Aproximadamente en la segunda semana del confinamiento en España por la pandemia mundial, muchos medios de comunicación consideraron que nos podían ayudar entrevistando a personas que vivían o habían vivido confinadas por un tiempo. Así aprendimos de científicos polares, astronautas, navegantes más o menos solitarios, montañeros atrapados, monjes y monjas de clausura.

Todas estas personas confinadas por su propia voluntad o por su propia iniciativa: la montaña es lo que tiene.

Pero no recuerdo ningún periodista que tuviera las narices de ir a preguntar a los presos de una cárcel; a una persona tetrapléjica o con gran dependencia, o a personas residentes en un campo de refugiados.

No sé a ti, pero a mi me resbaló el consejo del biólogo marino; del capitán de submarino o del matrimonio que está dando la vuelta al mundo en su barquito, junto a su hijo de 5 años y, pobrecillos, se han quedado atrapados en el puerto de Mallorca.

Quizá por eso me di cuenta de que más que APRENDER DE OTROS lo interesante era lo que esta experiencia me podía servir para ENTENDER A OTRAS PERSONAS que, cuando pase el puto virus, seguirán confinadas. Y repasé esos muchos otros confinamientos y descubrí que había más de los que creía.

Además me di cuenta de que existen confinamientos externos pero también internos. El ego a veces se infecta de si mismo, se inflama y nos impide – literalmente- salir de nosotros mismos.

Incluso hay confinamientos mixtos. Alguien desde fuera los propone y tu mismo te los auto-impones. Y no por ser tonto o tonta. Sencillamente por ser un ser humano. Por mucho que le digas a una vaca que debe saltar como una gacela seguirá ignorándote mientras mastica y mastica hierba. Pero a nosotros nos dicen cosas y vete tu a saber lo que pasa.

Así que pensé que “Los otros confinamientos” podría ser el primero de una serie de post. Eso ya se verá, pero de momento quería traer a este post un confinamiento externo y uno mixto. El primero conocido en virtud de mi trabajo. El segundo conocido debido a mi necesidad de olvidarme de mi trabajo.

Imperativo legal

Hace no mucho tuve la suerte o la desgracia de estar encima de un escenario y preguntar al auditorio, compuesto por personas dedicadas o interesadas en la protección a la infancia, si alguna de ellas había estado alguna vez tutelada, jurídicamente hablando. Nadie levanto la mano.

Captura2020-05-01-17h21m52s219

Me sirvió para evidenciar que nadie de los que tratamos con menores tutelados o tuteladas (no pienso usar PME – Personas Menores de Edad) podemos realmente entender lo que es tener un Tutor Legal. Algo en todo caso muy extraño.

Pero,  si tuviera que repetir la charla, cual bufón de la Protección de Menores que es la definición que creo a veces que mejor me pega,  podría apoyarme, para que lo entendieran, en lo que estamos viviendo con el COVID-19.

Porque ahora podría afirmar que todos y todas las personas presentes habrían experimentado lo que es que una Personalidad Jurídica, llámale Gobierno, Estado, Autoridades, sanitarias o no… te limite tu capacidad de obrar: trabajar, desplazarse, llevar la cara descubierta o incluso besar a tus padres, tus hijos o tus nietos… Y todo ello por tu protección.

Porque no te engañes… Sin desmerecer ni un ápice la gran solidaridad con que las personas de este país han actuado, el éxito del confinamiento para reducir los contagios es debido fundamentalmente al miedo. Miedo a la enfermedad, miedo a la hospitalización, miedo al que dirán y miedo a la… multa.

Insisto. Muchos hemos tirado para confinarnos de sentido trascendente: mi sacrificio salva vidas. Y eso es genial. Pero a nivel colectivo la protección ha venido de un imperativo legal. No hay más.

No siempre consigo que los niños y niñas que están en mi centro entiendan por qué no pueden estar con sus familias. En realidad lo consigo, aunque lo intento, muy pocas veces. Pero aún en el caso de que lo haga, tengo que explicarles que hay alguien “que manda” y que manda que estén separados de su familia.

Lo mismito que me pasa a mí ahora. Lo entiendo todo. Incluso estoy de acuerdo. Pero la sensación de que otros deciden sobre mi vida es potente y me produce una sensación extraña.

Y aunque redacto plácidamente en el balcón de mi casa mientras comienza a anochecer y con una cervecita fresca abierta, ni por un momento se me va de la cabeza que no puedo hacer otra cosa que estar en mi casa. Me muero de ganas de abrazar a mis nietos y nietas y de que se queden a dormir… pero va a ser que no. Porque una personalidad jurídica así lo ha decidido por el bien de todos empezando por el mio.

No me puedo ni imaginar cómo lo estaría viviendo si además no le encontrara sentido. Si pensara que esto es una estupidez o la decisión de unos pirados. Y además en los momentos transitorios de sinsentido puedo ponerle cara a mi cabreo. Y tú.

Unos ven la cara de Sánchez, otros la del lider de la oposición que sólo hace que molestar; otros la de los gilipollas que has visto en la tele que se han saltado el confinamiento, otras con los que hacen negocio con mascarillas o tests para el COVID. Al menos me puedo cabrear con alguien.

Los niños y niñas protegidas por una Tutela Automática ni siquiera tienen caras que poner a su situación. Como mucho la de el o la Trabajadora Social de su pueblo o la de la profesora o profesor que llamó a la policía. A veces con quien les cuidan. Pero te aseguro que la mayoría de las veces ni eso.

sociedad-colectiva

Además, gracias a mi confinamiento, puedo entender mucho mejor un fenómeno que descubrí ya hace unos años. En un Centro de Recepción de Menores o de Primera Acogida todos los niños, niñas o adolescentes entran pero, tarde o temprano, acaban saliendo. Y, al menos en el mio, hay un patrón muy claro: durante un tiempo de uno, dos, tres o cuatro meses los nanos y nanas parecen evolucionar a mejor. Si estaban gruesos, adelgazan; aprenden a ir en bicicleta; juegan como si no hubiera fin, y se adaptan al centro, se socializan más… Pero cuando nos vamos a más allá de ese tiempo… involucionan. Están irritables, se desrregulan emocionalmente con más facilidad, y no paran de preguntar ¿Cuando? y ¿Por qué?

¿Te suena de algo?

Cuando vienen grupos de estudiantes les suelo explicar que este centro es como una lancha salvavidas. Si el barco se ha hundido y te sientes perdido en el agua cualquier bote salvavidas es bienvenido. Pero si la barca no te lleva a ningún sitio y nadie viene a rescatarte, la misma lancha que te salvó ahora parece tu ataúd y te mata.

descarga (1)

Creo que es una buena metáfora. Pero ahora veo que lo que estamos viviendo es muy parecido. Primera semana de confinamiento. Vaya putada pero vamos… ¡a reírnos! Meme va, meme viene. A cantar en los balcones. A sentir la solidaridad y a expresar agradecimiento. Y te conviertes en experto usuario de Zoom, Skype, Jitsimeet y Webnosequé.

!Qué chulo!

Pero tras mes y medio el cantar es otro ¿no?

Odias el “resistiré”, algún día estas ocupada cuando los aplausos, has hecho un poco de trampa al bajar la basura, ya no abres la mitad de los vídeos que te mandan y además has aflojado en las medidas higiénicas de protección. Y si no es algo de esto quizá estás pendiente de como les va en otros países… ¡Mira que si no hacía falta tanto…!

Podría describir muchos paralelismos entre una situación u otra pero me conformo con reconocer que, ya en los estertores de mi vida profesional, ha tenido que llegar un desgraciado virus para enseñarme cómo y cuando se sienten los niños  y niñas de mi centro.

Imperativo cultural

Así que raro es estar tutelado, pero ahora lo podemos entender un poco mejor. También lo es, aunque no tanto, estar en la otra orilla. Me refiero a ser una parte más del engranaje de la personalidad jurídica competente para tutelar a niños, niñas y adolescentes desprotegidos. Y muy difícil si pierdes el sentido de tu función o cuando no compartes los criterios y mecanismos usados para ello.

Por tanto muchas veces tienes que, por supervivencia, desconectar. La oferta actual de cadenas y plataformas de entretenimiento – ¡yo crecí sólo con TVE y la UHF, ahora TVE2! – te dan muchas opciones para ello. Es así como gracias a Netflix conocí la historia de Deborah Feldman. ¿Se puede vivir confinada naciendo y creciendo en el Nueva York de finales del siglo XX?

descarga (2)

Sí, si perteneces a una comunidad cultural que impone a sus miembros determinados comportamientos y costumbres. Máxime si tu comunidad se origina en un acontecimiento histórico traumático y como una forma de combate frente al enemigo que prácticamente te exterminó.

Habrás adivinado que Feldman es la persona que inspiró la historia de la miniserie, de 4 capítulos, “Unortodhox”.

Espero que el éxito de la serie haga que los libros de Deborah Feldman (Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots de 2027 y Exodus: A Memoir de 2012) se traduzcan al castellano. Y no sólo por lo que estoy tratando en este post sino también por mi afecto, simpatía o interés por la cultura, historia y experiència del pueblo judío. Nunca he ocultado que “mi cultura” es la judeo-cristiana.

711xb-E6k6L

La extensión razonable de un post me impide entrar a comentar las serie, propuesta por la propia Feldman a una productora de TV a la que le gustó su libro. Pero es importante avisar que aunque no refleja exactamente toda su historia, permitiéndose alguna licencia creativa, sí la esencia de la misma.

Me viene a la cabeza también el libro de mi Tsundoku “Una educación” de Tara Westover

y la película que también he visto en este confinamiento “La directora de orquesta” que refleja la lucha titànica de un alter ego de Antonia Brico (1902-1989) para llegar a dirigir una orquesta sinfónica siendo mujer en la primera mitad del siglo XX. (1)

Traigo al blog la historia de Deborah como un ejemplo más de cómo la cultura en ocasiones puede producir fuertes confinamientos mentales y comportamentales.

Cuando Deborah llegó a Berlín, tras escaparse de un matrimonio impuesto por su comunidad y su familia,  no pudo despojarse automáticamente de los modos de vestir, actuar y pensar en los que había crecido. Fue como ella misma dice un proceso lento.

El libro de Jordan B. Peterson “Mapas de sentido. La arquitectura de las creencias” comienza con estas líneas:

Algo que no vemos nos protege de algo que no entendemos. Lo que no vemos es la cultura, en su manifestación intrapsíquica o interna. Lo que no entendemos es el caos que dio origen a la cultura. Si la estructura de la cultura se altera inadvertidamente, el caos regresa. Y hacemos cualquier cosa, lo que sea, para defendernos de ese regreso.

portada_mapas-de-sentidos_jordan-b-peterson_201911121017

La serie a pesar de sus pocos episodios refleja bastante bien como la cultura se manifiesta también a nivel intrapsíquico y no sólo interpersonal.

Y con las palabras de Peterson se entiende perfectamente que la cultura de la comunidad Satmar, con su origen en judíos húngaros supervivientes del Holocausto, y en la que nació y creció Feldman, sea un intento de enfrentar y dar respuesta al mayor sinsentido de la historia moderna de la Humanidad.

Hoy mismo tu y yo estamos confinados para protegernos. Además de por imperativo legal estamos dispuestos a ceder libertad para nuestra seguridad. Por tanto no seré yo quien alegremente critique los confinamientos culturales. Solo intento tomar conciencia de los mismos y entenderlos mejor apoyándome en la puñetera pandemia.

Propondría a los futuros políticos nacionalistas que tengan que acatar la constitución del país al que de momento pertenecen lo hicieran con la fórmula: “Por imperativo cultural , y con todo el respeto, acato esta constitución sólo por imperativo legal“. Quizá así nos entenderíamos un poquito mejor. Al menos las hachas tardarían unos segundos menos en levantarse.

Creo que me he pasado de extensión. Disculpa. Aunque ya sabes que en realidad escribo más para mi que para t.

Sólo avisarte que si ves la serie no dejes de ver también un Making Of de la misma de apenas 20 minutos y donde sale la propia Deborah Feldman.

068f0c3d

____________________________________________________________________________________________

(1) Si te interesa el tema de la adopción deberías rastrear la historia de Antonia Brico. Yo no lo he hecho del todo pero intuyo que algo podemos aprender de ella.

7 comentarios en “Los otros confinamientos: Tutelas (legales y culturales)

  1. Varias cosas sueltas… Hace un par de semanas vimos Unorthodox y aún tengo la historia dando vueltas en la cabeza… “Una educación” fue de mis mejores lecturas del 2019… Me ha gustado mucho el simil del bote salvavidas, explica muchas cosas… Y como siempre, agradecerte tus pensamientos (a mi la extensión nunca me parece larga)

  2. Muy interesante tu punto de vista. Como madre de 2 adolescentes tutelados…, confirmo ese proceso que explicas.
    Ciertamente estoy en casa sin ellos por imperativo legal y ciertamente estoy en casa por el mismo motivo.
    Veremos el resultado

  3. Gracias, Javier, por pensar con el micrófono abierto para que te podamos leer.

    Después de leer la metáfora de la lancha salvavidas, he exclamado un Caray! Es tan efectiva la comparación, tan descarnada que no nos puede dejar indiferentes.
    Un confinamiento, el de estos menores, carente de sentido y, aun por encima, invisible y silenciado. Acongoja, de verdad!
    Creo que está muy bien que lo hayas explicado desde tu experiencia. Desde fuera del sistema, uno no se lo puede imaginar y es necesario desvelarlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s