Hace un tiempo Angélica Kotliarenco fue tan amable de sugerirme emplear la expresión «relación de apoyo» en lugar de «relación de ayuda» (que es el verdadero tema de este blog y no la resiliencia). Me indicó, con toda la razón, que está última puede tener connotaciones de superioridad de quien se supone que da sobre quien se supone que recibe.

Sin embargo «relación de apoyo» connota mejor que es la persona que recibe la que tiene los recursos para salir adelante y que quien ofrece sólo da un punto de apoyo a tal fin. Algo que me recuerda a la expresión tan afortunada de ADDIMA «Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo»

Es cierto que al menos en España la expresión en la literatura académica es «relación de ayuda» y quizá por ello me cuesta abandonarla.  Pero, desde entonces, siempre que voy a usarla me viene el comentario de Angélica a la cabeza y al menos me planteo cual de ellas usar según el contexto de lo que esté intentando expresar. Y si puedo, al menos empleo ambas.

Pero ¿y si además no sólo importa el contexto en las palabras que usemos para definir la relación sino que el contexto real de la relación es crucial para valorar la misma?

Imagina que tienes a tu cargo el cuidado de una persona anciana o con problemas crónicos de salud. O quizá no tengas que imaginar. Frecuentemente el o la médico de cabecera o el o la geriatra necesita hacerle determinada analítica o, en algunas ocasiones, una ecografia. Eso supone para ti acompañar a la persona cuidada al Centro de Salud u Hospital con todos los inconvenientes e incomodidades que eso supone para ti y para ella.

Pero un día te informan que no será más necesario. Que su médico puede hacérselo en casa. Y efectivamente un día llega el doctor o la doctora a tu casa y tras los saludos de rigor saca de un bolso o maletín un aparato del tamaño poco mayor de un datáfono.

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Y tras un pinchacito en la yema de un dedo, y con una sola gota de sangre, el dispositivo le dará inmediatamente la medición de determinados parámetros sanguíneos.

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Al terminar saca una tablet, como cualquier otra, y tras conectarle por la ranura usb una sonda o trasductor de ecográfo, aplica gel en la parte que quiere observar y el programa Android le ofrece las imágenes pertinentes del interior de el o la paciente.

Es indudable que con estos dos dispositivos portátiles, que ya existen, lo que se mejora es la calidad de vida de las personas con problemas de movilidad y la de sus cuidadores. Si la Administración pertinente adquiere los mismos muchísimo mejor. Si no lo hace, la vida continúa.

Pero ahora cambiemos la situación de contexto. Estos dos mismos aparatos llegan o no llegan a una región determinada de África donde el único recurso sanitario en muchos kilómetros cuadrados es un pequeño hospital gestionado por alguna ONG y donde es impensable instalar una máquina al uso de análiticas o un écografo tradicional.

Ahora la diferencia no es la calidad de vida de muchas personas sino simplemente la vida.

Las dos personas implicadas en la relación son las mismas: paciente-médico. Y los dispositivos hacen lo mismo en un sitio que en otro. Pero el contexto lo cambia todo.

Bueno todo no. Hay algo que no cambia. Los intereses económicos de las empresas que fabrican los dispositivos. El esfuerzo para su diseño y fabricación debe ahora traducirse en recuperar la inversión y en generar beneficios.

Por eso no serán ellas las que los donen a las ONGs que trabajan en esas regiones de África u otros lugares del Tercer Mundo. Tendrán que ser ONGs del mundo desarrollado  las que consigan que tú y yo donemos dinero para comprar religiosamente los dispositivos y donarlos a los pequeños recursos sanitarios de esas zonas.

Al menos eso es lo que está intentando la doctora Amaya Palomo con un proyecto se está llevando a cabo en Angola para proporcionar material médico de este tipo al hospital de la misión donde trabajan las Hijas de la Caridad.

Y el post surge rápido en mi cabeza cuando explica que los dos dispositivos portátiles que ha llevado al programa simplemente se los han prestado las empresas fabricantes (Siemens y Philips) a efectos de darlos a conocer en el mismo.

Nuevo Presentación de Microsoft PowerPoint

http://www.rtve.es/alacarta/videos/ultimas-preguntas/ultimas-preguntas-medico-angola/5198158/

Así que aparte de ponerme delante esta paradoja del sistema económico en el que vivimos (yo te lo dejo para que consigas el dinero para pagármelos) el programa evidencia que estos avances tecnológicos pueden ser en unos sitios un capricho y en otros la diferencia entre la vida y la muerte.

Por tanto el contexto en la relación de ayuda o de apoyo es tan importante como los personajes y la necesidad concreta. Tal es su importancia que podemos medirla en vidas humanas.

A principios de este mes (mayo de 2019) las personas muertas en el Congo por el brote del virus del ébola ya alcanzaban el millar.  Pero probablemente hasta que no se detecte, como ya ocurrió en el 2014, una persona infectada en Europa los países europeos no pondrán todos los recursos posibles para ayudar o apoyar a las autoridades congoleñas. Es posible que hasta la vida humana valga más o menos según el contexto. Yo no lo pienso así y supongo que tu tampoco. Pero los hechos parecen no darnos la razón.

En fin que el contexto en la que se da la relación de ayuda es tan importante que cuando descubro este libro…

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«Como criar niños felices. El método danés para desarrollar la autoestima y el talento de nuestros»

no puedo dejar de pensar «Y que sólo funcionará si eres danés, tus hijos daneses y vives en Dinamarca»

Una cosa es la globalización y otra la descontextualización.

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