Una tarde de un día cualquiera. He salido a comprar por mi barrio y regreso a casa. A 10 metros delante de mi, una chica de cuarenta y pocos se dispone a cruzar con precaución un paso de cebra. Detrás le sigue una niña de unos 8 ó 9 años con casco y llevando a su lado una bici de su tamaño.

La supuesta madre ni siquiera se gira hacia su hija pero oigo perfectamente la frase:

-¡Me tendría que haber dedicado a mi carrera profesional!

Mientras cruzan no oigo a la niña pero ya en la acera la madre se gira y le explica:

-¡Pues eso… Que te tenía que haberme dedicado a desarrollar mi carrera profesional en vez de cuidarte a ti… Porque al final da igual… ¡No paras de quejarte que no te hago caso!

Cuando creo que ha terminado aún escucho:

-!Tenía que haber hecho como tu padre que llega todos los días a las 9 o las 10¡

No conozco ni a una ni a otra y las pierdo de vista enseguida. Pero las palabras escuchadas me provocan una reacción en cadena de emociones y racionamientos.

Emoción I. Estupor. No se puede negar que la frasecita de la carrera profesional era una bofetada afectiva. Y además doble. Porque la niña, al no entender de primeras, le dio la oportunidad de abortarla con un: ¡Nada! ¡Nada! Cosas mías… Sin embargo la madre optó no sólo por repetirla sino además dejársela clarita. Y finalmente el reproche al padre. Con mucha probabilidad muy justo, pero difícil de digerir por la hija me imagino.

Emoción II (los recuerdos entran en juego) Vergüenza. Pero no vergüenza ajena sino propia. ¿Cuántas veces habrá salido de mi boca una frase a uno de mis hijos de la misma contundencia que ésta? ¿Cuántas veces un transeúnte habrá sentido lo mismo que yo al escucharme en un enfado paterno?.

Racionamiento I (la imaginación entra en juego primero y luego la experiencia: más recuerdos) ¿Y qué pasa con la niña? ¿Qué le habrá dicho la niña a la madre? ¿Será una tirana, una vampiro emocional? Reflexión ¿Qué un niño o niña no tenga conciencia del daño de sus palabras significa que “no me haces caso” no pueda ser un chantaje emocional de primera? ¿O precisamente la falta de intención consciente convierte a los niños en máquinas perfectas de chantajear?

Racionamiento II. Quizá la justificación entra en juego. Reflexión. ¿Es justo sacar conclusiones sobre el buen trato o mal trato emocional a esta niña por estas frases o habría que juzgarlas con una visión más amplia de la relación afectiva entre madre-hija-padre?

No sé.

EPILOGO

Con el borrador de lo anterior escrito tengo la fortuna de oír hablar a Pepa Horno y Javier Romeo de la crianza y la parentalidad consciente. Si eso va de tomar consciencia de tus reacciones y conductas; de lo que provocan en el otro y en el entorno es curioso que una frase en el aire, cual COVID en el aire, ha cristalizado en un post de este blog y probablemente no en la consciencia de la madre.

Espero que tampoco en el corazón de la niña, aunque sea la de “El exorcista”

Y aprovechando aquí te dejo…

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