La mariposa se liberó del capullo de seda, extendió sus alas y pensó:¡Vaya mierda!¡Yo quería ser lagartija!

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En estos tiempos que corren de positivismo individualista, las limitaciones personales están infravaloradas o denostadas y sin embargo cada vez levantamos más fronteras entre personas. Cada vez que defino más mi ser, mi yo («Yo soy…») dibujo un límite que me separa mas de un «Otro».

Así que mientras en lo personal se empeñan en convencernos que las limitaciones están sólo en nuestra mente (no hay «discapacidades» sino «diversidades funcionales») en lo social se empeñan en que nos posicionemos más y,  como resultado, estemos más divididos (nosotros versus vosotros; de aquí versus de allí…)

Y con estas simplificaciones y generalizaciones, en la cotidianidad se nos olvida que en la realidad los límites y las posibilidades no están reñidas. Además de que, ni todos los límites son negativos, ni todas las posibilidades positivas.

Ser, valga la redundancia, un ser condicionado o limitado no necesariamente es una desgracia ni aceptarlo una rendición. Hay límites no sólo necesarios; no solo positivos, sino incluso posibilitadores.

Mi inteligencia, y me refiero literalmente a la mía, me limita. Hay conocimientos que están y estarán siempre fuera de mi capacidad de comprensión. Pero también hay cosas que quisiera no comprender, para no sufrir por ejemplo, y que no puedo evitar conocerlas, entenderlas… Pero, dentro de esos dos límites, las posibilidades de adquirir nuevos conocimientos, de establecer conexiones… siguen siendo inacabables para mi. De hecho, la curiosidad que me permite mi moderada inteligencia es para mi una fuente de placer y de resiliencia. Por tanto mi inteligencia me limita y me posibilita. Lo cual no solo es cierto sino que ademas rima.

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Por otra parte mi estado civil y mi compromiso, en mi caso matrimonial, limita mi expresión psicosexual y afectiva a una sola persona. Pero esta limitación cuantitativa sin embargo posibilita un desarrollo cualitativo  en ese mismo aspecto generalmente considerado como un bien.

Y mi paternidad y mi «paternidad al cuadrado» (tengo nietas y nietos) impone un montón de limitaciones para mi desarrollo personal.  Aunque sólo sea por el tiempo que requieren. Sin embargo, los sistemas de protección de menores están repletos de casos donde padres y madres se han saltado a la torera, por ignorancia, incapacidad o falta de voluntad, las limitaciones que se supone impone la parentalidad.

Además hay posibilidades que dentro de unos límites son constructivas y fuera de los mismos destructivas. Si un hijo o hija tuya desarrolla la posibilidad de derribar físicamente a otra persona y lo hace dentro de un cuadrilátero o un tatami es una cosa positiva. Pero si la desarrolla fuera de ese espacio limitado seguramente tienes un problema.

Por tanto el eslogan

«Supera tus barreras»

transmite la idea de que todas las barreras son limitantes y negativas. Y no es así.

Permíteme recurrir otra vez mas al ejemplo de la tauromaquia. Sea lo que sea, un arte o una salvajada, está  posibilitada por las barreras. Las barreras no están para proteger al público, que también. Están para posibilitar la faena. Pues si el toro tuviera escapatoria más de tres pases seguidos no le dan. Será toro pero no tonto.

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Por tanto hay posibilidades que sólo surgen en los límites. Así la frase «Supera tus barreras» debería ser matizada:

«Supera tus barreras… pero ten cuidado no te vayas a desparramar»

Y, como en la vida en sociedad, nuestro principal límite es el Otro, también valdría:

«Supera tus barreras… pero asegúrate que son sólo tuyas»

No vaya a ser que – perdonadme el lenguaje grosero pero lo necesito para el juego de palabras – queriéndote saltar tus límites (sexuales, por ejemplo) me vayas a dar por culo a mí. La cárcel está llena de personas que han superado sus barreras y sus límites.

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La expresión «esperanza realista», asociada tantas veces a la resiliencia, habla tanto de posibilidades (eso que no está o es pero podría estar o ser) pero también habla de los límites. ¿Cuáles? Los que impone la realidad. Ni más ni menos.

Siempre he entendido que una condición para la resiliencia es el reconocimiento de los propios límites o limitaciones. No para superarlos sino para respetarlos y, ¿por qué no?, incluso venerarlos.

La resiliencia de P. frente a las dificultades que impone su déficit intelectual (¡Uy, lo que has dicho!) no consiste en superar el límite del conocimiento de la taba del 7, ni del calendario o de la forma de medir el tiempo. Su resiliencia se dará en la medida que, con sus otros recursos y los del entorno, pueda llevar una vida satisfactoria para él y para los demás A PESAR de sus limitaciones. Y para ello el primer paso es no negarlas. Y me puedo permitir el ejemplo porque soy su cuidador legal y su padre emocional y social.

Ya lo he contado otras veces: cuando me preguntaban hace unos años «¿Cómo va P.?» solía contestar: «Estupendamente… desarrollando al máximo todas sus limitaciones». Y ¿por qué ya no me suelen preguntar? Porque P. ha hecho sus deberes muy bien y ya todos conocemos mucho mejor sus limitaciones. Ahora es momento de las posibilidades realistas, no de las utopías. La resiliencia parece ir siempre detrás de la superación y cuando esta falla, no antes.

Detrás de un «!Es lo que hay¡» no siempre hay claudicación. A veces hay un sano realismo. Y detrás de superar tus barreras puede haber escapismo. He conseguido terminar el marathon pero no sé que le pasa a mi hijo conmigo. He conseguido publicar un libro y, si no me hubiera separado, estaríamos los dos celebrándolo.

E incluso, aceptando el paradigma de resiliencia generativa propuesto por Forés y Grané como la virtud de generar opciones, metamorfosear y seguir viviendo (1) creo que todo lo anterior sigue siendo válido. Siempre y cuando entendamos que generar opciones puede ser tanto generar posibilidades como generar límites. Limites para reconstruirnos o simplemente para vivir en sistemas tan complejos y tiempos tan inciertos como los que corren.

El gusano de seda se limita primero – se encierra en el  capullo – para metamorfosearse (2). Para pasar de «víctima» a «víctima con alas» a veces hay que optar por poner o ponerse límites, por entrar de pleno en las propias limitaciones. Y muchas veces, para simplemente vivir la vida, también.

Cuando mi hija mayor optó por la clausura pensé que estaba renunciando a su pasado. A todo aquello que había conseguido hasta entonces (estudios, relaciones…). Todo lo anterior ¿para qué? ¿para encerrarse en un capullo? Pero con el tiempo me di cuenta de que estaba equivocado. No renunciaba a su pasado pues lo sigue teniendo siempre con ella. A lo que renunciaba era a su futuro. Ni pareja, ni hijos ni carrera profesional. Todo eso a cambio de algo para ella más grande. Loca o lúcida, con 19  años, optó. Se limitó para crecer en algo importante para ella. De muchas posibilidades que se abrían ante ella simplemente escogió una. Una rara de narices. Pero una que ha metamorfoseado para bien su vida y la nuestra.

Cuando edité las fotos y los vídeos de nuestra primera visita al Monasterio tuve clara la música que debía poner. La canción me encantaba pero como otras muchas. La elegí por el título: «Free as a bird» (¨Libre como un pájaro«) de Supertramp. Usamos a los pájaros como metáfora de libertad porque vuelan. Es curioso: decimos que un pájaro es libre porque hace precisamente aquello para lo que está hecho.

Te dejo el vídeo de la canción. ¿Por qué? Porque quiero ¿Y por qué quiero? Porque me sigo emocionando cuando la oigo y así conecto con mi hija «de otra manera» pues de la forma habitual ya no puedo.

(1) «Los patitos feos y los cisnes negros. Resiliencia y Neurociencia» Anna Fores y Jordi Grané. Plataforma editorial. 2019.

(2) La metamorfosis de gusano en mariposa no es mala metáfora de la resiliencia. Pero no deberíamos olvidar que la única posibilidad que tiene el gusano de seda de seguir viviendo es el de ser mariposa. Y dentro de ésta posibilidad habrá otro tipo de posibilidades: salir más grande, más pequeña, colores más o menos vivos, más fuerte o más débil. Pero su naturaleza le impone un límite: ser mariposa. Un límite estupendo. Porque imagínate qué pasaría si de un capullo saliera una mariposa, pero de otro un cocodrilo, de otros un elefante… ¡Menudo Jumanji!

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Un comentario en “Posibilidades limitadas y límites posibilitantes

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