Hace nada más y nada menos que 8 años Eugenio Ardid, Rosa Herrera y un servidor lanzamos en este blog un Proyecto llamado «Estrategias para la resiliencia». Partíamos de la idea, de la que no me bajo por el momento, de que la resiliencia no se puede provocar pero si posibilitar. Es decir, en un determinado contexto, podemos favorecer, o no, condiciones para que la resiliencia pueda aparecer.

Nuestras intención era la de ir haciendo una especie de «recetario» de estrategias que se pudieran implantar en determinados contextos, especialmente los residenciales, y ayudaran a las personas con determinadas dificultadas a rebotar hacia una vida satisfactoria para ellos y para los suyos o la sociedad en general.

Para ello sintetizamos un modelo que incluía 4 ejes que se descomponía en 16 líneas estratégicas y que llegamos a presentar en el Colegio Oficial de Psicólogo de la Comunitat Valenciana ante el grupo de trabajo de sistémica que amablemente nos invitó a ello.

Sin embargo, aunque recibimos ánimos y la colaboración por ejemplo de Pilar Surjo, que supo transferir perfectamente la idea de «La rueda de la resiliencia» (Milstein & Henderson, 2003) a la estructura del modelo y del proyecto, este quedó, debido a nuestras diferentes prioridades vitales, en una bonita idea pero sin más recorrido. En mi caso además no he sido bendecido con el don de la constancia. Tras proponer «La pecera de la gratitud» otros objetivos me cautivaron. El fondo nunca ha sido lo mío.

Por ello hoy recibo con alegría la noticia de que sí hay personas capaces de coger esta idea de que con la resiliencia «sí se pueden hacer cosas» y desarrollarla según lo que vamos aprendiendo sobre ella.

Me refiero, como no, a Anna Fores y Jordi Grané que, desde su modelo de resiliencia generativa, nos proponen, en una inminente publicación de la Editorial Octaedro, que «Hagamos que sus vidas sean extraordinarias. 12 acciones para generar resiliencia desde la educación«. Y aunque el libro se lanzará en los próximos días ya podemos conocer cuáles son sus 12 propuestas puesto que la editorial nos permite descargar las primeras páginas.

Tengo que reconocer que cuando leí su «Los patitos feos y los cisnes negros» tuve dudas si era lícito desgajar el concepto de resiliencia de las situaciones de adversidad. La vida se ha encargado de resolvérmelas. La vida es en si misma tan compleja e impredecible que la adversidad parece se parte esencial de ella. Que mejor ejemplo que la pandemia en la que vivimos. Soñábamos con tenerlo todo controladito y un puto virus nos tira del caballo.

Como mantiene el filósofo (colega de disciplina del propio Jordi) Josep María Esquirol uno de los rasgos definitorios de la condición humana es la intemperie o, con otra imagen, el desierto. La vida a la intemperie o en el desierto no es de por si fácil. Por eso al final de la movida el tema del binomio adversidad-resiliencia no es más que cuestión de grados. Siguiendo con Esquirol… No estamos en el Paraíso. Y si no estamos en él, el que estemos en un infierno es sólo cuestión de grados. Ningún problema por tanto en asumir la idea de «resiliencia generativa». Otra cosa es que yo, de forma subjetiva, quede más fascinado por la «resiliencia clásica». Pero eso son mis cosas.

Y me alegro además de esta publicación porque no hace demasiados meses me atreví a compartir unas horas de formación con un grupo de profesores de un colegio para ver como favorecer la resiliencia de los alumnos, especialmente los que estaban en situaciones sociofamiliares vulnerables. ¡Que bien me habría venido poderme apoyar en una propuesta como la que ahora Anna y Jordi nos presentan!

Pero tengo un tercer motivo para la alegría. Aunque el vistazo que nos permite la editorial termina con el listado de acciones puedo intuir que de lo que Jordi y Anna nos hablan es de «construir contextos». Algo que a veces se olvida cuando contemplamos fascinados los casos más llamativos o conocidos de resiliencia. No dudo de que Tim Guenard, Nicki Vujici; Edith Elger, el propio Boris Cyrulnik y otros muchos y muchas puedan ejemplificar la resiliencia. Pero la persona o el personaje no nos puede hacer olvidar la importancia del contexto y de la respuesta del entorno para que esta se diera en ellas.

En definitiva y por todo esto…

Gracias a los dos.

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