Marissa King en su libro Social Chemistry expone que mantenemos relaciones con familiares, amistades, compañeros… que por tener un cierto grado de intimidad adquieren un valor inigualable para nosotros. Pero difícilmente se puede llegar a ellas a través del “Networking”. Lo expresa en una frase de complicada traducción para mi nivel de inglés “It´s networks, Not networking” (Es la red, no el hacer contactos). Mientras que lo primero suele se fuente de bienestar y seguridad, lo segundo puede sernos útil pero provocarnos cierto malestar interior.

Para ello expone el trabajo de unos investigadores que pidieron a los participantes que recordaran y escribieran sobre una situación en la que un contacto espontáneo había fructificado en algo positivo para ellos (conocer, por ejemplo, a alguien en una boda y que te informe u ofrezca un puesto de trabajo). O bien una situación en la que buscaron relacionarse con la intención de conseguir oportunidades para algo (por ejemplo, conseguir potenciales clientes, ligar…). Después se les pidió que completaran las siguientes palabras: (en inglés) w_sh, sh_ _er, y s_ _p. Las personas que pensaron en una situación del segundo tipo tuvieron más probabilidad de completar las palabras wash, shower y soap (lavarse, ducharse y enjabonarse) que palabras neutras como wish, sharer y step (deseo, partícipe o paso).

Los autores replicaron este resultado con una ligera variación de la metodología. Esta vez, después de pensar en una situación de red espontánea o en una de red instrumental, se les pidió que valoraran la conveniencia de una serie de productos entre los que había varios relacionados con la limpieza y la higiene. De nuevo los que habían pensado en una situación de red instrumental fueron más proclives a elegir este tipo específico de productos.

La explicación que ofrecen los investigadores y la propia Marissa King es que nuestras relaciones con los demás son sagradas y que cuando las utilizamos para un oculto beneficio nos sentimos sucios, moralmente hablando. Quizá no todos hemos hecho “networking activo” pero quizá te resulte familiar esa sensación de malestar íntimo cuando en una interacción con alguien (una entrevista de trabajo, un trabajo nuevo, una atracción incipìente…) te das cuenta que has estado intentando dar una determinada imagen que sabes que no es tu manera de ser habitual o natural.

Podría parecer que King quiere usar este experimento para hacer un alegato a la autenticidad. El tan de extendido “¡Sé tu mismo!“. Pero no es así. Lo dejo en sus palabras: Las personas no son auténticas ni no son auténticas. Todos (afortunadamente) participamos en la autopresentación algunas veces. Honestamente, no quiero que mis colegas pongan su yo auténtico en el trabajo. En muchas situaciones sociales, tenemos que adaptarnos a las circunstancias. Como jefe, mi trabajo es dejar de lado mi mal humor y ayudar a las personas que lo necesitan. No necesitan saber o ver que estoy de mal humor. Se trata de ellos, no de mí.

A colación de qué entonces la autora nos cuenta estos experimentos. Simplemente para evidenciar que conectarse con los demás es duro. Requiere paciencia y muchos momentos no precisamente placenteros. Los contactos rápidos e instrumentales no te garantizan el apoyo, especialmente el emocional, que necesitas en momentos dificiles.

Val Walker es una rehabilitadora estaunidense dedicada desde años ayudar a personas con discapacidad física, mental o problemas emocionales a llevar una vida independiente. Cuando tenía 58 años sufrió una operación grave y se dió cuenta de que no se atrevía pedir ayuda a sus contactos en la red. El resultado de su experiencia es el libro con un título que refleja lo anterior: “400 amigos y nadie a quien llamar. Rompiendo el aislamiento y construyendo comunidad

La frontera entre la autenticidad y la gilipollez es muy delgada. Reconocer que la inautenticidad nos puede provocar emociones o sentimientos de suciedad o impureza no debería necesariamente llevarnos a la sinceridad o naturalidad absoluta y permanente. Ese puede ser otro camino directo hacia la soledad porque quizá nadie nos aguante. Para ser nosotros mismos y no ser insufribles hay otra alternativa: olvidarnos de nosotros mismos. Aquello del Sé tu mismo, sólo a solas Cuando estemos con otros y queramos la verdedera conexión deberemos ser ellos, no nosotros.

Ayer mismo, a pregunta de la moderadora de una webinar organizada por el Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de la Comunitat Valenciana, Iñigo Martínez de Mandojana sintetizaba en dos palabras lo que consideraba imprescindible para los y las educadoras sociales que trabajan con niños, niñas y adolescentes: afecto y seguridad. Explicando la referencia al afecto comentó: “Necesitamos quererles. Y si no podemos quererles, al menos necesitamos querer quererles”

¿Por qué?

Ya se ha dicho en este post: “… mi trabajo es dejar de lado mi mal humor y ayudar a las personas que lo necesitan. No necesitan saber o ver que estoy de mal humor. Se trata de ellos, no de mí.

EPÍLOGO

Este es el post 500 de este blog y es como intentaré que sean los próximos 500. Porqué tú no necesitas saber como estoy yo, lo que opino o lo que siento. Llevo 499 post buscando resiliencia y conexión. Pero con la incomodidad de medir constantemente lo que escribo por no molestar ni herir susceptibilidades. La solución no es “ser yo mismo” en todos y cada uno de los post que escriba. La solución es desaparecer el máximo posible. No renuncio a compartir experiencias o anécdotas personales. No me refiero a eso.

Dice el chiste que una o un argentino se suicida subíendose a su ego y lánzandose desde él. Voy a saltar. Espero que este epílogo sea mi útimo texto autorreferencial.

Ahora espero que el blog me sirva para escalar la segunda montaña. La de ayudar a alguien, nada más.

¿A quién?

Ni puñetera idea.

3 comentarios en “Autenticamente desaparecido

  1. Me ha hecho gracia las palabras en inglés. Como pensaba que las de en medio eran dos, he pensado “wish”, “she” her” y “soap”… vaya mezcla.

    Gracias Javier por estos 500 post ❤️

  2. Leo cada publicación que me llega al email avisándome de que has compartido tu saber, tus lecturas y tu experiencia. Me uno a la gratitud por los 500 (en esta fecha ya llevas unos cuantos más). Siempre aportas, Javier.
    En cuanto al artículo, me quedo con la distinción entre network y networking y adónde nos lleva la “falsa autenticidad”, querer ser auténtico (¿no debería ser suficiente con serlo?). Creo que es todo un signo de los tiempos.

    Te sigo leyendo,

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