Acogimiento familiar: Más cantidad de calidad

Es hora de desvelar porque en los últimos 8 días he publicado 4 posts y 3 de ellos sobre acogimiento familiar de menores.

Esta tarde empieza en Pamplona (donde ya estoy) el VIII Encuentro Estatal de Acogimiento Familiar organizado por la Asociación MAGALE de Navarra como miembro de ASEAF (Asociación Estatal de Acogimiento Familiar).

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Su Presidenta fue tan amable de invitarme a participar fundamentalmente porque en este blog frecuentemente se trata el tema de esta medida de protección. Así que pensé que una manera de responder a la invitación podría ser escribir en el blog lo esencial de lo que podría aportar en la mesa redonda donde, si nadie lo remedia, participaré. Mato así tres pájaros de un tiro: Primero, saber yo mismo lo que pienso sobre los retos de futuro y las buenas prácticas en acogimiento familiar. Segundo, si hubiera algún comentario conocer la opinión de otras personas al respecto. Tercero, poder remitirme a los posts si, como es probable, no consigo expresarme con claridad.

Desvelada la agenda oculta sólo queda rematarla. Puedes saltar a los otros dos posts aquí y aquí.

Lo que he pretendido transmitir en ellos es que, por un lado, por muy complicado que pueda ser el montar institucionalmente el recurso; aceptar que la Administración coloque a tu hijo o hija en otra familia; o ser familia acogedora, nada de ello es más complicado que ser o estar acogida o acogido.

Por supuesto estar institucionalizado o ser adoptado también es difícil. No cabe duda. Pero descubro en el acogimiento, aunque no sea el momento para señalarlos, aspectos psicosociales que, en mi opinión, lo hacen especialmente complejo.

La segunda idea que mi única neurona vislumbra es que la elaboración e integración de la realidad de ser o estar acogida o acogido debe ser más sencilla si en el contexto en el que se desarrolla el acogimiento predomina la integración que si predomina el conflicto.

Pero, teniendo en cuenta la poca vocación de la Administración para asumir y disolver los conflictos, tengo dudas de que todos y todas las menores acogidas estén rodeadas de las mejores condiciones para elaborar e integrar sus realidades sociofamiliares.  Por ello mi propuesta es que habrá que empezar a diferenciar entre fomento del acogimiento familiar y fomento del acogimiento familiar de calidad.

Ese es para mi el reto para los próximos años en acogimiento familiar de menores al menos en el territorio que yo conozco. Es curioso que sea un reto de futuro porque es, en realidad, una vuelta a los orígenes. Pura casualidad que este blog se llame “Diseñando pasados, recordando futuros”

¿Y cómo podemos abordar este reto?

Uno de mis héroes intelectuales, Philip Zimbardo, autor de “El efecto Lucifer” (tras su experiencia en el famoso experimento de “La prisión de Standford”) hablando de la maldad mantiene dos posturas que aparentemente parecen contradictorias.

phil-zimbardo

Por un lado afirma que la maldad es fundamentalmente sistémica. No se trata tan solo de que pueda pudrirse una manzana sino también, y sobre todo, de que hay barriles que favorecen que las manzanas se pudran. A mi me parece bastante obvio. No creo que en EEUU haya más patología que en China, por ejemplo, pero el desequilibrado chino sólo te puede agredir con un cuchillo o un tirachinas. El norteamericano puede hacerlo con un subfusil. Y no sólo por las leyes que permiten la compra de armas sino también por la cultura popular que sostiene que no se derogue a la Segunda Enmienda de su Constitución, la que reconoce el derecho de todo ciudadano a poseer armas. No sólo es una cuestión legal sino también cultural.

Pero frente a esto Zimbardo propone el heroísmo como antídoto de la maldad. ¿Acciones individuales frente al peso del sistema? Un sistema erróneo ¿no debería cambiarse por otro correcto? De primeras si esperamos que un sistema se cambie así mismo podemos esperar sentados. Zimbardo es psicólogo. No puede cambiar el sistema. Pero si puede intentar incidir en la cultura. Casi todos los logros sociales de la Humanidad han empezado por cambios culturales, no legales,

Lo que propone es construir una cultura del héroismo. Una cultura adecuada del héroe. Transmitir que los héroes no son seres excepcionales ni necesitan de superpoderes. El héroe es simplemente la persona normal que espera su oportunidad de realizar una acción heroica. Y cuando se le pone a tiro la realiza. Pero para ello se necesita inspiración. Modelos de gente normal haciendo cosas buenas.

Phil+Zimbardo+2

Se han realizado muchos protocolos para luchar contra el acoso escolar pero la canción de El Langui “Se buscan valientes” probablemente ha empujado como cualquiera de ellos a la sensibilización y la motivación contra el mismo. Esta canción, que sé que ha sonado muchas veces en la megafonía de los colegios, no pone el punto de mira en la pena hacia la víctima, ni invoca cambios estructurales. Apela a la responsabilidad personal del observador del acoso y creo que su efecto en niños, niñas y jóvenes puede ser muy positivo. Ante adultos adormecidos esperando que papá Estado nos solucione todo alguien les dice a los niños, niñas y jóvenes que ellos pueden ser participes y protagonistas del cambio.

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Mi propuesta para el reto de reconducir el acogimiento familiar recordando su esencia  es la de utilizar a los héroes del acogimiento que, ademas de los propios menores acogidas y acogidos, son, por ejemplo:

Esa familia que vive con templanza la relación, sea cual sea, con la familia del menor. Y esos técnicos que han valorado concienzudamente cómo puede ser esa relación.

Esa familia que defiende con tranquilidad sus criterios de tú a tu con los técnicos y la Administración pero sin necesidad de imponerse derribar molinos.

Esa familia del menor que entiende que, en esos momentos, lo mejor para su hijo, hija o hijos es estar acogido o acogida.

Esa y ese profesional capaz de estar ahí,  acompañando, regulando, absorbiendo y disfrutando a pesar de todo. Capaz, autorizado y decidido a tratar con ambas familias.

De ese cargo o unidad administrativa que no mata conflictos a cañonazos; que no reparte café para todos y que no se esconde en los protocolos.

De ese caso que fue un éxito no sólo porque protegió al menor sino porque le hizo crecer aceptando e incluso disfrutando de la diferencia de “sus” familias.

Esta es mi esperanza realista porque sé que todo lo anterior existe y tiene nombres y apellidos. Solo que el bosque muchas veces no nos deja ver al árbol excelente.

El británico “Espiritu de Dunkerque” (vuelvo a recurrir a este ejemplo) no se hubiera producido si la evacuación de las tropas aliadas hubiera sido posible por una perfecta estrategia de la armada británica. Se generó gracias a la actuación heroica de personas normales y corrientes.

En definitiva propongo descender la filosofía de las “buenas prácticas” a lo micro. Normalmente los documentos sobre buenas prácticas hacen referencia a lo legal, a los protocolos, a los programas, a los recursos. Son necesarios y estupendos como el muy reciente de UNICEF en el que ha participado el también presente en el Encuentro, Javier Romeo (lo puedes descargar aquí precisamente porque ya está hecho)

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Pero yo propongo, además, descenderlos a las y los “buenos practicantes”

Puede parecer un recurso a lo sentimental. Una exaltación de la heroicidad. Un recurso a lo emotivo. Pero no lo es así. Hay un fondo muy racional en lo que planteo. Porque para el cambio es necesaria la “noticia de una diferencia”. Sólo a partir de conocer que una cosa puede ser diferente podemos tener esperanza y motivación para el cambio.

Pondré un ejemplo muy concreto. Hace unos años invitamos a Alberto Rodríguez de Agintzari a Valencia. En un magnifico seminario nos hizo ver que teníamos un modelo equivocado. Pero a mi no me convenció por realizar un taller brillante. Me conquistó compartiendo su quehacer cotidiano y, para mi, por desgracia, asombroso. Me trajo la noticia de una diferencia. Técnicos de seguimiento que reciben llamadas de una familia biológica; visitas con las dos familias presentes en un restaurante chino y con el técnico ayudando… Y aunque esto siga siendo excepción por mis lares, para mi ya no son impensables porque Alberto nos mostró que es posible. Es una esperanza basada en lo real.

Quizá yo no sirva para mediar entre dos familias pero hay otros profesionales que si son capaces. Quizá como acogedor me quemé en el contacto directo con la familia de las menores acogidas. ¿Y? No todos podemos con todo pero algunos pueden con mucho más de lo que pensamos.

Y es que lo micro en el acogimiento familiar son las personas. Hablamos tanto de acogimiento familiar que se nos olvida que el acogimiento es, desde los albores de la humanidad, el resultado del establecimiento de relaciones personales concretas. Y que en las relaciones se transmite información pero también emociones.

Claro que las críticas a la Administración pueden estar cargadas de razón. Claro que hay familias que no se ubican bien en el acogimiento. Y técnicos o responsables de la Administración que deberían dedicarse a otra cosa. Y familias biológicas que no pueden, no saben o no quieren cambiar. Pero generalizar es dejar de ver la diferencia. A veces generalizamos porque como escuché el otro día “la diferencia nos da miedo porque nos obliga a crecer”.

No podemos seguir avanzando generalizando. No todos los acogimientos son buenos acogimientos. El buen acogimiento, la buena familia acogedora, la buena o buen técnico, la familia biológica colaboradora y la buena Administración, son quienes nos deben guiar hacia el futuro del acogimiento.

Quizá dándole vueltas podríamos descubrir formas de ponerles en el escaparate y no en la última estantería de la librería.

Mi granito de arena es ofrecer este blog para contar esas experiencias personales. Si se me hacen llegar aquí tendrán un hueco en una serie de posts con esa finalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

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