Momentos definitorios (2): Pensar en momentos

Ya presenté en el blog el libro “The power of moments” de mis admirados hermanos Heath. Después publiqué un ejemplo de un momento definitorio encontrado en el libro “Los fabulosos Frank” de Michael Frank. Ahora continuo resumiendo y comentando algunas ideas esenciales del primero.

Si los momentos definitorios positivos (los negativos se suelen llamar “traumáticos”) suelen tienen una o varias de cuatro características (elevación, insight, orgullo y conexión) y queremos incrementar la probabilidad de que estos momentos se den deberemos aprender a pensar en términos de momentos.

Los autores proponen que para poder “fabricar” momentos definitorios debemos antes habituarnos a pensar en términos de momentos puesto que no se trata de una forma natural de pensar. Solemos pensar en términos de continuidad, periodos, épocas, procesos… pero no en términos de momentos. ¿Cómo te ha ido el día? ¡Es una época complicada! En aquel tiempo yo….

Pero en realidad la cosa no va exactamente así. Si me obligas a recordar el día de la muerte de mi padre no todos los momentos de ese día fueron iguales. Por ejemplo a mi memoria, antes que otros, vendrá el momento en que una hora después de recibir la noticia, y en casa de un amigo, me vi sentado con otros muchos amigos y amigas y acabamos riéndonos contando chistes. Fue claramente un momento de conexión que si no ha sido definitorio en mi vida si ha quedado grabado especialmente en mi memoria. Y que me enseñó la potencia del humor para la conexión interpersonal y para la superación de malos momentos.

De hecho muchos momentos si los remarcamos culturalmente: nacimientos, cumpleaños, graduaciones, funerales… son formas de resaltar determinados momentos en nuestra existencia. Y son un ejemplo de que el transcurso de la vida  necesita de determinados signos de puntuación.

Lo que plantean los hermanos Health es que podemos ir más allá de los signos de puntuación culturalmente aceptados y buscar estrategias para resaltar momentos que puedan ser definitorios (para bien) en la vida de las personas.

Pero para ello tenemos que darnos cuenta de que el continuo experiencial puede descomponerse en una sucesión de momentos y que estos no se representan por una linea recta. Podríamos imaginar una linea recta imaginaria que separa lo percibido como positivo (arriba) y lo percibido como negativo. Y la linea de nuestra experiencia se desarrolla ondulando por encima y por debajo de dicha recta o a veces con saltos y caídas abruptas.

Así no es incompatible que en el día “más feliz” de tu vida (sea el que sea) puedas encontrar uno o varios momentos que quedaron por debajo de la frontera imaginaria entre lo positivo y lo negativo. También en el “peor momento de tu vida” quizá puedas recordar algún momento agradable o incluso gozoso.

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A veces basta un solo momentos malo para aguar todo un conjunto de momentos estupendos. Como cuando Daniel Kahneman explica que un chirrido por un defecto en el vinilo al final de una maravillosa sinfonía puede hacer que el melómano califique toda la experiencia como negativa.

Por el contrario el momento maravilloso cuando cuando mi profesora de inglés en B.U.P. dijo: “¡No me da tiempo a haceros el examen oral a todos! Los que tengáis el examen escrito aprobado podéis iros a casa” me ha hecho olvidar todos los momentos angustiosos anteriores.

Para Dan y Chip Health existen muchos momentos que marcan TRANSICIONES en la vida; otros que podemos considerar HITOS importantes y algunos que podríamos calificar como HOYOS. Estos tres tipos de momentos son momentos definitorios naturales.

Las transiciones señalan el cambio de una etapa a otra de la vida personal, social, laboral… No cabe duda que el primer día que un niño o niña acude a la escuela infantil es un momento memorable para el entorno familiar. Pero probablemente no se viva con igual intensidad el primer día del 5º de Educación Primaria. Quizá sí el “primer día de Instituto” (sobre todo si se estudiaba en un colegio hasta entonces). Pero ya no el primer día de 2º de Bachillerato.

Los autores, provinientes del mundo de la empresa que no de la educación ponen el ejemplo de como una conocida y potente empresa de tractores y maquinaria agrícola que ha hecho del “primer día de un trabajadores en la empresa” toda una experiencia emocional que ha mejorado significativamente el sentimiento de pertenencia a la misma de sus trabajadores.

Pero también recuerdan la ya conocida importancia de los rituales terapéuticos como el caso de una experiencia creativa en una Parroquia en la que hicieron una  “boda inversa” para que una feligresa que había quedado viuda pudiera públicamente ser liberada de los votos de fidelidad adquiridos en el matrimonio. Parece obvio que el mero hecho de la muerte ya nos libera de los mismos pero quizá en algún caso sea preciso un momento “visible” de transición para ayudar a la persona en su proceso de duelo.

A esto es a lo que los autores llaman pensar en momentos. En ser capaces de no ver la vida sólo como un continuo sino como una sucesión de momentos de distinto peso o significación en las personas.

De hecho hay cumpleaños que suelen ser considerados culturalmente como más importantes: 18, 21, 30, 40, 50, 60, 100. Puedes estar tranquilo o tranquila. Nadie te va a hacer una fiesta sorpresa el dia que cumplas 26 o 54. Pero prepárate para el día que cumplas 40 o 60.

De hecho algunas empresas se están dando cuenta de la utilidad de marcar ciertas fechas de sus clientes para conseguir la fidelización de los mismos. Te felicitan el día de tu ; te mandan algún pequeño cheque-regalo, o celebra un determinado tiempo que te uniste a ella de alguna manera. ¿Qué pasaría si un día un maestro o profesor llegará y dijera: hoy vamos a hacer algo especial y diferente para celebrar que llevamos 3 meses juntos? Probablemente no cambiaría nuestra vida significativamente pero quizá aumentara en una unidad o dos la conexión con él y de la clase. En todo caso, lo que es evidente es que, no mencionándolo seguro que no pasaría absolutamente nada.

Pero junto con las momentos que definen transiciones o hitos tenemos momentos definitorios negativos (hoyos) que deben ser rellenados. En un concierto de música moderna el tiempo de espera debe ser rellenado con música de fondo o con “teloneros”. Un diagnóstico de cáncer requiere un encuentro inmediato con profesionales u otros afectados para insuflar esperanza. Las máquinas de resonancia magnética para niños tuvieron que ser diseñadas de forma amigable para ellos.

En definitiva, las transiciones deben marcarse; los hitos deben ser conmemorados y los hoyos deben ser rellenados. Esta es la esencia de pensar en momentos. No todos los momentos definitorios son de alguno de estos tipos y alguno podría tene Pensar enr aspectos de más de uno.

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Estoy convencido que la estrategia de pensar en momentos es esencial para aquellos que trabajamos en contextos concretos de ayuda: colegios, centros de menores, centros residenciales o de día para ancianos, etc.

En el documental “The Bad Kids” que ya reseñé en otro momento puedo descubrir varios ejemplos:

  • La directora recibe cada día a cada uno de los alumnos y los saluda (algo que recientemente una directora de un Colegio Público me decía que también hacía dentro de sus posibilidades y me encantó)

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  • El día que un alumno concreto consigue los créditos necesarios para graduarse (es lo que en España creo que se llama “centro de segunda oportunidad”) se realiza un ritual por el cual, de la mano de la directora el alumno o alumna recorre todo el pasillo, y los demás alumnos y alumnas aplauden y vitorean a su paso. No es al acto colectivo de la graduación sino remarcar el momento concreto en el que el alumno o la alumna alcanza el objetivo (hito)
  • Pero para llegar a ello hay momentos en que el tutor se reune con el o la alumna para planificar el progreso en créditos de los siguientes días o semanas. Es lo que, más adelante, los hermanos Health denominan “multiplicar los hitos” para conseguir pequeños momentos de orgullo.
  • Y también podría haber lo que hemos llamado “rellenar los hoyos” como cuando la directora se reúne con una alumna en el hoyo de experimentar el desamor paterno y la directora comparte con ella su propia experiencia familiar.

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