Yo te cuido y… ¿te desarrollo?

Presentación1

No. Este post no trata de lo afortunado o desafortunado de la metáfora de la “semillita” para explicar a los niños la procreación. Algo con lo que Quino consigue la graciosa viñeta de arriba.

Se trata más bien de si la metáfora de sembrar y cultivar sirve para explicar a los propios padres y madres la adecuada función parental (según diccionario  R.A.E “Parental: “Perteneciente o relativo a los padres o a los parientes” o “Que se refiere a uno o ambos progenitores“)

Reconozco que cuando vi la portada de este libro (Editorial Planeta) , no sólo no me atrajo sino que, me tiró un para atrás. Quizá fue que la foto me pareció un poco cursi. O simplemente es que a mis 57 años y con mis hijos ya mayores, los  libros que ofrecen modelos de crianza me resbalan porque lo hecho, hecho está (a los nietos, gracias a Dios, no se les educa, se les quiere simplemente).

Pero pocos días después me lo volví a encontrar y, al no haber localizado ninguna otra novedad interesante, le di la vuelta y leí la sinopsis de la contraportada (la negrita es mía):

En contra de los modelos actuales de crianza, ser padres no es una labor de carpintería, no es un trabajo que tenga como objetivo «tallar» a un niño para convertirlo en un modelo particular de adulto. Por el contrario, ser padres es como cuidar un jardín. La labor de los padres es la de procurar un medio fértil, estable y seguro que permita prosperar a muchas variedades de flores. Crear un ecosistema vigoroso y flexible que facilite que los propios niños desarrollen muchos, variados e impredecibles tipos de adultos futuros. Se trata también de favorecer una relación humana específica, un amor comprometido e incondicional, entre un progenitor concreto y un hijo concreto.

¡Vaya sorpresa! ¡Justo todo lo contrario de lo que yo había imaginado! Un libro en contra de los cada vez más vendidos y vendibles “Cómo criar niños X” (X=Lo que tu quieras)

Así que averiguo y descubro cosas como que:

1.- Alison Gopnik no es una periodista metida a pedagoga sino una psicóloga, formada con Jerome Bruner, con experiencia en investigación científica sobre el desarrollo infantil. Descubro alguno de sus primeros libros como “The fhilosophical baby” del que creo que hay dos ediciones en castellano en Planeta (“El filósofo entre pañales” en Temas de Hoy y “El bebé filosófico” ).  Puedes ver una síntesis en su conferencia TED (“¿Qué piensan los bebés”? ya con subtitulos en castellano.

 

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2.- Tiene más o menos mi edad, hijos mayores y ya es abuela como yo. Dice escribir el libro como científica pero también como filósofa, como madre y como abuela. ¡Me ha ganado! ¡Es de los míos! (Yo soy padre, abuelo y, en este blog, no hago otra cosa que filosofar. Tres de cuatro)

3.- Su interés va más allá de transmitir a los nuevos padres lo que la investigación de los últimos 20 o 30 años sobre el desarrollo infantil nos está mostrando, sino también a la sociedad en general y a las instituciones públicas para poder diseñar políticas de infancia y familiares más correctas (No te pierdas un torpedo a su propio país un poco más abajo).

Es obvio que acabo apretando a “Comprar con un click” en alguno de mis dispositivos con Kindle y, en los siguientes días, y a ratos como siempre, comienzo a leer. LLevo solo el 8% del libro (eso sí, subrayado electrónicamente en un 60% largo de su contenido) y ya he encontrado párrafos contundentes como estos (otra vez la negrita es mía):

Pero es muy difícil encontrar alguna relación empírica y fiable entre las pequeñas variaciones que puede haber en lo que hacen los padres —variaciones que son el foco de atención de los consejos de los expertos sobre la crianza de los niños— y los rasgos adultos resultantes en sus hijos. Hay poquísimos indicios de que las decisiones conscientes que puedan tomar los padres respecto a permitir que los niños duerman con los adultos o no, dejarles llorar o tenerles en brazos hasta que se duerman, u obligarles a hacer más deberes o dejarles jugar, tengan efectos a largo plazo, fiables y predecibles, en quiénes se convertirán esos niños. Desde una perspectiva empírica, los modelos de crianza son una pérdida de tiempo (…)

A los padres de clase media les consume la presión de conseguir asistencia profesional para educar a sus hijos. Gastan, literalmente, millones de dólares en orientación y recursos parentales. Pero, al mismo tiempo, las instituciones sociales de Estados Unidos, el gran generador y epicentro de todas estas teorías educativas, proporcionan menos ayudas a los niños que las de cualquier otro país desarrollado. Estados Unidos, donde se venden todos esos libros sobre la crianza de los niños, tiene también los índices de mortalidad y pobreza infantil más altos del mundo desarrollado.

Ahí lo dejo.

En su último post, Jose Luis Gonzalo Marrodán, nos ofrece 7 estupendas metáforas que los profesionales podemos utilizar en nuestro trabajo con padres o referentes del menor. Pues a esas 7 se puede sumar la potente metáfora que ofrece Alison Gopnik oponiendo a los padres como carpinteros, los padres como jardineros.

Una metáfora que puedo trasladar rápidamente a mi experiencia (buena o mala) en protección de menores de dos maneras:

1.- Cuando se intenta meter en el mismo saco la experiencia de criar y educar a un hijo o hija y de acoger a un niño o niña tutelada por la Administración, habría que avisar que lo primero es como el jardinero que diseña un jardín de cero y a su gusto o de su cliente- Y que, en cambio, lo segundo es como si le encargamos que arregle un jardín mal cuidado o abandonado por mucho tiempo. No es exactamente lo mismo.

Resultado de imagen de jardin abandonado

2.- He empezado a compartir unas poquitas horas de formación con un grupo de maestras y maestros de un colegio de mi ciudad y el otro día intentaba recordarles que la negligencia y los malos tratos familiares provocan graves problemas de aprendizaje. Es decir: No te cuido bien (en casa) y tú no aprendes (en el colegio).

Pues el libro de Alison Gopnik mantiene lo mismo pero lo utiliza en otra dirección: Yo te cuido bien y tú aprendes. Y eso lo mantiene frente a los que piensan: Yo (tu padre o tu madre) te cuido, te enseño, te modelo… según todos los cursos, conferencias y libros que he escuchado o leído.

O lo que es lo mismo

Yo te cuido y tú te desarrollas” frente a “Yo te cuido y te desarrollo

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