Posts robados: “Prepara a tu hijo para el camino y no el camino para tu hijo”

El artículo “The fragile generación. Bad policy and paranoid parenting are making kids too safe to succeed” (La generación frágil. Las malas políticas y la crianza paranoica están haciendo que los niños estén demasiado seguros para tener éxito) se publicó en diciembre de 2017 en Reason.com.

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Sus autores son Jonathan Haidt y Lenore Skenazy. Conocía al primero de un estupendo libro “La Hipótesis de la Felicidad. La búsqueda de verdades modernas en la sabiduría antigua”(Gedisa) y por sus investigaciones de psicología social de la ideología.

Y por lo que he averiguado Lenore Skenazy fue el centro de una polémica en EEUU hace unos años cuando fue denunciada por permitir que su hijo de 9 años cogiera sólo el metro para ir y volver del colegio. La apodaron “la peor madre de América”. En reacción se convirtió en una activista para denunciar los efectos de la sobreprotección en la crianza de los hijos.  Es autora de libros y artículos al respecto.

Uno de estos es el siguiente. La traducción y las negritas son mías. Es algo largo para un post así que te dejo un link para imprimirlo o descargarlo si lo prefieres. (Son 9 folios)

La generación frágil
Jonathan Haidt – Lenore Skenazy
Diciembre de 2017

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Un día del año pasado, un ciudadano, en un camino por el bosque en el suburbio de Elmhurst, en Chicago, se encontró con un adolescente cortando leña. No el tronco sino
sólo algunas ramas ya caídas. Sin embargo, el paseante llamó a la policía.

Los oficiales interrogaron al niño, quien dijo que estaba tratando de construir un fuerte para él y sus amigos. Un periodico local informaba que la policía luego “tomó las herramientas para su custodia y se las devolvió a los padres del niño“.

En otra parte de los Estados Unidos, los preescolares del Learning Collaborative en Charlotte, Carolina del Norte, estaban encantados de recibir un set de juegos de parque infantil gentilmente donado y poco usado. Pero los niños pronto descubrieron que no se les permitiría usarlo, porque la superficie sobre la que se instalaría (hierba en lugar de arena o serrin) no cumplía las regulaciones locales de seguridad.

En la revista “Padres” se publicó lo siguiente hace unos años: “Su hijo tiene edad suficiente para quedarse en casa brevemente, y a menudo lo hace. Pero ¿está bien dejarle con un amigo mientras corres a la tintorería?” La revista afirmó que en absoluto: “Lleve a los niños con usted, o haga el recado en a otro momento“. Después de todo, “hay que asegurarse de que los sentimientos de ninguno se lastiman demasiado si hay un conflicto entre ellos”.

El tema es así de sencillo: esta generación de niños debe protegerse como ninguna otra. No pueden usar herramientas, no pueden jugar en el césped, y no se puede esperar que gestionen una disputa con un amigo.

Y esto, podría argumentarse, es la razón por la cual tenemos “espacios seguros” en los Campus Universitarios y “milenians” que se pierden hitos de adulto en la actualidad. Le dijimos a una generación de niños que nunca se está demasiado seguro, y nos creyeron.

La seguridad primero

Hemos tenido las mejores intenciones, por supuesto. Pero los esfuerzos para proteger a nuestros niños pueden ser contraproducentes. Cuando criamos a niños que no están acostumbrados a enfrentar nada por su cuenta (incluidos los riesgos, los fracasos y los sentimientos heridos) nuestra sociedad e incluso nuestra economía están amenazadas.

Sin embargo, las prácticas y leyes modernas de crianza de los hijos parecen diseñadas para cultivar esta falta de preparación. Existe el temor de que todo lo que ven, hacen, comen, escuchan y lamen los niños pueda lastimarlos. Incluso hay una creencia más nueva que se ha extendido a través de la educación superior, que las palabras y las ideas mismas pueden ser traumáticas.

¿Cómo llegamos a pensar que una generación de niños no puede manejar los desafíos básicos de crecer?

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A partir de la década de 1980, la infancia estadounidense cambió. Por una variedad de razones -incluyendo cambios en las normas de crianza, nuevas expectativas académicas, aumento de la legislación, avances tecnológicos, y especialmente un mayor temor al secuestro (las fotos de niños desaparecidos impresas en cajas de cartón de leche
hicieron que este delito extremadamente raro pareciera algo desenfrenado) hizo que se perdiera la experiencia de tener grandes franjas de tiempo para jugar sin supervisión, explorar y resolver conflictos por su cuenta. Esto los ha dejado más frágiles, más fácilmente ofendidos y más dependientes de los demás. Se les ha enseñado a buscar figuras de autoridad para resolver sus problemas y protegerlos de la incomodidad, una condición que los sociólogos llaman “dependencia moral”.

Esto representa una amenaza para el tipo de mentalidad abierta y flexibilidad que los jóvenes necesitan para prosperar en la Universidad y más allá. Si llegan a la escuela o comienzan carreras no acostumbrados a la frustración y a los malentendidos, podemos
esperar que sean hipersensibles. Y si no desarrollan los recursos para trabajar a través de obstáculos, los granos de arena parecen montañas.

Este aumento de peligros y daños continua incluso hoy en los Campus Universitarios. Ya no importa lo que una persona intenta decir, o cómo un oyente razonable interpretaría una afirmación; lo que importa es si una persona se siente ofendida por ella. Si es así, el
hablante ha cometido una “microagresión”, y la reacción puramente subjetiva del ofendido es una base suficiente para enviar por un correo electrónico al Decano una queja ante el “Bias Response Team” de la Universidad (1). El efecto claro es que tanto los profesores como los estudiantes de hoy informan que están caminando sobre cáscaras de huevo.

Esto interfiere con el proceso de investigación libre y debate abierto: los ingredientes activos en una educación universitaria.

Y si ese es el caso, ¿qué pasa con los niños que todavía están en la escuela primaria y constantemente se les recuerda que podrían herir accidentalmente a otros con palabras equivocadas? Cuando los niños de ocho años de hoy se conviertan en los jóvenes de 18 años que comienzan la universidad, ¿seguirán considerando que la libertad de expresión es digna de protección? Como dice Daniel Shuchman, presidente de la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación (FIRE), que promueve la libertad de expresión, “¿Cuán probable es que consideren esencial la Primera Enmienda (2) si comienzan a aprender en quinto grado que tiene prohibido decir- o incluso pensar ciertas cosas, especialmente en la escuela?

Los padres, maestros y profesores están hablando de la creciente fragilidad que ven. Es difícil evitar la conclusión de que la sobreprotección de los niños y la hipersensibilidad de los estudiantes universitarios pueden ser dos caras de la misma moneda.

Al esforzarnos tanto por proteger a nuestros niños, los estamos haciendo demasiado seguros para que tengan éxito.

Niños con correa

Si tienes más de 40 años, es muy probable que en tu infancia hayas tenido un montón de
tiempo libre después de la escuela, los fines de semana y durante el verano. Y también hay posibilidades de que, si te preguntaran sobre el tema ahora, quisieras seguir jugando en el bosque y montando en tu bicicleta hasta que se enciendan las luces de la calle.

Hoy muchos niños crecen como terneros. Solo el 13% de ellos caminan a la escuela. Muchos de los que toman el autobús esperan en la parada con los padres a su lado como guardaespaldas. Por un tiempo, Rhode Island estuvo considerando un proyecto de ley que prohibiría que los niños bajaran del autobús por la tarde si no hubiera un adulto esperando para llevarlos a casa. Esto se habría aplicado hasta el séptimo grado.

Después de la escuela, los niños ya no vuelven a casa con las llaves tras deambular por el barrio. En cambio, están encerrados en actividades organizadas y supervisadas. Los deportes juveniles son un negocio de 15 mil millones de dolares que ha crecido en un 55 por ciento desde el año 2010. Los niños tan jóvenes como de tercer grado se unen a los
equipos que juegan de aquí para allá, lo que significa que sus padres también pasan mucho tiempo en el automóvil. O están en tutoría. O están en clases de música. Y si todo lo demás falla, están en sus habitaciones, eso sí… en línea.

Incluso si los padres quieren espantar a sus hijos afuera, ¡y que no vuelven a casa hasta la cena! Ya no es tan fácil como lo fue antes. A menudo, no hay otros niños con quienes jugar. Aún más desalentador, los adultos que creen que es bueno que los jóvenes realicen recados o jueguen kickball (una mezcla de futbol y beisbol) en la calle tienen que pensarselo dos veces antes de dejarlos, porque los entrometidos, policías y trabajadores sociales están preparados para equiparar “sin supervisión” con “descuidados y en peligro.”

Podemos recordar la historia de la familia Meitivs en Maryland, investigados dos veces por permitir que sus hijos, de 10 y 6 años, caminases juntos a casa desde el parque. O un caso de Carolina del Sur, donde una madre fue encarcelada por permitir que su hijo de 9 años jugara en el parque mientras ella trabajaba en McDonald’s. O el niño de 8 años de Ohio que se suponía que tomaría el autobús a la escuela dominical, pero se escapó a una tienda. Su padre fue arrestado por poner en peligro a un niño.

Estos ejemplos representan una nueva perspectiva: la creencia de que cada vez que los niños hacen algo por su cuenta, se ven automáticamente amenazados. Pero esa perspectiva es incorrecta. La tasa de criminalidad en Estados Unidos ha regresado a lo que era en 1963, lo que significa que la mayoría de los padres de hoy crecieron jugando en la calle cuando era más peligroso de lo que es hoy. Y no ha sido más seguro porque estamos sobre nuestros hijos. Todo el crimen violento ha disminuido, incluso contra adultos.

Cosas peligrosas

Un estudio de 2010 encontró que el “secuestro” es el mayor temor de los padres, a pesar de que el mero hecho de ser un pasajero en un automóvil es mucho más peligroso. Nueve niños fueron secuestrados y asesinados por desconocidos en 2011, mientras que 1.140 murieron en vehículos ese mismo año. Mientras que el psicólogo de Harvard Steven Pinker escribió en 2011 en su libro “Los ángeles que llevamos dentro” que la vida en la mayoría de los países es más segura hoy que en cualquier otro momento de la historia humana, la prensa sigue presionando la paranoia. Esto hace que dar un paso atrás sea doblemente arriesgado: existe el temor de secuestradores de niños y el temor a los Servicios de Protección Infantil.

A veces, parece que nuestra cultura está conjurando peligros de la nada, solo para tener algo nuevo de qué preocuparse. Por lo tanto, la Biblioteca Pública de la localidad de
Boulder en Colorado prohibió recientemente a cualquier persona menor de 12 años ingresar sin un adulto, porque “los niños pueden encontrar riesgos tales como escaleras, ascensores, puertas, muebles, equipos eléctricos u otros clientes de la biblioteca”. !Ah!, sí,niños y muebles de la biblioteca…¡un combo letal!

Afortunadamente, la biblioteca se retractó de esa regla, tal vez gracias a la burla despiadada en los medios. Pero las mentes más sanas no siempre prevalecen. En la
Escuela Primaria “Mesa”, que también se encuentra en Boulder, los estudiantes obtuvieron una lista de los artículos que no pudieron traer a la feria de ciencias. Estos incluyen “productos químicos”, “vegetales plantados” y “organismos (vivos o muertos)”. Y nos preguntamos por qué los niños estadounidenses obtienen tan bajo puntaje en las pruebas internacionales.

Pero quizás el mejor ejemplo de cuán fantásticamente temerosos nos hemos convertido ocurrió cuando la ciudad de Richland, Washington, se deshizo de todos los columpios en los patios de recreo de la escuela. El amor por el balanceo es probablemente más antiguo que la humanidad, dados nuestros orígenes arbóreos. Pero como explicó un portavoz del distrito escolar, “se ha determinado que los columpios son los más inseguros de todos los equipos de juegos en un patio de juegos“.

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Puede pensar que su ciudad ha evitado tal exceso, pero ¿hay un tiovivo en su parque local, o un subibaja?  La Comisión de Seguridad de Productos para el Consumidor
incluso advierte a los parques de “riesgos de tropiezos, como … tocones y rocas”, un hecho descubierto (por así decirlo) por Philip Howard, autor de “Vida sin leyes” en 2010.

El problema es que los niños aprenden haciendo. Tropiezan con un tocón de árbol y aprenden a mirar hacia abajo. Hay un viejo dicho: prepare a su hijo para el camino, no el camino para su hijo. Estamos haciendo lo contrario.

Irónicamente, existen peligros reales para la salud al no caminar, andar en bicicleta o brincar sobre el tocón. Un estudio de Johns Hopkins este verano encontró que la vida del joven típico de 19 años es tan sedentaria como un hombre de 65 años. El ejército está preocupado de que sus reclutas no sepan saltar o hacer saltos mortales.

Pero el costo de proteger a los niños de los riesgos va mucho más allá de lo físico, como ha demostrado un sólido cuerpo de investigación.

De trofeos y traumas

Hace unos años, el profesor emérito de psicología del Boston College, Peter Gray, fue invitado por el director de Servicios de Asesoramiento de una importante Universidad a una conferencia sobre “la disminución de la resiliencia entre los estudiantes”. El organizador dijo que las llamadas de asesoramiento de emergencia se habían duplicado en los últimos cinco años. Además, las personas que llamaban buscaban ayuda para lidiar con problemas cotidianos, como discusiones con un compañero de cuarto. Dos estudiantes habían marcado porque habían encontrado un ratón en su departamento. También llamaron a la policía, que vino y puso una trampa para ratones. Y eso sin mencionar la sensibilidad en torno a la notas Para algunos estudiantes, un Notable es el fin del mundo. (Para algunos padres también)

Parte del aumento de las llamadas podría atribuirse al hecho de que admitir problemas de salud mental ya no conlleva el estigma que alguna vez tuvo, un avance innegablemente positivo. Pero también podría ser una señal, se dio cuenta Gray, de que la falta de “madurez” ya no conlleva tampoco el estigma que alguna vez tuvo. Y eso es mucho más preocupante.

¿Es este el resultado de la apoteosis de una cultura del trofeo por participar? Es fácil burlarse de una sociedad que les enseña a los niños que todo lo que hacen merece un aplauso. Pero lo más inquietante es la posibilidad de que esos trofeos les enseñen a los niños la lección opuesta: que se les hiere tan fácilmente, que no pueden manejar la triste realidad de que no son los mejores en algo.

No permitir que su hijo suba a un árbol porque podría caerse le roba una experiencia infantil clásica. Pero ser emocionalmente sobreprotector le quita algo más.Hemos criado a una generación de jóvenes a quienes no se les ha dado la oportunidad de … experimentar el fracaso y darse cuenta de que pueden sobrevivir”, dijo Gray.

Cuando el hijo de Lenore quedó en el octavo de nueve equipos en una liga de bolos de campamento de verano, obtuvo un trofeo de… ¡octavo lugar!. La moraleja fue clara: no creemos que puedas sobrellevar las emociones negativas de terminar en penúltimo lugar.

Por supuesto, es natural querer ver felices a los niños. Pero el verdadero secreto de la felicidad está en desarrollar resiliencia emocional. En nuestra manía por la seguridad física, junto con nuestra reciente tendencia a hablar de “seguridad emocional”,
sistemáticamente hemos privado a nuestros niños de las miles de experiencias desafiantes, y a veces inquietantes, que necesitan para aprender esa capacidad de recuperación. Y en nuestra búsqueda para protegerlos, les hemos robado a los niños el mejor entrenamiento de resiliencia conocido por el hombre: el juego libre.

Las cosas del jugar

Todos los mamíferos juegan. Es un disco instalado por la Madre Naturaleza. Los hipopótamos hacen saltos mortales en el agua. Los perros traen palos. Y las gacelas corren juntas como en una especie de juego. ¿Por qué harían eso? Están perdiendo calorías valiosas y se exponen a los depredadores. ¿No deberían simplemente sentarse en silencio junto a sus gacelas mamás?

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Debe ser porque el juego es incluso más importante para su supervivencia a largo plazo que simplemente estar “seguro”. El principal cuerpo de investigación de Gray es sobre la importancia del juego libre, y enfatiza que tiene poco en común con el “juego” que les damos a los niños hoy. En muchas actividades organizadas los adultos dirigen el espectáculo. Solo cuando los adultos no están, los niños se hacen cargo. El juego es entrenamiento para la edad adulta.

En el juego libre, idealmente con niños de edades mixtas, los niños deciden qué hacer y
cómo hacerlo. Eso es trabajo en equipo, literalmente. Los niños pequeños quieren desesperadamente ser como los niños más grandes, así que en lugar de berrear cuando fallan al batear durante un juego de béisbol trabajan duro para mantenerse unidos. Esta es la base de la madurez.

Los niños mayores, mientras tanto, lanzan la pelota más suavemente a los más jóvenes. Están aprendiendo empatía. Y si alguien grita: “¡Juguemos solo con una pierna!“, – algo que no pudieron hacer en campeonatos (¡y trofeos!) – los niños descubren qué significa idear y probar una diferente forma de hacer las cosas. En términos de Silicon Valley, “pivotan” y adoptan un “nuevo modelo de negocios”. También aprenden que ellos, no solo los adultos, pueden rehacer colectivamente las reglas para satisfacer sus necesidades. Eso se llama democracia participativa.

Lo mejor de todo, sin la intervención de los adultos, los niños tienen que resolver todos los problemas por sí mismos, desde decidir qué juego jugar hasta asegurarse de que los
equipos sean más o menos iguales. Luego, cuando hay una discusión, tienen que resolverla ellos mismos. Es una habilidad difícil de aprender, pero el impulso de seguir jugando los motiva a resolver las cosas. Para volver a divertirse, primero tienen que encontrar una solución, entonces lo hacen. Esto les enseña que pueden estar en desacuerdo y, quizás con algunas quejas, seguir adelante. Estas son las habilidades que de repente escasean en los Campus Universitarios.

“El juego libre es el medio por el cual los niños aprenden a hacer amigos, superar sus miedos, resolver sus propios problemas y, en general, tomar el control de sus propias vidas”, escribe Gray en 2013 “Libres para aprender” (3) .

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“Nada de lo que hacemos, ni la cantidad de juguetes que compramos o el ‘tiempo de calidad’ o la capacitación especial que les damos a nuestros hijos pueden compensar la libertad que les quitamos. Las cosas que los niños aprenden a través de sus propias iniciativas, en el juego libre, no se pueden enseñar de otras maneras.

El tiempo de juego no estructurado y sin supervisión es una de las cosas más importantes que tenemos que devolver a los niños si queremos que sean fuertes, felices y resilientes.

Dónde se han ido todos los chicos que repartían periódicos?

No es solo que los niños no jueguen mucho solos. Actualmente, no están haciendo mucho de nada por sí mismos. En un artículo en The Atlantic, Hanna Rosin admite que “cuando mi hija tenía 10 años, mi esposo y yo de repente nos dimos cuenta de que, en toda su vida, probablemente no había pasado más de 10 minutos sin supervisión de un adulto“.
En generaciones anteriores, esto hubiera parecido una crianza extraña y sobreprotectora. La sociedad tenía ciertos hitos relacionados con la edad en los que la mayoría de la gente estaba de acuerdo. Se podía confiar en que los niños caminasen hasta la escuela en primer grado. Podían llevar llas llaves de casa sobre los 8 años; repartir periódicos sobre los 10 y comenzar a cuidar a otros niños a los 12. Pero en la última generación más o menos, esos hitos desaparecieron, enterrados por el secuestro, el aumento de actividades supervisadas y la preeminencia de los deberes. Los padres hoy saben todo sobre los hitos académicos que se supone que deben alcanzar sus hijos, pero no sobre los momentos en que los niños solían comenzar a unirse al mundo.

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No es necesariamente su culpa. Las llamadas a 8 periódicos en Carolina del Norte no encontraron ninguno que permitiera repartir periódiocos a ninguna persona menor de 18 años. Un jefe de policía en New Albany, Ohio, dijo que los niños no deberían estar solos hasta la edad de 16 años, “el umbral donde ves a los niños obtener un poco más de libertad”. Un estudio en Gran Bretaña descubrió que, si bien poco menos de la mitad de todos los jóvenes de 16 a 17 años tenían trabajo en 1992, hoy esa cifra es del 20 por ciento.

La responsabilidad que se esperaba de los niños no hace mucho se ha vuelto casi inconcebible. Publicado en 1979, el libro “Su hijo de 6 años: Cariñoso y Desafiante” incluye una simple lista de verificación de lo que un niño que ingresa al primer grado debería poder hacer: ¿Puede dibujar y colorear y mantenerse dentro de las líneas del diseño coloreado? ¿Puede andar en una pequeña bicicleta de dos ruedas sin ruedas auxiliares? ¿Puede viajar solo en el vecindario (de cuatro a ocho manzanas) a una tienda, escuela, patio de juegos o la casa de un amigo?

Es tentador culpar a los “padres de helicópteros” por los niños menos resistentes de hoy en día. Pero cuando todos los estudiantes de primer grado caminan ellos mismos hacia la escuela, es fácil agregar los tuyos a la mezcla. Cuando su hijo es el único, es más difícil.

Y ahí es donde estamos hoy. Las normas han cambiado drásticamente. El tipo de libertad que parecía sin importancia hace una generación se ha convertido en tabú, y en algunos casos incluso ilegal.

Un Halloween muy obstaculizado

En Waynesboro, Georgia, los niños del “truco o trato” debe tener 12 años o menos; deben
estar disfrazados; y deben estar acompañados por un adulto de al menos de 21 años de edad. Entonces, si tienes hijos que tienen 15, 10 y 8 años, no puedes enviarlos juntos. A
la niña de 15 años no se le permite vestirse, pero no será considerada lo suficientemente mayor como para supervisar a sus hermanos durante otros seis años. Y esta es la única noche del año en que tradicionalmente dejamos que los niños fingen ser adultos.

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Otras escuelas y centros comunitarios ahora envían cartas a casa pidiéndoles a los padres que no permitan que sus hijos usen disfraces de miedo. Algunos incluso organizan “baúles o golosinas” (4): autos estacionados en círculo, baúles abiertos y llenos de dulces, lo que evita que los niños tengan que caminar por el vecindario o tocar puertas. (Eso sería agotador y aterrador.) Si esto es la infancia, ¿es de extrañarse que los jóvenes universitarios también esperen que se les dirija en Halloween?

En Yale en 2015, después de que 13 administradores de la Universidad firmaron una carta que describía las elecciones de vestuario apropiadas versus inapropiadas para los estudiantes en Halloween, la experta en desarrollo infantil y profesora del campus Erika Christakis sugirió que sería mejor permitir que los niños pensaran por sí mismos. Después de todo, se supone que Halloween tiene que ver con transgredir los límites. “¿Ya no hay lugar para que un niño o joven sea un poco odioso … o, sí, ofensivo?” escribió. “¿Hemos perdido la fe en la capacidad de los jóvenes para ignorar o rechazar las cosas que te molestan?”
Aparentemente sí. Estudiantes enojados abordaron a su esposo, el profesor Nicholas Christakis,. Gritaron obscenidades y exigieron que se disculpara por creer, junto con su esposa, que los estudiantes universitarios eran capaces de manejar disfraces ofensivos en Halloween. “¡Silencio!” le gritó una estudiante “¡Como maestro, es su trabajo crear un lugar de confort y hogar para los estudiantes!” Ella no tomó amablemente su respuesta de que, por el contrario, él considera que su trabajo era crear un espacio donde los estudiantes puedan crecer intelectualmente.

Como resultado, Halloween es la piedra de toque perfecta para observar lo que hemos
hecho de la infancia. Nunca pensamos que hay algo lo suficientemente seguro para los
jóvenes. Y ahora estamos presenciando los resultados.

Sin diversión y sin alegría

Cuando los padres reducen la independencia de sus hijos, no solo están privando a los niños de la diversión infantil. Se están negando a sí mismos la alegría adulta de ver a sus hijos hacer algo inteligente, valiente o amable sin la guía de los padres.

Es el tipo de alegría descrita por una columnista del Washington Post que contestó el teléfono un día y se sorprendió al encontrar a su hijo de 8 años en el otro extremo. Se había ido accidentalmente a casa cuando se suponía que debía quedarse en el colegio al acabar las clases. Al darse cuenta de que su madre no estaba allí, decidió caminar (por
primera vez) hasta la tienda a unas pocas manzanas de distancia. La madre corrió, temiendo Dios sabe qué, y se apresuró a entrar solo para encontrar a su hijo felizmente ayudando al comerciante a reponer las estanterías. También había comido algo y también había hecho los deberes. Era una tarde que el niño nunca olvidaría, y tampoco su orgullosa madre.

Cuando no dejamos que nuestros hijos hagan nada por sí mismos, no llegamos a ver cuán competentes pueden ser, ¿y no es eso, en última instancia, la mayor recompensa de la crianza de los hijos? Tenemos que hacer que sea más fácil para los adultos relajarse aunque vivan en una sociedad que sigue advirtiéndoles que no lo hagan. Y debemos asegurarnos de que no sean arrestados por eso.

¿Qué hacer?

Al tratar de mantener a los niños a salvo de todos los riesgos, obstáculos, sentimientos heridos y miedos, nuestra cultura les ha quitado las oportunidades que necesitan para convertirse en adultos exitosos. Al tratarlos como frágiles -emocionalmente, socialmente y físicamente- la sociedad realmente los hace así.

Para combatir este problema, hemos establecido una nueva organización sin fin de lucro, Let Grow Foundation (Fundación Permíteles Crecer). Nuestro objetivo es restaurar la resiliencia derrocando la cultura de la sobreprotección. Nos asociamos con Gray, el profesor cuya investigación destacamos anteriormente, y Shuchman de FIRE, un administrador de fondos de inversión de Nueva York que ahora es nuestro presidente.

Estamos construyendo una organización que busca cambiar las normas sociales, las políticas y las leyes que presionan e intimidan a los padres, las escuelas y las ciudades
para que mimen a sus hijos. Investigaremos los efectos de la precaución excesiva, estudiaremos el vínculo entre la independencia y el éxito, y lanzaremos proyectos para devolver a los niños un poco de tiempo libre y juego libre. Más que nada, la Fundación Let Grow rechazará la suposición de fragilidad y promoverá la resiliencia intelectual, física y emocional.

Los niños saben que sus padres tenían más libertad para correr que ellos, y más tiempo no programado para leer o jugar o explorar. También se dan cuenta de que se confiaba en que las generaciones anteriores acarrearan con algunos golpes, en la escuela y más allá.

Esperamos que los niños de hoy comiencen a exigir la misma independencia y respeto por sí mismos. Es su libertad lo que ha sido cercenada, después de todo.

Queremos que insistan en su derecho a comprometerse no solo con el mundo físico, sino también con el mundo de las ideas. Queremos que escuchen, lean y expresen opiniones contrarias. Queremos que se sientan insultados por la suposición de que tanto ellos como sus compañeros son tan fácilmente heridos que los argumentos deben detenerse antes de que comiencen. Con este fin, esperamos alentar su escepticismo sobre los programas y las políticas que aparentemente existen para “protegerlos” de la incomodidad.

Si este esfuerzo tiene éxito, pronto veremos niños afuera otra vez. Los contratiempos comunes se considerarán “momentos de resiliencia” en lugar de traumas.

Los niños leerán ampliamente, se expresarán libremente y resolverán desacuerdos sin recurrir automáticamente a figuras de autoridad para que resuelvan sus problemas por ellos.

Cuantos más adultos retrocedan en la hiperprotección, más creemos que los niños crecerán, se harán más valientes frente al riesgo y simplemente felices en su independencia.

Los niños de hoy son más seguros y más inteligentes de lo que esta cultura les da crédito.
Merecen la libertad que tuvimos. La prosperidad y la libertad futuras del país dependen de ello.

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(1) “Bias response Team” Institución creada en muchas universidades norteamericanas cuyo objetivo es fomentar “un entorno seguro e inclusivo” al brindar “defensa y apoyo a cualquier persona en el campus que haya experimentado o haya sido testigo de un incidente de parcialidad o discriminación”.

(2) La primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege los derechos a la libertad de religión y a la libertad de expresión sin interferencia del gobierno.

(3) Existe edición en castellano en la Editorial Planeta de México

(4) Al parecer juego de palabras. En vez de “trick or treater” “trunk or treats”

 

6 Comments

    1. Gracias Marta. Hace 8 años trajimos a José Ramón Ubieto a dar una conferencia en un plan de formación de mi conselleria. Me gustó mucho y me acuerdo de que fue hace 8 años porque fue durante el primer partido de España en el mundial d Sudáfrica. Todavía me acuerdo de un par de ideas muy gráficas que nos transmitió. Gracias por la referencia. Un beso.

  1. Uff Javier, qué interesante post y qué interesantes temas tocas esta vez! Me gustaría volver a ser mamá y educar a mis hijos en la resiliencia emocional (lo hice? quién sabe, espero que un poco si aunque no se llamara así). La fragilidad de los muchachas de hoy es culpa nuestra y como dice Krissy Pozatek en su libro Hijos Valientes, hay que ayudarlos a desafiar sus límites. Gracias por la reflexión y la invitación a conocer a estos autores. Saludos.

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