PRINCIPIO DE VERACIDAD A CORTO PLAZO

Si un niño o niña, al que como acogedor o acogedora, acabas de contrariar te dice «Yo no quiero estar en esta familia» o algo equivalente, la frase es veraz.

COLORARIO

Esta veracidad, salvo la excepción a toda regla, no va más allá del enfado del niño o niña que la pronuncia.

PRINCIPIO DE RESONANCIA EMOCIONAL EN EL ACOGIMIENTO

Sí se toman decisiones olvidando el Principio de veracidad a corto plazo se corre riesgo de prolongar la veracidad del rechazo de forma artificial.

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TEOREMA DE LA ACEPTACIÓN INCONDICIONAL

La aceptación incondicional propuesta por el psicólogo Carl Rogers funciona si eres psicólogo, te llamas Carl, te apellidas Rogers, naciste en 1902 y moriste en 1987.

También funciona si eres psicólogo o psicóloga y tus pacientes te pagan para que los aceptes incondicionalmente.

CORRECCIÓN DEL TEOREMA DE LA ACEPTACIÓN INCONDICIONAL EN EL ACOGIMIENTO

En acogimiento familiar de menores funciona mejor el rechazo condicionado que la aceptación incondicional.

Carl-Rogers
Está sí es la idea de Carl Rogers que ayuda en el acogimiento

COMENTARIOS POCO SERIOS

Le pides a, por ejemplo, tu niño acogido que deje ya la videoconsola. Cuando vas a salir por la puerta escuchas «¡Esta familia es una mierda!». Se produce tal silencio sepulcral que hasta el perro que iba a bostezar aprieta el morro. Y la frase empieza a rebotar de una pared a otra. Y cada vez que pasa por ti te entra por el oído una y otra vez.

Como eres acogedor o acogedora con muchos años de combate has activado el aislamiento neuronal y la frase pasa por la cavidad craneal sin hacer mella en tu mente, lo que te permite salir de la habitación y continuar la vida como si nada.

Sin embargo recuerdas como en el principio de tu peregrinar por el acogimiento cada frase similar quedaba rebotando en tu cerebro fragmentándose en decenas de pensamientos como:

¿Será cierto que le importamos una mierda? Pero si ayer me dijo que…

Hasta que no me diga que me quiere no descansaré

¡Con lo que hemos hecho por él!

¿Qué hemos hecho mal?

Etc

A partir de ese momento tu comportamiento quedaba secuestrado por todos estos pensamientos y se te olvidaba lo único evidente: el niño la dijo porque quería seguir jugando y sus amígdalas cerebrales se defendieron dando donde más duele: en las tuyas.

Y un día, como casi todos, te viste negociando la salida aún sabiendo que tu no la querías y esperando una retractación o claudicación por su parte que te aliviara. Y esta no llegaba porque, aunque tú no lo sabías, él tampoco entendía nada – solo estaba enfadado pero ahora esta siendo interrogado sin parar –  por lo que su desconcierto a ti te parecía frialdad. Lo que, para liarlo más, te confirmaba el rechazo.

Y todo se paró porque te comiste tu orgullo, te bajaste del burro y volviste a coger el control del acogimiento. El mismo que perdiste cuando hiciste caso a su frase lapidaria.

Así que poco a poco aprendiste lo de Santa Teresa: «En tiempos de turbación, no mutación». Y que la aceptación incondicional es algo que todo el mundo te exige pero que casi nadie consigue.

Porque todas la familias acogedoras que conozco se han planteado más de una vez ¿por qué me metí en esto?. Y tienes razón: ¿por qué te metiste en esto? ¿Te lo recuerdo? Por compromiso. Compromiso social. Si lo hiciste por otra cosa tienes un problema (pero tiene solución: aún puede aceptar el compromiso que adquiriste legalmente)

Firmaste un contrato ¿a que sí? Inconscientemente. Más que probable. Más o menos como la hipoteca o tu matrimonio Pero ahí está tu firma. Quisieras alegar que es una falsificación pero es la tuya. Y lo sabes.

Recuerda que tu mismo le dijiste el otro día una barbaridad a tu pareja. Se enfadó contigo y te mandó a la mierda. Pero ni tú te fuiste a buscarla ni ella te obligó a salir. Al día siguiente se os había pasado. O quizá no. Quizá el resquemor sigue ahí latente. Pero seguís juntos. ¿Sabes por qué?

¡Por compromiso!

(A veces no te aguanto pero mi rechazo está condicionado a lo que me comprometí libremente. Aguantaré, chata o chato, agarrado o agarrada al compromiso contigo y en la esperanza de que esto pase)

 

Dedicado a quienes ya saben

 

 

 

8 comentarios en “Leyes de Murphy del acogimiento familiar de menores (4)

  1. Es de los mejores post que te he leido. Te ha salido de las «tripas» y se nota 😉 gracias por hacernos mejores leyéndote.
    Abrazo,
    Pepa

  2. Compañero, amigo,

    Tu blog me pareció muy interesante. Lo malo,realmente malo es que comparto cada línea de este.
    Y, peor aún, comparto siendo que tu hablas de una España, cuyos programas sociales, por escrito, me han parecido MERECEDORES DE TODOS LOS PREMIOS !! Y yo hablo de un Chile que lo consideran desarrollado y es todo, menos ESO
    Los programas sociales se enfocan en objetivos AMBICIOSOS y sin embargo, te entregan como ONG para trabajarlo un sueldo q personas con experiencia NO PUEDEN NI DEBEN POR DIGNIDAD Y PIR SUS ESCASOS INGRESOS , ACEPTAR. Y , además sólo te dan , si es que ganas un concurso con múltiples concursantes – que pertenecemos a la misma tribu como dicen Uds- un presupuesto por un año, máximo dos y , entonces comienzas la intervención psico- social- y debes dejar todo a medias SI ES QUE ALCANZAS A QUEDAR, CON SUERTE , A MEDIAS- botado.
    RECORDEMOS que los BOTADOS son seres humanos q viven en una situación de adversidad flagrante.
    HE DICHO!!!!
    Gracias, si es que HAS tenido SOBRETODO PACIENCIA y luego tiempo como para leer mi RABIA TAMBIEN FLAGRANTE.
    ADIOS AMIGO!!!

  3. Un saludo a todos los seguidores.

    Comparto con los otros comentarios lo atinado de este post, pero la comparación entre la relación acogedor-acogido con la relación formalizada de pareja resultaría un poco forzada. En ambos casos existe un contrato, pero en el primero se da entre un adulto y un menor y este no lo ha firmado libremente.

    Después de comentarlo con Javier , quiero subrayar su verdadera intención: compromiso relacional significa no abandonar a la primera de cambio; a tener en cuenta por el acogedor y por el acogido. ¡Qué lo sepa!

    1. Gracias Marta por aceptar mi sugerencia de que lo comentaras en el post, puesto que tienes toda la razón. No es comparable el compromiso libre entre dos adultos que entre acogedor/a/es y menor.
      Como apuntas mi intención era tan sólo la de señalar que un compromiso relacional no se suele romper por un comentario aislado o dicho en un momento de enfado.
      En todo caso, desde un punto de vista legal, el compromiso del acogimiento se llega a plasmar en un verdadero «contrato» en el que las partes no son familia y menor sino familia y administración. Es por eso que en el post hablo de un «compromiso social». Pero no en general sino plasmado en un documento real.
      Gracias Marta, como siempre.

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