Memoria versus Perspectiva histórica

Recuerdo perfectamente el momento en que escuché a Boris explicar lo que luego yo llamé el Taburete de Cyrulnik. La resiliencia requiere de tres cosas: disposición de recursos externos; adquisición de recursos internos y perspectiva, sentido o significado.

Pero te confesaré una cosa: aquel día, en el Caixaforum de Madrid, empleó la expresión concreta “perspectiva histórica”. La lentitud de procesamiento de mi cerebro dada su antigüedad es la responsable de que me haya costado varios años descubrir – eso creo- el trasfondo de aquella expresión.

caixaforum

Por otro lado, la actualidad en España de la expresión “Memoria histórica” me ha llevado. aunque sólo sea por asociación, a comparar estas dos expresiones y a intuir que tienen implicaciones completamente distintas. Estoy hablando desde el terreno de la psicología y no del de la sociología o la política. O al menos eso creo.

Cuando pienso en mi memoria histórica, es decir, en el recuerdo de los acontecimientos vitales que siguen presentes en mi mente creo que, todos y cada uno de ellos podría, clasificarlos en una dimensión que podría llamar agradable-desagradable. Precisamente porque si no han llegado a un determinado nivel en cualquiera de los dos polos no es probable que se hayan grabado como recuerdos.

El otro día el Valencia CF perdió 0-2 contra la Juventus en su primer partido en la Champions League de este año. Para mi claramente algo desagradable. Para los tifossi italianos que paseaban después por los alrededores del campo, algo muy agradable. Pero como todo el mundo (ellos y yo) sabíamos que ese resultado era el esperable y no hubo sorpresa, ni injusticia, ni nada extra-ordinario… dentro de cinco años no es probable que ni ellos ni yo recordemos, sin ayuda, como quedaron en este partido. Es más fácil incluso que lo recordemos (y la prensa contribuirá a ello) por el partido en el que Cristiano Ronaldo fue expulsado injustamente. Y eso será por las grandes filias y fobias que tal jugador provoca.

expulsion

Pero en todo caso, con independencia de las variables o condiciones para que una experiencia pase a ser recuerdo, todos los recuerdos parten de una connotación positiva o negativa. Algunos llevan un signo “más” (+), otros un signo “menos” (-), o varios “más” (++ ; +++ …) o “menos” (–, —…). No dudo de que haya recuerdos agridulces (+-) pero no son frecuentes (a mi me ha costado medio minuto largo encontrar uno). Así que parto de la idea de que la memoria biográfica sin más esta formada por una colección de recuerdos connotados inicialmente positiva o negativamente.

De hecho pasando por un momento a lo sociológico o político cuando se habla de “memoria histórica” de un determinado acontecimiento lo que se pretende es fortalecer el recuerdo insistiendo en su polaridad positiva (para reforzar orgullo o nacional, colectivo…) o negativa (la tragedia que no debe repetirse). Los problemas empiezan cuando no hay en una sociedad concreta unanimidad o mayoría clara sobre la polaridad o la intensidad de un determinado hecho histórico.

Con esta manera de ver las cosas un recuerdo traumático, y siguiendo la teoría de la doble herida de Cyrulnik, se podría representar no como un acontecimiento (–) sino  como un acontecimiento “menos” elevado a “menos” (-) -, puesto que el trauma depende fundamentalmente de la reacción negativa, incorrecta, inadecuada… (el segundo golpe) a un primer golpe de la vida.

También me parece que esta polaridad tiende de por si a la permanencia. Me explico. Por mucho que Joaquin Sabina, tal como expresó en una entrevista, reconozca la poca racionalidad de las corridas de toros y acepte su posible extinción en el futuro, no puede dejar de gustar de ellas por la asociación en su memoria a la figura de su padre que le llevaba desde muy joven, creándose una buena conexión entre ambos. La postura de Sabina ante la tauromaquia es emocional, no racional.

SABINA

Además más que de permanencia podríamos hablar incluso de persistencia. Rescatando otro ejemplo puesto por Cyrulnik, el recuerdo positivo de un niño de su madre llevándole al parque permanecerá mucho tiempo siendo positivo a pesar, o precisamente por, los otros cien días que su madre le encierra en un cuarto y le deja solo durante horas. Un estímulo aislado en un entorno deprivado puede tener una fuerza increíble.

En todo caso el recuerdo, real o no, viene a ser como una foto. Cada uno de los píxeles se ha grabado de un modo y el resultado será bonito o feo; útil o inútil; nítido o difuso… pero es el que es. La máquina no sabe lo que es la perspectiva lineal; la perspectiva cónica, la invertida o la caballera. Ni tan siquiera sabe que ella usa la lineal: lo que tiene enfrente.

Pero todos sabemos que en realidad la memoria a largo plazo no funciona así. No guardamos fotos. En realidad vamos haciendo fotos de fotos. Y es ahí donde la perspectiva empieza a tomar importancia. Porque la perspectiva trata no de lo observado sino de la relación entre lo observado y el observador. Y si a una foto le hago una foto desplazando el punto de vista el resultado ya no es igual a la primera foto.

Pues bien, me atrevo a proponer que entendamos la “perspectiva histórica” que favorece la resiliencia como el cambio de polaridad de los recuerdos de los acontecimientos adversos o de su intensidad a través de movimientos mentales en la linea del tiempo.

En EMDR se mantiene que se puede eliminar o disminuir la carga traumática de un recuerdo (de una experiencia si se prefiere)  forzando o consiguiendo su elaboración cerebral bilateral. Yo creo (sin ser especialista) que se puede eliminar la carga traumática de un recuerdo forzando o consiguiendo su elaboración. Punto. Bilateral, temporal, narrativa, social… Cualquier estrategia que consiga desligar lo recordado de su carga emocional puede ayudar. Cualquier estrategia que consiga desligar el recuerdo de su carga atribucional puede ayudar. Cualquier estrategia que consiga colocar el recuerdo en un contexto de significado distinto puede ayudar.

También podemos conseguir lo contrario. Que un acontecimiento pasado “inocuo” pase a ser doloroso cargándolo emocionalmente. Se me ocurre un ejemplo. Ingresas a tu madre o padre en una residencia. Tienes claro que es lo mejor para ella o él. A los pocos meses fallece. Y alguien de tu entorno hace un comentario valorativo que te carga de culpabilidad el recuerdo de la decisión de buscarle una residencia.

El disgusto de perder un avión puede ser revertido por el accidente de ese vuelo. Y el dolor por la muerte de un padre o una madre puede ser amplificado si se produjo tras un tiempo no resuelto de distanciamiento o de conflicto.

La frustración o vergüenza de abandonar unos estudios deseados puede aminorarse años después si la vida te ha llevado por otros derroteros a un éxito profesional u otro territorio vocacional.

La infancia infeliz o cualquier otra desgracia puede ser atemperada por un deseo (futuro) de ayudar a personas en similar situación. No sólo se trata de que la persona que supera el trauma puede ayudar a otros sino también de que ese propósito de futuro puede ser parte de la medicina.

Me apetece seguir dándole vueltas a como la perspectiva histórica es clave para conseguir el sentido de la desgracias. Pero no será en este post por aquello del tamaño prudencial.

Pero sí me parece esencial aclarar que la perspectiva histórica nos puede ofrecer un sentido para rehacernos de la desgracia pero no mediante la negación de la misma o su infravaloración. La resiliencia que a mi me fascina es la que no niega el dolor sino que lo utiliza para rehacerse.

También la historia nos ofrece un ejemplo de esto. Los británicos han construido “el espíritu de Dunkerque” connotando positivamente el rescate milagroso de gran parte de sus tropas tras una derrota vergonzante. Pero no se niega la derrota aplastante de sus tropas.

evacuation_dunkirk

La perspectiva histórica no consiste en cambiar la polaridad de la memoria. Yo crecí en una cultura que se enorgullecía del descubrimiento y conquista de América y ahora vivo en una cultura que se avergüenza de lo mismo (¡Cuanta razón tiene Cyrulnik al decie que la cultura es aquello que cambia cada 10 años y cada 10 kilómetros!)

La perspectiva histórica ayuda a la resiliencia, no en la medida que revalora el acontecimiento pasado sin más. La memoria histórica sí tiende a ello (en un sentido u otro). A mirar el pasado desde el presente sin más.

La perspectiva histórica lo que hace es mirar el pasado poniéndolo en relación con otro acontecimiento pasado más positivo y,  por lo tanto, abriendo una puerta a la esperanza (realista puesto que hay evidencias). Un ejemplo personal. Crecí sufriendo periódicamente la noticia de un atentado terrorista en España. Hasta el punto de pensar que me moriría con esa realidad. Pero no me he muerto y ese terrorismo ha terminado. Ahora con otro tipo de terrorismo me es más fácil abrirme a la esperanza.

La perspectiva histórica no es recordar que, por desgracia, el sol siempre se pone sino, parafraseando a Giorgio Nardone, que “no hay noche que no vea el día” (un pensamiento muy útil para afrontar los ataques de pánico). La memoria del ataque de pánico prepara el siguiente. Necesitamos perspectiva para romper esa dinámica.

NARDONE

NOTA: No soy terapeuta ni especialista en trauma. Este post no es una más que una de las elucubraciones con las que me entretengo en este blog.

4 Comments

  1. Gracias, Javier por tus elucubraciones.
    Leyendo esta entrada, me vienen a la cabeza unos cuantos refranes y frases hechas, cargadas de esperanza (i/o de resignación?) que cumplen con esa finalidad, la de la perspectiva histórica sin más:
    No hay mal que por bien no venga
    La hora más oscura es la hora antes del alba.
    Señal que no convenía
    Después de la tormenta viene la calma.
    Desprès d’un temps, un altre en ve (la preferida de mi madre)
    Cuando una puerta se cierra, otra se abre.
    Las siento útiles para encajar con prespectiva histórica las desgracias que nos acontecen cómo adultos, pero como encajan los niños pequeños,con un sistema inmaduro de regulación emocional, el sentimiento de injusticia?

    1. Efectivamente Marta, hay muchos refranes y frases hechas que recogen esta idea de ir más allá de la desgracia o de no quedarse en ella sin más. Y como siempre en tus comentarios o post dejas caer una “reflexión de profundidad”. Llevo tiempo intentando transmitir que los recursos internos para la resiliencia, o mejor dicho, los que promueven el sentido son procesos no emocionales en el sentido estricto sino cognitivos (mentalización, introspección…) Por eso efectivamente los niños pequeños que no tienen una mínima base de seguridad cercana lo tienen más complicado para la resiliencia. Por eso me inflamo cuando nos venden la resiliencia solamente como cualidad invididual. Porque entonces se suele obviar que hay una responsabilidad grupal, colectiva o social para que las víctimas puedan resistir y rehacerse de la adversidad. Cada vez que se describen cualidades individuales para la resiliencia se está probablemente infravalorando la importancia del contexto para la misma. Gracias como siempre por tu comentario.

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