En mi experiencia en el mundo de la acción social he visto muchas veces como los profesionales – yo el primero de la lista – desarrollamos una gran habilidad para gestionar nuestras preocupaciones sobre los casos que nos ocupan. Me refiero en concreto a la habilidad llamada “mirar para otro lado” o “bueno… ya veremos”. ¡Uy, Uy…! Este acogimiento creo que no va a funcionar, no lo veo claro… pero vamos a esperar… igual me estoy rayando… A veces funciona y la cosa se arregla sola. Pero a veces ocurre lo que sospechábamos. Es el momento del “No… ¡si yo ya lo dije!”.

He puesto un ejemplo de mi realidad profesional pero lo mismo sirve para una preocupación sobre un hijo o hija, alumno, un paciente, un trabajador bajo tu responsabilidad o un compañero o compañera… Algo de alguien que te compete o te importa te empieza a preocupar y no sabes si intervenir es mejor o peor.

Es aquello de:

Una dificultad se convierte en un problema cuando: 1 )Habría que haber hecho algo y no se hizo 2) No habría que haber hecho nada y se hizo 3) Se hace algo en un nivel distinto al que habría que haberlo hecho.

Pero ¿cómo saber si ante una dificultad tengo que “hacer algo” o tengo que “hacer nada”? Si hago (abro el melón), igual lo empeoro o creo otros problemas. Si no hago nada (lo dejo correr) igual luego es tarde. Es fácil bloquearse o también protegerse de la preocupación con la evasión.

Pero una novedad editorial nos plantea que hay otra forma de abordar este problema. En lugar de intentar resolver el dilema entre dos posibilidades, dos hipótesis… abordar lo que es real: nuestra preocupación. ¿Cómo? Pidiendo ayuda. ¿A quien? A quien pueda tranquilizarme o confirmarme que mi preocupación tiene fundamento ¿Y quién puede ser? Pues en primer lugar la persona o personas sobre las cuales te preocupas.

Puede parecer que, al fin de al cabo, es lo mismo porque en cualquier caso sí vamos a abrir un melón y ya no lo podremos cerrar. Pero la diferencia de enfoque es grande. No es lo mismo decirle a alguien: “Creo que tienes un problema y deberías…” que decirle “Estoy preocupada por ti ¿me puedes ayudar a que me quede tranquila, por favor?” Ponte en el lugar de el o la receptora de estas dos frases y elige la que preferirías. Yo lo tengo claro: la segunda. Ante la primera es muy probable que me tocara las narices que vinieran a decir lo que tengo que hacer. Me encerraría en mi mismo. La segunda, sin embargo, me llevaría a ponerme en el lugar de mi interlocutor. Igual lo mando a la mierda igual pero no me sentiría tan invadido.

El segundo enfoque invita o posibilita mejor la colaboración. El primero invita a la resistencia. Si realmente hubiera un problema, cuando consiguiéramos vencerla es posible que nuestras opciones de solución se hayan reducido.

Pero lo mismo pasa con la forma de coordinarte con otras personas o profesionales implicados. Como le oí decir a José Ramón Ubieto en una charla: las reuniones de coordinación de casos en la acción social suelen ser encuentros a los que vas pertrechado a defender e imponer tu punto de vista. Pero deberían ser encuentros a los que asistimos para que los otros nos rellenen los huecos de información que nosotros no podemos obtener directamente. Y en ese sentido, lo cambia todo el pasar del “Ya… pero por lo que yo sé… esto y lo otro y deberíamos...” a “Agradezco tu información. Aún así no puedo dejar de preocuparme por… ¿podemos hacer algo para quedarme o quedarnos más tranquilos?” .

En el libro al que me refiero encontrarás un desarrollo minucioso de este enfoque con la virtud de no estar centrado en un ámbito concreto de la relación de ayuda. Te puede ser útil como padre o madre, docente, terapeuta, o miembro de un equipo de trabajo. E incluso te encontrarás con apéndices con: 1.- Cuestionarios para aplicar el método en distintos momentos del proceso. 2.- Estudios sobre la eficacia del enfoque 3.- Ejemplos de su aplicación.

El libro (“Asumir la preocupaciones propias. Un manual para diálogos tempranos”) tiene edición en papel y digital y es de la editorial Herder. No te puedo decir nada sobre sus autores (Tom E. Arnkil y Esa Eriksson) puesto que no los conocía, pero en el mismo libro o en el link de la editorial tienes información sobre ellos.

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