de Arie Schwartsman a Milly Cohen (“Resiliencia y como nos puede ayudar en momentos de intensidad en nuestra vida”) (12/2/2018)

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(Este post pertenece también a la serie “Cruzando el umbral digital”)

 

2 Comments

  1. Hola Javier
    Leyendo esta entrada me acordaba de una frase de Javier Pérez Andújar en uno de sus artículos que publica en el Periódico de Catalunya:
    “Pienso o existo, porque las dos cosas a la vez no doy abasto”
    Que refleja también el estrés al que nos conduce la necesidad (creada) de estar en todo.

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