¿Tiene sentido pensar en una educación familiar para la resiliencia?

UJI

El pasado 26 de marzo tuve la oportunidad de compartir un rato de reflexión sobre familia y resiliencia en el Ciclo de Conferencias “Los lunes en familia” que se organiza todos los años en el marco del Máster Universitario de Intervención y Mediación Familiar de la Universidad Jaime I de Castelló de la Plana. En este link podéis ver  las conferencias de otros años (¡Qué lujo!)

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Francisco Juan García Bacete es tanto el Director del Máster como el organizador del Ciclo.

Tendrá que reconocer que esta vez, otro profesor, Jordi Sanahuja, le metió un gol al proponerme a mi como ponente. Pero ahora …. ¡a lo hecho, pecho! Y el que está encantado de haber estado allí fui yo.

En primer lugar porque me sentí muy acogido por ellos y porque me reencontré con algunas personas con las que comparto sufrimientos como técnico de la Generalitat Valenciana y, en otros casos,  como familia de acogida.

Y en segundo lugar, como le comentaba al día siguiente a Francisco, porque preparar una charla, conferencia o curso es siempre la oportunidad para descubrir algún aspecto nuevo en lo que tú creías ya conocido. Y así me ha ocurrido otra vez.

Siempre he pensado que la resiliencia no se puede provocar pero sí favorecer. También estoy convencido de que hay contextos (culturales o relacionales) que son traumáticos y contextos que son curativos (proporcionan las condiciones para retomar un desarrollo positivo tras el trauma).

Por otra parte me encantan “mis familias” (en la que me crié, la de mi mujer, y la que sorprendentemente hemos creado).  También otras muchas que conozco. Pero trabajo con menores que han tenido que ser separados de su familia porque no sólo no eran fuente de resiliencia sino que son su mayor adversidad. Así que hablar de “la familia” en general es como no decir mucho. Pero aún partiendo de una familia, como se suele decir… “funcional”, ¿tiene sentido pedirle a esa familia que favorezca la resiliencia de sus niños y niñas?

Porque en sentido estrictamente lógico es más bien lo contrario, un contrasentido. Educar para la resiliencia es, sea lo que eso sea, algo, cuanto menos, extraño o perverso. Educar para la resiliencia es preparar a un niño o niña para el fracaso. Significaría, creo yo, preparar a un niño para resistir y rehacerse de una desgracia. Y, por tanto, implicaría enseñarle o profetizarle que en algún momento las va a pasar canutas.

“Mira, Juanito, vas a escribir todos los días un poquito en este diario que te regala el papá porque si a los 17 años tienes un accidente con la moto que te compraremos y te quedas paralítico, la introspección y la escritura te ayudarán a encontrar sentido a tu infortunio”. 

Suena fatal, la verdad.

Pero es que además, aunque no lo dijéramos, ni siquiera se nos puede pedir que proyectemos un futuro desgraciado. Nuestro cerebro, como dijo no se quién, no está diseñado para conocer la Verdad. Está diseñado para la Supervivencia. Y además de prepararnos para no ser aplastados, apuñalados, envenenados, etc nuestro cerebro nos protege (excepto en estado de seria neurosis) de la misma idea de la desgracia futura.

Lo de “vivir como si fuera el último día de tu vida” está muy bien para vender libros de autoayuda pero el cerebro, en lo cotidiano no funciona así. El mio al menos me dice todos los días que el accidente, el cáncer o la bancarrota le va a pasar a otro, a mi no. Y creo no ser un bicho raro porque lo que muchas víctimas piensan en un primer momento es: ¿Por qué a mi?.

Como mantiene Allison Gopnik en su libro “¿Padres jardineros o padres carpinteros?” la tarea de la crianza y educación familiar es de extrema complejidad. Debemos conseguir que las crías animales con más largo periodo de dependencia absoluta lleguen a ser hombres y mujeres totalmente autónomas e independientes. Además lo debemos hacer en base a nuestro repertorio de tradiciones y experiencias pero para un mundo que ya no será como el nuestro. Tenemos que conseguir que la niña o el niño juguetón y explorador pase a ser una persona adulta productiva y trabajadora. Y todo ello en base a nuestro amor especial y específico a nuestro hijo o hija pero sin anteponer absolutamente su interés al de los otros niños, niñas y personas de la sociedad (lo de “yo por mi hija mato” queda bien en una tertulia televisiva pero no parece ni muy adaptativo ni muy práctico en la realidad)

¿No es todo esto ya bastante complicado cómo para pedirle a las familias que además preparen a sus niños, niñas y jóvenes para resistir y rehacerse de la desgracia?. Si debemos trabajar su flexibilidad psicológica – algo esencial para la resiliencia –  ¿tendremos que someterlos a constantes tensiones en un sentido u otro para ello? En palabras menos finas:¿”putearlos adrede”?.

Esto no es nada más que un post así que no pretendo abordar la cuestión. Sólo pretendo compartir mi asombro por la complejidad de la tarea que se nos encomienda a los padres. Pero al respecto puedo dejar una perlita encontrada en el último libro de Boris Cyrulnik y un consejo inverso.

“La educación consiste en impregnar en la memoria de nuestros niños algunos momentos felices, luego hay que ponerlos a prueba separándolos de forma momentánea de su base tranquilizadora. 

Cuando, inevitablemente, llegue el momento difícil de toda existencia, el niño habrá adquirido un factor de protección: “Estoy armado para toda la vida – dicen – soy amable porque fui amado, sólo tengo que buscar una mano tendida”

“Psicoterapia de Dios. La fe como resiliencia”. Editorial Gedisa. 2018. Pág. 13.

En cuanto al consejo inverso.

Si quieres que tu hijo o hija, aun teniendo todas las condiciones favorables para su buen desarrollo integral, acabe mal (lo que yo llamo “anti-resiliencia”) encárgate de:

No usar nunca ni fomentarle el sentido del humor sano o constructivo.

Insistirse en que nunca pida ayuda o que, en todo caso, la exija.

Educarlo para que sólo se preocupe de si mismo y enseñarle que las cosas son como son y no hay que darle más vueltas. La vida se vive, no se piensa.

Así que nada de creencias, laicas o religiosa, o cualquier pensamiento trascendente.

NOTA: Si te sale artista o si tiene alguna capacidad o habilidad especial  no se la fomentes. Pero si no la puedes evitar, intenta solucionarte la vida con ella.

Lo voy a dejar aquí por “decencia bloguera”.

Pero lo más curioso es que cuando llegué a casa de Castellón y mientras saludaba y vaciaba los bolsillos en las noticias estaban contando que algunas personas famosas y ricas, como Bill Gates o algunos actores famosos de Hollywood estaban optando por desheredar a sus hijos para que no crecieran pensando que ya tenían la vida resuelta

¿Será eso “Educar para la resiliencia”?

Vete tu a saber.

PD: Dejo aquí, tras pedirle permiso a Francisco Juan García Bacete,  la presentación que use en la UJI. Por si te pudiera inspirar algo interesante.

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