¿Por qué una joven que sufrió una brutal violación pudo acabar afirmando que su denuncia fue falsa y aceptar ser castigada por ello?

¿Por que otra adolescente es capaz de afirmar hechos que sabe que rápidamente van a ser contrastados como falsos?

Quizá porque las dos han crecido en el sistema de protección a la infancia.

Buenos y malos títulos

La mini-serie «Creedme», que se emite en la plataforma Netflix, se basa en el reportaje realizado por dos periodistas, T. Christian Mille y Ken Armstrong, que empezaron a investigar independientemente unos mismos hechos hasta encontrarse el uno al otro y decidir colaborar.

Su trabajó vio la luz en varios formatos: reportaje conjunto en las dos publicaciones digitales para las que trabajaban (en Pro Publica y en The Marshall Project) con el título de «Una increïble historia de violación». Pero también como podcast en el programa de radio This American Life con el título de «Anatomia de la duda». Gracias a ello obtuvieron el premio Pulitzer en 2016 en la categoría de Reportaje Explicativo.

Luego ha visto la luz en forma de libro tanto en inglés como en castellano (Editorial Libros del K.O.)

La serie de Netflix se llama en inglés «Unbelievable». Una palabra que, como su traducción en castellano – Increíble- tiene dos acepciones diferentes. Decimos que algo es increïble para denotar que no es creíble pero también para indicar que algo es asombroso. El título en inglés juega con ese doble sentido: un testimonio bajo sospecha de veracidad – no creíble – y un asombroso caso de mala praxis policial. El titulo «Creedme» renuncia a este doble sentido pero no es un spoiler porque la serie no juega a generar la duda en el espectador sino a reflejar la realidad de los hechos como ocurrieron. Desde el primer momento sabes que esos fueron los hechos.

La historia se podría haber contado en un capítulo – si estuviera dentro se la serie «Mentes Criminales» por ejemplo – pero no tendría la profundidad en los personajes que se ha conseguido a lo largo de los 8 que en realidad tiene. Una profundidad que me ha permitido entender el concepto de «Confianza epistémica» mucho mejor que con un texto de Fonagy y colaboradores (quienes acuñaron el término)

Confianza epistémica como resultado del apego

Sabemos que el apego es un sistema que se activa como respuesta a una percepción de amenaza. A pesar de ello sigo oyendo a profesionales de la protección a la infancia hablar de él como de si fuera un simple vínculo afectivo más y además simétrico. No es así. Si dices que tienes apego hacia tus hijos estás diciendo que cuando sientes preocupación o miedo corres a refugiarte en ellos para que te calmen. Espero sinceramente que no sea así porque entonces tenéis un problema.

Y ese apego se desarrolla porque el niño o niña busca la protección, física o emocional, en una persona que suele estar ahí siempre y que responde sensiblemente a sus necesidades, especialmente a las de regulación emocional.

Pero desde hace sólo unos años sabemos también que en esa relación surge algo más que protección y seguridad. No sólo es que la seguridad permite la exploración y por tanto el aprendizaje. No sólo es que permite que se desarrolle la autorregulación emocional. Sino que permite, a través de la intercomunicación y el lenguaje, que el niño o niña se vaya entendiendo a si mismo y a los demás. El apego posibilita el conocimiento del mundo exterior pero también el del mundo interior (propio y de los otros).

Pero hay un matiz cognitivo más. Dado que el cerebro no está desarrollado para la verdad sino para la supervivencia, al ser humano le va la vida literalmente en saber discriminar que información que le llega del exterior es fiable y cual no. Y por eso en esa interacción sensible se aprende también a percibir señales que te permitan valorar la información que recibes del exterior en general y la que recibes de otras personas en particular.

Que Fonagy y otros expertos me perdonen por la simplificación que voy a hace («Mentalización para torpes» se debería llamar este post). Gracias a este desarrollo cognitivo cuando oyes la frase «Esta sartén es de una calidad insuperable» la valoras de forma muy distinta si te la dice un vendedor que si te lo dice un familiar. Y según quien sea de tu familia, también. Es decir, cuando oyes a un comercial decirla tu lees su mente «Me quiere vender la sartén». Si la dice tu cuñado o cuñada – permíteme el tópico- quizá no le des mucha credibilidad. Pero si lo dice tu madre, tu padre, tu pareja… quizá un día te descubrirás diciendo «Esta sartén es de una calidad insuperable»… ¡sin ni siquiera haberla probado!. Ya escribí que oí una vez a una persona que admiro y de nivel cultural alto afirmar sin ninguna duda «El carpaccio es cancerígeno». No dijo: «He leído que…» «Se dice que…» sino que lo afirmó categóricamente como si el fuera investigador del asunto. Y te aseguro que no lo es.

Avanzaré un poco más antes de que Fonagy me pegue un tiro… No sólo le damos fiabilidad a la información según quien la ofrezca sino también en función de cómo la dé. Así aunque la frase de la sartén se la oigas a tu padre, tu madre o tu pareja, si lo hace con un determinado tono y con una determinada expresión podrás llegar a la conclusión de que la sartén en realidad es una puta mierda. Cuando mis nietos juegan a esconderse detrás de la cortina o debajo de la mesita porque suben sus padres, estos dicen al entrar: ¡No está Fulanita! ¡Huy que pena no esté Menganito»… Y cuando los niños salen de golpe, y todos fingen un susto, están aprendiendo que según las circunstancias y la expresión la frase «Fulanita no está! puede significar «Sé que Fulanita está escondida y esto es un juego divertido!»

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En definitiva todos necesitamos aprender claves para conocer qué información debemos asumir como fiable y cuál no. Y nuestra experiencia e historia relacional es crucial para ello. Pero también las circunstancias concretas del día a día. De hecho en España el próximo 28 de diciembre – Dia de los Inocentes- todos vigilaremos especialmente nuestros niveles de «confianza epistémica».

¿Que pasa entonces si desde tu tierna infancia decenas de personas con la que has establecido una relación – incluyendo tus propios padres- te han dado dicho «Estaré ahí para lo que necesites» o algo similar pero luego han desaparecido del mapa o sus hechos no son coherentes con sus palabras? Tu confianza epistémica será raquítica.

En el penúltimo capítulo de la serie «Creedme» hay un diálogo de la protagonista con una terapeuta impuesta por el Juzgado que resume a la perfección esta idea. Sospecho que no es una escena real – ¡Ves como constantemente valoramos la veracidad de las cosas! – sino una genialidad de los guionistas para que entendamos que la motivación para desdecirse en su denuncia no era la verdad ni la justicia sino simplemente su supervivencia.

Cuando no has tenido una experiencia de bases de seguridad te acostumbras a buscarte la vida. ¿Para que te voy a dejar entrar en mis asuntos si al final te vas a largar como todos? Si para que se sepa la verdad vais a hurgar en mi intimidad mejor lo dejamos. Tu cara de sospecha ya me dice como va acabar todo. ¿Para qué prolongar la agonía?

Por eso la serie – gracias a su ritmo lento- refleja bastante bien ese mundo interior por el que Marie, la protagonista de la historia real, se bajó del burro y acabó desistiendo de su denuncia (sin prever, eso sí, la que se le caía encima por ello)

Pero ¿por qué la policía no le creyó?

El apego no es simétrico, la confianza epistémica quizá sí

La agresión sexual había durado horas y sin embargo la policía no tenía indicios físicos (huellas, ADN, grabaciones de cámaras). Hasta encontrar una pista fiable sólo quedaba el testimonio de la víctima. ¿Qué víctima?

¿Una chica perteneciente a una familia estructurada? No. Una chica inserta en un proyecto de emancipación de jóvenes ex-tutelados. Una chica que entró en el sistema de protección en su tierna infancia y que había pasado por una veintena de familias. Ya había sido violada a los 7 años. La policía tuvo acceso a su historial de servicios sociales en el que me puedo imaginar que aparecerían innumerables incidentes comportamentales (quizá hurtos y mentiras), intervenciones de profesionales y especialistas, etc

Pero además una familia estructurada no sólo estructura de puertas a dentro. La familia estructurada es la que cuando un miembro tiene un problema sale al exterior y solicita o reclama ayuda con potencia. Marie no sólo era ella sola sino que además su última acogedora fue la que sembró la duda en la policía. Porque los policías, mientras no se demuestre lo contrario, son también seres humanos cuya «confianza epistémica» puede verse afectada por las circunstancias.

La capacidad de mentalizar no es algo que se adquiere para siempre sino que puede verse mermada por el estrés, la enfermedad, etc. Cualquier madre o padre ha experimentado la incapacidad de mentalizar el lloro de su bebé cuando dura más de una hora y a las tres de la madrugada. También la confianza epistémica puede verse circunstancialmente mermada.

Pero ¿que falló en la policía? ¿No creer a Marie? No. Lo que falló es presionarla para desdecirse de su denuncia. Cuando entras en un cuerpo de policía me imagino que la primera premisa de «confianza epistémica» se podría traducir en «Cualquier denuncia debe ser tratada como verdadera por disparatada que sea». La policía no juzga, la policía investiga. Si no encuentra indicios razonables de delito informará al juzgado o simplemente el caso quedará sin resolver porque no pondrán toda la carne en el asador.

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Por eso lo que falló no fue no creer en Marie. Su «confianza epistémica» se alteró: Y si la información que ha dado Marie no es una denuncia sino es un delito puesto que es falsa. ¿Y si la agredida no es ella sino nosotros? La violación había durado horas y sin embargo no tenían ni una huella ni un indicio. La denunciante tenía una vida problemática y hasta su última acogedora duda de ella. Si la denuncia es falsa todas las piezas encajan y nosotros además salvamos el culo ante los medios de comunicación.

No estoy justificando. Estoy intentando entender no sólo lo que le pasó a Marie sino lo que le pasó a la policía y como ambas cosas se convirtieron en una mezcla que explotó en forma de injusticia.

Mentir pase lo que pase

Hace ya 3 años que M. no vive con nosotros. Nunca he entendido su patrón de comportamiento. Siempre dócil pero un rosario de mentiras de importante calibre en los tres o cuatro últimos años. Y esas, lógicamente, fueron las descubiertas. Quizá hubo más. Pero lo que más costaba entender es la persistencia en la mentira a pesar de que alguien de la familia tenía evidencias de que las cosas no habían sido como ella mantenía.

La serie «Creedme» me ha servido también para entenderla. Y doy gracias por ello aunque sea cuando ya no me sirve para solucionar las cosas. Pero quizá te sirva a ti.

Imagínate que tu historia te ha llevado a pensar que quien debía estar a tu lado siempre te ha fallado. Además quizá les he visto mentir constantemente para salirse con la suya. Si te has hecho independiente para protegerte del sufrimiento de los constantes micro-abandonos ¿por qué carajo te debía importar decir la verdad? ¿Qué ganas con ella?

Con la verdad se gana que el otro confié en ti y que esté ahí cuando lo necesites. Pero si el otro nunca ha estado ahí cuando lo has necesitado ¿que ganas con que él confíe en ti? Lo que necesitas es confiar en él o ella. Pero esa batalla ya está perdida. ¡Que aporta que me crea a ti! Nada. La verdad pierde valor. Y si no tiene valor ¿Que más da mentir?

«M., por favor, yo estaba aquí en la calle esperándote. Sé que no has salido por la puerta. Dime la verdad. Cada vez que nos mientes la confianza se resquebraja otra vez. Por favor, no me mientas. Mañana llamaremos a la directora de la academia y le preguntaremos si estabas o no». Y la mentira se mantiene hasta que la directora confirma lo evidente. Entró en clase pero a los 15 minutos dijo que se tenía que ir con una excusa… y salió.

!Que torpe fui!¡Qué torpe soy! ¿Por qué di por hecho que la confianza era un valor para ella? Era nuestro valor, no el de ella. Exigirle la verdad era como gritarle a una tortuga: ¡Sal de ahí, cobarde, y pelea! La tortuga se encierra en su caparazón no para hacerte daño o por cobardía. Es simplemente el mecanismo que la evolución le ha proporcionado para defenderse. Mantener la mentira hasta las últimas consecuencias no era mala leche contra nosotros. Era un patrón aprendido. O, mejor dicho, un patrón vivido.

Hablar con extraños.

Puede parecer que todo esto de la «confianza epistémica» es algo que afecta tan sólo a quienes han crecido sin bases de seguridad. ¿Seguro?

Desde luego comprender los mecanismos que subyacen a la falta de un patrón de apego seguro es crucial para entender a quien la ha padecido (niños y niñas del sistema de protección, pero también parejas o amigos con infancias complicadas). Si no se consigue entender estos procesos puede ser que incluso convivas con alguien «extraño para ti»

Pero creo que, de igual forma que el libro de Malcolm Gladwell «David y Goliat: Desvalidos, Inadaptados y el arte de luchar contra gigantes» es uno de mis libros preferidos sobre resiliencia sin apenas usar esa palabra (creo que recordar que sólo una vez) sospecho que el último, ya publicado en inglés y en febrero en España, «Hablar con extraños» va a tener que ver mucho con esto de la «confianza epistémica»

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Confiemos que sea así. Y si no… ¡que más da!

Seguro que al menos es entretenido.

Un comentario en “No te creo

  1. Gracias, Javier, por esta entrada. No he visto la serie, pero he leído la historia en el primer enlace que adjuntas. El sentimiento de desolación aparece con tu conclusión sobre los dos casos que comparas: en ambos las protagonistas han crecido en un sistema de protección. Sentí lo mismo después de ver el documental “Así crecen los enanos”, el documental de Raúl Serrano, un ex-tutelado. Un reguero de adultos sobre los que no hay ningún dato de lo que ha sido de ellos.
    ¿Tortugas encerradas en su caparazón, salvo cuatro resilientes mal contados cómo Raúl? Si esto es protección, que baje Dios y lo vea!

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