LEY DE LA TERMODINÁMICA DE LOS ACOGIMIENTOS

Paradójicamente, para enfriar un acogimiento hay que poner las “patatas calientes” (conflictos) encima de la mesa y tratar de comérselas poco a poco. Y para calentar un acogimiento lo mejor es ponerlas debajo de la mesa y olvidarte de que están ahí.

EFECTO SEVILLA-SILLA

En acogimiento cuando una de las partes implicadas desaparece del mapa alguna de las otras ocupará su puesto.

Este efecto no es deseable. Pero si no se diera sería mucho peor.

REGLA FUNDAMENTAL DEL SEGUIMIENTO

En acogimiento si tienes un problema intentarán tranquilizarte y si tienes una preocupación intentarán solucionarla. Un magnífico método para crear problemas preocupantes o preocupaciones problemáticas.

… y las ajenas

COMENTARIOS POCO SERIOS

La idea esencial de la Ley de Murphy y sus derivados es “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Puede parecer, por tanto, que esta serie quiere lanzar al mundo la idea de que si un acogimiento puede salir mal, saldrá mal. No es así. Al menos no del todo. Y es que la Ley de Murphy tiene otra lectura: como las cosas pueden salir mal… ¡al menos pongámosle un poco de humor!

Quizá habría que empezar El Club de la Acogida. Si te animas este blog publicará o colgará cualquier monólogo gracioso que se te ocurra con la temática del acogimiento. Si se puede hablar de la paternidad con tanta gracia como el fallecido Carles Capdevila también debe ser posible hacerlo sobre el acogimiento.

Y en esta clave de tono desenfadado las Leyes de este post vienen a expresar que: si en cualquier relación es posible el conflicto, en acogimiento es probable e incluso seguro; que si acoges o trabajas en acogimiento y te vas a Sevilla, como dice el refrán, perderás tu silla, gracias a Dios; y que si te preocupa algo del acogimiento alguien lo hará un problema y que si tienes un problema en el acogimiento alguien se limitará a tranquilizarte.

Esperar un acogimiento sin conflictos es como esperar fidelidad en una relación con una persona que conocimos siéndole infiel a la pareja que tenía entonces. Podemos tener nuestras razones para pensar que no volverá a ocurrir pero, de partida, suena paradójico. La paradoja del acogimiento es que no es una solución sino un problema con el que intentamos solucionar otro problema.

Más aún. Un acogimiento es un problema que parte de un gran conflicto: el que se se genera, prácticamente siempre, cuando la Administración- ¡Esa gran persona!- decide o acepta separar a unos hijos de sus padres.

Puedes esperar entrar en el mundo del acogimiento y tener la fortuna de no tener conflictos. Será lo mismo que esperar que no te piquen las abejas al retirar la miel del panal. Eres libre de pensarlo pero, por favor, ponte el traje de apicultor.

Y como los conflictos no son agradables una forma de evitarlos es quedarse quieto, parado. También sirve meter la cabeza en el agujero cual avestruz o “irse a Sevilla”. La suerte es que si te vas a Sevilla (te inhibes de tus funciones) alguien las recogerá.

Así, pòr ejemplo, si quien debe liderar el caso no lo hace, ya se encargará la familia acogedora de pelear por lo mejor para el niño. No es lo ideal pero ¡menos mal! Y si no lo hace ésta igual es la familia del niño quien desarrollará su propio plan de acogimiento (siempre hay un plan aunque no sea planificado). Y en último caso, si nadie hace nada, el propio niño o niña tomará las riendas. Eso sí. Como seguramente no sabrá o podrá expresarlo abiertamente lo hará pegando patadas a diestro y sinietro en “inexplicables” rabietas.

Adaptado de “El monopoly de la protección” Charla de Iñigo Martínez de Mandojana y F. Javier Romeu

Porque el simil del acogimiento no es un circuito eléctrico que si se corta en algunos puntos claves todo el sistema se apaga. El simil es el de las redes neuronales en las que, si se produce una lesión en un determinado punto del cerebro, se crearan nuevas sinapsis para intentar compensar el déficit.

Por mucho que les apetezca a algunos, los casos de acogimiento no se pueden congelar hasta tal o cual sentencia o valoración especializada porque simplemente no tenemos a los niños y niñas en almibar. En el acogimiento la inacción irresponsable no es una posibilidad. A no ser que quieras que el acogimiento salte por lo aires. Por eso, aun no siendo lo ideal, más vale que alguien haga algo cuando el que tiene que hacerlo no lo hace.

Y para terminar, algunos ejemplos de que es fácil confundir las preocupaciones y los problemas y de como eso lleva a que todo se complique más:

El niño o la niña está alterada (preocupación) los días antes o después de una visita con sus padres. En lugar de ayudarle a calmarse, se reducen o eliminan las visitas (solución). Y si un tiempo más tarde su preocupación es que no sabe nada de sus padres, entonces sí tendremos un problema.

Cada dos por tres te llaman del colegio porque el niño o niña acogida ha pegado a otro u otra (problema). Pides ayuda y te dicen que es normal en estos niños y niñas. Te tranquilizas (preocupación) y unos días más tarde lo tienes expulsado del colegio (problema)

La mamá dice que en una familia su hijo o hija dejará de quererles (preocupación) y que prefiere un centro. Y en lugar de dedicarle horas a que lo viva como lo mejor, se zanja el tema diciéndole que se rehabilite prontito (solución) y así volverá cuanto antes con ella.

Los niños preguntan por su padre (preocupación). No podemos contestarle porque nosotros no lo sabemos (problema). Intentamos solucionarlo y lo preguntamos. Pero a alguien le preocupa meter la pata con la confidencialidad del expediente. Lo soluciona primando esto al interés superior del niño.

Y eso que este interés no es “un interés extragrande” sino “superior a cualquier otro interés que entre en conflicto con el suyo”

3 comentarios en “Leyes de Murphy del acogimiento familiar de menores (5)

  1. Gracias, Javier, por tu nueva entrada y por la posibilidad de volver a escuchar al añorado Carles Capdevila.

    Aunque ya había escuchado esta intervención años atrás, tengo que reconocer que sólo me acordaba del detalle del chupete para ilustrar el sentido de la relatividad. Ja, ja,ja, Así que me ha venido bien para recordar su punto de vista sobre la educación.

    Me ha llamado la atención cuando habla de ejemplaridad y de democracia en casa. El “porqué lo digo yo”, un tanto denostado en la actualidad. Probablemente en ocasiones no es conveniente, pero en otras sí, y la gracia estaría en saber distinguir unas de otras.
    Y, también, en hacerlo con sentido del humor / simpatía/ afecto.

    Un abrazo

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