En lo sociofamiliar, la vida de un niño o niña de una familia, vamos a llamarla “funcional”, es una sucesión de ganancias: padres, abuelos, tíos, hermanos, primos, , compañeros, vecinos, amigos, profesores… Pero cuando la familia “no funciona” y el niño o niña entra en el sistema de protección es muy probable que convirtamos su vida en una sucesión de pérdidas.

En el sistema de protección tenemos bastante experiencia en medir el impacto de presencias negativas en los y las menores. Pero a la hora de medir el impacto de las pérdidas o de las ausencias nos es más fácil mirar hacia otro lado.

Ya lo dice Marta Llauradó en este certero y contundente post: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. O, y lo que es peor, quizá al revés: “Corazón que no siente, ojos que no ven”.

Marta llegó al sistemas de protección para acoger niños o niñas y se ha quedado para intentar devolvernos la vista o reanimar nuestro corazón. No te la pierdas.

Obre la boca, que ve un avió! (¡Abre la boca, que viene un avión!)

cuchara-voladora

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s