La duda

La resiliencia es un fenómeno que debe ser conceptualizado para que podamos hablar de él y entendernos. Pero ¿puede el concepto de resiliencia llevar en su interior un troyano que amenace o dificulte el propio fenómeno de la resiliencia?

– ¡Vaya post nos espera, Dios mio!- estarás pensando. Tienes toda la razón. Ligerito no va a ser. A mi ya me ha dado muchos quebraderos de cabeza. Intentaré suavizarlo todo lo que pueda.

descargaPara mí no es un problema que haya muchas formas de concebir y definir la resiliencia. Simplemente cojo las que reflejan el fenómeno que me atrae y paso de las que me parece que están hablando de algo que no me interesa. Por ejemplo: no me emperraré en argumentar lo que Stefan Vanistendael llama el componente ético de la resiliencia. No lo necesito. Simplemente a mi la resiliencia humana que no es humana, suponiendo que fuera posible, me importa un pito.

Pero hasta ahora, y luego explico por qué quizá ya no, todas las concepciones por dispares que fueran tenían algo en común: hacían referencia a una bipolaridad en una evolución. El polo negativo (-) podía ser definido como trauma, desgracia, adversidad o simple dificultad. Y en relación con él descubrimos un polo (+) definido por algunos  como rehacerse o por otros simplemente como recomenzar (bella palabra por cierto). Y además está el tema de qué peso se le da a los factores personales o a los contextuales, pero ese es otro tema (y peliagudo).

El problema es que el papel que juega el polo negativo en la vida depende de nuestra visión del mundo o de la propia vida. Parece ser que la vida es también un fenómeno y que quizá también nuestra mente no puede dejar de conceptualizarla pudiendo haber sesgos personales en ello.

De hecho se ha estudiado bastante lo que se ha llamado la Teoría, Hipótesis, Creencia o Sesgo del Mundo Justo por el cual la mayoría de la gente, sin darse cuenta, tiende a pensar que la vida está regida por una especie de ley en la que si haces las cosas bien, te irá bien («Recibimos lo que merecemos y merecemos lo que recibimos«). En resiliencia esto tiene más importancia de lo que parece pues es el motivo de que revictimicemos muchas veces a quien sufre la desgracia («algo habrá hecho«).

Pero simplemente la traigo a colación porque no se trata solo de un polo (-) y un polo (+) sino que parece que todos tenemos una hipótesis sobre el sentido de los acontecimientos negativos. ¿Pensamos que son normales? ¿O que son excepciones desafortunadas?

La anécdota

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Año 2005. Monasterio de Nuestra Señora de la Gloria de Dios. Les Montsvoirons (territorio francés pero con vistas al lago Le Man y la ciudad suiza de Ginebra). Durante unos día mi mujer y yo, junto con mis hijos (naturales y en almíbar) visitamos a nuestra hija y hermana mayor, Elena. Unos meses antes nos llamó para decirnos que no fuéramos a recogerla tras pasar unas semanas en el mismo. Que fuéramos simplemente a llevarle ropa de invierno porque su intención era quedarse allí. Desde entonces la familia está revuelta. Contentos de verla contenta, pero intentando digerir las implicaciones de su decisión.

No lo vivimos como una adversidad pero es obvio que «nuestro mundo» se había puesto patas arriba. Durante nuestra estancia mi hija mayor, que ya se comunicaba bastante bien en francés, nos presenta al Hermano Bruno, el fraile y sacerdote que les oficia las liturgias. Es un tipo maduro, pero todavía joven, y al que recuerdo como alto y fornido. Mi mujer le explica en español, al presentarle a Raquel, nuestra segunda hija, que quizá es la que más se está resintiendo de que Elena ya no esté en casa. La propia Elena le traduce. El monje se dirige hacia Raquel y con una amable sonrisa le dice algo en francés. Elena sonríe también y nos informa. Le ha dicho: «Raquel, ¡ Paciencia con la vida!»

La frase se me queda rebotando por la cavidad craneal. ¿Cómo que paciencia con la vida? ¿Que significa eso? La paciencia se tiene con el desgraciado que te fastidia o con la desgracia que te sobreviene (insisto: sobre-viene) Pero ¿con la vida?

En realidad esa frase, para otras personas sin ninguna relevancia (incluso para mi hija Raquel, la destinataria de la misma) a mi me ha hecho pensar, y desde entonces me descubro diciéndomela a mi mismo. Ese día, ya a mis 45 años y en un instante, paso de pensar en la vida como el continente de lo que nos pasa a pensar en la vida como la sucesión de cosas que nos pasa. -¡Vaya idiota- estarás pensando. No puedo rebatírtelo.

En la primera forma de pensar, la vida es como el mantel blanco de una mesa donde comemos. Está puesto para que encima pasen cosas normalmente agradables. Disfrutar de bebidas y comidas, conversar con otros comensales, cogerse las manos amorosamente… sólo que a veces, saliéndose del guión, las cosas se tuercen. Un plato muy salado, una copa que se derrama, un puñetazo en la mesa, una palabra hiriente… Pero por defecto el mantel (la vida) se pone para lo agradable. Nadie pone un mantel para no comer, para discutir… (Espera, espera desgraciado… que te quiero decir cuatro cositas… voy a por el mantel)

Pero la frase me resitúa. Hay que tener paciencia con la vida porque es la sucesión de acontecimientos que ocurren y a veces lo que nos ocurre no lo entendemos hasta más tarde y por eso hay que esperar. O para que pase la noche, la tormenta… o para encontrar sentido a lo que nos pasó.

De nuevo la duda

Cuando empezó a popularizarse el concepto de resiliencia lo hizo de mano de algunos autores teóricos (en Europa especialmente de la mano de Stefan y Cyrulnik) y de algunos a los que Iñigo Martínez de Mandojana llama los «XXL de la resiliencia» (Tim Guenard, Viktor Frankl y otras víctimas del Holocausto como el propio Cyrulnik, etc) Aunque sólo sea para luego poder olvidarlos y centrarse en los «S de la resiliencia»(1). De alguna manera cuando leíamos sobre ellos nuestra hipótesis del Mundo Justo sufría un serio revés puesto que es evidente que ninguno de ellos merecía la desgracia sufrida.

Pero también recordemos que la resiliencia saltó a las Ciencias Sociales como el informe de la minoría (Ya he usado el relato y la película Minority Report en otro post). Werner y Smith recibieron el informe de los tres precogns en el estudio de Hawai, pero en lugar de centrarse en el informe de dos de ellos (los niños que crecen en situaciones sociofamiliares desastrosas acaban muy mal) se centraron en el informe minoritario del tercero (a pesar de todo algunos han salido adelante)

Wally_and_the_Precogs

Pero después de varios años y cuando la moda de la resiliencia empieza a diluirse ¿no estará quedando la idea de que la resiliencia es lo normal y de que, por tanto, la vida, si bien algo puñetera, sigue siendo el mantel blanco donde sólo a veces se vuelca una copa?

¿No habremos contribuido con tanto hablar de resiliencia a deslizarnos de la esperanza realista a al idealismo esperanzado?

La propuesta Forés-Grané

Estaba yo en todas estas disquisiciones cuando una madrugada de la semana pasada, sin alevosía y con previa pre-compra, se descarga en mis dispositivos el esperado nuevo libro de Anna Forés y Jordi Grané.

Y en los días siguientes descubro conexiones entre sus planteamientos y mis elucubraciones pero, sobre todo, tomo conciencia de que no tengo entre mis manos un libro más sobre resiliencia sino toda una nueva propuesta sobre ella.

Ellos mismos avisan en su prólogo que van a recorrer territorios fronterizos pero sobre todo con un planteamiento nada ortodoxo. Y doy Fe que lo han hecho.

Hacen mención a uno de los fabulosos aforismos de Jorge Wagensberg: «Cambiar laWagensberg-k0sC-U501152356823SPH-624x385@RC respuesta es una evolución, cambiar la pregunta es una revolución» Pues yo creo que ellos han cambiado la pregunta. Si la pregunta ha sido hasta ahora: ¿Qué tipo de respuesta a la adversidad en la vida es la resiliencia? veo su libro como otra pregunta ¿Qué tipo de respuesta a la vida es la resiliencia? Parece que apenas cambia nada pero cambia mucho.

La primera pregunta me recuerda a mi concepción de la vida como mantel, la segunda a mi concepción de la vida como sucesión incierta de sucesos. En todo caso lo que parece es que la bipolaridad (algo + que surge a partir de algo -) se disipa.

No me corresponde a mi, ni ahora, desvelar su propuesta. Tendrás que leer el libro que para eso lo han escrito. Sólo te aviso que aquí hay algo más que un libro más.

Y ni siquiera te diré si estoy de acuerdo con su propuesta porque aún no lo sé. Conociéndome tendré que escribir muchos post sobre este libro para saber lo que pienso. De momento me debato en sensaciones encontradas.

Por un lado me da un subidón de autoestima descubrir que más de la mitad de sus fuentes, autores y libros de referencia, han pasado por este blog porque para mi también han sido fuentes de inspiración. Y me relamo de descubrir otras que no conocía.

Pero por otro lado me pregunto como la idea de «resiliencia generativa» que ellos proponen, frente a lo que denominan «resiliencia clásica» contribuirá a inspirar formas de mejorar la relación de ayuda que es en realidad de lo que va este blog. Intuyo que sí pero y ¿si se han pasado de frenada?

No lo sé. Ya se verá. La vida dirá.

De momento yo iré con gran ilusión a escucharlos el próximo viernes, 22 de febrero a la Casa del Libro en Valencia. Si vives cerca y quieres, nos vemos. Pero Anna también informa que podrás hacerlo el 11 de marzo en Sabadell y el 8 de mayo en Barcelona.

Invitació Los patitos feos y los cisnes negros Valencia

(1) En España las tallas de muchas prendas se clasifican de menos a más en …S, M, L, XL, XXL

2 comentarios en “Resiliencia y vida. La solución Forés-Grané.

  1. wow, me pones a pensar en un chorro de cosas justo antes de mi seminario, les daré una buena digerida y luego te cuento qué tipo de ensalada me sale, eso si, la serviré con mantel debajo, seguro!
    gracias! y una pena, ese libro no hallo quién lo envíe a México, veré qué hacer….

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