Mis nietos no pasan de los 4 años. Mis hijos ya están todos por encima de los 20 excepto P. que tiene 15 cronológicos pero no madurativos. ¿Por qué entonces me tiene enganchado un libro sobre una medida desesperada de un padre con su hijo adolescente? ¿Por qué me gasto 11 eurazos y pico en un libro sobre el cerebro adolescente? ¿Por qué me apunto y disfruto de un curso de intervención en violencia filio parental?

Viernes.

Cae por azar en mis manos digitales un libro cuya portada y título me llama la atención. Se llama «Cineclub» y en la edición con la que me topo (Ed. Debolsillo) se ve el dibujo de un padre y un hijo sentados en dos sillas y en actitud de dialogar. Su autor es David Gilmour

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Las 12 palabras de encima del título sintetizan la decisión inaudita de este padre (periodista, escritor y crítico de cine canadiense) ante la constatación de que su hijo está tirando la toalla en los estudios. Aunque reconozco que algunos comentarios cinéfilos los leo sin prestar mucha atención el libro, a más del 50%, me tiene atrapado. Porque no es un libro sobre cine. Es un libro sobre la relación paternofilial.

Domingo.

Paseo por librerías virtuales para descubrir una novedad (en Castellano, pues el original ya tiene unos pocos años) sobre el cerebro adolescente. Pero no este (que Iñigo Martínez de Mandojana recomienda)

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sino «La invención de uno mismo. La vida secreta del cerebro adolescente » de  Sarah-Jayne Blakemore (Editorial Ariel)

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Así que veo esta charla TED de la autora de apenas 14 minutos.

Y aunque no me sorprende, me convence que su libro… hay que tenerlo. Aunque sólo fuera para pasárselo a mi descendencia cuando la suya se acerque, con la musica de fondo de «Tiburón», a la pubertad.

Martes.

Hoy comienzo a asistir a un curso de intervención con adolescentes con violencia filioparental. Lo acepté con pereza (en mi trabajo la negligencia y la violencia es de los padres hacia sus  hijos) pero realmente estoy disfrutándolo por la experiencia del docente y por los comentarios de los participantes.

Y quizá me da la clave de el porqué me sigue interesando el tema de la adolescencia cuando ya no me suelo topar con ellos en el día a día.

Creo que la adolescencia actúa para el resto de la sociedad y de las familias como la prueba de fuego, la prueba del algodón, la revàlida o la selectividad de lo que tanto una como otras hayan puesto, o no, en sus vidas (estímulos, afectos, modelos, valores…)

Y por otra parte nos obliga a una flexibilidad psicológica como ningún coach o entrenador personal podría hacerlo. Deberíamos pagarles por ello.

Flexibilidad que no deserción.

Flexibilidad bien anclada en convicciones y en conocimiento.

Aunque esto último pueda parecer una contradicción.

No lo es.

6 comentarios en “Blog de notas: Adolescencia

  1. ¡Hola Javier! Vaya de antemano mi disculpa por un comentario tan extenso… Como he llegado hace poco a tu blog no he podido “leer todo” (aunque llevo buen paso, jejeje). Utilizando el buscador he visto varias entradas sobre el tema así que mi tarea va a ser ponerme con ellas, y te agradezco, de antemano, haberlas escrito. Seguro que mi comentario ya está reflejado en algún post anterior.

    Últimamente no dejo de darle vueltas a la adolescencia. Es una etapa que me apasiona y, ya sea por mi trabajo o porque vamos a iniciar el acogimiento de una adolescente, constantemente tengo en mente ideas y lecturas.
    En los grupos de familias se percibe lo “aterrador” que puede ser para las personas adultas los cambios de sus hijos e hijas al llegar, sobre todo, al instituto. Los miedos sobre “las consecuencias de lo que hacen”, “el futuro”, “lo que puede pasar”. Y es normal. Social y culturalmente hemos estigmatizado la adolescencia, y ya por extensión, la juventud, y esto tampoco es algo nuevo (Séneca: “La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros”)

    Me preocupa que, como comunidad, tengamos esa “poca fe” en la vida de estas chicas y chicos. Ver la adolescencia como una etapa de transición y no como un momento vital imprescindible, lleno de oportunidades y potencialidad. (El pensamiento “a ver si pasa cuanto antes”).
    Y me preocupa aún más la situación de las y los adolescentes tutelados por la administración. Si ya es complicado aumentar el número de familias de acogida, resulta difícil encontrar aquellas que puedan, o quieran, abrir las puertas de su casa a la adolescencia. Y estoy segura que, en parte (mucha parte), es consecuencia de esa idea negativa que tenemos socialmente.

    Creo que uno de los retos en Protección a la Infancia está ahí. En las adolescencias. En reformular las preguntas para generar nuevas ideas y soluciones. En hacerles visibles y hacerlo en positivo. En crear oportunidades para estos chicos y chicas, no por el futuro que tendrán sino por el presente que son. Y, como en la mayoría de las cosas, podemos empezar por lo sencillo (que a veces es lo más complicado); podemos empezar por darles voz, de igual a igual, sin “adultismos”. Seguro que en este tema, Alberto tiene también mucho que aportar.
    Gracias por la entrada, por la recomendación del libro “La invención de uno mismo” (seguro que lo leeré) y por tu reflexión final, yo también creo que ahí está parte de la clave.

    Y sí, deberíamos pagarles por ello, o al menos agradecerles SER y ESTAR.

    1. Mariu… ! Todo el contrario ! Me adelanto a publicar tu comentario antes de poder leerlo tranquilamente, porque es un verdadero regalo para el blog el que haya más comentarios y lo más extensos posible. Por eso te doy las gracias de antemano. Y en cuanto pueda comento tu comentario ja, ja

    2. Hola Mariu
      Ya he podido leer tu comentario tranquilamente y es curiosa la reacción que me provoca. Después de haber acogido (entre otros) a una una niña que entró en la adolescencia durante el acogimiento y que con 15 años prefirió intentar vivir con su padre y después de haber «visto» el acogimiento de una adolescente en la 2ª temporada de la serie «This is us» no sé si me parece que un acogimiento de un / una adolescente de partida quizá tenga menos riesgos que la entrada en la adolescencia de los niños y niñas acogidas de niños y niñas.
      Eso no quiere decir que yo lo desee para mí o mi familia. A mis 58 años y con nietas y nietos ya no me toca esa aventura o no tengo ánimos. Pero pienso que el acogimiento de un/una adolescente tiene una ventaja: las cartas están boca arriba desde el principio. Esto es lo que hay (por un lado y por el otro) Se acepta o no. No caben los reproches, las culpas, los miedos, las incertidumbres, el trabajo no hecho… No sé si consigo expresarme y no sé si tengo razón (no creo)
      Pero lo que sí es cierto es que tu comentario me ha transmitido buen rollo e incluso alegría. Que yo ya esté en retirada no quiere decir que me parezca maravilloso que haya familias dispuestas a acoger a adolescentes y con esa actitud tan receptiva hacia esta etapa (y no determinada por estereotipos)
      Me encantaría que compartieras tu experiencia en este humilde blog (o donde quieras pero que me pudiera enterar) Así que te dejo mi email por si eres tan amable de avisarme o contactar: javier.romeu@gmail.com
      Un abrazo

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