Hace unas semanas, en un conocido concurso televisivo, contemplo la siguiente escena (he buscado el programa en Internet y es una transcripción literal).

PRESENTADOR (tras haber presentado a un famoso mago que también concursa):

– Y vamos con E. la nueva concursante, que si me lo permites… va a haber un duelo de magia … porque de repente has venido con una sonrisa y con magia también.

CONCURSANTE (sin dudar):

-¡Sí! ¡Creo en la magia!… ¿cómo lo sabes?-

PRESENTADOR:

-Pues porque eres la primera que en 10 años ha venido y ha saludado al equipo contrario en el primer minuto ¡Eso es magia!

CONCURSANTE (viniéndose arriba):

-Mira… cuando les he dicho a mis amigos que venía a (nombre del concurso) les he dicho «¿Que hago» Y me han dicho: «¡Sé tu misma!»

(micropausa dramática que el presentador rompe con un pequeño ¡Ah! de sorpresa)

-Estoy siendo yo misma. ¡Y pienso seguir siéndolo…!-

(microsilencio que finalmente el presentador descabalga con un ¡Muy bien! y supongo que el regidor con el cartel de aplausos)

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En otra fase del concurso el presentador le pregunta que haría si ganase el fabuloso premio del programa. Refiere que dar la vuelta al mundo muy despacito, sin prisas, y como todos haríamos ayudar a los suyos, vivir tranquila, tener paz y dedicarse a lo que le gusta.

El presentador aprovecha:

-¿Y qué te gusta!

-¡Me gusta vivir! Me gusta la contemplación y claro para la contemplación necesitas tiempo libre ¡dolce far niente! (dulce hacer nada) y… bueno… (parece pensar)… Y aprovechando lo que tu has dicho antes… quiero decirle a la gente que la magia existe y que no pierdan nunca la esperanza.

Y poniéndose las dos manos en la boca, mirando a la cámara, hace el gesto de lanzarnos besos a todas las personas que la estamos viendo. Nos hayan presentado o no.

Todavía estoy dudando si calificar la actitud de esta persona de «profundidad superficial» o de «superficialidad profunda». Todavía sigo pensando en su sueño de dar la vuelta al mundo y que luego el mundo se pare alrededor de ella mientras medita en la posición del loto. Pero como en realidad no la conozco ni está previsto que la vaya a conocer ¿qué más da?

Lo que en realidad se quedó rebotando como una pelota de goma en mi cráneo vacío  fue la frase: ¡Estoy siendo yo misma y voy a seguir siéndolo! Me rebota tanto que casi me mareo. Cuando vuelve la nada a mi cerebro, un miedo empieza a invadirme: ¿es posible que los eslóganes del positivismo desatado y de la cultura de la autoayuda estén invadiendo a las personas y sean suficientes para orientar su vida? ¿Están desplazando a empujones, en los sistemas de creencias de la gente, a las ideologías, las religiones y los valores humanitarios?

Pero antes de meternos en ese berenjenal, un momento para analizar la frasecita («Estoy siendo yo misma»)

1. Menos mal que sus amigos le dijeron que fuera ella misma y no le recomendaron que fuera al concurso siendo su vecina o vecino. En realidad le tendrían que haber recomendado ser su contrincante puesto que lleva tropocientos programas sin perder.

2. ¿No es una contradicción que sea ella misma porque se lo han dicho los amigos?

3. Me pregunto si el día que un policía la pare para ponerle una multa por exceso de velocidad también alegará que estaba siendo ella misma. Que su Ser le pedía ir a 120 y que ninguna señal de tráfico de 90 la va a condicionar.

Hasta ahora yo pensaba que adaptar tu comportamiento al contexto y las circunstancias era muchas veces más una virtud que un defecto. Pero igual estoy equivocado.

En el fondo el diálogo entre presentador y concursante podría haber sido este (si es que en realidad no lo fue también)

PRESENTADOR: E. … ¡que cosa más maja has hecho!

CONCURSANTE: No es que haya hecho algo majo… ¡es que yo soy maja de narices! y te advierto que, pase lo que pase, ¡voy a seguir siéndolo! ¡Que os enteréis!

Lo voy a dejar aquí porque me sigo volviéndome loco con lo de ser uno mismo. Además tengo que darle vueltas también a qué magia se refiere esta persona ¿a la de Harry Potter? Yo sigo sin pillarlo.

El caso es que llevaba meses pensando en hacer una serie de posts para luchar contra los «eslóganes de autoayuda». Un eslogan (perdón por el anglicismo) es una fórmula breve y original utilizada para publicidad, propaganda política u otros fines. En la cultura de la autoayuda, del IKEA del desarrollo personal, hay muchos. Quizá el «Si quieres, puedes» es el más famoso.

Pensaba que había que desactivarlos utilizando sus mismas armas. Añadiéndole un trocito más de eslogan para descarrilarlo. Por ejemplo al

«Sé tu mismo»

le añadiríamos

«Sé tu mismo sólo a solas»

Una manera de decir que cuando estés con gente haz un esfuerzo por adaptarte a los demás. Aunque sólo fuera por no ser un o una imbècil.

Porque lo que hay detrás de la moda o la cultura de la autoayuda y del desarrollo personal es una verdadera cultura de la insolidaridad, del no vengas a pedirme ayuda y apáñate que ya eres mayorcito o mayorcita, del aquí cada uno se saca las castañas del fuego.

Al principio creía que sólo era un fenómeno editorial. Y eso es cierto. Ayer mismo tropecé en una librería con un libro que lo demuestra. Se llama «Ser feliz es decisión tuya».

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Un titulo que me tira para atrás. Pero el primer autor es Tal Ben Shahar. Un estaunidense nacido en Israel, profesor de la Universidad de Harvard, que empezó a escribir libros después de que sus seminarios de psicología positiva se le llenaran una y otra vez. En su libro «En busca de la felicidad» relata su experiencia como jugador internacional de «Squash» a partir de la que analiza la relación entre perfeccionismo e infelicidad. Nunca me ha parecido un charlatán sino un tipo fiable o serio aunque luego escriba para el gran público.

Y hago la prueba… ¿Cuál será el titulo original? ¿Puede este tipo escribir un libro con este título?. Abro el libro y busco y… ¡Bingo!… «The joy of leadership» (La alegría del liderazgo). El segundo autor es un alto ejecutivo en el mundo empresarial. ¡El libro va de liderazgo empresarial! Pero la editorial tiene que ampliar el foco, la población diana. ¿Cuantos libros hubieran vendido con «La alegría del liderazgo»? (No estoy criticando a la Editorial. Está haciendo bien su trabajo. Vender cuanto más libros, mejor)

Pero… ¿es posible que estos títulos, que son también eslóganes pensados por eficaces publicistas, estén penetrando en nuestras mentes  hasta el punto de que ya no cuestionemos las ideas que asumimos con ellos?

Si yo te dijera, basándome en mis vivencias, «Dios te quieres tal y como eres» estoy seguro que tu primer pensamiento sería… Espera un momento, Javier, vamos a discutir eso un poquito, vamos a darle unas cuantas vueltas. O quizá soltarías un «¡Ja!» o un «¿Y qué?» y acabaría la conversación. Y yo lo entendería porque mis vivencias y mis creencias son mías. Personales e intransferibles. Las puedo compartir o no. Pero nada más.

Pero cuando se nos dice «Ser feliz es decisión tuya» ¿es sólo un título? Porque la idea que subyace es que si eres infeliz eres además gilipollas y además estás dando por saco a los que te rodean. ¿No es diametralmente opuesto esto a la filosofía Ubuntu que nos llegó de Africa y que, para lo que estamos tratando, sería algo así como «no puedo ser feliz si los de mi alrededor no lo son también»?

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Cuando en la reciente entrevista, promocionada por el banco BBVA, a Cyrulnik la entrevistadora le presenta el eslogan «El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional» Boris no lo rechaza, lo asume, pero si has visto toda la entrevista no te quedas con la sensación de que el sufrimiento sólo depende de ti. Cyrulnik precisamente da una importancia tremenda al contexto, a la cultura, a la historia vivida hasta entonces. No me lo puedo imaginar responsabilizando a la víctima de sufrir. Que es justo lo que creo que si hace la cultura de la autoayuda. Algo, a mi juicio, demoledor y perverso.

Pero lo dejaremos y veremos si sale adelante la serie de «eslóganes anti-autoayuda». Si tienes ideas… aquí estoy.

Por cierto, querida concursante E., cada vez que escribo un post mi verdadera lucha es la de no ser yo mismo. No pretendo mostrarme, aunque en parte es inevitable. Al contrario, quiero esconderme tras mis elucubraciones.

Escribo para mi entretenimiento, divertimento y resiliencia. Y en todo caso y lo que es  más…

Escribo para digerirme a mi mismo.

Porque muchas veces no me aguanto.

Y así está bien.

 

 

Un comentario en “La «mujer eslogan». Resistir y rehacerse en la cultura de la autoayuda.

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