Relación-Es: Transempatía

La semana pasada escuché en la radio que un policía que fue agredido por un menor de edad había perdonado a los padres los 1200 euros que tenían que pagarle en concepto de responsabilidad civil. Lo hizo a efectos de que pudieran dedicar ese dinero a la educación de su hijo. No me parece arriesgado afirmar que ese policía empatizó con el sufrimiento de unos padres desbordados por la conducta antisocial habitual de su hijo.

Casi siempre que se trata el tema de la empatía se connota ésta como algo extremadamente positivo. Para la psicología, la empatía, y para la neurociencia, las neuronas espejo, son fundamentales para la conexión interpersonal.

De igual modo, o mejor dicho, al contrario, la psicopatía se suele presentar como el paradigma de la maldad humana por la incapacidad que supone de empatizar con el otro. En el primer borrador de este post había pensado abrir un paréntesis al hilo de esta referencia a la psicopatía para recomendar un libro y una serie de TV. Pero luego me he dado cuenta de que en el libro (¿Es usted un psicópata? del periodista Jon Ronson) se cita algo que viene al pelo de este post.

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Jon Ronson entrevista a una profesional de una cadena de TV inglesa encargada, supongo que de entre otras cosas, de la selección de personas dispuestas a participar en reality shows. La clave según ella era elegir personas con un cierto desequilibrio o desajuste psicológico pero no tan fuerte como para que el o la espectadora no puedan ¡empatizar! con esa persona. Parece obvio. Si en “Gran Hermano”, por ejemplo, participa un tipo que dice que los alienígenas le han implantado un microchip en el cerebro no es fácil que el público empaticé con él. Pero si tenemos – como me contaban el otro día- un tipo que cumple perfectamente con su trabajo, que lleva una vida social y familiar normal, pero asegura que hay una conspiración mundial para ocultar que la Tierra es plana…. ¡Eso es otra cosa!

Así que personas con ciertos grados de neuroticismo, de familiaridad con el conflicto pero con un traje de normalidad son las candidatas óptimas para dar juego en este tipo de programas. Si hago un repaso de los concursantes en Tele 5 (España) de la última edición de La Isla o de los colaboradores habituales de la cadena, creo puedo apoyar que la profesional entrevistada por Jon Ronson sabe muy bien de lo que habla.

Me atrevería entonces a afirmar que la denominada “Telebasura” tiene como condición indispensable el fenómeno psicológico de la empatía. Pero ¿podemos hacerle acusaciones más graves?

Permítete primero cerrar lo que iba a ser un paréntesis con la recomendación de la serie “Killing Eve” (Una temporada de 8 capítulos) no sólo por su originalidad en muchos aspectos sino por girar precisamente alrededor de los difusos limites entre normalidad y psicopatía o de las extrañas relaciones entre ambas condiciones.

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Pero, dejando la ficción… ¿podría ser la empatía un inconveniente para una sociedad más justa, más bondadosa y más eficiente? Porque esta parece ser la tesis del psicólogo Paul Bloom en su libro “Contra la empatía. Argumentos para una compasión racional” (Editorial Taurus)

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Un libro que no he leído todavía pero que compré tras leer su sinopsis porque muchas preguntas que me puedo hacer me llevan a… ¡simpatizar! con sus tesis. Aquí dejo algunas de ellas.:

1.- ¿Han existido modificaciones penales importantes que se han hecho al amparo de una oleada de empatía con las víctimas de un caso criminal concreto y que luego han resultado ser totalmente ineficaces o incluso contraproducentes?

Malcolm Gladwell en su maravilloso libro “David contra Goliat. Desvalidos, inadaptados o el arte de luchar contra gigantes” (Taurus) dedica un capítulo precisamente a analizar un caso semejante y sus conclusiones apuntan en esta dirección.

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2.- Relacionado, en cierto modo, con lo anterior… ¿Cómo funciona la empatía en el mundo virtual? ¿Igual que en el “cara a cara”?

Porque en la empatía “cara a cara” a lo que nos movemos es apoyar a la víctima pero parece que la empatía “virtual” parece que nos mueve el linchamiento del culpable. Y si no véase otro estupendo libro del mismo Jon Ronson.

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3.- Si la empatía tiene su momento y su recorrido… ¿Qué pasa cuando se ha acogido a un niño o niña por pura empatía con su situación sociofamiliar, por puro afecto…?

Por lo que respecta a mi experiencia lo que que aprecio es que gran parte de los momentos de crisis en el acogimiento se deben a que misteriosamente la “emaptía” se ha convertido en “antipatía”. Hay momentos en los que sólo queda el compromiso ¿No sera “compromiso” equivalente a lo que Paul Bloom llama “compasión racional”?

4.- Pero no sólo en acogimiento… ¿cualquier relación de apoyo – así es cómo María Angélica Kotliarenco prefiere llamar a lo que en España solemos llamar “relación de ayuda” y amablemente me lo indicó y yo lo recojo – puede sostenerse tan sólo en la empatía?

Si también eres tan amable de pinchar aquí y leer el microrrelato “El tercer soldado” seguramente podrás estar de acuerdo conmigo que el primer soldado, en su egocentrismo llegó a la negación del problema; que el segundo empatizó tanto con el dolor de sus compañeros que se bloqueó; y que sólo el tercer soldado salvó una vida simplemente porque hizo “lo que había que hacer”.

5.- Dando por real el fenómeno creciente de paternidades y maternidades hiperprotectoras o hipercontroladoras ¿no podría explicarse en cierto modo por una dificultad para no empatizar constantemenete – distanciarse- del inevitable sufrimiento de los hijos?

6.- El incremento rotundo de la sensibilidad hacia los animales ¿no se deberá en parte a que es mucho más fácil empatizar con cualquier animal que con el animal del vecino, del cuñado o del compañero de trabajo?

Incluso a los cristianos confesos se nos suele despistar el precepto evangélico del “amor al enemigo”. Pero es que es difícil de narices. Por no decir imposible. Ya lo dijo el de Nazaret: “Si amáis a los que os aman ¿qué merito tenéis?” Por lo que parece a Él la empatía- algo natural y humana- no le bastaba. Claro, un tipo empeñado en llevarnos a la divinidad…

¡Mira que si la “compasión racional” de la que parece que habla Bloom no está tan lejos de la “compasión religiosa!

7.- ¿Cuánto tiempo puede mantenerse una relación en base a la empatía? ¿Hasta el primer desaire? ¿Con cuánto dolor ajeno puedo identificarme hasta que en mi cabeza empiecen a aparecer pensamientos como “Si no hubieras…” “No es para tanto…” “Todos tenemos problemas”?

Por todo esto creo que tengo bastantes motivos para leer – cuando pueda- el libro de Bloom. Mientras tanto se me ocurre que quizá el palabro “Transempatía” podría definirse como algo así como la capacidad de actuar yendo más allá de la empatía individual y buscando el bien o el beneficio del mayor número de personas.

Pretencioso. Lo sé.

Probablemente erróneo. Lo sé.

Pero de alguna manera tengo que concluir el post.

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